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El Sario


   
La palabra “sario” es una voz vasca que equivale a pastizal. Se trata del tramo del río Sadar situado en las proximidades del puente del Mochuelo, donde se hallan los Viveros Municipales. Hasta mediados del siglo XX se conservaban allí los corrales del mismo nombre. Desde tiempo inmemorial los toros que se habían de correr en las fiestas se conducían por medio de cabestros y pastores desde las más lejanas ganaderías hasta las proximidades de la ciudad. El Soto de Salinas era uno de los más utilizados para pastar el ganado los días anteriores a las corridas. En el siglo XIX se traían al soto del Sadar o Sario, en donde se construyeron unos corrales. Durante el día, las reses pacían en el soto y abrevaban en el Sadar. En las madrugadas de los días de las corridas, partía la torada del Sario, conducida por un pastor a caballo y por varios más a pie. Lentamente enfilaban por el camino de Esquíroz hasta la Vuelta del Castillo siguiendo por las proximidades de la puerta de la Taconera, y por el antiguo campo de San Roque hasta la Cuesta de la Reina; bajada ésta, subían hasta el portal Nuevo y por la Bajada de las Tenerías (Cuesta de Curtidores) alcanzaban los corrales de la Rochapea, hoy oficialmente llamados de Jus la Rocha, de donde salían con el estampido de los cohetes hacia la plaza de toros. A partir de 1899 se utilizó la antigua fábrica del Gas para desencajonar y encerrar los toros castellanos y andaluces. El Sario se continuó utilizando sólo para ganaderías navarras hasta los comienzos de la tercera década del siglo XX.