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El Encierro


Este juego es para que practiques la carrera del Encierro.
¿Te atreves a correrlo?

CORRIENDO EN EL ENCIERRO






    
    PROHIBICIONES Y CONSEJOS BÁSICOS

        Es importante añadir que, a pesar del caos aparente en el que se desarrolla esta famosa carrera, todo está perfectamente organizado por el Ayuntamiento de Pamplona, quien se encarga por medio de la Policía Municipal de hacer cumplir el reglamento. Convendría recordar unas recomendaciones básicas para que todos lo conozcan y traten de llevarlas a la práctica por su propio bien y por el de los demás corredores:       

          PROHIBICIONES  

· PROHIBIDO a menores de 18 años.

· PROHIBIDO desbordar las barreras policiales instaladas al efecto.

· PROHIBIDO resguardarse antes de la salida de los toros en rincones, ángulos muertos o portales del recorrido.

· PROHIBIDO tener abiertos los portales, siendo responsables de ello los propietarios o inquilinos de los inmuebles.

· PROHIBIDO permanecer en el recorrido en estado de embriaguez o bajo el efecto de las drogas.

· PROHIBIDO portar objetos inconvenientes para la buena marcha del encierro o llevar vestuario y calzado inadecuados para la carrera.

· PROHIBIDO citar a las reses o llamar su atención de cualquier forma.

· PROHIBIDO agarrar, hostigar o maltratar a los toros.

· PROHIBIDO sacar fotografías desde los vallados, calle y barreras sin la debida autorización.

· PROHIBIDO cualquier otra acción que dificulte el desarrollo del encierro.


          CONSEJOS  

· DORMIR, aunque sea unas pocas horas, antes del encierro.

· CALZADO: No llevar nunca zapatos mocasines, botas con tacón, sandalias o botines de piel demasiado dura.

· Extremar la precaución al correr sobre SUELO MOJADO.

· No correr nunca alocadamente sin MIRAR ATRÁS (el peligro suele estar detrás y no tanto delante). Tras acabar la carrera, hay que comprobar que no queda ningún toro por venir.

· El encierro de Pamplona es mucho más rápido que los encierros de vaquillas de los pueblos, por lo que se debe estar atento para NO SER ARROLLADO POR LA MANADA.

· Tener la máxima PRECAUCIÓN AL RETIRARSE DE LA CARRERA, ya que las cogidas suelen producirse entre mozos parados o caídos.

· NO PERMANECER EN LOS LADOS para ver pasar a un toro suelto, como si fuera una procesión. Hay que correr hasta las vallas más cercanas para salir del recorrido.

· En caso de apuro hay que LANZARSE AL SUELO O DESLIZARSE POR DEBAJO DEL VALLADO, ya que trepar por los tablones lleva algo de tiempo, suficiente para que el toro pueda embestirte.

· Hay que RETIRARSE A LOS LADOS Y PARARSE NADA MÁS SER REBASADO POR LA MANADA. Si corres detrás de los toros no estás corriendo el encierro y puede ser muy peligroso si algún toro se vuelve.

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        EL ENCIERRO

            El encierro consiste en el acto de traer los toros a encerrar en el toril, pero es algo más: rito iniciático masculino y/o forma callejera de lidia y/o ordalía (prueba de carácter mágico o religioso para demostrar la culpabilidad o inocencia de alguien). Recorre unos 900 metros hasta la Plaza de Toros en menos de 3 minutos. Hace siglos que se corren los encierros (en el s. XV ya se considera espectáculo antiguo), pero antes se hacía de otra manera: los toros pastaban en los sarios y entraban por el Portal de la Rochapea precedidos por el abanderado a caballo, y, las bocacalles cerradas por talanqueras y/o mantas; es decir, se corría no delante, sino detrás y a los lados, hostigándoles. A mediados del s. XIX se impuso un trazado y una forma de correrlo y mucha gente estuvo en contra de su celebración. El vallado se puso en 1776 (madera de abeto).

El encierro es el acto que más se conoce de los Sanfermines y el motivo por el que muchos extranjeros llegan a Pamplona el 6 de julio. Básicamente consiste en correr delante de los toros un tramo de calle convenientemente vallada, y tiene como fin trasladar a los astados desde los corrales de Santo Domingo hasta los de la Plaza de Toros donde, por la tarde, serán lidiados. En total corren seis toros y dos manadas de mansos, y el trayecto, que transcurre por diferentes calles del Casco Viejo de la ciudad, mide 848,6 metros.

La peligrosa carrera, que se celebra todas las mañanas del 7 al 14 de julio, comienza a las 8:00 horas, aunque los corredores deberán haber entrado dentro del recorrido antes de las 7:30 horas. Unos minutos antes de que se inicie, los mozos que van a correr se encomiendan a San Fermín, y cantan por tres veces (7:55, 7:57 y 7:59 horas) ante una hornacina del Santo adornada con los pañuelos de las peñas que se encuentra en la Cuesta de Santo Domingo. En concreto, el cántico dice así: "A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición". Finaliza con los gritos de "¡Viva San Fermín!, ¡Gora San Fermín!", y es uno de los momentos más emocionantes.

Los encierros siempre se han celebrado a la misma hora solar: a las 6 (hasta 1924), a las 7 (hasta 1973) y a las 8 (desde 1974). Estas horas tan dispares se deben al cambio de horario producido en dichas fechas. Es por esto que la famosa copla nos ha dado siempre la hora correcta del encierro: "Levántate pamplonica, y da de la cama un brinco, mira que ya son las cinco, y el encierro es a las seis".

LOS ORÍGENES DEL ENCIERRO

Antiguamente, desde el siglo XIV, los toros eran trasladados desde el campo hasta el centro de la ciudad para ser lidiados. Entraban de madrugada por el Portal de la Rochapea e iban hasta la Plaza del Castillo, pasando previamente por la calle de Santo Domingo, la Plaza Consistorial, la calle Mercaderes y la calle Chapitela. En los últimos 550 metros del traslado de los toros, entre las murallas y la plaza de toros (la del Castillo), es donde algunos jóvenes tentaban la suerte y corrían con los toros. Les llamaban "locos". Esto mismo también sucedía en todas aquellas poblaciones que contaban con festejos taurinos, pero con la extensión del ferrocarril desaparecieron casi todos los encierros que había en España, excepto donde había hechado fuertes raíces y a pesar de las prohibiciones gubernamentales. Poco a poco, encierros y corridas se van separando durante los siglos XVII y XVIII.

Las primeras corridas de toros documentadas en Pamplona se celebraron con Carlos II el Malo y su hijo Carlos III el Noble, en los años 1385, 1387 y 1401. Algunos historiadores sostienen que en Pamplona ya había corridas de toros en el siglo XII, con García el Restaurador. No es aventurado pensar que ya desde esa misma época hubiera encierros. Las primeras corridas tenían lugar cuando al rey le apeteciera, sin periodicidad fija y se celebraban a las 2 de la tarde con hasta 15 toros, más un toro de fuego (con petardos y moría extenuado a manos de los mozos), más varios toros ensogados. Es curioso que, incluso en la Edad Media, los términos "toreador" y "corredor" se superponían. El toreo a pie era cosa de plebeyos, mientras que el toreo a caballo era más propio de nobles. Al principio de la Edad Media los toros no eran estoqueados en la plaza y salían vivos tras el festejo, por lo que es más que posible que se corriera un "desencierro" aprovechando que los toros volvían a pasar de nuevo por las calles para salir al campo.

De madrugada, entraban a la ciudad los toros con cabestros azuzados por los pastores. La manada era precedida por un abanderado de la ciudad a caballo que teóricamente despejaba la calle, seguido de otro a caballo que tocaba el clarín para anunciar el inminente paso de la manada. Los pamploneses saltaban con garrochas y los más valientes corrían aún muy alejados de los toros. Los vecinos con garrochas estaban en los portales y bocacalles del trayecto (cerradas previamente con mantas) para evitar con sus puntas afiladas que los toros se escaparan. El propio Ayuntamiento repartía garrochas a los vecinos en el siglo XVII, aunque terminó prohibiendo esta costumbre que hería o inutilizaba a los toros (bandos de 1717 y 1731). También prohibió en 1686 que el abanderado abriera el encierro, ya que era peligroso para el edil e indecoroso para su rango. Hasta el siglo XIX, la historia del encierro es la de sus prohibiciones por parte de la Iglesia. El Papa Pío V (1567) prohibió entrar en sagrado a quienes murieran en los espectáculos taurinos y excomulgó a los sacerdotes que asistieran a tales espectáculos taurinos. Pero la tradición ya había enraizado en el pueblo. Hasta el cabildo de la Catedral tenía un palco reservado para asistir a la corrida de toros. En 1776 se empieza a colocar el vallado en el trayecto en sustitución de las mantas.

        CÁNTICO AL SANTO

        “A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición”. Esta es la copla que cantan los mozos 5 -3 - y 1 minutos antes de las ocho de la mañana frente a la imagen de San Fermín que se haya instalada en la hornacina excavada en el muro de la derecha de la Cuesta de Santo Domingo, rodeada de velas y de 16 pañuelos de fiestras, uno por cada una de las 15 peñas pamplonesas y otro más que pertenece a la peña “El Charco” de la localidad cercana de Ansoáin. Antes de 1981, fecha de la construcción de dicha hornacina, este rito previo al encierro, que finaliza con los gritos de “Viva” y “Gora” a San Fermín, se llevaba a cabo de forma similar, pero la pequeña imagen del patrón de Navarra se instalaba en una de las ventanas del antiguo Hospital Militar (hoy sede del Departamento de Educación del Gobierno de Navarra), es decir, en el lado izquierdo de la Cuesta de Santo Domingo.

        EL ENCIERRO "TXIKI"

        Entre 1979 y 1987 se organizó el llamado “encierro txiki” que, aunque la legislación lo prohibió, fue tolerado tácitamente. En él, los niños pamploneses emulaban a sus mayores, pero con seis becerros, a las ocho y media de la mañana y en el tramo comprendido entra la Estafeta, Telefónica y Plaza de Toros.

        LOS PASTORES

        Siempre ha habido pastores en el encierro. Ellos eran, al principio, los únicos que acompañaban a los toros y cabestros por las calles del casco antiguo pamplonés. Remontándonos más atrás, y partiendo de la idea de que el toreo a pie nació en Navarra en la Edad Media, los pastores fueron los primeros toreros. Estaban acostumbrados a conducir al ganado por el monte con ayuda de su vara y su perro (a diferencia de sus compañeros andaluces que siempre usaron el caballo), por lo que tuvieron que crear sistemas para eludir las embestidas de los toros por medio de rápidas carreras y quiebros, lo que terminó desembocando años más tarde en las distintas suertes del toreo a pie, aunque con el añadido del capote y la muleta, o bien a cuerpo limpio, como todavía hoy se sigue realizando en los espectáculos de vaquillas.

Desde finales del siglo XX, con un encierro masificado, la labor de los pastores ya no es la de conducir al ganado hasta el coso taurino; eso es algo que ahora hacen los corredores. Hoy suelen ser del orden de 16 pastores los que evitan que la manada se disgregue, ya que los toros sueltos son más peligrosos que cuando van en manada todos juntos. Se turnan durante todo el trayecto en tramos de 60 metros. Si algún toro queda descolgado de la manada, los buenos corredores se encargan de citar al toro por delante, mientras que los pastores tratan de que el astado no se vuelva hacia atrás y comience a correr en dirección contraria al sentido del encierro. Para ello usan el arte de recortar a las reses bravas con la ayuda de su vara. También se encargan de frenar con ella a la masa de inconscientes que suele correr detrás de la manada con el fin de dejar un espacio libre entre el toro y los mozos.

Los pastores se encargan del encierro; de las vaquillas que tras la carrera se sueltan en la plaza de toros; del apartado de los astados para la corrida de la tarde; de los sobreros del coso taurino por si hubiera que devolver algún toro al corral; de la fiesta campera o festival taurino que se celebra en la plaza a media mañana; y del encierrillo nocturno. Además, su misión también incluye alimentar a los toros durante su estancia en los Corrales del Gas.

La mayoría de los pastores proceden de la Ribera de Navarra, zona con gran tradición histórica en el juego con las vaquillas, además de ser la única zona navarra en la que existen ganaderías de reses bravas. El pastor más famoso de todos los tiempos fue natural de Arguedas y se llamó Germiniano Moncayuela, cuyo arrojo era mítico y tanto en el encierro como en el encierrillo él sólo se bastaba para conducir a los toros más díscolos. Hay cientos de fotos del encierro en los años de la postguerra que atestiguan todo ello, en una época en la que prácticamente no había mozos dispuestos a tirar de los toros a punta de periódico.

        LOS DOBLADORES

        Comienzan a trabajar en el encierro a finales de los años 30 del siglo XX, cuando necesitaron tener a alguien que diera seguridad en el ruedo, que entonces comenzaba a llenarse peligrosamente de mozos. Su misión es la de introducir en los corrales de la plaza a los toros distraídos, por medio de un capote. Esto es complicado, ya que deben procurar hacerlo todo sin dar un solo pase. Suelen ser cuatro y todos ellos han sido matadores de toros, novilleros o subalternos de los espadas, con mucha experiencia en el mundo de los encierros.

        EL RECORRIDO

        La distancia que recorren los corredores y los toros del encierro es de 848,6 metros, distribuidos a lo largo del siguiente recorrido: Cuesta de Santo Domingo, Plaza Consistorial, calle Mercaderes, calle Estafeta, Callejón de Telefónica y Plaza de toros. Un recorrido, como puede apreciarse a simple vista, bastante corto aunque muy emocionante, con un subidón de adrenalina único e irrepetible.       

       

       



(Ver también: FIESTAS Y TRADICIONES – Los Sanfermines)