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Los Cementerios de Pamplona


El actual cementerio de Pamplona se encuentra localizado en el término de Berichitos, palabra cuyo significado es “vado pequeño”, del vasco “ibiru” (vado) y “chito” (pequeño). Aquí es, como decíamos, donde se encuentra situado el cementerio de la ciudad, también denominado de San José, que está ubicado al pie de la meseta donde se ha construido el barrio de Ermitagaña-Mendebaldea. Tras el cementerio están los viveros de la Diputación y el antiguo Puente de Miluce.

 

CEMENTERIOS HASTA EL SIGLO XIX

En el término de Obietagaña o Argaray, en la zona comprendida entre las calles Amaya, Leyre, Olite y Arrieta, aparecieron en 1895 (con motivo de excavar zanjas para la conducción de Aguas de Arteta) más de un centenar de tumbas que fueron catalogadas como Necrópolis hispano-visigoda e hispano-árabe de Pamplona. Posiblemente ésta sea la necrópolis más antigua que se conoce en Pamplona.

Hay testimonios de la existencia de camposantos junto a las iglesias e incluso dentro de ellas. Así el Cementerio de Santa María ocupaba el atrio de la Catedral y el tramo final de la calle Navarrería. El cementerio de la Población ocupaba la plazuela de San Nicolás y el tramo final de la calle San Miguel. Junto a la iglesia de San Lorenzo, donde hoy está la capilla de San Fermín hubo más de 200 sepulturas. También San Cernin tenía cementerio. Posteriormente, en las parroquias los vecinos del barrio tenían asignado un lugar fijo como tumba. Por ello, cada año el día de todos los santos, las familias depositaban un robo de trigo y un hacha de cera que se mantenía encendida aquel día y el siguiente. El que quería podía pagar no en grano sino en dinero la cantidad de 50 ducados de una vez, haciéndose propietario de la tumba, a la que señalaban con la letra D (“Dotada para siempre”). Los pobres tenían entierro gratuito y tumba en las iglesias.

La Judería pamplonesa, ubicada donde hoy está el Palacio Arzobispal, disponía de una puerta en la muralla denominada de Garci-Marra o del Río, que comunicaba la Judería con la Magdalena y con el llamado “Fosal”, al que se accedía por un camino bordeado de viñas de cristianos.

CEMENTERIO DE BERICHITOS

Estas antiguas costumbres se mantuvieron hasta 1804, fecha en la que se prohíbe inhumar en las iglesias. En 1808 se estrenó el nuevo cementerio con tres cadáveres, y ninguno de ellos era de Pamplona. Ese día murieron dos vecinos de Pamplona, pero para no ser enterradas en el cementerio se las llevó a inhumar a las iglesias de Ainzoáin y Villava. En 1832 se construyó la capilla y la casa del capellán y de los enterradores. Posteriormente, el cementerio de ha ampliado en diversas ocasiones. En 1922, Ramón Arcaya levantó a la entrada del cementerio una escultura dedicada a la “Vida y Muerte”. Entre 1965 y 1969, los servicios del camposanto estuvieron atendidos por los Hermanos Fossores.

CEMENTERIO PROVISIONAL DE LOS PINOS

En 1808, cuando las tropas napoleónicas ocuparon la ciudad, establecieron un pequeño cementerio en el término llamado de los Pinos (la que luego fue Granja Provincial y hoy es Instituto).

CEMENTERIO PROVISIONAL DE LA ROCHAPEA

Entre 1823 y 1828, durante el bloqueo de las tropas francesas y algunos años después, se estableció un pequeño cementerio en el prado que fue de las Agustinas Recoletas. En 1828 se trasladaron los restos de este cementerio hasta el de Berichitos.

CEMENTERIO CIVIL O DE IMPENITENTES

En 1868 se construyó un cementerio con el fin de colocar en él los cadáveres de los suicidas, en vista de que la autoridad eclesiástica había determinado que estos fueran enterrados fuera del lugar sagrado. Así pues, el Ayuntamiento eligió un terreno próximo al camposanto y lo cercó con una pared para asegurar la debida seguridad y conservación de los restos.

CEMENTERIO PROVISIONAL DE ARANZADI

Donde hoy está el Colegio El Redín, existió durante la última guerra carlista un cementerio provisional en 1874, ya que los carlistas que sitiaban la plaza habían robado el caballo del coche mortuorio cuando llevaban a enterrar dos cadáveres al cementerio de Berichitos. En 1875, se dejó de utilizar aquel cementerio provisional y se trasladaron los restos hasta el camposanto de Berichitos.