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el VI Centenario del Privilegio de la Unión de Pamplona

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El Privilegio de la Unión


            A finales del siglo XI, los monarcas de la dinastía de Aragón (Sancho Ramírez, Pedro I, Alfonso I) desplegaron una intensa actividad reconquistadora y repobladora. Emigrantes dedicados al comercio y la artesanía se instalaron a lo largo y ancho del reino. Antes de 1100 las campas situadas al oeste de la ciudad vieja enpezaron a poblarse de franceses del Midi, devotos de San Saturnino, a quien dedicaron su iglesia y el nombre del nuevo barrio, el Burgo de San Cernin Sus orígenes y dedicación mantenían a estos “burgueses” apartados de los antiguos habitantes “navarros”, y los privilegios que recibieron del rey en 1129 marcaron todavía más las distancias.

            Las distintas procedencias y los intereses encontrados de unos y otros impidieron durante mucho tiempo la buena vecindad. En el siglo XII había surgido la Población de San Nicolás, en torno a una nueva parroquia, con nuevos emigrantes. En 1189 la Navarrería recibió su fuero de francos y el anexo de San Miguel, pero no hubo unión. En 1222 los habitantes de San Cernin asaltaron y quemaron la iglesia de San Nicolás, su competidor más directo. Los intentos de la monarquía por acercar los tres núcleos fracasaron, y en 1276 tuvo lugar la Guerra de la Navarrería. La nobleza, firmemente asentada en la Navarrería y apoyada por el obispo, reclamaba la alianza con Castilla, mientras que la burguesía de San Cernin y San Nicolás prefería la solución francesa. El resultado fue la destrucción de la Navarrería por un ejército ultrapirenaico. La más vieja de las ciudades pamplonesas fue arrasada, salvo los edificios de la Iglesia, los bienes de sus vecinos fueron confiscados y el señorío del obispo sobre la capital fue puesto en cuarentena. Hasta pasado medio siglo (1323) no se inició la reconstrucción sistemática.

            Aunque de forma menos violenta, las discordias entre los tres Burgos pamploneses (la ciudad de la Navarrería, el burgo de San Cernin y la Población de San Nicolás) continuaron durante el siglo XIV y obligaron al rey Carlos III el Noble a tomar la decisión inapelable de transformar las tres entidades en una sola. Según el privilegio real del día 8 de septiembre de 1423, diez jurados (cinco del Burgo, tres de la Población y 2 de la Navarrería) regirían conjuntamente los destinos de la ciudad y un alcalde, elegido anualmente por el rey en turno rotatorio, ejercería las funciones judiciales. Los monopolios de cada barrio desaparecen, se prohíbe la construcción de nuevas fortificaciones interiores y, en suma, se otorgan las disposiciones necesarias para crear un clima de convivencia. La Jurería (casa municipal) se edificará en el espacio situado entre los tres barrios, cerca del chapitel (almacén) de granos del rey. Tardarán en derribarse las murallas interiores, pero era cuestión de tiempo. El capítulo III del Privilegio de la Unión determina con exactitud dónde debe quedar emplazada la nueva Casa Consistorial pamplonesa tras la paz de los tres Burgos. La Jurería se edificó, por tanto, donde la torre de la Galea y el portal del Burgo (Portalapea), en lo que era un foso, tierra de nadie, confluencia de los sistemas defensivos de las tres partes. Ante la más que previsible lentitud en el desarrollo de las obras, el propio Privilegio especifica medidas prácticas y económicas. Este Privilegio fue verdadera carta fundacional de la Pamplona moderna, a la vez que fuero municipal durante 4 siglos, hasta 1836, con el advenimiento del sistema constitucional. Tras la unión administrativa e institucional, llegaría la unificación urbanística después: terminar la muralla exterior, uniendo de burgo a burgo, y, poco a poco van surgiendo casas y edificios públicos en el prado del Chapitel, cerca del Ayuntamiento hasta mediados del s. XVI. Hacia 1500 surge el llamado Barrio Nuevo en lo que había sido hasta 1498 la Judería.

(Ver también: EVOLUCIÓN HISTÓRICA – Edad Media)