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- Traída de aguas de Subiza y de Arteta


TRAÍDA DE AGUAS DE SUBIZA

En el siglo XVIII Pamplona realiza dos ingentes obras de ingeniería que la transforman en una verdadera ciudad: el alcantarillado o las minetas (acabado en 1773), y la traída de aguas de Subiza (1783-1790) gracias a la construcción del Acueducto de Noáin. En 1788 vino a Pamplona el gran pintor madrileño don Luis Paret y Alcázar, el cual, por encargo del Ayuntamiento, dibujó los bocetos para las siguientes fuentes monumentales:

Fuente de la Beneficencia o de la Abundancia: fue la más hermosa de todas y se instaló en el centro de la Plaza del Castillo hasta 1910, en que fue demolida, colocándose en su lugar el quiosco de madera para la música que desde 1900 estaba un lateral de la plaza, frente al Café Iruña. Esta fuente estaba coronada por la estatua de la Beneficencia, que fue llamada la “Mari-Blanca”. La estatua fue desmontada y colocada en 1912 en la plaza de San Francisco, hasta que en 1927 se trasladó a los jardines de la Taconera, donde hoy continúa.

Fuente de Neptuno Niño: se proyectó para ser colocada en la Taconera, pero se instaló en la Plaza del Consejo, en cuyo centro continúa.

Fuente de Santa Cecilia: se colocó en la antigua plaza de Zugarrondo, frente a la basílica de Santa Cecilia y junto a la fuente vieja del mismo nombre, hasta que en 1854 se suprimió esta última. En 1913 la fuente de Santa Cecilia es trasladada a su actual emplazamiento en la calle de la Navarrería.

Fuente de la Plaza de Recoletas: proyectada para la plaza de la Fruta (hoy Consistorial), aunque se construyó en el ángulo sudoeste de la plaza de las Recoletas. En 1844 fue trasladada al centro de la plaza, donde continúa con aire de monumento funerario.

Fuente para la Plaza del Consejo: llegó a ser construida, por lo menos en su parte superior. Esta fuente existe hoy en el jardín del palacio de los Condes de Guenduláin (hoy en día Hotel Condes de Guenduláin).

Otras Fuentes Públicas: hasta 16 llegó a haber en el siglo XIX. Entre ellas destacamos las de las plazas de San José, San Francisco y San Nicolás; las de las calles de Cuesta del Palacio, San Ignacio, Tecenderías, Ciudadela, San Agustín, Compañía y la Merced; las había también con su correspondiente abrevadero, como las de Santo Andía, Santo Domingo, Tejería, Portal de Francia, y la inolvidable “asca de caballería” en la plaza del Vínculo. También me gustaría citar las Fuentes Luminosas que fueron instaladas en el centro de la plaza del Príncipe de Viana (o Plaza Circular) y en el centro de la plaza de Merindades (1955).


 

AGUAS DE ARTETA

Gracias a todas estas fuentes, nuestra ciudad tuvo resuelto ampliamente el problema del suministro de agua durante el siglo XIX, hasta el día 14 de septiembre de 1874, en que los carlistas inician el bloqueo de la Plaza y cortan la conducción de agua de Subiza. Ante esta eventualidad el Ayuntamiento manda rápidamente colocar en la orilla del Arga una bomba con filtro. En 1874, Salvador Pinaqui descubre un manantial en la cascajera existente debajo de la presa del Molino de Caparroso (en la cual tenía establecida una fábrica-fundición de maquinaria agrícola). Este manantial era de mejor calidad que la del agua de Subiza. Se instala una bomba para llevar esta agua hasta el depósito de las aguas de Subiza, que estaba situado en la calle de San Ignacio, junto a la basílica del mismo nombre.

   Tras la guerra carlista la ciudad aumentó notablemente su población, lo que motivó que el Ayuntamiento estudiara nuevos manantiales accesibles, hasta que en 1895 se realiza  la traída de aguas desde el manantial de Arteta. La llegada de las aguas de Arteta se celebró en el estanque existente al final del Paseo de Sarasate, frente a la entonces Audiencia en construcción (hoy Parlamento Foral).