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Pamplona en la Literatura



   “¡Pamplona! La ciudad de la historia, la orgullosa ciudad guerrera, la fiel llave de las Españas; ¡Pamplona!, con sus tradiciones, sus lejanos recuerdos, sus siglos de existencia; ¡Pamplona!, el viejo joyel de la vieja Navarra, donde el pie no puede posarse sin despertar un eco de otro tiempo, donde cada hálito que se alza y pasa trae al viajero como una evocación de la historia dormida”.

F. LAURENT

 

    “Pamplona es una ciudad luminosa, llena de voces y de alegría, amplia y bien cuidada, a la que el vagabundo entra, más o menos a la hora de comer, por una avenida muy bonita en la que los niños juegan, los viejos toman el sol y las chachas dan rienda suelta a su cachondería riéndose a grandes carcajadas”.

CAMILO JOSÉ CELA

 

    “La fiesta había empezado de veras, y durante siete días no paró, ni de día ni de noche. No se paraba de bailar, ni de beber, el barullo era constante. Ocurrieron cosas que sólo podían haber ocurrido durante una fiesta. Al final, todo se volvió irreal: parecía como si nada pudiera tener consecuencias, como si pensar en consecuencias durante la fiesta estuviera fuera de lugar. Uno experimentaba siempre, incluso en los momentos de calma, la sensación de que tenía que gritar para que se oyeran sus palabras. Y lo mismo ocurría con cualquier otra cosa que se hiciera. Fue una fiesta que duró siete días”.

ERNEST HEMINGWAY

 

    “Estoy en Pamplona y no sabría decir lo que siento. Jamás había visto esta ciudad y me parece que reconozco cada calle, cada casa, cada puerta (…) Pamplona es una ciudad que da más de lo que promete. De lejos, uno mueve la cabeza, no aparece ningún perfil monumental: cuando se está en la ciudad, la impresión cambia. En las calles, algo provoca nuestro interés a cada paso; en los muros, nos maravillamos”.

VÍCTOR HUGO

 

    “A media mañana llegué a Pamplona. Mi primer cuidado fue dar un vistazo a la catedral, que interiormente es gótica, muy bella, y contiene sepulcros y altares de indudable valor artístico. El exterior, reconstruido en el siglo XVIII, es un armatoste greco-romano de un arte vulgar y desaborido”.

BENITO PÉREZ GALDÓS

 

    “Pamplona y sus sanfermines son un desastre turístico del que muchos pamplonicos (sic) huyen horas antes de que, al mediodía del 6 de julio, se dispare el cohete de las vísperas, el famoso “chupinazo” con que estalla la juerga más juerga del mundo. Y es que en los Sanfermines puede estar cualquiera, ya que basta con saber empinar el codo, cantar a gritos y saltar y empujar también a gritos. Lo dice quien guarda los mejores recuerdos de esta fiesta grande y violenta”.

ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

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