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El Molino de la Pólvora


El primer molino de pólvora que existió en Pamplona fue mandado construir por Felipe II., por lo que ya sabemos que fue en la segunda mitad del siglo XVI. Su ubicación era en Errotazar. Hay datos de la época que dicen que “el Molino y fábrica de Pólvora era de traza tan estimable, que no la tiene igual España, moviéndose con la violencia del agua, labrando cada día 14 quintales de pólvora, y mucho más si la necesidad obligase”.
Aquel molino sufrió dos explosiones, una en 1673 y otra en 1733. En esta última, había tal cantidad de pólvora almacenada en el molino que la onda expansiva produjo grandes estragos en Pamplona.
Revisando el plano de Pamplona de 1719, editado en París por S. de Fer, aparece señalado les moulins a poudre en el molino que sabemos existió en la hoy llamada presa de San Pedro. Sin embargo, si aquél pudo ser molino de la pólvora, no fue el único, y tampoco fue el que explotó dos veces y que posteriormente se convertiría en fábrica de papel, más tarde en “La Talavera”, para llegar al siglo XX convertido en molino de Alzugaray. Las pruebas  irrefutables están en varios planos de Pamplona de los siglos XVIII y XIX. En tres de planos distintos está claramente señalado el “molino de la pólvora”, y en otro de de 1823 aparece la “fábrica de papel” en el mismo molino.
El molino o fábrica de papel fue instalado en el antiguo molino de la pólvora con el fin de obtener ingresos para el entonces llamado Santo Hospital de Pamplona. Con la explosión del molino de la pólvora en 1733, quedó destruido. En 1745 fue reconstruido, pero, ante el riesgo de una nueva explosión, las autoridades no se atrevieron a ponerlo en funcionamiento. Por esto, la junta del Hospital solicitó comprar el molino para transformarlo en fábrica de papel, alegando no existir ninguna en Navarra. La compra se efectuó en 1753 y las primeras resmas de papel se obtuvieron en 1755. Su marca era un león rampante orlado con la leyenda: “Hospital General de Pamplona”. Aquella fábrica de papel funcionó hasta la guerra de la Independencia.
En 1816, el molino se arrendó a Andrés del Campo para instalar una fábrica de loza “de Talavera”. A mediados del siglo XIX, todavía funcionaba aquella alfarería.