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el VI Centenario del Privilegio de la Unión de Pamplona

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- Pozos


En el año 992, el Códice de Roda cita la abundancia de pozos que existía en la ciudad de Pamplona; tantos pozos como días tiene el año. La mayoría de las calles disponían de un pozo comunal, con su bocal y su correspondiente tapa con cerradura, que el mayordomo del barrio se encargaba de cerrar con llave por las noches y abrir por las mañanas. Su número fue aumentando hasta finales del siglo XVIII en que subió a la cifra de quinientos y pico, cantidad insuficiente para cubrir las necesidades de los pamploneses. Después de la traída de aguas de Subiza en 1790, los pozos van desapareciendo. En 1870 había 348 pozos, casi todos ellos con agua, aunque ya sólo se utilizaba el agua del pozo para la limpieza, el riego y la construcción. Durante el siglo XX se van tapando o rellenando, aunque hoy todavía se conserva el de la calle de San Saturnino (con cuya agua nuestro santo patrón bautizó a los primeros cristianos de nuestra ciudad) y un pozo que, posiblemente por el color de su brocal o por dedicarse a conservar nieve, dio título a la calle del Pozo Blanco. En la calle de San Nicolás, frente al portal número 19, apareció un pozo al excavar una zanja en la acera (en este pozo se tiró de cabeza y murió un perturbado mental en 1809).

Había, también, algunas bombas que suministraban el agua de los pozos. Para ello disponían de unas largas palancas, bruñidas por el uso, como eran la situada en la calle de la Zapatería, frente al número 23, y la que estaba a la altura del número 4 de la avenida de San Ignacio.