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El Molino de Caparroso


Este antiquísimo molino, situado en la orilla izquierda del río Arga, justo debajo del Fuerte de San Bartolomé, estaba ya construido en el siglo XI, aunque fue reconstruido en la transición de los siglos XV a XVI. Su primitivo nombre era el de Molino de San Miguel, seguramente tomado del Burgo del mismo nombre, y al cual pertenecía. Su historia va unida en principio con la leprosería de la Magdalena, situada al otro lado del río, aproximadamente donde hoy está el convento de las Josefinas.
En 1048, el Papa Dámaso II fundó la Orden de San Lázaro con el exclusivo fin de atender y cuidar a los numerosos leprosos que en aquella época tanto abundaban. Los leprosos estaban abandonados y aislados de la sociedad, y eran obligados a vestir trajes especiales con una vejatoria esquila colgada del cuello para anunciar su ingrata presencia. Pronto se fundaron los primeros lazaretos y, en Pamplona, fue creado el Hospital de Leprosos de la Magdalena, el cual contaba entre otras posesiones con este molino, seguramente por donación del obispo. En 1084 este molino existía, en los tiempos del obispo don Pedro de Roda, como propiedad de la catedral pamplonesa. El molino inicial altomedieval únicamente comprendía la torre y un canal de menor anchura que el actual.
En 1278, el obispo de la ciudad decretó la unión de la Basílica de la Magdalena con sus molinos y pertenencias al Hospital de San Miguel para poder atender mejor el cuidado de los leprosos y de los pobres que se acogían a esta institución. Este Hospital de San Miguel, fue el más antiguo de la ciudad y existió en la calle de San Miguel (en el número 14). Así en 1286, al pasar a ser propiedad del Hospital de San Miguel, se acometen las primeras obras de remodelación: se amplían y modernizan las instalaciones construyendo una casa de compuertas que se adosa al molino formando un sólido cuerpo con el muro de defensa del río.
Pasaron los años y en 1485, el cabildo de la catedral de Pamplona permutó el molino a un tal Pedro de Caparroso (rico mercader de la ciudad), a cambio de otros terrenos. Por estas fechas parece que el molino fue reconstruido y remodelado. De esta forma, el edificio se recrece y toma dimensiones de torre, los pisos superiores de destinan a vivienda y se abren ventanas todavía existentes. Así mismo, se construye la cubierta a cuatro aguas. Desde entonces se le ha llamado Molino de Caparroso, aunque nunca se hubiera quitado la imagen protectora de San Miguel, que hasta principios del siglo XX se hallaba colocada sobre la portada principal.
Existe una lápida escrita en caracteres góticos que data del siglo XV y cuya traducción nos recuerda que este molino se utilizaba no sólo para moler los cereales, sino también como batán para enfurtir los paños que los tejedores de Pamplona confeccionaban para nuestros antepasados. El batanado o enfurtido de paños o tejidos de lana servía para darles cuerpo, así como para hacerlos más muelles y suaves al tacto. Esta labor se llevaba a cabo golpeando los paños con martillos, batanes o mazos de madera. Los paños se apilaban en un recipiente lleno de agua y de tierra de batán. Este procedimiento de batanear simplificaba enormemente el primitivo, que consistía en meter las piezas de tela en un cubo de madera o de piedra con una solución de greda (tierra de batán), para ser pisadas durante días por operarios que, calzados con zuecos y con el pantalón arremangado, conseguían el enfurtido deseado. Es posible que la tierra de batán, necesaria para estas operaciones de batanear, la obtuvieran de las proximidades del molino, del lugar conocido por la “Cuesta de rompeculos”.
El Molino de Caparroso, durante la Francesada, tuvo una actuación destacada, sobre todo mientras las tropas de Napoleón ocupaban la Plaza. Lo cierto es que el Molino de Caparroso era el punto de partida de los confidentes (ahora se les llamaría espías o agentes secretos), que ponían en comunicación a los españoles sitiados con las tropas antinapoleónicas. Desde 1812 hasta el bloqueo, era en este molino donde se redactaban la mayoría de los partes sobre el movimiento de las tropas francesas, los cuales salían de noche en los bolsillos de los bravos mensajeros que, después de atravesar el río, eran llevados a Beriáin, de donde pasaban a poder del gran Espoz y Mina.
En alguna ocasión, parece ser que estuvo presente el mismo Mina en la elaboración de dichos partes. Los que llevaban las confidencias eran tres criados del molino que, por su cargo, tenían libertad para entrar y salir de la ciudad sobre todo durante el bloqueo, en el cual, y con ocasión de tener que moler salvado (por no disponer los sitiados de trigo), tardaron dieciséis días en realizar una labor que podía haber sido hecha en tres. El mismo O’Donnell reconoce que recibía las confidencias de los movimientos de las tropas francesas a través del Molino de Caparroso. Gracias a todas estas funciones de espionaje, se conserva todavía el viejo molino, ya que las tropas sitiadoras acantonadas en la “Casa Colorada” (situada en el barrio de Capuchinos) tenían intención de quemarlo para impedir la molienda por parte de los sitiados dentro de la ciudad.
Terminada la guerra contra los franceses, el molino continuó con sus labores de molienda hasta el año 1848, en que Pinaquy lo transformó, con ayuda de un tal Sarvy, en una fábrica-fundición de aperos de labranza. Entre 1863 y 1865, y después de haber trabajado durante un año en una herrería de Pamplona, vino Julián Gayarre a trabajar como herrero a este lugar. En 1872, el alcalde de la ciudad intentó construir una caseta de tablas junto a la que existía en la llamada “punta de diamante”, en el comienzo del “Río de los Leños”, para uso de las señoras que deseaban tomar baños en el río. Al final, este proyecto no se llevó a cabo, debido a la oposición del propietario del molino.
A finales del siglo XIX, este molino pertenecía al Conde de la Rosa. En 1885, el Ayuntamiento construyó junto al molino un gran lavadero que se hizo de madera, debido a la prohibición del Ramo de Guerra que impedía edificar con otros materiales. Este lavadero fue inaugurado por el Conde de la Rosa en 1896. Con anterioridad, Pinaquy había dejado el molino, teniendo que buscar el Ayuntamiento a una persona para que se hiciese cargo de las bombas y aparatos que servían para subir el agua a Pamplona. Este suministro de agua a la ciudad se mantuvo hasta que se inauguró la nueva traída de aguas de Arteta, en 1895.
A finales del siglo XIX, la Electra de Aoiz adquirió el molino, montando una turbina a vapor para producir electricidad. Esta empresa fue la que construyó la chimenea que todavía se conserva. Poco antes de 1909, la Electra de Aoiz se fusionó con “El Irati”, ampliándose la central y construyéndose una nave industrial (ya derribada) que ocupaba aproximadamente el mismo espacio que las edificaciones anejas de Pinaquy. Se observan sucesivos rellenos para obtener un piso seco. En 1917 se cerró el Río de los Leños, lo que provocó nuevas filtraciones y alteraciones del nivel freático.
Iberduero adquiere el molino en 1961, fecha en la que se produce la apertura de la puerta del muro Oeste. Desde entonces el molino se utilizaba únicamente de almacén. En la actualidad el molino pertenece al Ayuntamiento de Pamplona, quien le ha dado un nuevo uso como Escuela Municipal de Piragüismo. Ésta consta de dos partes diferenciadas. En la planta baja se encuentran ubicados los almacenes de piraguas, zonas de mantenimiento y acceso al pantalán, respetando las ruinas existentes debido a que se hallan protegidas en el Catálogo Municipal. Por encima de los muros del antiguo molino vuela un nuevo edificio aproximadamente 10 metros sobre las orillas del Arga. En él nos encontramos con un bar-cafetería y con los vestuarios así como con un patio acristalado sobre el canal existente. Una escalera interior comunica con la planta baja y otra con el segundo y tercer piso de la torre existente, en donde se sitúan las oficinas y la sala de reuniones respectivamente. El edificio cuenta con un canal de “aguas bravas” de unos 110 metros navegable por piraguas.

(Ver también: RECORRIDOS POR LA CIUDAD – Parques y Jardines – Río Arga)