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El Portal de San Nicolás


Antiguamente, las carreteras procedentes de Zaragoza y de Francia confluían en una sola, a muy poco distancia de las murallas de la ciudad. Este punto de unión era exactamente el mismo donde actualmente se encuentra la Plaza del Príncipe de Viana, en el centro de la misma, donde se encuentra la fuente luminosa.

Desde aquel lugar se contemplaba una sucesión de fortificaciones, que hacían que Pamplona fuera considerada como plaza fuerte. En esa zona de la muralla se localizaba una de las entradas a la ciudad: el Portal de San Nicolás. Al igual que en el Portal de Francia, existía una primera puerta con jambas adornadas en su parte superior con bolas de artillería. Hasta finales del siglo XIX, esta puerta se cerraba con dos hojas de gruesos maderos que, abandonados a su suerte, se fueron desvencijando y terminaron por desaparecer en ambos portales.

Atravesando esta puerta, se cruzaba el foso sobre un puente y se alcanzaba la segunda puerta, también adornada con bolas de artillería. Esta segunda puerta estaba situada sobre el revellín que defendía la puerta de San Nicolás, y sobre este mismo revellín doblaba la carretera a la derecha, según se entraba en la Plaza, para doblar a la izquierda unos pocos metros más adelante y sobre un puente entrar en la ciudad, atravesando los amplios fosos. En estos fosos era el lugar en el que trabajaban los cordeleros pamploneses.

A finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, era corriente ver a la diligencia atravesar esta ruta fortificada, que hacía el servicio a Tiermas, Jaca y Panticosa. La caja del vehículo destacaba por el color amarillo y la franja roja que ostentaba los nombres de los pueblos del itinerario. Estas diligencias eran arrastradas por el tiro de cuatro resistentes caballos. Recordemos que el nombre de “diligencia” lo recibieron por la rapidez en el servicio, que indudablemente, para aquella época, resultó ser un sistema revolucionario en materia de comunicaciones. Pamplona, en 1849, disponía de varias líneas organizadas, como la de Zaragoza a Tolosa por Pamplona, de la Compañía “Postas Generales”, con vehículos de nueve plazas con cupé. Había también servicios a Estella por Puente la Reina, y a Bayona por Elizondo cada dos días. Cada tres días estaban los servicios a Vitoria, Roncal, Salazar, Zaragoza y Bayona por Tolosa. Sin embargo, este medio de locomoción fue desapareciendo con la aparición de los autobuses, hasta quedar sólo los servicios de Pamplona a Salinas de Oro (que dejó de funcionar en 1916) y el de Pamplona-Olagüe-Lanz (hasta 1920).

Estas diligencias disponían  de administraciones para sus llegadas y salidas, situadas en diversos puntos de la ciudad. La de Francia paraba en la Fonda de Ciganda (situada donde hoy está el Café Iruña). En la belena que hay entre el Café Iruña y el antiguo Café Kutz, estaban las cuadras y servicios. En el Paseo de Sarasate, donde hoy está el Banco Hispano Americano (y anteriormente el Colegio de los PP. Escolapios, y antes la Fonda Europa, sucesora de la de Otermin, y ésta, del llamado Parador General), allí fue donde llegaron las primeras diligencias a Pamplona. En el patio, que todavía hoy existe (entre el citado Banco, la Caja de Ahorros y el Banco de España), estaban los servicios de cuadras. En la Plaza del Castillo, en el número 5, estaba la administración de La Estellesa; en el 19, las de Irún; las de Sangüesa, junto a la casa de los Baleztena. En la calle de Santo Domingo, en la posada de Arangoa, paraban las diligencias que hacían el servicio a la Ulzama.

La fachada del Portal de San Nicolás no era exactamente como la han conocido nuestros abuelos a principios del siglo XX, ni como la vemos hoy lucir en los jardines de la Taconera. Antes de la Guerra Carlista, el mecanismo de elevación del puente levadizo consistía en dos grandes palancas de madera, de cuyos extremos pendían dos cadenas que lo elevaban al ser accionadas aquéllas. El extremo externo de las palancas, al subir el puente, quedaban encajadas en dos huecos, entre el escudo central y los laterales, que posteriormente fueron rellenados con piedras talladas imitando a las primitivas. Además, la estructura arquitectónica estaba menoscabada por un polvorín que, con su tejadillo y paredes, hacía desmerecer las líneas de la fachada del Portal.

Suponemos que este polvorín fue construido posteriormente al Portal, y que su misión era la de un pequeño depósito de municiones, así como la de expender pólvora al público. En 1865 se produjo una explosión en dicho polvorín, que rompió la barandilla izquierda del puente levadizo. El Portal de la Taconera disponía de uno parecido, el cual se conservó hasta 1905, en que desapareció junto con el Portal. Sin embargo, el de San Nicolás fue transformado poco después de la Guerra Carlista, desapareciendo el polvorín y sustituyendo el sistema de palancas por otro mecanismo de ruedas y cadenas, del cual se conserva hoy día un sistema similar en el Portal de Francia.

De los portales de Pamplona, posiblemente éste de San Nicolás, junto con el Taconera, era el de mayor importancia, ya que comunicaban la ciudad con las carreteras de Francia y Madrid y, por tanto, tenían un mayor tránsito. Hubo momentos en la historia de la ciudad en los cuales el Portal de San Nicolás resalta por ser el único por el que se podía entrar en la Plaza ciertos artículos, como por ejemplo, el vino que entraba a Pamplona.

El Privilegio del Vino, de 1372, protegía a los viticultores de la Navarrería contra las importaciones de vinos. Éste es el comienzo de una serie de luchas jurídicas que durante siglos tratan de defender a los labradores de Pamplona que, aunque parezca mentira, en el siglo XVI alcanzaban la respetable suma de más de dos mil. Hay que tener en cuenta que el número de habitantes de la ciudad, en aquella época, era de unos siete mil vecinos. Así pues, los agricultores de nuestra ciudad defendían la baja calidad de sus caldos contra los apetecibles vinos de la Ribera y de Aragón. De todos modos, no eran sólo los agricultores, sino también los regidores y gentes principales de la ciudad los que luchaban encarnizadamente, haciendo prevalecer el “Privilegio Real del Vino”, ya que en su mayoría eran propietarios de viñas en nuestras tierras de cultivo. En el siglo XVI, los soldados que defendían la Plaza consiguen del Virrey, Duque de Alburquerque, el disponer de una taberna propia para la tropa, la cual abastecían con mostos de otras tierras, los cuales sólo podían ingresar en la ciudad por el Portal de San Nicolás.

La entrada a Pamplona por nuestro Portal de San Nicolás no coincidía con la actual avenida de San Ignacio, sino que, oblicuamente a esta avenida, tenía su puerta interna, aproximadamente donde hoy está la esquina de la calle Cortes de Navarra y de la avenida de San Ignacio. Su dirección, prolongada, venía a coincidir con la casa número 6 de dicha avenida, en su esquina con la calle de Fernández Arenas.

La parte interna del portal estaba protegida por una puerta de madera (la entrada principal de la Ciudadela posee actualmente una similar), que de vez en cuando solían pintarla con pintura embreada.

El origen de la fachada de este Portal se remonta al año 1666. Fue construido por el rey Carlos II, siendo Virrey y Capitán de Navarra don Francisco de Tutavilla, Duque de San Germán, el cual dejó en Pamplona una estela de amor al dinero, de tal modo que, cuando más tarde fue nombrado Gobernador de Milán, se cantaba en nuestra ciudad: “San Germán fue a Milán y no hubo pan. Si él lo hurtó, ¡sábelo Dios!”

A comienzos del siglo XX, por la necesidad de expandir la ciudad, se acordó romper la muralla y quitar el Portal. Las obras de reforma comenzaron en 1906 y consistían en construir un nuevo puente sobre el foso de 15 metros de anchura, suprimir el antiguo y dejar una amplia entrada a la ciudad.

Antes de llegar al puente, a mano izquierda, se construyó la llamada “avanzadilla”, que en realidad era un pequeño cuerpo de guardia dependiente del que existía en el Portal y que funcionó hasta 1910. Estas obras fueron concluidas, ¡cómo no!, para las fiestas de San Fermín del año 1907. Ese mismo año se desmontó la fachada del Portal de San Nicolás. Los escudos del mismo, junto con la inscripción, fueron colocados en la muralla, entrando a la ciudad a mano derecha. El resto fue conservado hasta 1929, año en que fue reconstruido en los jardines de la Taconera, donde hoy podemos contemplarlo. Los escudos y la inscripción, al ser derribada la muralla en 1921, pasaron a la Cámara de Comptos hasta 1929, en que volvieron a completar el antiguo Portal. La barandilla del nuevo puente sobre el foso es la misma que hoy está colocada en la calle Juan de Labrit. Este puente existe en la actualidad enterrado en la avenida de San Ignacio.