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Las Danzas Tradicionales en Navarra





“En el principio era la Danza, y la Danza era el Ritmo. Y la Danza estaba en el Ritmo”. Esta frase de Serge Lifar resume muy bien la idea de un arte antiguo, anterior a los demás, que se desarrolla en el tiempo y en el espacio y que servirá para evocar y exorcizar las fuerzas de la naturaleza, para protegernos de los males, asegurarnos la fertilidad y fecundidad de tierra, animales y personas, sacralizar las uniones humanas, solemnizar las relaciones sociales y… divertirnos. La Danza no es sino un grado elevado e intenso de la Vida que cada pueblo alienta de acuerdo a su temperamento en universal sintonía con los demás.

La excelencia de las danzas navarras y la muy notable disposición para el baile que mostraban nuestros antepasados asombraron a cuantos distinguidos viajeros visitaron nuestras tierras, los cuales, desde Estrabón a Voltaire, dejaron constancia de su sorpresa y admiración en escritos ya célebres de tanto ser citados. Aún hoy el legado del que somos depositarios es sumamente valioso y afortunadamente son muchos los hombres y mujeres en Navarra que en sus pueblos y ciudades mantienen viva la tradición, la raíz, que es en definitiva el alma popular.

Ha sido costumbre clasificar las danzas folklóricas en danzas rituales y danzas sociales. En las primeras, el danzante es oficiante de una ceremonia ritual ante la comunidad con una función determinada casi siempre sobrenatural. Las segundas son aquellas en las que se busca primordialmente la diversión, el entretenimiento y la relación interpersonal. Según esto, serían rituales, entre otras, las danzas de Lesaka, las de Ochagavía, los paloteados riberos o el Baile de la Balsa de Torralba; y, sociales, los ingurutxos y las sokadantzas de la Navarra noroccidental, las Motul-dantzas, los zortzikos de Sakana y Burunda, y los bailes de la era de Estella y Zona Media, además de la jota y la porrusalda.

Ocurre hoy que los bailes tradicionales sociales que antaño sirvieron para solaz de nuestros bisabuelos han pasado a ser objeto folklórico y su interpretación, aun en su lugar de origen, es espectáculo más que disfrute colectivo. Se produce por tanto una ritualización moderna de la danza en la que jóvenes iniciados recrean las viejas figuras y mudanzas campesinas en lo que podría considerarse una ceremonia de reafirmación de la personalidad colectiva de la ahora comunidad urbana.

DANZAS DE PALOS

EL DANCE O PALOTEADO

El dance o paloteado navarro es un combinado escénico popular que reúne una mezcla de elementos de muy diverso origen y carácter como son el enardecido discurso hagiográfico que el mayoral dedica al Patrón, la pastorada o escena dialogada entre el propio mayoral y el más holgazán que pícaro rabadán, la intervención del amenazador y bravucón diablo representante del maligno y derrotado angelicalmente por el enviado de Dios, las diferentes danzas que jalonan la representación, los dichos de los propios danzantes, más ágiles de piernas que de memoria, que deben encajar las mordientes respuestas del rabadán y la crítica social del rabadán del diablo. Las danzas suelen ser mayoritariamente de palos cortos (de ahí la genérica denominación de paloteado), de arcos, de cintas, muy raramente de espadas, y se incluían castillos humanos.

Nuestro paloteado se localiza en la Ribera meridional, junto al río Ebro y sus afluentes (el Queiles y el Alhama). Su fundamento y causa principal es la fiesta en honor al santo patrón. La villa de Cortes es la única, entre la decena larga de localidades que a finales del siglo pasado contaban con un dance propio, que lo ha conservado vivo hasta nuestros días. Afortunadamente, hoy podemos ver el proceso de recuperación producido en los últimos años de los desaparecidos dances: Monteagudo, Murchante, Ribaforada, Fustiñana, Barrio de Lourdes de Tudela, Ablitas…

El paloteado tipo de Navarra tendría el siguiente guión a desarrollar en la fiesta patronal: entrada del cortejo a la plaza con baile de los danzantes; salutación general y discurso al Santo patrono del Mayoral; entrada del Rabadán y pastorada; entrada y discurso del Diablo; sainete del Ángel y el Diablo; escena del Rabadán y Mayoral y entrada de los danzantes; cortesías de los danzantes al Santo; danzas de palos; discurso del Rabadán; danzas de palos, arcos…; despedida del Mayoral; danzas de arcos, de cintas…

Este dance navarro se entronca en el sistema de dances que sigue el curso del río Ebro casi en su totalidad y presenta en particular grandes semejanzas con los dances aragoneses del Somontano del Moncayo. Paralelamente, el paloteado se relaciona con la cultura pastoril pirenaica de la que es en buena parte deudor, en concreto por las danzas de palos y las pastoradas.

- El Paloteado de Cortes.

El dance de San Miguel de Cortes se celebra el día de la festividad del arcángel, el 29 de septiembre, y tiene como protagonistas a los ocho paloteadotes junto con el mayoral y el rabadán. Intervienen en la representación otros dos personajes: el Diablo y el Ángel. El grupo acompaña al Ayuntamiento hasta la iglesia para salir en procesión durante la cual palotean casi con solemnidad el reposado pasacalle cuya melodía corresponde a una música de chotis (fue transcrita por el Padre Donostia). Ante San Miguel (por la mañana) y ante el público (por la tarde), los danzantes bailan una breve pieza, sin paloteo, en la que participan mayoral y rabadán y que sirve tanto de salutación como de cambio de posición de todo el repertorio. Las autoridades contemplan el acto en balcón preferencial mientras la imagen de San Miguel lo preside en el propio tablado. El guión de la representación cortesana, que no difiere del común en toda la zona, es el siguiente: saludo del mayoral; escena del mayoral y rabadán con chascarrillos, anécdotas e inocentes pugnas laborales; entrada y sermón del Diablo; aparición del Ángel, enfrentamiento de los representantes del bien y del mal, victoria del Ángel; cortesías y versos de los danzantes en honor a San Miguel; ciclo de danzas; salutación y despedida del Mayoral.

En esta obra las danzas aparecen en un solo bloque justo antes del final, como un colorista añadido a la función teatral. Las danzas que integran el ciclo son cuatro: dos de palos (el vals y la jota) y dos trenzados (el sencillo y el doble) y ninguna de ellas es exclusiva de Cortes, pues con alguna variación pueden encontrarse en otros dances próximos. La extensión y popularidad aún es mayor en las melodías, en particular las cortesías, la jota (en Gallur la llaman postillón), el trenzado sencillo y la muy conocida la patatera (trenzado doble). Adviértase que el vals y la jota corresponden musicalmente a un vals y a una jota, pero son danzas de palos.

Los paloteadotes de Cortes visten camisa, calzón y medias blancas, una chaqueta blanca de lana y un pañuelo rojo terciado al pecho sobre la chaqueta. Van tocados con un zorongo y calzan zapatillas blancas con fino ribete colorado. Los palos torneados y pintados de blanco y rojo suelen medir casi medio metro de longitud.

Existen datos que avalan cómo hace años el Dance de Cortes contaba con una batalla de moros y cristianos que los propios danzantes representaban y que incluía personajes y textos además de una danza final de espadas. También hasta finales del siglo XIX se incluía en la función un sencillo Castillo o Torre Humana, que al igual que en otros pueblos navarros (Murchante), era coronada por el rabadán al grito de ¡Viva San Miguel! o en su caso, el patrono de la localidad. La conservación de las danzas cortesanas en los difíciles años 1970 se debió a la incorporación de la mujer al grupo de danzantes. Hoy, la arraigada fiesta, en justa compensación, presenta dos conjuntos de paloteadotes: uno femenino y otro masculino. Todo un ejemplo de adaptación inteligente.

- Las Danzas de Ochagavía.

Cuenta la Navarra pirenaica con una joya folklórica que generaciones de salacencos han sabido conservar: las danzas de Ochagavía. Integran este ciclo ritual, además de las cuatro sugerentes y expresivas danzas de palos, la pañolo dantza que dirige el Bobo y la jota. Son varios elementos de alto interés antropológico. Los ocho danzantes con el enmascarado personaje bifronte (el Bobo) a la cabeza celebran anualmente, cada 8 de septiembre, ante la ermita de la Virgen de Muskilda, una vieja liturgia plena de simbolismo cuyo significado último tan sólo podemos intuir.

Si la Natividad de la Virgen es la fecha que enmarca las danzas, es el Patronato de la Virgen de Muskilda quien las sustenta y da vida. Ya la víspera, los componentes del grupo, vestidos con traje civil de salacenco, inician una protocolaria función visitando la casa del Mayordomo del Patronato, acompañando a éste y al Ayuntamiento a la salve. En este ceremonial de la víspera en el que se bailan todos los números y el pasacalle se advierte cierto sentido preparatorio, de puesta a punto o ensayo general, rasgo común entre los rituales danzados de singular significación. El día grande, por la mañana, los danzantes, ataviados con su traje blanco, desayunan en casa del mayordomo, acompañan a los gaiteros en su diana, para luego iniciar el pasacalle hasta la basílica (trayecto que ahora hacen en parte en automóvil). Al llegar bailan dos paloteados y la jota (antes todos los números) y entran en la iglesia para sacar a la Virgen en procesión acompañándola el Mayordomo con el estandarte, el Ayuntamiento, el Patronato y, claro está, los danzantes que al finalizar bailan en su honor la jota. Tras la procesión viene la misa durante la cual almuerzan músicos y danzantes. Al finalizar, el regreso acompañando a las autoridades con el pasacalles (de nuevo un tramo en automóvil) para llegar a casa del Mayordomo y desde ésta a la del Alcalde donde se interrumpe el ceremonial hasta la tarde.

Por la tarde, desde casa del Mayordomo, donde toman café y copa, danzantes y músicos se dirigen, bailando el pasacalles, a la iglesia para la función de Vísperas. Después de la función religiosa van, también con el pasacalles, hasta la plaza donde bailarán una vez más todos los números del ciclo coreográfico ante las autoridades y público en general.

Visten los danzantes una muy peculiar y característica indumentaria: holgado calzón blanco con puntilla, camisa blanca de manga amplia cerrada en el puño. Una suerte de gola o valona pirenaica se ciñe sobre los hombros al cuello; la echarpa (sobre la camisa) que es una ancha cinta en morado y oro que cruza la espalda y el pecho; sobre ambas prendas cuelgan las multicolores cintas que se sujetan en torno al cuello con un pequeño lazo bajo la nuca y que llegan a cubrir camisa, echarpa y gola. En la cintura anudan el pañuelo blanco, con la punta en pico hacia atrás, que utilizarán en Pañolo dantza. Se tocan con un singular gorro adamascado, al que llaman cachucha, de forma cónica y pequeño tamaño que termina en borla. Calzan alpargatas sobre las medias blancas. Utilizan sonoros cascabeles de latón en número de doce en cada pantorrilla. Los palos, normalmente de boj, son sensiblemente más cortos que en otros paloteados.

El traje de bobo nada tiene que ver con el descrito. Calzón y chaqueta son de paño rojo y verde confeccionados en original diseño de arlequinado a cuadros. Porta una alforja y emplea gorro y cascabeles como los danzantes, pero en Pañolo dantza se cubre con una máscara bifronte que antiguamente debía de usar en otros números.

El repertorio de danzas, como se ha dicho, consta de cuatro danzas de palos que reciben los nombres de Emperador, Katxutxa, Danza y Modorro; una danza con pañuelos (Pañolo), y la Jota. Hay que añadir el ya repetido Pasacalles o Paseo para los desplazamientos en el que los danzantes hacen sonar castañuelas como mero acompañamiento. El orden en que se bailan es invariablemente el citado y todas las danzas muestran una singularidad merecedora del interés de los folkloristas.

- Las makil dantzak de Bera.

Emparentadas con las danzas de la vecina Laburdi y de carácter más sencillo, apropiado para la iniciación rítmica y ritual de los muchachos, las makil dantzak de Vera de Bidasoa, cuentan con doce números diferentes, el último de los cuales es un zagidantza similar al de Goizueta.

Los paloteados navarros, en sus danzas más sencillas, cuyo origen cercano puede buscarse sin riesgo de especulación gratuita a partir del siglo XVI (los siglos XVII y XVIII fueron de verdadera eclosión), nos han llegado con aires musicales de más tardía introducción como la jota, el vals, la cachucha o el chotis. ¿Es esto una contradicción? La música suele ser el elemento más inestable de la danza. Mientras la rigidez estructural de la danza, transmitida de maestros a alumnos, hace difícil su rápida modificación y la materialidad de los trajes asegura su conservación, en cambio la música descansa en los músicos y en sus instrumentos. Unos y otros pueden, y solían, cambiarse de un año para otro. Unos gaiteros sustituyen a otros, a su vez clarinetes o quintetos, hasta bandas, sustituyen a aquéllos. Las modas musicales son asimiladas por los músicos y llevadas con prontitud para el consumo festivo de los más jóvenes. Determinadas danzas (por su elementalidad, y los paloteados lo son) pueden bailarse perfectamente con diferentes melodías siempre que el ritmo y la medida encajen. Hay que recordar aquí que la música no se baila, sino que lo que se baila es el ritmo. Muchas veces el apremio de la inminente fiesta obligaría a adaptaciones de última hora, para salir del paso, que quizá quedaron fijadas en la tradición. Otras veces, podría tratarse de la incorporación de un nuevo número aprendido por encajar en el espíritu de pueblo y enriquecer el repertorio propio. A partir de aquí es razonable admitir la transformación y el préstamo en el tiempo y en el espacio.

DANZAS DE ESPADAS

Con objetividad, como se verá, el apartado de danzas de espadas en Navarra debería adjetivarlo con terminología moderna: danzas de espadas virtuales. No son numerosas ni son especialmente llamativas las contadas muestras de este género que sobreviven hoy, si las comparamos con los soberbios ciclos de danzas de Guipúzcoa o Vizcaya. Pero no por ello carecen de interés las que nos han llegado.

- Las Danzas de Lesaka.

Los ezpatadantzaris lesakarras bailan una sola vez al año, en honor a San Fermín. Forman el conjunto un capitán que se sitúa al frente de la formación y un número par de jóvenes en dos filas unidos, entre sí y al capitán por las makilas. Visten de blanco con escapularios y cintas de color terciadas al pecho, alpargatas y cascabeles en las pantorrillas. Es admitido que este ciclo solemne de danzas sea considerado como de espadas pese a la utilización de la vara o makila en lugar de la espada

En la mañana de la festividad, los ezpatadantzaris acompañan al santo en la procesión encabezando la comitiva. Durante el recorrido, los dantzaris tejen y destejen ininterrumpidamente sobre sus cabezas una armadura o pabellón con las makilas. Esta figura, makil-gurutze, de gran interés simbólico por su significado de ritual propiciatorio vinculado a la función protectora del hierro/espada, no ha conservado una melodía característica y se baila desde los años 1950 con la popular biribilketa Iria del txistulari Santiago Irigoyen y con la conocida pieza Napoleones que toca en la procesión la Banda de Música. En la Plaza de Abajo y en la Plaza Vieja la procesión se detiene, el capitán sostiene los extremos de las makilas de los dos promeros dantzaris y en esta formación bailan la segunda danza del ritual lesakarra: ziarkakoa (zeharkakoa). Esta danza, que se interpreta tres veces a lo largo de la mañana, suele escribirse en 5/8, pero por su estructura rítmica, como sucede también en danzas vizcaínas y guipuzcoanas, los txistularis la tocan de manera que se acerca a 6/8. Es viva y nerviosa con desplazamiento lateral y enérgica patada subrayada por el efecto sonoro de los zintzarriak o cascabeles. La melodía posee semejanzas con otra popular de Bera y la deia o llamada es la misma que en la serie guipuzcoana. Al llegar al cauce del río Onín, la procesión se detiene nuevamente y los dantzaris interpretan la tercera delas danzas del solemne ciclo: zubigainekoa, que presenta la particularidad de ser bailada sobre los pretiles del puente que canalizan al río en esta parte de la villa. La melodía y la propia danza es la misma que ziarkakoa, excepto en que necesariamente debe ser bailada mediante desplazamientos adelante y atrás, sobre el pretil, para lo que el danzante debe girar sobre sí mismo sucesivamente con agilidad, rapidez y evidente riesgo. Se baila una sóla vez durante la procesión y es el número más característico de este grupo de bailes, llegando a constituir imagen identificativa de la propia villa. Tras la danza tiene lugar el ondeo de la bandera (bandera arboltu) desde el puente y sobre el mismo cauce del río. El ondeo se repite en otras festividades y debe acompasarse al son de una melodía determinada denominada Bandera arbola, aunque también la muy célebre melodía lesakarra Tantiru-Mairu, propia de San Juan, ha solido emplearse para esta función.

Por la tarde tiene lugar en la Plaza Vieja la celebración de un segundo ciclo de danzas en las que, si bien vuelven a participar los ezpatadantzaris con su indumentaria, de ningún modo posee ni el carácter solemne ni la función ritual del oficiado durante la procesión. Al ciclo de la tarde se le atribuye naturaleza social y carácter abierto, popular, al que se incorporan las mujeres y se compone de Mutil dantza (que bailan los mozos), Neska dantza (co las chicas), Aurresku (la misma danza, aunque con estilo diferente, que la conocida en Guipúzcoa con este nombre o también Agurra/Reverencia), Jota y Porrusalda. No obstante, el progresivo abandono de nuestros antiguos bailes populares convierte en expresión folklórica esta vespertina exhibición como reminiscencia de un espacio festivo para el disfrute colectivo de las danzas populares.

Las danzas lesakarras que han cristalizado en el solemne ciclo de San Fermín, muestran relación con determinados ritos solsticiales de San Juan en los que el agua era elemento fundamental. Lo cual podía observarse en la antigua función de moros y cristianos representada por los jóvenes de los barrios de Legarrea y Piku-zelaia respectivamente. Pero el esplendor y arraigo de las danzas se debe a la otrora muy importante festividad del Corpus de cuya vistosidad son reflejo las actuales coreografías.

El esquema del ciclo muestra una fisonomía indudable de ezpatadantza y mut próxima a las vecinas danzas guipuzcoanas. Así la formación del grupo de dantzaris con el capitán al frente unidos por las makilas (que se emplean como las espadas o bordones en otros lugares); el trenzado de la armadura (makil-gurutze); la estructura rítmica (Oñati, Zumarraga); la llamada o deia; o el papel solista, reducido en Lesaka, del capitán.

- Lakuntza.

Posee el segundo ejemplo de este apartado cuyo atractivo reside en su sencillez estructural y coreográfica. La ezpata dantza lakuntzarra se bailaba también por la festividad del Corpus y en la de San Sebastián. S singularidad estriba en que los dantzaris bailan en una única fila y unidos por varas de mimbre decoradas a navaja que sostienen con ambas manos, para lo cual cada uno debe asir cuatro extremos de vara. La melodía de esta danza es una versión de un muy extendido zortziko de ezpatadantza guipuzcoana ya recogido por Iztueta a principios del siglo XIX. Estos dos ciclos, Lesaka y Lakuntza, pueden sorprender por su aislada presencia aunque no tanto si se advierte su relativa proximidad geográfica al área de la centenaria ezpata-dantza guipuzcoana.

DANZAS DE HOMBRES SOLOS

Un signo diferenciador y característico, aunque no exclusivo, del folklore vasco pirenaico lo constituyen las danzas colectivas de hombres solos en corro abierto y en sentido contrario al de las agujas del reloj. La relevancia de estas danzas descansa en su singularidad melódico-geográfica. Si bien de alguna manera están emparentadas entre sí, hay que diferenciar dos tipos de danzas en este apartado. De un lado los iautziak y del otro las mutil dantzak.

- Los Iautziak.

Los iautziak (literalmente, saltos) abarcan una extensa área que desde Luzaide/Valcarlos comprende la merindad de la Baja Navarra y los territorios de Laburdi y Xuberoa prolongándose hasta el país de Bearne. Un determinado número de pasos básicos con nombre propio y combinados de manera múltiple, pero no aleatoria, conforman las decenas de iautziak distintos que hoy se conocen y bailan con motivo de cualquier fiesta especial como la bestaberri, el carnaval, etc. Un experto danzari “canta” el paso o figura anunciándolo así previamente al resto de participantes que pueden bailar cualquier iautzi sin necesidad de memorizar la larga secuencia de pasos que lo componen. Tanto sus denominaciones como sus rasgos melódicos coinciden en algunos de ellos con los de las mutil dantzak. En función de la zona, el estilo de baile varía considerablemente aunque se trate siempre de los mismos pasos.

Entre los iautziak más conocidos podemos citar: Zazpi iautziak, Hegi, Ostalerrak, Marianak (estos muy populares hoy en entornos urbanos por su brevedad), Muxikoak, la serie Lapurtar-motxak, Lakartarrak y Ahuntxa, y otros como Katalina, Tellagorri, Baztandarrak, etc.

- Las Mutil dantzak.

En toda la regata del Bidasoa y formando parte de ciclos más amplios (Mutil dantza de Lesaka, Zortziko de Arantza) encontramos bailes en círculo y sentido antihorario de jóvenes varones que reciben por ello el nombre de mutil dantza (danza de muchachos), pero las mutil dantzak, por antonomasia, son propias y exclusivas del valle de Baztán hasta el punto de constituir pieza fundamental de su patrimonio etnomusical y su gran interés cultural las hace representativas por derecho propio del ancestral folklore coreográfico de toda Navarra. Se han conservado diecinueve números distintos (algunas de ellas son variantes de otras) y su estilo y coreografías son únicos. En 1918 fueron unificados los distintos estilos que podían observarse de un pueblo a otro del valle. Los diferentes pasos, a diferencia de los iautziak, no son anunciados durante la ejecución por lo que las largas secuencias deben ser memorizadas por los mutildantzaris. La duración de los bailes oscila entre minuto y medio y ocho minutos. El círculo mágico concentra la atención y la abstraída mirada del dantzari y en su centro toca el txistulari que necesariamente debe ser buen conocedor de las danzas. En el mantenimiento y conservación de la mutil dantza baztanesa hay que citar al txistulari Mauricio Elizalde, que las aprendió de su padre, también txistulari, Antonio Elizalde; y entre sus dantzaris más entusiastas está el escritor y poeta euskaldun Mariano Izeta, que ha mantenido la privilegiada función de encabezar la fila de mutildantzaris en Elizondo desde 1939 hasta 1996.

La relación completa de las mutildantzas existentes, además del Aunitz-urtez introductorio de salutación, es la siguiente: Hiru puntukua, Billantziko, Biligarroaine, Biligarroaine zaharra, Billantziko txiki, Billantziko zaharra, Zahar dantza, Mando zaharraine, Xerri-begi, Xerri-begi zaharra, Muxiko, Xoxuaine, Ardoaine, Añar-haundi, Tellarin, Xoriaine, Añar-xume, Zazpi-iautzi, Zazpi-iautzi zaharra.

Mutil dantzak y iautziak son bailes secularmente masculinos que adquieren hoy con fuerza una nueva función social al ser disfrutados por ambos sexos en plano de igualdad dentro y fuera de su espacio natural, reservándose los varones su solemne representación ritual.

DANZAS DE MUJERES SOLAS

Aunque la cultura urbana ha asumido como danzas de mujeres numerosas versiones femeninas de danzas masculinas debidas a la actividad creativa de los grupos folklóricos (por ejemplo: sagar-dantza, neska-dantza de Jaurrieta), debemos reconocer que son escasas las danzas tradicionales estrictamente femeninas en el extenso catálogo de nuestro patrimonio coreográfico.

- La danza de San Juan de Urdiain.

Se trata de una danza cantada que se interpreta la víspera de San Juan por mujeres en corro cerrado, acompañando la estrofa con un movimiento pendular en sus brazos unidos por las manos. La excepcionalidad de este ritual cantado da pie a la especulación sobre el carácter de manifestación residual de un tipo de danzas, en otro tiempo más generalizadas y hoy desaparecidas, cuya extensión abarca desde el Pirineo central hasta la costa galaica.

- Arrayoz.

En esta localidad del valle de Baztán, el último domingo del mes de mayo era protagonizado por las Erregiñe, reinas de la fiesta de las Mayas. Dos niñas, casi adolescentes, acompañadas de otro grupo de cantoras realizaban después del rosario una cuestación por el pueblo cantando en Euskara coplas alusivas y bailando una jota singular que las mismas chicas cantaban acompañándose de pandereta. La blanca indumentaria, el tocado floral, la denominación y la extensión geográfica de similares tradiciones en Occidente permiten relacionar la fiesta con antiguos ritos de protección de la naturaleza en los que la disfrazada vendría a representar el espíritu mismo de la vegetación.

DANZAS DE HOMBRES Y MUJERES

Por sus características, funcionalidad y versatilidad, las danzas de hombres y mujeres constituyen el grupo más numeroso del magnífico legado que estudiamos. Y quizá también el que más bajas haya registrado en los últimos ciento cincuenta años. Su diversidad morfológica permitiría, si se aplicase el método de las ciencias naturales, efectuar una taxonomía que las agrupase en base a sus comunes características en género, especie y variedad. No es ésta nuestra pretensión, pero resulta conveniente subrayar algunos de sus caracteres. Básicamente son: la diferente actitud de ambos sexos en la danza (expandida en el hombre y cerrada en la mujer) y el papel preponderante de los bailarines que abren y cierran la cadena o corro, papel que se vincula a las funciones que la institución de la mayordomía les otorgaba en nuestras fiestas patronales. Junto a estos dos rasgos definitorios cabría citar el ceremonial repetido y reiterativo, el sentido antihorario de giro del grupo y las constantes coreográficas de la cadena o corro abierto. Dicho lo anterior como preámbulo y lejos de pretender describir las diferentes danzas y variantes existentes, examinaremos los géneros que en este epígrafe pueden encontrarse en Navarra.

DANZAS DE HOMBRES Y MUJERES EN DOS FILAS (EN CÍRCULO Y SENTIDO ANTIHORARIO)

El ingurutxo es el baile social mixto más extendido y representativo de nuestra Comunidad y cuyas variedades y ejemplares más significativos se hallan o hallaban, en el área determinada por los valles de Basaburua, Ulzama, Araiz, Larraun, Anue, Esteribar, Erro, Arakil y Aezkoa. La estructura rítmica del ingurutxo muestra siempre una determinada duplicidad con partes binarias y partes ternarias. Junto al ingurutxo, está el baile de la era (larrain dantza), cuyo ámbito de extensión es la zona media de Navarra y que reúne un conglomerado de ritmos y figuras coreográficas superpuestas en el tiempo como si se tratara de una formación geológica estratificada y cuya versión más elaborada y representativa procede de Estella. También el extremo nororiental de Navarra conoció una forma de danza mixta en corro, del grupo que estudiamos, que se perdió en las primeras décadas del siglo XX y fue recuperada para el repertorio de los conjuntos folklóricos en los años 1940 por el grupo Oberena de Pamplona y popularizada como el Ttun-ttun roncalés, que consta, a su vez, de dos danzas independientes: el Ttun-ttun de Isaba y el Ttun-ttun de Uztarroz.

- El Ingurutxo de Leiza.

Puede considerarse como la más representativa de las decenas de danzas sociales de esta especie que animaron las tardes de fiesta de los pueblos de la Navarra húmeda. En Leiza, el Ingurutxo ha sido, y es, costumbre viva hasta nuestros días del que, sin perjuicio de ser contemplado como una tradición bien conservada, podría decirse que mantiene intacta su función social. En Leiza, bajo el nombre de Ingurutxo, encontramos dos formas de danza que no siempre van unidas: la soka-dantza y el ingurutxo.

La sokadantza que precede al Ingurutxo sólo se bailaba en algunas ocasiones. Los mozos forman la cadena unidos de las manos, marcando rítmicamente el paso. Los puestos preferentes, primero y último, son ocupados por el mayordomo y el compañero o ayudante. Tras realizar los puentes, el primer y último joven bailan frente a frente el belauntziko. Se incorporan las muchachas mediante un ceremonial de invitación que conducen el segundo y penúltimo dantzari de forma que será acompañada en primer lugar la pareja del aurrendari (el de adelante), que bailará ante ella, y unidos ambos por un pañuelo, el belauntziko. Seguirá el turno la pareja del azkendari (el último) y sucesivamente las de todos los participantes hasta completar la cuerda o soka. Cuando esto ocurre, bailan todos los muchachos de nuevo el belauntziko ante sus parejas.

El Ingurutxo tiene dos partes: Inguru Haundi e Inguru Txiki. Formado el grupo mixto, se separan las dos parejas principales y bailan solos (unidos por los pañuelos) una melodía en 2/4 en círculo alrededor de la plaza con un sencillo y muy común paso de baile. Después se suman el resto de parejas a la misma danza. Se ejecuta un nuevo puente con los pañuelos, bajo el cual pasan todos los bailarines. Se repite esta parte, puente incluido, que deja a los danzaris en la posición inicial, finalizando así el Inguru-haundi. El Inguru-txiki se baila a continuación igualmente por parejas y en corro, pero a lo suelto a ritmo más vivo y en compás ternario. El desplazamiento, veloz en relación al inguru-haundi, se interrumpe en ocasiones por las deiak o llamadas, para luego proseguir. Como danza social que era, el ingurutxo no tenía una duración o medida fija. Excepto por el siempre respetado toque de oración, dependía de la voluntad y capacidad del txistulari al que también se le dejaba descansar para continuar de nuevo tras un breve refrigerio.

El músico y compositor estellés P. Hilario Olazarán recogió en 1926 del gran txistulari de Leiza Evaristo Elduayen el conjunto de melodías de danza que integran el Ingurutxo y cinco años más tarde las publicó en versión para piano. El sacerdote capuchino distinguió tres partes: Soka dantza (que incluye cuatro melodías de soka dantza en 2/4, una en 5/8 y tres belauntzikoak diferentes más una melodía para terminar esta parte); Inguru Haundi (en 2/4 y una melodía para el puente o zubia); y, Inguru Txiki (con dos melodías en 3/8).

- El Baile de la Era de Estella.

Tal y como ha quedado fijado hoy, tras más de un siglo de vida, está compuesto por siete diferentes partes musicales que se corresponden con otros tantos tipos de danza: Pasacalles, Cadena en 2/4, Fandango en 3/8, Vals, Jota Vieja, Boleras y Corrida que muestran la sedimentación de algunos de los bailes de moda a lo largo del siglo XIX sobre una antigua base elemental de danza circular (karrika dantza e ingurutxo) en las comunales eras. Fue el gaitero Julián Romano quien escribió por vez primera el corpus musical del baile de la era. Su hijo Demetrio se ocupó de los ensayos para la extraordinaria actuación que con motivo de la visita real se hizo en 1903 y su compañero Anselmo Elizaga inició la saga de los gaiteros continuadores de la tradición. El padre Hilario Olazarán realizó una versión para piano en 1929 y en 1933 tuvo lugar su reestreno mundial el día de la Virgen del Puy. Hoy el brioso, alegre y completo baile estellés, aprendido y bailado por millares de navarros, es primordial seña de identidad de la ciudad de Estella.

DANZAS DE HOMBRES Y MUJERES EN CADENA

- La Soka dantza.

Es propia de las zonas colindantes al norte y en ocasiones coincidentes con las del Ingurutxo, en la Navarra húmeda, al cual precede a veces en el mismo ceremonial. Se bailan o bailaron en Arantza, Santesteban, Ituren y muchos otros lugares. Al sur del Ingurutxo, la gizon dantza o giza dantza es e esencia el mismo tipo de danza y en pueblos de Burunda y Sakana son conocidas bajo la denominación de zortziko, que presenta equivalencias con la anterior y con el vecino aurresku. El esquema de estos bailes citados es invariablemente en círculo y sentido contrario al delas agujas del reloj. En cambio, dentro de este grupo, pero sin sentido direccional, se encuentra el lantza luze en Baja Navarra, sin un protocolo específico para la incorporación de las mujeres a la serpenteante cuerda y con uso de pañuelos, y la común biribilketa o kalejira que se improvisa en cualquier fiesta popular.

- El Zortziko de Alsasua.

En Altsasu, como en muchos de los pueblos de Sakana y Burunda, el zortziko (zórziko en corriente acentuación local) es una institución. Lo bailan en la plaza los quintos por Santa Águeda ante todo el vecindario tras la cuestación anual. En la fiesta del patrón, lo dirige el alcalde con la solemnidad que permite la alegre sobremesa en la campa de San Pedro y se repite numerosas veces a lo largo de la tarde también en la plaza. Al comenzar el baile, los danzaris, quintos o mozos en general, se colocan enfrentados por parejas y a una indicación del txistu an unos potentes saltos. Se agarran de las manos de dos en dos. El primer dantzari de la derecha (zortzikolari) gira con su compañero y forma el puente para el resto de mozos. El zortzikolari comienza a bailar sin soltar la mano de su ayudante, sus pasos son enérgicos, ágiles, con frecuentes patadas al aire. Hay nuevo puente (¿ritual de conocimiento?) tras los saltos de rigor. El zortzikolari, sin dejar de bailar, indica a la última pareja, que se le va acercando con este fin, el nombre de la muchacha a quien quiere sacar. El joven saluda con reverencia y ofrece el pañuelo a la chica y ésta se incorpora ala cadena que sigue su desplazamiento circular. Posteriormente, entrarán el resto de chicas que se unen de las manos (antes con pañuelos) a la cadena. Desde que el popular txitulari Ramón Delfrade las introdujera, se bailan la jota y porrusalda tras la kalejira que dan fin al antiguo ceremonial. Como se ha dicho, el papel principal del primer zortziko en la tarde de San Pedro corresponde al alcalde, siendo costumbre que sacase a bailar a la cocinera responsable del menú de las autoridades. Terminado un zortziko se da comienzo a otro con cambio de aurrendari, y así sucesivamente. El conjunto de melodías que integran el Zortziko alsasuarra presentan predominantemente aires en 2/4 aunque también en 5/8

DANZAS DE HOMBRES Y MUJERES ENFRENTADOS POR PAREJAS O EN CÍRCULO CERRADO

- La Porrusalda.

La porrusalda (caldo o sopa de puerros) o arin arin (ligero) es baile mixto a lo suelto y muy popular en 2/4 que en su simple esencia rítmica se extiende por la cornisa cantábrica hasta Portugal. En Navarra se baila con dos pasos que admiten las variaciones que el temple del danzari quiera introducir: a los lados y punteado. Unido a la jota por la costumbre, suelen ambos culminar determinados ciclos antiguos de danzas como los ingurutxos, soka-dantzas, etc., y cualquier sesión de baile actual.

- La Jota.

Es baile de tardía introducción e Navarra. Aunque no existe información fidedigna al respecto, parece que en el primer tercio del siglo XIX ya se conocía. Musicalmente posee la jota compás ternario y tres o cuatro partes, dos o tres de ellas rápidas y unalenta, a ritmo de vals, llamada copla o canción. Esta parte lenta no existe en el Fandango u Orripeko, que además es de aire más rápido y línea melódica más elaborada. En la zona media de Navarra, a los fandangos se les conoce como jotas “baztandarras”. Hoy es habitual, incluso entre los músicos que conocen la diferencia, no hacer distinción semántica entre ambos. Los cuatro pasos característicos de la jota Navarra (y fandango) que se baila tanto en corro como por parejas son a los lados (con desplazamiento lateral), punteado (en el sitio), vueltas (sobre sí mismo) y corro (con traslación).

En Navarra siempre van separadas la jota cantada y la jota bailada. En el canto, como profunda expresión lírica y sentida desde la Ribera hasta el Roncal, en el baile, singular y propia respetando cada zona su estilo y carácter: en amplio corro en la Montaña, por parejas en la Ribera, con copla lenta para el agarrado, sinfónica con la Banda, exaltada con la gaita, recatada con el txistu, irresistible con el acordeón y siempre briosa, la jota como escribía el maestro de danzas pamplonés Maxi Aramburu “es la genuina manifestación de la danza en nuestra tierra que expresa la alegría de un navarro y el sentimiento del alma de un pueblo”.

ALGUNAS DANZAS SINGULARES DEL CALENDARIO FESTIVO

EL CARNAVAL

Puede afirmarse con rotundidad que todos los rasgos característicos que definen al carnaval rural europeo se manifiestan en nuestros iñauteriak: ritos purificadores y propiciatorios, ceremoniales de fecundidad/fertilidad con regeneración de la vida a través de la muerte, disfraces y máscaras, y, cómo no, danzas. En este confuso y abigarrado mundo mágico parecer la danza relegada a un segundo plano. Sin embargo, su presencia es más que notable y viene subrayada por el orden y el rigor que la fiesta le confiere, pese a su aparente desorden.

Algunas danzas que podemos ver en los ciclos carnavalescos son propias y exclusivas del carnaval; otras, sin serlo específicamente, han quedado fijadas en la propia fiesta. Ocurre lo primero con Zaragi dantza en Arano y en Goizueta, con el popularizado zortziko de Lanz, con las marchas y bolant iantzak de las comparsas bajonavarras, o con el rítmico desfile de los ioaldunak de Ituren y Zubieta. A estas viejas danzas hay que añadir la que bailan ahora los momotxorroak alsasuarras tras su letargo de más de ochenta años. Otras danzas adquieren especial significación en este tiempo singular, efecto que comparten con la fiesta patronal, pues la propia fiesta les proporciona un marco idóneo de desarrollo. Claros ejemplos de ello son los iautziak y kadrilleak ultrapirenaicas, la karrika dantza de Betelu, o la soka dantza de Arantza. También los juegos con sacrificio de animales al son de sus propias melodías (antzara joku) y diversas parodias bufas tienen su marco en esta fiesta invernal.

- Martxak y Bolant-iantzak.

Se denomina genéricamente martxak (marchas) a un conjunto de melodías que musicalmente son biribilketak o pasacalles en compás de 2/4 con los que las comparsas de Carnaval recorren bailando los pueblos en Luzaide/Valcarlos y en la Merindad de Baja Navarra e su ritual función de cuestación por las casas y caseríos. Cuando la comparsa luzaidarra, que atrasa la celebración hasta el domingo de Resurrección, entra en la plaza lo hace bailando una de las bolant-iantzak (danza de volantes), una de las cuales, que el público conoce como “el Valcarlos”, es hoy pieza habitual en el repertorio de las orquestas que animan las fiestas de nuestra geografía.

- El Zortziko de Lanz.

El espectacular drama carnavalesco de Lanz tiene lugar en la tarde-noche del Martes de Carnaval, cuando la villa es tomada por un impresionante cortejo de terribles personajes, cada uno con su específica y milenaria función. En la algarabía de los txatxos, máscaras sin rostro de multicolor y a veces femenino ropaje, que portan al malvado Miel Otxin, un fantántisco hombre-caballo (zaldiko) indomable arremete una y otra vez contra el grotesco y torpe Ziripot. Zaldiko será herrado, entre el humo y la ceniza regeneradora de la vida, por los siniestros y enigmáticos perrazaleak. El txistu no cesa en su recurrente y valseada melodía ternaria que sirve de vase melódica al aparentemente caótico discurrir del singular y sobrecogedor cortejo. Dos disparos de escopeta acaban con la vida de Miel Otxin, el bandido, el chivo expiatorio. Su cuerpo será quemado y de él, vencido el invierno, renacerá la vida en la Naturaleza. Todos danzan en círculo, en torno a la hoguera, el Zortziko que es hoy popularísimo baile. Este tipo de zortziko es una danza circular en 2/4 bailada por hombres que suelen formar parte de las soka dantzak, aunque en lugares como Lanz o Baztán adquiere vida autónoma. En los últimos años se ha popularizado enormemente en ambientes urbanos.

- Las Kadrileak, Polkas y Contradanzas.

Son melodías de origen centroeuropeo que fueron muy populares en Valcarlos desde finales del siglo XIX hasta quedar perfectamente fijadas e su folklore coreográfico. Se conservan varias figuras diferentes que los jóvenes de Luzaide bailan después de ofrecer el repertorio de sus antiguas danzas de Carnaval. Aún siendo bailes universales, los luzaidarras han conservado cierta personalidad y una característica forma de bailarlos.

- La Sagar dantza.

Es una danza propia del carnaval baztanés. En su acostumbrada ronda de cuestación por los caseríos, era bailada por cuatro mozos sosteniendo dos manzanas en cada mano y vistiendo de blanco y tocados de un cónico y multicolor gorro. De las tres sagar dantza que se recuerdan en el valle y cuyas melodías se conservan, Errazu, Maya y Arizkun , es la de ésta última localidad la más popular. La sagar dantza de Arizkun presenta una muy peculiar línea melódica con un ritmo de difícil medida que provoca un aparente desajuste con la danza, por lo que despierta el interés de los musicólogos. Esta danza, masculina en origen, ha sido adaptada como danza de muchachas y extensamente recreada por diferentes cuerpos de baile.

EL CORPUS CHRISTI

Sin olvidar que Pamplona gozó de muy ricas y vistosas danzas que animaban las procesiones religiosas de esta muy importante fecha del calendario litúrgico, debe hacerse breve referencia a la solemne fiesta del Corpus Christi, que en toda Navarra fue en tiempos brillante y espectacular. Los marciales cortejos, que desfilan y bailan al son de las martxak, reúnen un conjunto de anacrónicos personajes e indumentarias tomados de los ejércitos franceses decimonónicos, de las llamadas compañías de naturales, de las carlistadas, etc. y que han pasado ya a formar parte del folklore de la región.

SAN JUAN

- El Baile de la Balsa de Torralba del Río.

Este baile se celebra por la festividad de San Juan, en el marco de un complejo ceremonial que ofrece valiosos elementos del ritual propio del solsticio de verano. En torno a esta sencilla danza hallamos una medieval cofradía, linaje histórico, fundamente conocido y profunda reminiscencia simbológica. Cuenta la tradición que hace más cuatrocientos años, los cofrades de la Cofradía del Glorioso San Juan Bautista y Alabarderos, fundada a finales del siglo XIV, se pusieron a bailar de alegría junto a la balsa en la que habían dado muerte al último moro, Juan Lobo, que capitaneaba una partida de bandoleros. No se conoce con precisión el desarrollo de la fiesta en aquél tiempo, pero sí tal y como se celebra al menos desde hace más de cien años. La víspera de San Juan, llegan los músicos y se encienden hogueras, dando comienzo la fiesta que continuaba hasta el amanecer, momento en que era costumbre acudir a la fuente a purificarse con el agua de las primeras horas del día. Un cofrade, con la cara pintada de negro, se disfraza de moro (Juan Lobo), utilizando diversas ramas para cubrirse. Los mozos le persiguen y, tras varias escaramuzas y huidas, el fugitivo se zambulle en la balsa desde donde salpica a quien intenta atraparle. Al fin es apresado, juzgado en el frontón, condenado y ejecutado. Los cofrades, tras la batalla, se visten con sus propias prendas y atributos (bastón tallado, lazos de seda con pañuelos multicolores y flores frescas en la lanza del abad) y con ellos acuden a la procesión y solemne misa. Por la tarde, tras las vísperas y el rosario, los cofrades con la música van a la balsa donde tiene lugar el alarde en el que cada cofrade, por riguroso turno, comenzando por el abad, debe bailar ante la lanza. Se desconoce cual fue el baile en el pasado, pero desde que se tiene noticia ha sido tocado con melodía de jota por gaiteros con tres partes, una de las cuales más lenta a modo de copla o canción. Cada cofrade bailaba con relativa libertad sin ajustarse a unos pasos fijos predeterminados. En general, es un baile sencillo. Este bloque tradicional, cuyo mérito descansa en la supervivencia, es sin duda valioso testimonio de un muy rico y antiguo ritual donde danza, agua, fuego, cofradía, lucha de moros y cristianos, chivo expiatorio, espíritu vegetal, etc. colman el inventario de elementos para el estudio etnográfico del día de San Juan. En 1956, el grupo Larraiza de Estella estrenó con música adaptada por el P. Hilario Olazarán una coreografía creada por Francisco Beruete, que hoy forma parte del repertorio de los grupos folklóricos de Estella con el nombre de Baile de la Balsa.

DANZAS JUEGO

La actividad lúdica tradicional de los jóvenes, vinculada al ritmo y a la música, ha dejado en nuestro acervo cultural un sinnúmero de danzas-juego consistentes en divertimentos populares de habilidad, gracia y destreza ejecutados al son de una melodía y, generalmente, mediante un sencillo y determinado paso de baile. Su origen está en el descanso y diversión que acompañan alas tareas efectuadas en común y solidariamente por los nekazariak (labradores): deshoje de maíz, fabricación de cal (kisulabeak), construcción de tejados de las casas (Bizker-besta), recogida de leños o helechos (Garratu-besta), y en cualquier otro momento de diversión (sobremesas de celebraciones, etc.). El inventario es muy amplio, y es la zona de los valles de Ulzama, Baztán, Erro y Aezkoa la que posee la casi exclusiva del mismo. Hay danzas-juego, llamadas también irri-dantzak (danzas para hacer reír), en las que la habilidad exigida consiste en seguir e imitar los disparatados movimientos del que dirige la fila (itsas-dantza), en bailar sobre un almud a ritmo in crescendo (almute-dantza), en saltar un cinto colocado cada vez a mayor altura (gerriko-dantza), o análogamente sortear una hilera de sillas sin tropezar con ellas o con los compañeros (alki-dantza o katedra-dantza). Otras consisten en diversos juegos de palmadas por parejas o esku-dantzak (Olagüe, Imotz, Baztán, Luzaide/Valcarlos), asimismo a ritmo cada vez más rápido y alguna de ellas en combinación con un ariñ-ariñ, o juegos de señalización progresiva de partes del cuerpo con las que hay que tocar el suelo, saltar y seguir bailando (Saint petike dantza o Ipurdi-dantza)… Lo que fue diversión habitual de jóvenes adolescentes ha quedado hoy, por efecto de la evolución de los usos y gustos, en el reducto de los juegos infantiles o simplemente ha desaparecido. Los grupos folklóricos se ocupan, con buen criterio, de recrearlos en sus representaciones públicas.