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La Cuenca de Pamplona


Según la sabiduría popular, la Cuenca de Pamplona está formada por aquellos pueblos en los que se oye el sonido de la campana “María” de la catedral de Pamplona, la mayor en funcionamiento de toda España. En la catedral de Toledo hay una de mayor peso (la de San Eugenio, conocida también como “La Gorda”), pero no está en activo debido a que halla rajada.
La Cuenca de Pamplona es la comarca geográfica en la que se encuentra ubicada la capital de Navarra. Históricamente, la Cuenca de Pamplona, que pertenece a la cuenca hidrográfica del río Arga, hace referencia a la hondonada encajada entre los montes que se ven desde Pamplona. El piloto del primer vuelo comercial que inauguró las pistas del aeropuerto de Noáin (el 6 de julio de 1972) dijo textualmente: “esto es una cazuela rodeada de montes”. Concretamente, ese contorno montañoso está formado por los montes o sierras de Ezkaba, Miravalles, Alaitz, El Perdón y Sarbil. Esta última sierra es más conocida como Peñas de Etxauri o Cabezón de Etxauri.
Administrativamente, la Cuenca de Pamplona está formada por los pueblos que rodean a la capital y que oyen las campanas de su catedral, pero también se incluyen los Valles y Cendeas más próximas a la ciudad, es decir: los Valles de Elorz, Aranguren, Egüés, Esteríbar (en su parte más meridional), Ezcabarte, Juslapeña y Gulina; y las Cendeas de Ansoáin, Iza, Olza, Cizur y Galar. Actualmente, pertenecen a la citada Cuenca de Pamplona los siguientes municipios: Ansoáin, Aranguren, Barañáin, Belascoáin, Beriáin, Berrioplano, Berriozar, Bidaurreta, Burlada, Ciriza, Cizur (cendea), Echarri, Egüés, Etxauri, Galar, Goñi, Huarte, Iza, Juslapeña, Noáin-Valle de Elorz, Ollo, Olza, Orkoien, Tiebas-Muruarte de Reta, Villava, Zabalza y Zizur Mayor.
Así pues, podríamos decir que los habitantes de la Cuenca de Pamplona (los “cuencos”) se clasifican en tres categorías: los que ven y oyen las campanas de la catedral, los que las ven y no las oyen, y los que ni las ven ni las oyen.
Aunque la Cuenca de Pamplona llegó a ser en tiempos pasados una entidad administrativa (fue un archiprestazgo diocesano), hoy no puede ser equiparada con la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, al abarcar ésta algunos municipios que no forman parte de la anterior.
La ciudad y su Alfoz urbano forman un todo inseparable. La Cuenca ocupa 466 km2 (un 4% del territorio de Navarra) donde en el año 2010 vivían 336.424 habitantes (el 53% de la población total de Navarra) repartidos en alrededor de 100 localidades de diversos tamaños. El término municipal pamplonés sólo tiene 25 km2, pero acogía en esa misma fecha a 197.488 personas.
Según el imaginario popular, los cuencos (o sea, los aldeanos cuyas raíces familiares están ancladas en estas tierras) han sido considerados por sus vecinos de la capital como unos zorros astutos, desconfiados, socarrones, amigos de cotilleos, negociantes, castizos, castellano-parlantes con un argot muy particular en el que se entremezclan palabros castellanos gramaticalmente retorcidos con expresiones procedentes del euskera dialectal. Bromas aparte, los cuencos han sido considerados también como personas aldeanas, sencillas, buenas y trabajadoras. En el pasado, sobre todo los sábados, llegaban al mercado de la ciudad de Pamplona (el de Santo Domingo) con su cargamento de corderos, aves, huevos, frutas y hortalizas. Pero con la urbanización y la mecanización del campo, desapareció un modo de vida marcado por el ritmo estacional del trabajo y sus fiestas de gaita y tamboril, con bailes en la era, obsequio amoroso de dulces piperropiles y trasiego de un vino ácido, el txakolí. El Museo Etnográfico de Arteta, en el valle de Ollo, da cuenta de la cultura tradicional.
El paisaje agrario de la Cuenca de Pamplona se transformó decisivamente durante la segunda mitad del siglo XX. La concentración parcelaria ha afectado a las dos terceras partes de la superficie cultivada y las explotaciones agrícolas ofrecen hoy sólo un 3% del empleo, mientras que en 1950 esta cifra aumentaba hasta el 50%. Pero el mayor impacto en el paisaje ha llegado con la gran maquinaria de obras públicas, que deja huellas apreciables: grandes boquetes en las canteras, acumulaciones de vertidos de minas agotadas, ocupaciones industriales, edificaciones en altura, vías férreas y un sistema de rondas de circunvalación del tráfico rodado que, como una nueva muralla, circundan y separan a la ciudad central.
En la Cuenca llueve un promedio de 150 días al año y se recogen más de 800 litros/m2. Siempre ha sido un buen granero, pero los rendimientos se han multiplicado por tres desde mediados del siglo XX. La diversidad paisajística anterior ha dejado paso a la monotonía de campos extensivos de cereal que ocupan las tres cuartas partes de toda la tierra de labor.
Antiguos terrenos de cultivo son ahora polígonos industriales. La actividad fabril de la comarca está dominada por el sector de la automoción (Wolksvagen). Tiene peso también la industria de componentes eléctricos, y menos la química, la alimentaria y la de electrodomésticos.
En términos generales, en la Cuenca existe una gran ocupación del territorio, acaso desmedida. Hay cierta confusión de industria acumulada, espacios residuales y fincas agrícolas abandonadas. No todo está bien relacionado y se percibe un exceso de ruido, pero la ciudad histórica no ha perdido su perfil. No hay colosalismos, abunda el verde, los ríos bajan con aguas limpias, sobrevuelan milanos y águilas culebreras, y se oye un griterío de pájaros. Por todo ello, podemos decir que éste es un espacio habitable.