PATRIMONIO‎ > ‎Patrimonio Militar‎ > ‎

- Portales

PORTAL DE FRANCIA


El Portal de Francia es el único de los seis que se abrían en el antiguo recinto amurallado al que le cupo la suerte de ser indultado y, por tanto, ha podido llegar casi inalterado hasta nuestros días. Este motivo, unido al hecho de que también se han conservado las murallas de su entorno, hace que este portal sea un auténtico punto de referencia dentro del patrimonio histórico de Pamplona.

Sus orígenes se remontan hasta la época medieval. En aquellos tiempos era conocido por el nombre del Abrevador y era una de las puertas de la primitiva muralla de la Navarrería, por la que entraban a nuestra ciudad los peregrinos de la ruta jacobea. El nombre de Puerta del Abrevador se utilizó desde el siglo XIV hasta bien entrado el siglo XIX, aunque alternando con la otra denominación de Portal de Francia. Tras la unión de los tres burgos pamploneses, decretada por el rey Carlos III el Noble en 1423, el portal pasó a ser uno de los que se abrían en la muralla exterior, que a partir de entonces pasaría a ser la muralla común para toda la ciudad.

El rey Carlos I (Carlos V, como emperador de Alemania) no se fiaba mucho de la lealtad del reino de Navarra, ya que se trataba de un reino recién conquistado. Por este motivo y por el hecho de que Francia era su principal enemigo, decidió comenzar las obras de construcción de las murallas de nuestra ciudad.
En una primera fase, los trabajos consistieron en adaptar los antiguos muros medievales a los nuevos sistemas de hacer la guerra y, sobre todo, hacerlos más resistentes y menos vulnerables ante los mortíferos efectos de las nuevas piezas de artillería.

Dentro del plan  general de reformas, se inició la construcción del vecino baluarte del Redín, en el ángulo de la vieja muralla, donde hasta entonces había estado el torreón llamado de la Tesorería. También se derribaron otras torres con el fin de dejar una muralla de frentes planos, con recios muros en talud, que pudieran ser batidas desde los flancos de los nuevos baluartes, que por aquel entonces eran llamados bastiones.

Siendo virrey don Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque, se reconstruyó el portal en la forma austera en que hoy lo vemos. Un sencillo arco escarzano, en cuyas jambas son visibles en la piedra las guías por las que se bajaba el rastrillo después del toque de queda. Además, la puerta se cerraba con un recio portón de doble hoja, asegurado con buenos cerrojos y una pesada barra de hierro. Sobre el arco hay una labra heráldica con el escudo imperial de Carlos V, con el águila bicéfala, la corona imperial de los Habsburgo y los emblemas heráldicos de todos los reinos que constituían la Corona española a mediados del siglo XVI. Al pie del monumental escudo, una pequeña inscripción nos da la fecha de la construcción del portal: “Año 1553. Duque Beltrano Alburquerque Prorrege”. Es decir, que fue construido en ese mismo año, siendo virrey de Navarra el duque de Alburquerque.

Hay que advertir que nos referimos no al portal de abajo, que aún conserva el puente levadizo y puede resultar más atractivo para el visitante por su aire romántico, sino al de la parte de arriba, el que da acceso a la calle del Carmen. El portal de abajo es exactamente dos siglos posterior al de arriba (1753).

Hacia 1720, Felipe V creó el Real Cuerpo de Ingenieros del Ejército. Varios de los fundadores del mismo, entre ellos el marqués de Verboom, visitaron Pamplona, que era entonces la plaza estratégica para la defensa de los Pirineos. El plan general que elaboraron para mejorar las fortificaciones se centró sobre todo en esta zona del recinto, en la que proyectaron dos nuevos baluartes que tardarían más de treinta años en acabarse: uno, que rodeaba el antiguo bastión del Redín, fue bautizado con el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe; el otro, que recibió el nombre de Nuestra Señora del Pilar, reforzaba la defensa del baluartillo del Abrevador y de paso protegía el antiguo Portal. Entre los dos nuevos baluartes, el pequeño revellín de los Reyes completaba el sistema defensivo.

De esa época data el portal exterior, de 1753, que aún conserva el antiguo puente levadizo y que ostenta en su frontis el escudo simplificado de España, que únicamente lleva las armas de Castilla y León y el escusón central con las flores de lis de los Borbones, sin incluir a Navarra, similar al que existe en la puerta del Socorro de la Ciudadela. Por su cara interior, el portal se cubre con una bóveda de ladrillo, bajo la que se pueden ver las oxidadas ruedas de hierro, con sus resortes, cadenas y contrapesos, que hasta 1915 servían para alzar el puente levadizo cada anochecer.

Este sistema, conocido como maniobra de Derché, se instaló en los portales en 1875, en sustitución de las antiguas palancas basculantes de madera, de tradición medieval, llamadas técnicamente flechas, que hacían balancín sobre un eje central y de cuyo extremo pendían las cadenas del puente. Al alzarse éste, las palancas encajaban en unas aberturas verticales, que más tarde se rellenaron de piedra tras la implantación del nuevo sistema.

En 1939, sin terminar la Guerra Civil, el Ayuntamiento decidió cambiar la denominación del portal de Francia por el de Portal de Zumalacárregui, en recuerdo del valiente general guipuzcoano, que siendo vecino de la calle del Carmen, una mañana de 1833 salió por este portal para ponerse al frente del ejército carlista, a cuyo mando obtuvo importantes victorias. En 1939 se colocó una inscripción en memoria de aquel hecho, en cuyo texto, acorde con la fecha en que fue redactado, se calificaba la primera Guerra Carlista como “gesta precursora del glorioso Alzamiento Nacional, que comenzado el 18 de julio de 1936, bajo la dirección del Caudillo y Generalísimo Franco, llevó al triunfo los postulados encarnados en la Tradición”. La lápida en cuestión ha sufrido varias veces actos de vandalismo.


PORTAL DE LA ROCHAPEA


Cuando entre 1918 y 1921 se llevó a cabo el derribo de las murallas que afectaron al frente sur del recinto fortificado, entre la Ciudadela y el baluarte de Labrit, quedaron en pie tres cuartas partes del mismo, que son las que ahora podemos admirar y que van desde el baluarte de Labrit hasta el Redín, del Redín al Mirador de la Taconera, y de aquí hasta la Ciudadela.

Sin embargo, aunque entonces el derribo sólo afectó a dos portales (los de San Nicolás y Tejería), únicamente quedó en pie el de Francia, porque se habían demolido ya, en 1906 y 1907, los de San Nicolás, Nuevo y Tacopnera, y en 1914 el de la Rochapea. Es decir, la parte de las murallas conservada no sólo no fue total, sino que además de la destrucción de los portales, sufrió distintos derribos parciales y varias reformas que desvirtuaron su recia estampa militar del siglo XVII (sobre todo en la zona de Taconera, baluarte de Gonzaga y Portal Nuevo).

Se ganó en parte todo lo que se perdió en muralla. Como se puede ver hoy en la Vuelta del Castillo, parque y muralla son dos conceptos que no son contrapuestos, sino que pueden resultar compatibles.

El Portal de la Rochapea, al igual que el de Francia, del que era coetáneo y se puede decir que gemelo en cuanto a su traza y disposición, constaba de dos puertas: una exterior, con puente levadizo, y una segunda, abierta en la muralla que se cerraba con un rastrillo.

La exterior, que hacía las veces de antemural, parecía obra posterior (tal vez del siglo XVIII) y carecía de elementos ornamentales. Se reducía a un arco escarzano, encima del cual eran visibles las dos aberturas verticales en las que encajaban las palancas del primitivo puente levadizo de los llamados de báscula, que en 1885 sería sustituido por otro más moderno (sistema Derché), como el que aún puede verse en la puerta exterior del Portal de Francia.

En cuanto a la puerta interior del Portal de la Rochapea, su traza era idéntica a la interior del citado portal de Francia: una sencilla entrada en arco escarzano, abierta en el muro de sillería. Encima del arco, enmarcada por dos columnas de orden toscano con el lema Plus Ultra, una artística labra heráldica con el escudo de las armas imperiales de Carlos V, sostenido por el águila bicéfala, timbrado con la corona-mitra del Sacro Imperio y ennoblecido por el collar del Toisón de Oro y los emblemas de los reinos que pertenecían al reino de España. Al pie del escudo, una escueta inscripción daba la fecha de su construcción, así como el nombre del virrey que entonces gobernaba el reino de Navarra: “Año 1553. Duque Beltrano Alburquerque Prorege”.
En la bajada hacia el puente dela Rochapea, por la parte opuesta a la muralla, o sea, la que mira al río, había un largo muro aspillerado para efectuar disparos de mosquetería, que se mandó construir en 1644, aunque luego sería reparado en varias ocasiones.

En 1914 el Ayuntamiento decidió derribar las dos puertas que formaban el portal, con la finalidad de dar mayor amplitud al acceso de los carros y demás vehículos que llegaban por la cuesta del puente de la Rochapea. Esta entrada era la utilizada por los aldeanos de la Cuenca de Pamplona y por los hortelanos de la ribera del Arga, de Errotazar y de la Rochapea Vieja.

Tras este derribo, el lugar quedó un tanto desangelado, como sin acabar. Todavía hoy es un hueco en la muralla que corta la posibilidad de recorrer el circuito de los antiguos caminos o pasos de ronda de las murallas. El Portal de la Rochapea era una estampa viva de la Pamplona virreinal; algo así como un retazo de aquella ciudad cerrada y recoleta que habitaron nuestros antepasados del siglo XVII.

Tan sólo le libró del derribo el escudo imperial que ennoblecía la segunda puerta. Éste se colocó en el saliente de piedra que aún existe contiguo al corralillo de los toros. En 1950, el Ayuntamiento lo quitó de ahí y lo recolocó en una de las dos torres del Portal Nuevo, que por aquel entonces estaba siendo construido por Víctor Eúsa.

Si en el año 2002 se recuperó el Portal de la Taconera, ¿por qué no hacer lo mismo con el Portal de la Rochapea? De esta forma se facilitaría una solución que fuera congruente a ese paseo de ronda inacabado, truncado, que permitiría recorrer todo el circuito de las murallas.


PORTAL NUEVO


Al llegar a Pamplona por la avenida de Guipúzcoa, lo primero que se ve es el monumental arco del Portal Nuevo, flanqueado por sus dos torres almenadas, bajo el que pasa la llamada antiguamente Cuesta de la Estación. Este portal fue concebido por Víctor Eúsa en estilo monumentalista. Se trata de una obra moderna, construida en 1950, que poco tiene que ver con el conjunto de las murallas. Es el más moderno de los portales, pero el nombre de Nuevo no le viene por eso, sino que data de mediados del siglo XVI y ya se llamó así el que, desde los tiempos de Felipe II, ocupaba el lugar del que hoy vemos.

En la antigua muralla medieval del burgo de San Cernin, que en esta zona formaba parte de la muralla exterior de toda la ciudad, existía ya un portal llamado de Santa Engracia, porque de él partía el camino que llevaba hasta el monasterio del mismo nombre, que estuvo situado junto al puente también del mismo nombre, en el barrio de la Rochapea. La localización de dicho portal coincidiría con la actual plaza de Virgen de la O.

Al construirse la Ciudadela en el siglo XVI, se trazó una nueva muralla que incluyó dentro del recinto fortificado los terrenos de la Taconera. Donde ahora está el mirador de la Taconera, se construyó un baluarte al que se llamó de Gonzaga, y que existió hasta 1925, en que fue derribado a medias, enterrado y rellenado su foso, hasta dejarlo al nivel del resto de los jardines para así poder ampliarlos hasta donde ahora se encuentran la piscina de Larraina y la de los militares.

Entre el nuevo baluarte y el ángulo de la muralla antigua, donde se abría el portal medieval de Santa Engracia, se trazó (en 1580) un lienzo de muralla no muy alto, con cañoneras y camino de ronda, y se abrió en él un nuevo portal para sustituir al antiguo. Por este motivo se le denominó como Portal Nuevo de Santa Engracia. Con el tiempo, el nombre se abrevió y quedó como Portal Nuevo. En 1583 ya contaba con una caseta para el portalero, que era el empleado municipal encargado de cobrar el impuesto que gravaba los géneros que entraban a la ciudad, ya fueran “de comer, beber o arder”.

Probablemente fue reconstruido en 1675, durante el mandato del virrey Fuensalida, cuyo escudo permaneció en el portal hasta 1906. En 1823, al final del trienio constitucional iniciado tras la sublevación del general Riego (1820-1823), Pamplona, cuya guarnición era fiel a la causa liberal, sufrió un intenso bombardeo de la artillería de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis. Se trataba de un ejército venido desde Francia con la intención de restaurar al rey Fernando VII. Desgraciadamente, el Portal Nuevo sufrió y padeció los efectos de dicho bombardeo, hasta el punto de tener que quedar cerrado al tránsito durante casi tres años. Tras esto, se volvió a reconstruir de una manera un tanto anodina, y en 1906 fue reformado, derribándose el paso abovedado superior para sustituirlo por una pasarela metálica.

En 1905 se autorizó la reforma y ampliación de tres de los portales que se abrían en la muralla de Pamplona. Por lo que respecta al Portal Nuevo, el proyecto fue obra del arquitecto municipal Julián Arteaga (1906). Pero el aspecto que presentaba el portal no parecía digno de una ciudad como Pamplona. Así que, en 1949 el Ayuntamiento decidió reconstruirlo dándole un aspecto más acorde con el resto del recinto amurallado. El arquitecto Víctor Eúsa fue el encargado de la reforma monumentalista que se llevó a cabo en 1950.

Como detalle ornamental, aparte del anverso y reverso del escudo de la ciudad, se acordó traer el escudo imperial que hasta 1914 decoraba la segunda puerta del Portal de Rochapea, y que desde esa fecha estaba colocado en el muro que aún existe junto al corralillo de Santo Domingo.- Puertas y Portales


PORTAL DE LA TACONERA


Cuando en 1571 se inician las obras de la Ciudadela, los ingenieros tuvieron que trazar dos nuevos frentes de muralla para conectar la nueva fortaleza con el recinto de la Plaza. Los muros y baluartes que entonces se trazaron dejaron dentro de las murallas al campo de la Taconera, que por aquel entonces comprendía los actuales jardines, el Bosquecillo, los terrenos del Paseo de Sarasate, la Plaza del Vínculo y el Primer Ensanche. Las obras fueron largas y costosas.

Uno de los portales de la muralla medieval que quedó en desuso fue el de San Llorente, situado al pie de la torre de San Lorenzo. Al construirse la muralla nueva, el portal que se abrió en ella y que sustituyó al antiguo se llamó Puerta de Nueva de San Llorente, pero con el tiempo se le llamó Portal de la Taconera.

En 1644, tras la construcción del portal de Tejería, se decide llevar a cabo las obras de los de San Nicolás y Taconera. El Portal de la Taconera quedó terminado en 1666, siendo virrey don Francisco de Tutavilla y del Rufo, duque de San Germán. Su traza, de estilo barroco, consistía en una elegante fachada de piedra almohadillada, con un arco de entrada sobre el cual campeaba el escudo de las armas reales, y dispuestas a ambos lados las del virrey. Al pie del escudo del monarca se leía la siguiente inscripción conmemorativa: “Reinando Carlos II, gobernando la reina su madre, siendo virrey y capitán general de este reino y de Guipúzcoa don Francisco Tutavilla, duque de San Germán. Año 1666”.

La traza del portal era muy similar a la de su gemelo de San Nicolás, del mismo año. El de Taconera era algo más sobrio, ya que en su frontis se prescindió de los dos juegos de columnas pareadas flanqueando la puerta. Ambos remataban en pináculos de forma piramidal, sobre volutas de inspiración azteca. Originalmente, el puente levadizo se accionaba con palancas de madera, de cuyos extremos pendían verticalmente las cadenas. Aquel sistema fue sustituido hacia 1875 por un mecanismo de ruedas y contrapesos, que se conocía como maniobra de Derché.

En 1864 se contrató la labor de cantería del revellín o media luna, proyectada años atrás para defender el acceso al portal. En una cara lucía el escudo del conde de Fuensalida, virrey entre 1676 y 1681. Para salvar el foso, se hizo un puente de madera, apoyado sobre estribos de piedra.

Tras la construcción del revellín, la entrada a la ciudad de la carretera de Estella debía atravesar en zigzag tres puertas y dos puentes. Primero, la puerta exterior, que separaba el glacis del camino cubierto; después, torcía a la izquierda para atravesar el primer puente por el que se accedía a la segunda puerta, la de la luneta y, una vez en ella, torcía hacia la derecha y cruzaba el segundo puente, que conducía en línea recta al portal propiamente dicho.

Este puente se rehizo de madera en 1730 y 1819, hasta que en 1842 se acordó reconstruirlo de bóveda de ladrillo, en la misma forma que se halla el de la Puerta del Socorro de la Ciudadela, pues de otro modo tendría poca resistencia para sufrir el paso de carros y diligencias que había cuando se concluyó el Camino Real a Logroño.

En 1905, se autorizó la reforma del portal de la Taconera, el Nuevo y el de San Nicolás, para facilitar el paso de vehículos. Ese mismo año se desmontó el frontis, cuya inscripción fue recolocada en el muro del lado derecho. Se ensanchó el puente a quince metros, añadiéndole dos aceras voladizas, sostenidas por pilares apoyados en el foso. A cada lado del portal (en la caseta del portalero y en el cuerpo de guardia), se colocaron unos templetes con cubiertas de inspiración modernista decoradas con los escudos de España y de Pamplona.

En 1954, una nueva reforma modificó totalmente el aspecto del portal. El puente fue ensanchado, el antiguo quedó enterrado bajo el relleno, junto con el revellín que existía desde finales del siglo XVII y se cegó el foso que lo separaba del glacis. Antes había desaparecido ya la puerta más exterior, el llamado rastrillo, así como el quiebro en zigzag que hasta entonces describía la carretera para entrar a la ciudad.

En el año 2002, el frontis del antiguo portal fue reconstruido con absoluta fidelidad, recuperando sus elementos originales. El escudo de la Casa de Austria se trajo de la fachada posterior del portal de San Nicolás, donde fue puesto en 1929. La lápida con la inscripción de 1666 se recuperó de un pequeño monumento que había en el parque de Antoniutti desde 1961. Los escudos del virrey, los pináculos del remate y los demás elementos ornamentales tuvieron una historia más complicada, ya que de un almacén de la Ciudadela los llevaron a los cuarteles de Aizoáin, en 1970 fueron cedidos a la ciudad y quedaron olvidados en dependencias municipales, de donde han vuelto a la recuperada fachada barroca.


PORTAL DE SAN NICOLÁS


Uno de los frentes de la desaparecida muralla medieval de Pamplona discurría por la actual acera de los números pares del Paseo de Sarasate. Justo en el punto en el que confluyen dicho Paseo y la calle San Miguel, se abría uno de los portales de aquella primitiva muralla. Por estar adosado a la iglesia de la antigua Población o Burgo Nuevo y defendido por una de sus torres, que se mandó derribar en 1521, se llamó desde sus orígenes Portal de San Nicolás.

Más tarde, cuando a partir de 1571 se empieza a construir la Ciudadela, se hizo necesario trazar dos nuevos frentes de muralla: el de Taconera (que iba desde el Portal Nuevo y el desaparecido baluarte de Gonzaga hasta la Ciudadela), y el de San Nicolás, que estaba separado del de Tejería por el baluarte de la Reina. Entre ambos medios frentes de San Nicolás y de Tejería, se completaba el recinto amurallado desde la Ciudadela hasta el baluarte de Labrit. Estos dos medios frentes de San Nicolás y de Tejería fueron los que se derribaron en 1920 para construir el Segundo Ensanche.

Aunque las nuevas fortificaciones de Felipe II quedaron un tanto apartadas de la iglesia de San Nicolás, el portal que se abrió en ellas mantuvo su nombre. Este nuevo Portal de San Nicolás se encontraba situado aproximadamente entre los cines Carlos III y el jardincillo del monumento a la caída de San Ignacio de Loyola.
El portal de San Nicolás fue construido en 1666, siendo virrey don Francisco Tutavilla y del Rufo, duque de San Germán. Este virrey se propuso acabar las costosas y prolongadas obras de las murallas, iniciadas por Carlos V hacia 1521, impulsadas por su hijo Felipe II a partir de 1571 y que por muy poco no llegó a ver concluidas Felipe IV, fallecido en 1665. De todos modos aún quedarían por construirse las obras de fortificación exteriores, que fueron realizadas en el siglo XVIII.

El duque de San Germán, con licencia real, llegó a vender por docenas una serie de mercedes honoríficas y nobiliarias, títulos de ciudades y villas y otras gracias y privilegios, para suplir los dineros que no llegaban de la Real Hacienda. Las Cortes se opusieron, pero él logró su objetivo.

Un año después, en 1666, se terminaban a la vez los portales de San Nicolás y de Taconera, de composición y estilo muy similar, con frontis de sillares almohadillados, arco rebajado central y en el cuerpo superior tres castilletes con los escudos de las armas reales en el central y los del virrey en los dos laterales. Encima del arco, al pie del escudo de la Casa de Austria, hizo colocar una lápida con la siguiente inscripción: “Reinando Carlos II, gobernando la reina su madre, siendo virrey y capitán general de este reino y de Guipúzcoa don Francisco Tutavilla, duque de San Germán. Año 1666”.

La única diferencia apreciable entre ambos portales es que el de San Nicolás completa la composición de su frontis con sendos juegos de columnas pareadas, uno a cada lado del arco de entrada. Hay que recordar que veinte años antes, en 1644, el conde de Oropesa había construido las tres cuartas partes de este portal.
El portal, al igual que ocurría en otros que se abrían en el recinto amurallado, contaba con un puente levadizo que se levantaba todas las noches tras el toque de queda. Hasta la segunda Guerra Carlista, las cadenas del puente se alzaban mediante un sistema de palancas de madera. Pero en 1875 se sustituyó este primitivo sistema por otro más moderno, a base de ruedas de hierro con resorte de espiral y contrapeso. En poco tiempo este sistema se instaló en todos los portales, tal y como hoy aún lo podemos ver en el Portal de Francia. Por esas mismas fechas se suprimió un polvorín que se había instalado años antes encima de la bóveda que cubría el túnel o paso cubierto del portal.

En 1905, el Ministerio de la Guerra autorizó el ensanchamiento de los portales para poder ampliar los accesos a la ciudad y permitir la entrada y salida de carruajes y de los primeros automóviles. El proyecto inicial de reforma de este portal se tuvo que modificar, construyendo un nuevo puente, para poder colocar el tendido de los raíles del tranvía de “El Irati” en 1910. El frontis barroco se desmontó en 1907 y los escudos que lo decoraban junto con la inscripción de 1666 fueron empotrados en el paramento de la muralla, en la parte derecha según se entraba a la ciudad. Se instaló una doble verja de hierro que se seguía cerrando por la noche y a uno y otro lado se construyeron nuevas casetas, una para el cuerpo de guardia militar y otro para el fielato de arbitrios, donde los portaleros cobraban el impuesto municipal que gravaba los artículos “de comer, beber y arder” que entraban a la ciudad. El portal reformado y ampliado se abrió al tránsito en la víspera de los Sanfermines de 1907.

Apenas duró catorce años el portal con su nuevo aspecto, ya que en 1921, dentro de las obras de derribo del frente sur de las murallas, desde la Ciudadela hasta el baluarte de Labrit, se llevó a cabo su completa demolición. Los escudos y la placa conmemorativa fueron guardados en la Cámara de Comptos. En 1929, el Ayuntamiento decidió reconstruir el portal, pero no en su anterior ubicación, sino en otra nueva, sirviendo como arco de entrada al paseo central de los Jardines de la Taconera, en el mismo lugar en que hoy permanece.


PORTAL DE LA TEJERÍA


Cuando en 1571 se empezó a construir la Ciudadela, se eligió un lugar un tanto apartado del antiguo recinto amurallado medieval. Esta primitiva muralla iba por las actuales plazas de la O y de las Recoletas, iglesia de San Lorenzo, Rincón de la Aduana, calles Taconera y Ciudadela y lado de los pares del Paseo de Sarasate hasta donde hoy se encuentra el Palacio de la Diputación. Allí enlazaba con la fortaleza construida por Fernando el Católico en 1513, poco después de la conquista de Pamplona.

El hecho de que Felipe II hubiera escogido el lugar en el que se encuentra ubicada la Ciudadela (entonces llamado Castillo Nuevo), hizo necesario trazar dos nuevos frentes de fortificación para conectar la nueva fortaleza con la antigua muralla medieval, reparada y modernizada con nuevos bastiones por los ingenieros militares de Carlos V desde 1521. De estos dos nuevos frentes, uno iba y Mirador de la Taconera hasta la Ciudadela; el otro iba desde la Ciudadela hasta el baluarte de Labrit. Este último frente, que se derribó entre 1918 y 1921 para levantar en sus terrenos el Segundo Ensanche, se dividía a su vez en dos cortinas o medios frentes: el de San Nicolás, en cuya mitad se abría el portal del mismo nombre, y el de Tejería, que siguiendo la alineación izquierda de la actual Bajada de Labrit, enlazaba con el baluarte del mismo nombre.

Separando ambos medios frentes, que juntos formaban el lado sur del recinto amurallado, se alzaba el baluarte de la Reina, el más grande de los que defendían la plaza fuerte. En el flanco oriental de este baluarte, formando ángulo con la muralla cuya alineación coincidía con el murete y barandilla que existe en la actual calle Juan de Labrit, al que se asoman las traseras de las casas de la calle Tejería, allí era donde se encontraba situado el antiguo Portal de Tejería, desde finales del siglo XVI hasta su demolición en 1918.

Su aspecto externo era muy sobrio: un arco escarzano, que se cerraba con su puente levadizo y encima del arco el escudo con las armas reales en la parte central y a ambos lados los del virrey bajo cuyo mandato se construyó (el conde de Oropesa). Ese emplazamiento coincidiría hoy con el tramo inicial de la calle Juan de Labrit, más o menos a la altura del antiguo abrevadero que todavía existe en el muro de contención contiguo a la Plaza de Toros, cerca de la trasera del Teatro Gayarre y de las últimas casas de la calle Estafeta.

Este portal se construyó en 1644, aunque debemos recordar que ya existía desde la época medieval, en cuyo tiempo formaba parte de la primitiva muralla de la Navarrería y, tras el Privilegio de la Unión de los Burgos, decretado por Carlos III el Noble en 1423, pasó a ser uno de los portales de la muralla exterior, común para toda la ciudad. Entonces estaba situado al final de la rúa de la Carpintería o de Tras el Castillo (actual calle Estafeta), más o menos donde confluyen las calles Duque de Ahumada y Juan de Labrit. Más tarde, con la construcción de las nuevas murallas de Felipe II, y más en concreto del baluarte de la Reina, pasó a ocupar el emplazamiento que mantuvo hasta su derribo.

A mediados del siglo XVII se elaboró un proyecto de revellines o medias lunas, que consistían en unas obras exteriores de planta romboidal, que se construían a corta distancia de las puertas y de algunos puntos débiles del recinto amurallado para facilitar su defensa. El revellín del Portal de Tejería, que en 1644 estaba hecho provisionalmente de tierra y tepe, se rehizo en piedra en 1691 y se terminó en 1697.
Este portal y el de Francia fueron los únicos que no se ampliaron en 1906, lo que indica que por aquel entonces eran los de menor tránsito de vehículos. Pero mientras el Portal de Francia ha llegado intacto hasta nuestros días, el de Tejería fue totalmente derribado y tan sólo nos quedan de él las fotografías del Archivo Municipal.

Parece ser que los escudos que ennoblecían el Portal de Tejería fueron colocados en la puerta principal de la Ciudadela. De hecho, a parte del escudo de las armas reales, uno pertenece al conde de Oropesa, y el otro pertenece a don Luis de Guzmán y Ponce, virrey entre 1646 y 1649.