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Los Sanfermines


¿TE ATREVES A CORRER EN EL ENCIERRO?

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Historia de los Sanfermines

























  



    
Pamplona y San Fermín son dos conceptos unívocosque se complementan y que atesoran identidades y referencias comunes. San Fermín, sin Pamplona, sería un obispo
perdid o en el martirologio cristiano. Y Pamplona, sin San Fermín, desaparecería de los mapas universales de la fiesta.
    Esa verdad mantenida de que en Pamplona nadie es forastero, en Sanfermines adquiere visos de certeza absoluta, de dogma incuestionable. La ciudad abre sus murallas y portillones, se ofrece sin pedir nada a cambio y se deja conquistar y estrujar por miles y miles de visitantes atraídos por el embrujo de una fiesta que reúne alegría, amistad, espectáculo y riesgo. Una fiesta que tiene en el encierro (un juego dramático que linda con la vida y con la muerte) su columna vertebral y su sentido más profundo.
    Pamplona celebraba la festividad de San Fermín el 10 de octubre, conmemorando la entrada del obispo en su sede de Amiens. El 10 de octubre de 1590 llovió tanto que el obispo de la ciudad accedió al traslado de la fiesta al 7 de julio. El inicio tiene lugar el día 6 a las doce en punto, y el final, el 14 a medianoche.



LOS SANFERMINES

    San Fermín no es patrón de Pamplona, sino de Navarra junto con San Francisco Javier. San Fermín fue patrono del Reino de Navarra desde una época imprecisa. En 1624 las Cortes declaran por único patrón a San Francisco Javier, lo que trajo consigo una serie de pleitos eclesiásticos en los que el Ayuntamiento de Pamplona se opone a esta variación; de modo que el papa Alejandro VII, en 1657, dispone que ambos santos se veneren igualmente como copatronos de Navarra. Antes se celebraban el 10 de Octubre (desde 1386), pero el mal tiempo hace que desde 1591 se celebren el 7 de Julio. Así, se unen 3 cosas: fiesta litúrgica, feria ganadera y corridas de toros.  En 1895, por las mañanas, un plato fuerte eran los conciertos (en ellos actuaba Sarasate). En 1940 ya no hay ni conciertos, ni ópera; pero la figura postbélica era el mozo vestido de blanco con faja y pañuelo rojos corriendo delante del toro (sin ellos, mozo y toro, la fiesta sería más anodina).

    Los "Sanfermines" son las fiestas que Pamplona celebra entre el 6 y 14 de julio en honor a San Fermín, copatrón de Navarra y patrón de la diócesis pamplonesa. Según la tradición, Fermín, hijo del senador Firmus que gobernó Pamplona en el siglo III, se convirtió al cristianismo y fue bautizado por San Saturnino en el lugar que hoy se llama popularmente Pocico de San Cernin. Fermín fue ordenado sacerdote en Toulouse (Francia), regresó luego a Pamplona como obispo y murió decapitado en Amiens, adonde había ido a practicar el Evangelio, el 25 de septiembre del año 303. Patrono de las cofradías de boteros, vinateros y panaderos, San Fermín da nombre y es la excusa para que durante 204 horas Pamplona se transforme en una permanente fiesta. En ella conviven en armonía las ceremonias religiosas con las profanas, los actos oficiales con el bullicio popular, el culto al toro con el vino y el buen yantar, pero ante todo, son unas fiestas populares, en las que no vale ser mero espectador y en las que el de fuera enseguida se siente como si estuviese en su casa.

    A pesar de su evolución a través de los siglos, los Sanfermines siguen manteniendo como protagonista la calle, que es donde verdaderamente está la fiesta. También los toros son elemento imprescindible, presente en el encierro por la mañana, en la plaza por la tarde y en el encierrillo por la noche, cuando a oscuras y en silencio se trasladan los toros de los corralillos del Gas a los de Santo Domingo desde donde, a la mañana siguiente, partirá la singular y peligrosa carrera. En cualquier caso, para disfrutar de los Sanfermines no es obligatorio acudir a los actos más señalados o de más raigambre. Basta con sumergirse en el ambiente y dejarse llevar por la alegría con respeto hacia los demás porque, en definitiva, los Sanfermines están en la calle y se hacen entre todos.

HISTORIA

    El origen de esta Fiesta, se pierde en la historia. Hay crónicas de los siglos XIII y XIV que ya hablan de los Sanfermines que hasta el siglo XVI se celebraron en octubre coincidiendo con la festividad del Santo, pero que se trasladaron a julio debido a que la climatología en esas fechas era bastante inestable. Según los historiadores, los Sanfermines no nacieron espontáneamente sino que surgieron de la conjunción de tres fiestas distintas: las de carácter religioso en honor a San Fermín y que se celebraban desde tiempo inmemorial, las ferias comerciales organizadas a partir del siglo XIV, y las taurinas que se ceñían a la celebración de corridas de toros, también desde el siglo XIV.

    Poco a poco, la conmemoración de San Fermín que se celebraba el 10 de octubre, se fue completando con otros elementos como músicos, danzantes, comediantes, puestos de venta y corridas de toros. Esto motivó que el Ayuntamiento solicitase al obispo el traslado de la fiesta de San Fermín al 7 de julio por ser tiempo más propicio. Así, con la unión de los elementos en las tres fiestas y con el traslado de fecha, en 1591 nacieron los Sanfermines, que en su primera edición se prolongaron durante dos días y contaron con pregón, músicos, torneo, teatro y corrida de toros. En años sucesivos se fueron intercalando nuevos festejos como fuegos artificiales y danzas, y las fiestas se alargaron hasta el día 10.

    Las crónicas de los siglos XVII y XVIII hablan de actos religiosos junto a músicos, danzantes, gigantes, torneos, saltimbanquis, encierros y toros; de la preocupación del clero por los abusos en el beber y el libertinaje de mozos y mozas, y de la presencia de gentes de otras tierras que con sus espectáculos hacían "más divertida la ciudad".

    Durante el siglo XIX destacaron curiosidades y atracciones de feria tan singulares como la mujer cañón, los lápices irrompibles, animales exóticos o figuras de cera, mientras que la Comparsa de Gigantes estrenó cabezudos, kilikis y zaldikos. Por otro lado, la no existencia del doble vallado en el encierro ocasionó que en numerosas ocasiones los toros se fugasen por las calles de la ciudad.

               Con el siglo XX los Sanfermines alcanzaron su máxima popularidad. La novela "The sun also rises" ("Fiesta"), escrita por Ernest Hemingway en 1926, animó a personas de todo el mundo a participar en las fiestas de Pamplona y vivir de cerca las emociones descritas por el Premio Nobel de Literatura. Hasta los años 20 son unas fiestas locales: justas y torneos en la Plaza del Castillo, comedias, txistus y dulzainas, equilibristas y saltimbanquis, hogueras por la noche, y, festejos taurinos toda la tarde del día 8. Hemingway, en su libro "Fiesta" ("The sun also rises") en 1926 pone de moda los Sanfermines y vienen a Pamplona personajes famosos: Orson Welles, Ava Gadner, Charlton Heston, Deborah Kerr, Arthur Miller, Inge Morath, Alfredo Bryce Echenique, Derek Walcott, Spike Lee, etc. También se introdujeron en el siglo XX nuevas actividades como el Chupinazo o el programa cultural y el Riau-Riau, que nació en 1914 como acto popular de protesta hacia la autoridad aunque actualmente está suspendido por los numerosos altercados ocasionados por la ciudadanía asistente a lo largo de los últimos años. Este acto, era un gesto simpático que consistía en que los mozos trataran de impedir el paso de la Corporación al compás del "Vals de Astrain", de cuyo estribillo se recoge el nombre del Riau-Riau. En sus primeras décadas, la duración del acto era de una hora y con el paso de los años la marcha fue haciéndose más lenta y finalmente abortada por grupos radicales violentos que provocaron su suspensión en 1991 (pese a su intento de recuperación en 1996).

EL ENCIERRILLO

                LOS CORRALILLOS DEL GAS

    Del 6 al 13 de julio, poco antes de las 23:00 horas, los toros que se lidiarán al día siguiente son trasladados entre los corralillos del Gas y los de Santo Domingo, en la muralla. El recorrido, de 440 metros, se hace en silencio y con muy poca luz. Para presenciarlo, es necesario conseguir uno de los pases que el Ayuntamiento distribuye gratuitamente  pocos  días  antes  de comenzar las fiestas.  Los corralillos  del  Gas  se llaman  así  debido  a  que  se  edificaron  sobre  la  antigua  fábrica  de  gas,  en  la  que  se destilaba la hulla y se obtenía el gas que luego era usado para la iluminación de las calles de  la  ciudad  (faroles  de  gas que debían ser  encendidos y  apagados uno a uno).  Estos faroles dejaron de utilizarse con el uso de la iluminación eléctrica que los dejó obsoletos

                ANÉCDOTAS DEL ENCIERRILLO

                En 1915 un toro saltó el pretil y cayó cerca del río; a las 6 de la mañana, los pastores lo encuentran, por lo que el encierro salió 15 minutos tarde y, al estar retiradas las vallas, el toro cogió a un policía municipal y a 2 mozos. En 1922 pasó algo parecido y el toro llegó al Portal de Francia, por lo que los pastores lo llevan a caballo hasta la plaza de toros, y, al día siguiente el encierro salió con 5 toros en vez de 6. En 1957 un toro saltó la valla en la Plaza de Errotazar, pero un perro ("Perico") del cercano Cuartel de la Guardia Civil se encaró al toro y consiguió que se metiera de nuevo en el recorrido.

EL ENCIERRO

                Es el acto de traer los toros a encerrar en el toril, pero es algo más: rito iniciático masculino y/o forma callejera de lidia y/o ordalía (prueba de carácter mágico o religioso para demostrar la culpabilidad o inocencia de alguien). Recorre unos 900 metros hasta la Plaza de Toros en menos de 3 minutos. Hace siglos que se corren los encierros (en el s. XV ya se considera espectáculo antiguo), pero antes se hacía de otra manera: los toros pastaban en los sarios y entraban por el Portal de la Rochapea precedidos por el abanderado a caballo, y, las bocacalles cerradas por talanqueras y/o mantas; es decir, se corría no delante, sino detrás y a los lados, hostigándoles. A mediados del s. XIX se impuso un trazado y una forma de correrlo y mucha gente estuvo en contra de su celebración. El vallado se puso en 1776 (madera de abeto).

    El encierro es el acto que más se conoce de los Sanfermines y el motivo por el que muchos extranjeros llegan a Pamplona el 6 de julio. Básicamente consiste en correr delante de los toros un tramo de calle convenientemente vallada, y tiene como fin trasladar a los astados desde los corrales de Santo Domingo hasta los de la Plaza de Toros donde, por la tarde, serán lidiados. En total corren seis toros y dos manadas de mansos, y el trayecto, que transcurre por diferentes calles del Casco Viejo de la ciudad, mide 848,6 metros.

    La peligrosa carrera, que se celebra todas las mañanas del 7 al 14 de julio, comienza a las 8:00 horas, aunque los corredores deberán haber entrado dentro del recorrido antes de las 7:30 horas. Unos minutos antes de que se inicie, los mozos que van a correr se encomiendan a San Fermín, y cantan por tres veces (7:55, 7:57 y 7:59 horas) ante una hornacina del Santo adornada con los pañuelos de las peñas que se encuentra en la Cuesta de Santo Domingo. En concreto, el cántico dice así: "A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición". Finaliza con los gritos de "¡Viva San Fermín!, ¡Gora San Fermín!", y es uno de los momentos más emocionantes.

    Los encierros siempre se han celebrado a la misma hora solar: a las 6 (hasta 1924), a las 7 (hasta 1973) y a las 8 (desde 1974). Estas horas tan dispares se deben al cambio de horario producido en dichas fechas.

                 EL ENCIERRO DE LA VILLAVESA

                 El día 15 por la mañana; es el mismo  recorrido  que  el  encierro real, pero en vez de toros participa un  inofensivo autobús. Surgió, posiblemente por algunos juerguistas que tras la noche de juerga estarían en la cuesta de Santo Domingo y se les ocurrió la idea de correr delante del autobús. A finales de los 80 llegó a haber más de 200 mozos "corredores" con casi 60 minutos de "encierro". Era el autobús que pasaba a las 8 (línea Rochapea-UPNA). La COTUP suprimió la línea de autobuses y al año siguiente los mozos hicieron: un motocarro con cuernos de juguete, pancartas alusivas a los "di-Vinos", "pastores" con varas, cohete a las 8 en punto y botella de cava en la hornacina de San Fermín a la que le cantaban fervorosamente 5, 3 y 1 minuto antes de las 8. Ha ido decayendo en los años 90.

                ANÉCDOTAS DEL ENCIERRO

                Dos mozos tenían la costumbre de dar un "vejigazo" (hacía el mismo ruido que el cohete) escondidos en el quicio de un portal de la Calle Estafeta, de modo que todos corrían despavoridos. Un vendedor de priódicos ("El Sordo") solía lanzar desde el balcón de su casa un puchero de agua caliente para que los toros corriesen más deprisa y no se quedasen atrás.  En 1944 un mozo, que había tenido un accidente de bicicleta y estaba escayolado hasta el tronco, fue cogido por un toro y no le hizo nada.  Hasta 1972, los cabestros del encierro bajaban hacia las 11 de la mañana por la Cuesta de Labrit hasta los Corrales del Gas, lo que suponía taquicardias a los paseantes, y, desde entonces bajan en camión. En 1895 ocurrió el encierro más largo de toda su historia (1 hora), ya que un toro se volvió desde el Ayuntamiento al Corral. En 1939 un toro rompió el vallado y embistió a la gente, por lo que desde entonces hay un doble vallado. En 1969 hubo 7 toros por error, por lo que hubo un nuevo encierro a la inversa a las 3 de la madrugada con el toro sobrante. En 1959 un toro estuvo media hora en la plaza de toros hasta que un perro de un pastor le mordió, por lo que los mozos lo cogieron en volandas al perro  y le dieron la vuelta al ruedo entre aplausos. En 1984 el chupinazo sonó a las 8 horas y 7 minutos, ya que la policía municipal no había conseguido despejar la calle Estafeta.

                RECORRIDO DEL ENCIERRO

    A las ocho en punto se dispara un primer cohete que anuncia la apertura de la puerta de los corralillos de Santo Domingo, mientras que un segundo disparo indica que todos los toros han salido. A partir de entonces el recorrido que las reses siguen es el siguiente:

    Santo Domingo

280 metros, entre los corrales y la Plaza Consistorial. Es de pendiente pronunciada, y los toros tienden a agruparse. Es uno de los tramos más violentos y peligrosos, especialmente en el tramo final de entrada a la Plaza Consistorial.

    Plaza del Ayuntamiento y Mercaderes

100 metros. Es uno de los tramos menos peligrosos, a pesar de que técnicamente es el más complicado por su doble curva. Supone un desahogo para el corredor por ser un espacio amplio que permite correr. Presenta enclaves múltiples para refugiarse.

    Curva de Estafeta

La calle Estafeta comienza con un giro de 90 grados a la derecha, hecho que provoca que los toros resbalen y vayan a parar contra el vallado interior. El corredor debe tomar la curva por el ángulo corto si no quiere verse atrapado.

    Estafeta y Bajada de Javier

Ligera pendiente del 2%. Largo y estrecho, es uno de los tramos más concurridos. No hay otros refugios que los portales.

    Bajada de Javier y esquina de Telefónica

El trote de la manada se aminora notablemente. Existe la posibilidad de que se disgregue y queden toros sueltos. Todo ello lo convierte en un tramo peligroso.

    Telefónica

Apenas 100 metros que dibujan el final de un embudo, perfilado por un doble vallado de madera. El cansancio ralentiza aún más la carrera y favorece u desmembramiento, situación peligrosa por excelencia. El lugar preferido de los "divinos? y de muchos inexpertos.

    Callejón

Tramo descendente hacia la Plaza de Toros en forma de embudo. Muy temido por el riesgo de montones humanos.

    Plaza de toros

    Por el centro se deja paso libre a los toros, de los que tiran los cabestros y a los que conducen los dobladores. La proliferación de inexpertos y "patas", más exhibicionistas que otra cosa, ha hecho peligroso un tramo que no lo era. Una vez que todos los astados entran en el coso taurino suena un tercer cohete mientras el cuarto indica que los morlacos han entrado en toriles y que el encierro ha terminado. La carrera tiene una duración media de 3.55 minutos, que se prolongan en la medida en que alguno de los astados se separa de sus hermanos. El encierro más largo se produjo el 11 de julio de 1959, con 30 minutos de duración, cuando un miura se rezagó y fue necesario recurrir a un perro para que mordiera al toro y consiguiera introducirlo en los corrales. Aunque todos los tramos son peligrosos, la curva de la calle Mercaderes y el tramo comprendido entre la calle Estafeta y la Plaza son los que más riesgo entrañan. Actualmente, la aglomeración es uno de los principales problemas del encierro y acrecienta la peligrosidad de la carrera en la que los mozos no deberán intentar aguantar más de 50 metros delante de las astas. Todos los tramos del recorrido están vigilados por un amplio dispositivo de seguridad y atención médica. No obstante, la peligrosidad de la carrera ha hecho que entre 1924 y 2002 se haya registrado un total de 14 muertos y más de 200 heridos por asta. La Plaza de Toros sirve de escenario a los deportes rurales autóctonos, al folklore musical y, sobre todo, a los espectáculos taurinos (encierros, vacas emboladas y corridas de toros). Es la 2ª plaza de toros más grande de España (la 1ª es la de las Ventas de Madrid) tras la ampliación de 1967 (19.529 localidades) y se inauguró el 7 de Julio de 1922; es propiedad de la Casa de Misericordia. La anterior plaza se incendió (era de 1844-1852).

CHUPINAZO

       Tradicionalmente, el comienzo de las fiestas de San Fermín tenía lugar, desde hace siglos, cuando las autoridades municipales, acompañadas de maceros, gigantes, músicos y público iban a la iglesia de San Lorenzo a las Vísperas en honor de San Fermín. Sin embargo, desde los años 40, a las 12 h. del día 6 de Julio, suena un cohete de 133 decibelios (igual que un avión al despegar; 20 gr. de explosivo). Este acto se celebra en la Plaza Consistorial, la cual se llena con 12.500 personas (5/m2), y, se recogen 30.000 kg de vidrio. El Chupinazo o Cohete anunciador de las fiestas tiene poco más de medio siglo de vida. En 1901 se empezó a tirar cohetes espontáneamente en la Plaza del Castillo; en 1939, Joaquín Ilundáin y el periodista José María Pérez-Salazar disparan solemnemente cohetes en la Plaza del Castillo; en 1940, "Jokintxo" (Joaquín Ilundáin), teniente de alcalde, imprime cierto carácter oficial a la iniciativa; y, en 1941, propusieron al alcalde que el Chupinazo se tirara oficialmente desde el balcón del consistorio. Un año más tarde el alcalde prendía la mecha. Desde entonces hasta ahora se sigue haciendo así.

    El Chupinazo lo dispara una persona designada por el Alcalde de la ciudad (habitualmente un miembro de la Corporación Municipal) el día 6 de julio a las 12 del mediodía, desde el balcón central del segundo piso del Ayuntamiento. Desde horas antes, pamploneses y foráneos, ataviados con el traje típico (pantalón y camisa blanca y faja roja) y refrescados con el champán que corre a raudales, abarrotan la Plaza Consistorial en espera de que empiece la fiesta para anudarse el pañuelico rojo al cuello. Este se pone al cuello como recuerdo del martirio por degollamiento de San Fermín. Es costumbre desde mediados del siglo XX.

    El cohete del chupinazo, hecho a mano, mide 1,20 metros de largo y 14 milímetros de diámetro, y pesa 20 gramos. Tiene tres gramos más de explosivo que el resto. Está compuesto por un detonador de aluminio y percutor y una mecha de algodón y pólvora negra. El sonido que se alcanza en el momento del chupinazo es de 133 decibelios, igual al despegue de un avión a reacción.

    El disparo del cohete y los gritos de ¡Viva San Fermín! y "Gora San Fermín!" convierten el Casco Viejo de la ciudad en una marea humana sumergida en una mezcla de cánticos, bailes, músicas y gritos de alegría que indican que la fiesta ha comenzado. El mejor sitio para contemplarlo es alguno de los balcones que circundan la Plaza del Ayuntamiento, ya que para introducirse en el interior de la misma hay que estar dispuesto a aguantar, durante más de una hora, toda clase de empujones, pisotones y estrechuras

POBRE DE MI

    Ultimo acto oficial de la fiesta. Los pamploneses, provistos de velas, se concentran el 14 de julio a las 24,00 horas en la Plaza Consistorial, para despedir las fiestas e iniciar la "cuenta atrás" de los próximos Sanfermines. El alcalde, desde el balcón consistorial, es el encargado de despedirlas oficialmente y de convocar a todo el mundo a participar en las del año próximo, mientras se dispara una traca de cohetes desde la contigua Plaza de los Burgos. No obstante, el ambiente festivo no desaparece hasta altas horas de la madrugada. Este acto festivo, también fue una ocurrencia espontánea, al igual que sucedió con el chupinazo.

HEMINGWAY

    Ernest Hemingway (1899-1961) llegó por primera vez a Pamplona, procedente de París, el 6 de julio 1923, recién iniciadas las fiestas de San Fermín. El ambiente de la ciudad y, en particular, el juego gratuito del hombre con el toro y con la muerte le impactaron tanto que la eligió como escenario de su primera novela de éxito The Sun Also Rises (Fiesta), publicada tres años después. El estadounidense regresaría a los Sanfermines en ocho ocasiones más, la última en 1959, cinco años después de obtener el premio Nobel de Literatura y dos años antes de poner fin a su vida en Ketchum (Idaho), precisamente en vísperas de San Fermín.

    El gran escritor americano fue un heraldo universal de las fiestas de Pamplona. Su contribución fue decisiva para que unos festejos domésticos, apenas conocidos fuera de España, se convirtiesen en una de las citas festivas más famosas del mundo y centro de atracción desde entonces de miles y miles de turistas extranjeros, muchos de ellos seducidos por la pluma del autor de Fiesta.

    Todavía se conservan abiertos muchos de los establecimientos que frecuentó Hemingway en sus diferentes visitas a la capital navarra. Así el bar Txoko, el Hotel La Perla y el café Iruña, todos en la céntrica Plaza del Castillo y el Hotel Yoldi, taurino por excelencia. Otros puntos del itinerario hemingwayano como el Hotel Quintana, el café Suizo o Casa Marceliano, por el contrario, ya han desaparecido.

    La presencia del novelista en los Sanfermines fue casi una constante durante aquellos años. No faltó en 1923, 1924, 1925, 1926, 1927, 1929 y 1931. Tras el paréntesis de la Guerra Civil Española y de la II Guerra Mundial, regresaría en dos nuevas ocasiones, 1953 y 1959. Si algo puede afirmarse del paso de Hemingway por Pamplona es que su actitud nunca fue la del espectador distante; el insigne autor vivió profundamente la fiesta, se sumergió en ella hasta el fondo, como correspondía a su temperamento apasionado e intensamente vital.

    El representante de la llamada generación perdida, corrió delante de los toros, entabló amistad con toreros -como Antonio Ordóñez- y paisanos -como Juanito Quintana-, comió, bebió y vivió con los pamploneses y experimentó con ellos la alegría, el calor y la euforia propias de los Sanfermines... Pero también se dejó impactar por la tragedia: fue testigo presencial de la primera cogida mortal conocida de un mozo en el encierro, el joven de 22 años Esteban Domeño, en 1924. Hemingway recogería el dramático episodio en Fiesta. También su novela Muerte en la tarde (1932) está ambientada en el mundo de los toros.

    El Ayuntamiento de Pamplona tributó un homenaje a Ernest Hemingway el 6 de julio de 1968, con la inauguración de un monumento en el paseo que lleva su nombre, junto a la Plaza de Toros, acto al que asistió su última esposa, Mary Welsh. El monumento, obra de Luis Sanguino, lleva en su base la siguiente dedicatoria: "A Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura, amigo de este pueblo y admirador de sus fiestas, que supo descubrir y propagar. La Ciudad de Pamplona, San Fermín, 1968".

    Muchos otros famosos han seguido la estela de Hemingway desde América hasta Pamplona: entre otros, el director de cine Orson Welles, la actriz Ava Gardner, Margeaux Hemingway, nieta del escritor y, más recientemente, el dramaturgo Arthur Miller, la fotógrafa Inge Morat y el Nobel de Literatura antillano Derek Walcott.

PROCESIÓN DE SAN FERMÍN

                Tiene lugar el día 7 a la mañana y tras salir de la Iglesia de San Lorenzo, recorre las calles de San Antón y Zapatería (donde se unen ambas calles, el santo recibe el homenaje de la Coral de Santiago de la Chantrea en forma de jota); junto al pocico de San Cernin una niña le coloca un ramo de claveles rojos, y, los Amigos del Arte le saludan con sus jotas; continúa por la calle Mayor y vuelve a la Iglesia de San Lorenzo, en la que se celebra una misa solemne; después, Ayuntamiento y Cabildo tras los gigantes y cabezudos van a la Catedral, y, cuando el clero pisa las losas del atrio se produce una enorme explosión o "El Momentico" (gaitas, txistus, banda de música, timbales, clarines, bandeo de campanas y gigantes que bailan). La gente aplaude espontáneamente y vitorea al santo, y, en cualquier rincón o encrucijada le cantan emocionadamente coros y rondallas.

              La procesión la componen: gigantes y cabezudos, gremios, representantes de las peñas de mozos, maceros, canónigos, dantzaris, txistularis, clarines y timbales, bandera verde de la ciudad, Ayuntamiento en corporación, San Fermín a hombros de empelucados portadores, Cabildo con sus mejores galas, la Pamplonesa y guardias municipales de gala con los cascos plateados llenos de plumajes.  

    El 7 de julio, a las 10:00 horas, la imagen del Santo recorre en procesión las calles del Casco Antiguo de la ciudad, para recibir el homenaje de miles de pamploneses vestidos de blanco inmaculado. En el recorrido, en el que se vitorea y se cantan jotas al Santo, le acompaña la Corporación vestida de gala, gigantes, txistularis, gaiteros, clarineros, timbaleros, maceros, libreas, escoltas, representantes de las peñas, de los gremios históricos y de la Hermandad de la Pasión del Señor. Los txistularis municipales visten en Pamplona a la federica, desde su fundación en 1942.

    Las distintos puntos de la procesión son:

    Ayuntamiento

                Salida de la Corporación hacia la Catedral.

    Catedral

                La Corporación recoge al Cabildo y marchan juntos

    Plaza San Lorenzo

                La imagen del Santo sale hacia el Rincón de la Aduana, rodeado por toda la comitiva.

    Calle San Antón, 47

               La primera jota en honor al Santo. Tras salir de la Iglesia de San Lorenzo, recorre las calles de San Antón y                      Zapatería (donde se unen ambas calles, el santo recibe el homenaje de la Coral de Santiago de la Chantrea en                   forma de jota)

    Plaza del Consejo

                Primer "momentico", donde la Coral Santiago de la Chantrea canta la jota "Al Glorioso San Fermín”.

    Pocico de San Cernin

               Se produce una parada, y dos niños colocan rosas en la peana del Santo. Suena el "Agur Jaunak” a cargo de txistularis. Junto al pocico de San Cernin una niña le coloca un ramo de claveles rojos, y, los Amigos del Arte le saludan con sus jotas

    Calle Mayor, 20

Jota desde la sede de la asociación gastronómica Napardi.

    Iglesia San Lorenzo

La imagen entra en la capilla de San Fermín, y se inicia la misa.

    Catedral

Los Gigantes bailan en el atrio de la seo al son del txistu y la gaita, mientras suena el tañido de la campana María, los clarines y la música de la banda municipal.

GIGANTES Y CABEZUDOS

    La Comparsa de Gigantes, cabezudos, kilikis y zaldikos recorre todas las mañanas las calles del centro de la ciudad para animar a niños y adultos creando un ambiente festivo lleno de color, música y espectáculo.

     Los Gigantes

          Son las figuras más conocidas y antiguas. El Ayuntamiento encargó las cuatro parejas actuales en 1850 al artesano Tadeo Amorena. Miden entre 3.85 y 3.90 metros, y sobre el bailador alcanzan los 4.20 metros. Su peso oscila entre los 59 y los 64 kilos. Son ocho, dos por raza o color, y representan a "las cuatro partes del mundo: América, África, Europa y Asia”. Su creador se olvidó de Oceanía. No se sabe el origen de la costumbre de pasearlos por las calles delante, sobre todo, de festejos religiosos y procesiones. Se cree que los gigantes representan a los reyes y poderosos de la tierra rindiendo vasallaje a Dios, mientras que los cabezudos serían seres infernales que huyen de Él. Otros piensan que representan a los fuertes y débiles humillados ante la omnipotencia del Señor. Se dice que nuestros actuales gigantes..."representan, en primer lugar, al rey de nuestra patria con corona y cetro, símbolo de la realeza (representantes de Europa); sigue el turco, con su media luna y corvo alfanje; el árabe, envuelto en blanco albornoz; y en último término, el rey negro adornado con plumas de brillantes colores y su aljaba provista de flechas".

                Los primeros gigantes de Pamplona, según Arturo Campión, eran 3 gigantones de madera, toscamente esculpidos, que aparecían la mañana de San Fermín  al salir la procesión de la catedral: 1º) Pero-Suciales (carbonero que cambia los sacos de carbón por pellejos de vino); 2º) Mari-Suciales (leñadora que corta con el hacha tortas de centeno); y, 3º) Jucef-Lucurari (personificación de la antipatía a los judíos, grotesco monigote negro vestido de amarillo, con turbante blanco, enorme rabo enroscado al cuello y boca desmesuradamente abierta, de la cual pendían dos gorrinillos a medio engullir).

                Los actuales gigantes representan a reyes y reinas europeos, asiáticos, americanos y africanos. El 30 de marzo de 1860, el pintor Tadeo Amorena ofreció al Ayuntamiento la construcción de unos gigantes nuevos. Estos miden 3,85-3,90 m. y pesan 59-64 kg. Representan a las 4 partes del mundo (se olvidaron de Oceanía), y, representan a los reyes de la tierra; se usaron desde el s. XI y, desde el s. XVI, acompañan en la procesión a San Fermín; fueron prohibidos por Carlos III en 1760, y, volvieron a usarse en 1813.

                Los Kilikis

              Son 6 figuras con casaca (dos verdes, dos amarillas con flores y dos rojo apagado con

flores) y pantalón blanco que representan al cortejo de ediles y su misión es asustar y divertir al pueblo con unas vergas de espuma con las que golpean a los niños. Todos llevan en la mano una verga (hoy es de gomaespuma) con la que hacen correr a la chiquillería. Estas seis figuras, de cabeza más pequeña que los cabezudos, y armadas con unas vergas de espuma, persiguen y golpean cariñosamente a los niños, que los temen. Sus nombres son: "Coletas”, "Patata”, "Barbas”, "Verrugas”, "Napoleón” y "Caravinagre”. Fueron construidos a comienzos del siglo XX. "Coletas” y "Barbas” son los más antiguos. "Caravinagre” es el capitán y el que más fuerte golpea.

                Los Zaldikos

Son los "caballicos" que acompañan a los kilikis  y que también propinan vergazos a los niños que se atreven a tirarle de la cola. Son 6 y van vestidos con esclavina de bufón, pantalón blanco y gorro de colorines con una borla. Pesan 30 kg. Se construyeron en 1912 (cuatro) y en 1941 (los dos restantes).

    Los Cabezudos

Los 5 Cabezudos preceden a los gigantes y son los serios de la comitiva porque no bailan, no pegan y caminan muy dignos. Llaman la atención por sus enormes cabezas, de hasta 2 metros de perímetro. Son portados sobre los hombros por mozos pamploneses. Las cinco figuras fueron compradas en 1890, y se llaman "Japonés” (kimono rojo y pantalón blanco, mano con un bastón de gruesa empuñadura), "Japonesa” (saya desde el cuello hasta los pies bajo un kimono beige, moño típicamente oriental, manos vacías), "Concejal” (bigote, chaqué azul y pantalón con rayas azules, mano con bastón), "Abuela” (pelo castaño recogido en un moño, chaqueta azul y falda roja, paraguas rojo de empuñadura dorada) y "Alcalde” (levita gris y pantalón blanco, mano con el bastón de mando, con barba, mueve los ojos).

    Despedida de la Comparsa

El día 14 de julio, tiene lugar el tradicional acto de despedida de la Comparsa en la estación de autobuses, acto especialmente emotivo, en el que los niños son protagonistas absolutos.

VISPERAS

    Las Vísperas cantadas en honor del Santo, tienen lugar en la capilla de San Fermín, situada en la iglesia de San Lorenzo, el día 6 a las 20,00 horas, y constituyen el primer acto religioso de las fiestas. A esta solemne función acude la Corporación municipal vestida con traje de gala con frac, guantes y chistera, los hombres, y con traje inspirado en los atuendos tradicionales de los valles de Roncal, Salazar y Aézcoa, las mujeres. Además de los corporativos, cientos de pamploneses acuden a la misa solemne en la que interviene la Capilla de Música de la Catedral de Santa María, acompañada de músicos de la Orquesta Santa Cecilia y de tiples de la Escolanía de Loyola.

    Desde 1941 hasta 1991, a las Vísperas precedía la celebración del Riau-Riau, acto de carácter popular en el que los mozos, al son del Vals de Astráin interpretado por la banda de música "La Pamplonesa", tratan de dificultar la marcha de la Corporación hacia la iglesia de San Lorenzo para asistir a las Vísperas. También desde la Plaza Consistorial, sale y vuelve la Corporación con clarineros y "dantzaris" el día  7 (día del santo) y en su octava. La acción, en los últimos años, de incontrolados y de violentos provocó la suspensión del acto en el que también intervenían clarineros, timbaleros, maceros, libreas, guardia municipal y la Comparsa de Gigantes Cabezudos.

EL APARTADO

    Del 7 al 14 de julio, a las 13:00 horas en la Plaza de Toros se procede a separar los toros para la corrida de la tarde, en el curso de un acto colorista y animado, para el que es preciso pagar previamente una entrada. En Pamplona este acto tiene un carácter más social que taurino, por lo que, además de aficionados, por allí desfilan personajes conocidos que aprovechan para degustar un fino andaluz o saborear unas criadilla de toro o un pincho de chistorra.

DESFILE DE MULILLAS Y CABALLEROS

Del 7 al 14 de julio, a las 17:30 horas, el vistoso cortejo recorre a pie el trayecto comprendido entre el Ayuntamiento y la Plaza de Toros antes de que empiece la corrida. Dos caballeros, vestidos de negro y con capa y montados a caballo encabezan el séquito. Tras ellos desfilan dos grupos de tres mulillas adornadas con cascabeles y banderolas, acompañadas de 14 mulilleros. La banda municipal "La Pamplonesa" cierra el llamativo desfile.

LA CORRIDA

    Del 7 al 14 de julio, a las 18:30 horas en la Plaza de Toros. En Pamplona es un acontecimiento singular ya que los mozos de las peñas y sus charangas, que se sientan en el tendido de sol, animarán la corrida con cantos y música. Y si la faena no es buena, organizarán una fiesta paralela con música y bromas, y en la que se arrojarán comida, vino y champán.

SALIDA DE LAS PEÑAS

    Las Peñas nacen en el s. XIX (la 1ª fue "El Trueno", en 1852). Son 15:  Aldapa, Alegría de Iruña, Anaitasuna, Armonía Txantreana, Los del Bronce, El Bullicio Pamplonés, Donibane, Irrintzi, La Jarana, Muthiko Alaiak, Oberena, Rochapea, San Jorge, San Fermín y La

Única. También hay otras peñas de extranjeros: Peña Sueca, Peña los Suecos, Club Taurino de Nueva York, Amigos de Pamplona de Miami, Peña Borussia, Peña Frank-Cervecería la Estafeta, La Querencia y Los Calientes. Manuel Turrillas (muerto en 1997) es autor de la mayor parte de los himnos de las peñas.Tras la corrida, salen las peñas con sus charangas y pancartas para llenar la ciudad con su música y su alegría. Verlas salir de la plaza con sus camisas manchadas y sus cubos ya vacíos es todo un espectáculo. En un momento se adueñan de la calle donde todo el mundo bailará y cantará al son que sus charangas marquen.

BARRACAS

                Se instalaron por 1ª vez en 1722 (una plataforma de madera con varios "caballitos" daba vueltas arrastrada por un caballo de verdad. Hasta el año 2007, las Barracas  se ponían en el Real de la Feria. La "Meca" o Casa de la Misericordia, que se encarga de atender a los anciones de la localidad, tenía cedidos los terrenos a cambio de mantener unas pistas deportivas públicas el resto del año. Desde la construcción de la Estación Subterránea de Autobuses en ese mismo lugar y, a partir de 2008, las Barracas se han instalado en el popular Barrio de la Rochapea, junto al río Arga, a un paso de la muralla del Casco Histórico pamplonés y cómodamente comunicada a través de un ascensor que salva el desnivel.

FESTIVALES DE MÚSICA

    Durante los ocho días y medio que dura la fiesta se suceden en la ciudad festivales de todo tipo, como exhibiciones de danzas, deporte rural o de corte taurino en la plaza. Asimismo, son innumerables las expresiones musicales que toman la calle. Se puede encontrar desde festivales de jotas y conciertos de txistus, hasta verbenas o conciertos de rock. Pero lo más acorde con los Sanfermines sigue siendo la música de charangas y peñas que a todas horas tienen tomada la calle.

EL ESTRUENDO

    Está fuera de programa pero es ya un acto tradicional. Se celebra a las 12 de la noche, un día sin determinar, en las inmediaciones del Ayuntamiento y de la Plaza del Castillo. Para participar en él sólo es preciso acudir acompañado de un bombo, tamboril, txistu o atabal que se hará sonar sin cesar hasta llegar al "pocico de San Cernin". En definitiva se trata de la fiesta del bombo que con su ritmo ensordecedor que desafía a los tímpanos de quienes siguen el acto como participantes y como espectadores.

FUEGOS ARTIFICIALES

    Todos los días, desde los fosos de la Ciudadela, a las 11:00 horas de la noche, se dispara una colección de fuegos artificiales que pueden divisarse desde amplias zonas de la ciudad, particularmente el entorno de la Vuelta del Castillo. Representa el acto más concurrido de las fiestas.

FUNCION DE LA OCTAVA

    El 14 de julio, a las 10:45 horas, el Ayuntamiento vuelve a salir en procesión para asistir a la Octava de la festividad del Santo, que se celebra en la iglesia de San Lorenzo. La Corporación Municipal acude vestida de gala y acompañada de la Comparsa de Gigantes, la banda "La Pamplonesa" y demás figuras del solemne cortejo corporativo.