DE BUENA TINTA


 

0.- DECLARACIÓN DE INTENCIONES

1.- TENERIFE-CANARIAS

2.- NORTE DE TENERIFE

3.- MEDIO AMBIENTE Y  SOCIEDAD

4.- SALUD

5.- EL COMENTARIO

6.- LA ENTREVISTA

7.- HUMOR

8.- ENLACES

 9.- ÚLTIMA HORA

10.- VIDEOS

11.- LA CLAVE

12.- NUESTRA TIERRA: AGRICULTURA

13.- PREGUNTAS SIN RESPUESTA

14.- EDUCACIÓN

15.- AGRADECIMIENTOS

DE BUENA TINTA

 La Orotava: un imperio sin transición política

 GREGORY SANTOS CRISTO

 

 

En La Orotava no se ha producido transición política. Parece increíble pero es la realidad.

 

Repasemos. En las primeras elecciones locales democráticas (1979), una denominada Agrupación Independientes de La Orotava (AIO), germen poco después de la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI), ganó los comicios, situando en la alcaldía al prestigioso abogado Francisco Sánchez García.

 

         En 1983, conocida la voluntad de Sánchez de no continuar en política, ceder el testigo de la familia a su hermano Isidoro y dedicarse a su despacho profesional, aquel heterogéneo grupo que quería mantenerse al margen de la pugna entre Alianza Popular (AP) y Partido Socialista (PSOE), promovió una organización insular que defendiera, ante todo, los valores locales e insulares que, según ellos, eran más importantes que los programas que ofrecían los grandes partidos.

 

         Así, unieron sus fuerzas localistas a las de Froilán Rodríguez (Granadilla), Elías Bacallado (La Esperanza) y Pedro Reyes (Guía de Isora),  para cuajar la Agrupación Tinerfeña de Independientes, en la que se integraron Manuel Hermoso, Adán Martín, Luis Suárez, Paulino Rivero (hoy presidente de Canarias, ¡quién lo iba a decir!) y otros líderes de los pueblos del interior.

 

         Y en La Orotava surgió Isaac Valencia, desde 1983 alcalde omnímodo. A la sombra de Isidoro Sánchez -años después eurodiputado y teniente de alcalde del Puerto de la Cruz- y de Antonio Santos, poco a poco fue amasando un poder unipersonal que le ha convertido en uno de los munícipes incombustibles de Canarias.

 

         Claro: el hecho de revalidar las mayorías corporativas fortaleció su poder y su peculiar modo de hacer política, hasta el punto de convertirse en un auténtico caudillo, al que nadie discute, y mucho menos en el seno de su propio partido político. Fiel a su estilo populista, incorporó a Francisco Linares, Martín Escobar y Juan Donis a las tareas de tejer una de las mayores redes de clientelismo político existente en Canarias.

         Valencia, poco dado a salir en los medios de comunicación si no es para hacer propaganda de sus logros empleando incluso el más paternal y llano de los sentidos en discursos insufribles e inagotables, arrasó en varias convocatorias electorales, liquidó materialmente al Partido Popular (PP) y dejó con respiración asistida al PSOE y a las fuerzas progresistas. Todo a base de festejos, romerías, permisos y favores de vaivén.

 

         Sólo en 2003 parecía que su imperio se desmoronaba. Lo pasó mal, muy mal, en la noche electoral de aquel año, cuando hubo momentos en que el recuento no daba mayoría a los suyos. Los errores propios, algunas diferencias intestinas y el ascenso de IPO-Los Verdes, que aglutinó el voto del descontento, hicieron tambalear la solidez de la orgullosa ATI villera. Pero la transición política seguía sin consumarse.

 

         Seguía y sigue porque a pesar de los episodios del mandato 2003-07, es como si nada desgastara a Valencia, Linares -llamado a sucederle, con permiso de Donis y Benijos- y los suyos. Ni las imputaciones judiciales -convenientemente silenciadas por los periódicos y televisiones afines- ni las desapariciones de expedientes, ni la destrucción de suelo agrícola, ni las críticas discontinuas de una oposición disgregada ni la destrucción del patrimonio urbanístico (léase el Atlante) erosionan el respaldo popular al ‘emperador’ Valencia.

 

         Así las cosas, con el resto de los partidos en práctica bancarrota política -no se conoce una moción suya desde que se inició el mandato-, cabe augurar que el presente ciclo político sea de lo más cómodo y placentero para el actual gobierno local. Valencia podrá seguir presumiendo de su “villismo” mientras nadie exponga y defienda públicamente las alternativas a las demandas sociales.

 

         Continuarán los derroches: carnavales, viajes, ferias y otros dispendios. Se acentuará el clientelismo. Proseguirá el pasotismo de la mayor parte de la población. Prevalecerán las diferencias internas y las ambiciones de los grupos políticos en la oposición. Si surgiese un líder capaz de meterse al municipio en la cabeza y demostrar que hay otra forma de gobernar, no hay que preocuparse pues no contará con apoyo y ya se encargarán otros de destrozarle.

 

         O sea, todo a favor. A favor del ‘régimen villero’, del imperio de ‘Saso’ Valencia, del caudillismo. Allí donde no hay transición política.

 

                   

 

DE BUENA TINTA 

 

LA INFINITA PACIENCIA DEL PUEBLO CANARIO

Gregory Santos Cristo

 

La paciencia del pueblo canario debe ser grande –mejor atribuir infinita- si tomamos como referencia lo que viene ocurriendo con los conflictos de las ambulancias y de una compañía aérea. Venga semanas y ya meses: todo sigue igual, sin solución. Los usuarios sufriendo y aguantando en silencio, resignadamente. Y los medios de comunicación convencionales, con sus columnistas hipercríticos para banalidades, sin un magro editorial, sin unas líneas con las que decir basta ya de tanta incompetencia.

 

         No hace falta comprobar dónde inciden o a quienes afectan estas huelgas. Las ambulancias que transportan o trasladan a los enfermos y pacientes: se vuelve a jugar con la salud de los ciudadanos. Habría que remontarse al paro del transporte público de viajeros registrado en la segunda mitad de la década de los setenta en Tenerife para encontrar un antecedentes similar. Entonces fueron semanas y meses -hasta que el Cabildo Insular creó y puso en marcha TITSA- de desidia, de desespero y de resignación. Protestas, las mínimas. Los periódicos de entonces, aún con la sombra de la censura franquista planeando, informando de la ‘troika’ moscovita antes que de las colas en las pocas marquesinas que había en las carreteras. Hubo estudiantes que perdieron cursos y trabajadores que se quedaron sin empleo. Jamás se practicó en Tenerife tanto ‘autostop’ como entonces.

 

         Ahora da igual el número de diálisis que de analíticas. Un cambio de gobierno y todo sigue como con el anterior. El sector de las ambulancias no cede, la Administración autonómica tampoco. Aunque la cosa no es para tomársela a bromas, vamos a sugerir que se vayan a Madrid, que es donde se adoptan las soluciones y donde se resuelven los principales problemas sociales de las Canarias de nuestros pecados. Al menos, allí habrá alguien que les digan que tengan un poquito de vergüenza, que cedan un poco y que tengan presente el sufrimiento de los pacientes (Por cierto: dicen y cuentan que el sector privado de las ambulancias ha hecho el agosto antes de que llegara el mes. Sigan así).

 

          El otro sector: la movilidad interinsular. La compañía aérea Binter, esa que fue pública un día y que privatizaron para negocio redondo de unos pocos y escarnio de otros que decían defender ese carácter público mientras fingían ignorar los documentos de las transacciones bancarias, no alcanza un acuerdo con los pìlotos que se han declarado en huelga, anticipando que algo se mueve, que se barruntan otros negocietes y que la estabilidad laboral se resiente.

 

         Vuelos cancelados, retrasos desesperantes, más colas en esos aeropuertos... Pasan los días, las semanas y los meses. Llega el verano y el conflicto no se soluciona. Hablamos de la movilidad entre islas: centenares de personas que han de desplazarse para muy distintas finalidades. El mismo cambio de gobierno anterior y todo sigue igual: los medios de comunicación, esos que dejan miles de ejemplares diariamente en los aviones, no son capaces de escribir urgiendo una salida. Los responsables políticos autonómicos, esos que piden más y más competencias, mandando cartas a Madrid. El Ministerio replicando que esta pelota no es la suya. La empresa, preocupada pero no tanto. Los pilotos, a lo suyo. Total: como nadie protesta, como la gente lo que quiere es llegar a su isla, a su trabajo, a su hotel y a su casa, no importa que sea un par de horas más tarde, no pasa nada. Bendita e infinita paciencia, sí señor.

 

         Mientras tanto, algunos hablando de soberanía. De modelos como Puerto Rico. De ejemplos como Cabo Verde o Malta. Escriben, y en su mesianismo estúpido, afirman que son aplicables a Canarias. O sea, no son capaces de entenderse con la isla de al lado y luego hablan de soberanía para Canarias.

 

         Claro, luego hay un incendio de las proporciones vividas en Tenerife y Gran Canaria y hay que aguardar a los medios y recursos del Estado para mitigar la catástrofe.

         Si para eso quieren la independencia, o la soberanía, que tanto monta, mejor dedíquense a otra cosa. Al menos dejarán de hacer el ridículo con tanto editorial hilarante.

 

         El pueblo va a seguir exhibiendo la misma resignación, la misma infinita paciencia.

 

          Y para colmo, y como asignatura pendiente para septiembre, se avecinan malos tiempos para la enseñanza pública con una situación larvada y no  resuelta, que amenaza con enquistarse. 

 

 

DE BUENA TINTA

INSOLITO: LOS PARTIDOS PERDEDORES SE REPARTEN EL PODER Y ELUDEN LA AUTOCRITICA

 

                                      Gregory Santos Cristo

 

La política canaria da para muchas situaciones inusuales.

 

Usted puede ganar unas elecciones y quedarse en la oposición. Usted puede ser concejal único y resultar elegido alcalde. Usted puede representar unas siglas antagónicas ideológicamente con otras y aliarse con ellas. Usted puede ser el candidato más votado pero de forma minoritaria y tener que compartir una alcaldía durante el mandato. Usted puede formar parte de una opción política que por arriba (Parlamento y Cabildo) pacta en determinada dirección y en el escalón municipal hace la alianza justamente contraria.

 

Todo esto puede suceder, de hecho sucede, o ha sucedido, en las “desafortunadas” islas. La democracia, en ese sentido, lejos de madurar, se enreda a partir de un perverso sistema electoral que los partidos políticos no saben, no quieren o no pueden corregir.

 

De ahí, la abstención creciente. De ahí, el desencanto de la población. De ahí, el hastío de los jóvenes. De ahí, la mofa de quienes desde el exterior siguen o se interesan por las desviaciones de la voluntad popular de los canarios. De ahí, las frustraciones sucesivas. La política canaria, definen propios y extraños, un bacilón.

 

Hay unos claros y directos responsables: los partidos políticos, sus dirigentes. Su única estrategia: la conquista del poder. Al precio que sea. Y así contribuyen al mal funcionamiento del sistema y al descrédito de la clase política. Con escasa, por no decir ninguna visión de futuro, contagiados del cortoplacismo para seguir disfrutando o acceder al poder y apremiados para dar respuesta a quienes desde dentro, cada vez con menos sustrato ideológico, trabajan para hacerse con un cargo público bien remunerado, los comités y las ejecutivas de las organizaciones políticas, por lo general, se han preocupado mucho más de gobernar las instituciones que de actuar consecuentemente, desde todos los puntos de vista.

 

Y así, no es de extrañar que haya ocurrido un hecho lamentable tras el pasado 27 de mayo. Ha pasado inadvertido -y extraña -¿extraña?- que ni un solo periódico, ni un solo analista político haya reivindicado lo que es una necesidad- que los partidos políticos que perdieron las elecciones del pasado 27-M, los mismos que ya habían fraguado meses antes una alianza para impedir que un socialista presidiera la Comunidad Autónoma, los mismos que se repartieron el poder aprovechándose una vez más de los desequilibrios del sistema electoral esos mismos partidos, esos mismos dirigentes no hayan hecho el más mínimo ejercicio de autocrítica.

 

 Y miren que había razones para analizar lo acontecido. Disminución de votos y reducción de diputados. Hecatombe de Coalición Canaria (CC) en Gran Canaria. Retroceso de esta misma opción en Tenerife y La Palma, con pérdida de alcaldías y pactos forzados en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y Cabildo Insular. Desastre del Partido Popular (PP) en Tenerife, Fuerteventura y Lanzarote, pagando muy alto tanto la débil implantación como las galopantes sospechas de corrupción en instituciones donde gobernaban. Derrota sin paliativos en Las Palmas de Gran Canaria y pérdida posterior del Cabildo Insular de Gran Canaria.

 

Estos son, entre otros, hechos objetivos. Hechos que deberían acarrear responsabilidades tras un examen democrático. Pero no. Se aliaron CC y PP, en un auténtico contubernio antiprogresista, y a sabiendas de que el porvenir no les sonríe, prefirieron jurarse amor de legislatura para salvar, sobre todo, esa intrincada trama de intereses y redes clientelares que sustentan un auténtico régimen político y que los canarios padecen resignada y escépticamente.

 

Aparcaron las diferencias de antaño. Recuperaron -en realidad nunca los abandonaron- viejos hábitos de reparto y entendimiento. Recibieron las bendiciones de los poderes empresariales y de los medios convencionales. Y se pusieron a trabajar. Bueno: a mandar. Teniendo muy claro que Madrid es el enemigo y si por allí acampa el PSOE, más enemigo todavía. Leña al PSOE, que es de goma.

 

Y se olvidaron de la autocrítica. De las razones del retroceso electoral en varias islas. De la mala y poco original campaña. De sus males internos. De la sombra de la justicia que se cierne sobre Zerolo (asunto Teresitas) y sobre González (Mogán) o Telde. Del malestar en las bases de Fuerteventura con los resultados de la negociación.

 

En realidad, no se olvidaron. Es que nunca la han hecho. Bien porque las victorias nunca dejaron hueco a ese ejercicio bien porque lo han practicado muy poco pues ya se encargan algunos desde dentro de no desestabilizar y alterar los mecanismos de control.

 

¿Autocrítica de la derecha y del pseudonacionalismo insularista?  ¿No les parece demasiado pedir? Para ambos, hay otra argamasa que les une y resulta más importante y más rentable.

 

Así le va a Canarias, las “desafortunadas”.

 

 

 

Demagogia: Halago de las pasiones de la plebe para hacerla instrumento de la propia ambición política.

Inhumano: Falto de humanidad, cruel.

 

 

DEMAGOGIA INHUMANA DE UN PRESIDENTE

Gregory Santos Cristo

 

         Ha sido la diputada socialista por Gran Canaria, Carolina Darias, la que ha que mejor ha calificado las declaraciones del presidente del Gobierno de Canarias a propósito del naufragio días pasados de un cayuco a cien millas del suroeste de Tenerife.

 

         Paulino Rivero, en su enésimo alarde de antisocialismo, responsabilizó al Gobierno español del “drama colosal, ante el que no valen excusas”. Añadió que “cruzados de brazos es cómo no vamos a evitar dramas así”. Y remató: “Quiero dejar claro que no nos vamos a callar”.

 

         Darias, después de advertir que el presidente todavía no está impuesto de su nuevo rango institucional, calificó de “demagogia inhumana” las afirmaciones de Rivero. Tiene toda la razón. El significado de ambos términos es aplicable a las palabras de quien, como otras muchas figuras de su formación política (CC), politiza la tragedia humanitaria que es el fenómeno de la inmigración irregular por vía marítima hasta los extremos que haga falta. Sin respeto y sin rubor.

 

         No ha entendido Rivero todavía que el tratamiento de ese fenómeno debe estar al margen de la pugna política. No recuerda -o no sabe- el presidente que su partido suscribió en el Parlamento de Canarias un “Pacto por la inmigración”. Y no quiere entrar en la vía racional de abordar los problemas desde la cooperación interinstitucional.

 

         Prefiere la confrontación. Aunque haya pérdida de vidas humanas de por medio. Y responsabilizar de esa pérdida a los socialistas. Es demagogia, es instrumentalizar sus ambiciones políticas apuntándose a un discurso facilón y carente de humanitarismo. No se acordó Rivero ni de los efectivos de Salvamento Marítimo que arriesgaron sus vidas para salvar las de los náufragos en condiciones marítimas muy desfavorables.

 

         Paulino Rivero acreditaba así, casi en su estreno del cargo, la incapacidad política para ser consecuente con esa mano que dijo tener tendida hacia los socialistas. Un periódico grancanario se apresuró a interpretar el pretendido gesto y ya comprobó que una cosa es predicar y otra, dar trigo.

 

         En el fondo, Rivero, con esas declaraciones, con esa “demagogia inhumana”, refleja la esencia del nacionalismo, aunque como en el caso del canario, su carencia de sustrato ideológico es manifiesta. El nacionalismo es colisión, enfrentarse a alguien, buscar un enemigo para justificar su razón de ser. Y luego habla de exquisito equilibrio. Precisamente uno de los que más ha alentado el pleito o ha propiciado que una de las vértebras de su organización política (CC), la de la provincia oriental, haya quedado resquebrajada, aunque todavía sobrevivan personajes grotescos como Barragán.

 

         El presidente de Canarias debe haber aprendido que por ese camino conducirá su gestión y a su gobierno a otro naufragio político. Tiene derecho a escoger sus enemigos. Hay pruebas sobradas de que con los socialistas no quiere compartir ni los cortaditos en el “Mencey” o los frutos secos de los aviones. Pero de ahí a hacerles culpables de tragedias como las del pasado miércoles, cuando todavía los profesionales de salvamento marítimo luchaban denodadamente para salvar vidas humanas y el dispositivo de respuesta funcionaba a plenitud, media un trecho.

 

         El trecho de la realidad y del humanitarismo.

 

 

 

Si no se hablara nunca de una cosa,

sería como si no hubiese existido.

(Oscar Wilde).

 

LAS COMPONENDAS DEL REGIMEN

Gregory Santos Cristo

 

Se quejaban los pactistas canarios -en realidad se habían puesto de acuerdo hasta en eso- de que el candidato socialista, Juan Fernando López Aguilar, les insultaba. Es más: fue esa la razón principal que esgrimieron los supervivientes de Coalición Canaria para ser consecuentes con lo que venían tramando desde enero con el Partido Popular -al mismo que desecharon por razones obvias allá por la primavera  de 2005-, es decir, vamos a ponernos de acuerdo, cueste lo que cueste, porque este socialista que viene con criterio y cátedra es capaz él solo de desmontarnos el chiringuito.

 

         En la precampaña -sólo ensombrecida por aquel descubrimiento de un plagio que nunca existió- y en las semanas previas al 27-M se pudo comprobar. Mientras López Aguilar empleaba una dialéctica implacable frente a la corrupción y los malos gobiernos, la sociedad canaria empezó a percibir que la alternativa era sólida e iba en serio. Los adversarios temblaban. Nosotros (CC y PP), que nos quisimos tanto, que hemos hecho del territorio y de los servicios una finca, no podemos permitir que este sociata nos deje fuera de juego.

 

         Lo demás, ya es sabido. Besos, abrazos y plácemes en las derechas canarias. El empresariado respiró aliviado. Una escenificación adecuada y el tiro de gracia que queda para la investidura.

 

         Allí provocaron sin reserva. Claro que el candidato socialista lo sabía y cayó en la trampa. El aspirante a la presidencia causaba una paupérrima impresión: acostumbrado a los plenos de El Sauzal, sin tablas, sin calado y sin mensaje, en la tribuna parlamentaria anticipó cuál iba a ser el nivel de su gobierno. Conscientes de que la cosa había ido mal, los estrategas de las derechas, incluidos los asesores mediáticos, reunidos de urgencia, advirtieron que Juan Fernando se iba a dar gusto en la réplica, así que tramaron, como otras tantas veces, el golpe de efecto a seguir.

 

         En efecto, tras la contundencia argumental de López Aguilar, tiraron por la vía del tedio alargado y la provocación. Dio resultado. Dejaron veinte minutos al portavoz socialista para replicar a casi tres horas de la insoportable levedad de Paulino Rivero, trufada de los “imaginativos” complementos de Barragán y Zerolo que llegaron a colar en el debate cómo la grúa municipal se llevaba el coche oficial del presidente del Cabildo Insular de La Gomera y miembro del Parlamento. ¡Qué nivel!

 

         Pero lo mejor estaba por llegar: la oposición descubre, papeles en mano, que antes de la votación, ya había sido enviada al Palacio de La Zarzuela y a La Moncloa la certificación  del acuerdo con el resultado de la investidura.

 

         En ese momento, aunque poco se haya reparado en ello, el discurso de López de Aguilar cobraba toda su legitimidad, ponía de relieve que cuanto ha venido diciendo de trampas, componendas y manipulaciones era verdad. Los posteriores golpes de pecho de Antonio Castro, las comisiones de investigación reclamadas por José Miguel González y las llamadas a minimizar el impacto hecho por el ‘staff’ de las derechas con llamadas urgentes a directores de medios no menguaban el escándalo. Al revés, otorgaban la razón al candidato socialista que comprobó, en sangre propia, cómo en Canarias la política alcanza tales niveles de surrealismo.

 

         O sea, que todos aquellos que acusaron a López Aguilar, que le reprobaron los que consideraban insultos -como si ellos fueran un modelo de pulcritud dialéctica y formal-, acreditaban en vivo y en directo que son capaces hasta de jugar con un debate parlamentario. ¡Qué nivel!

 

         Seguramente, quisieron continuar aquel episodio de la censura a Jerónimo Saavedra (marzo de 1993, cuando el insularismo se trocó en régimen político). Una sentencia judicial presumiblemente impedía el voto de uno de los parlamentarios censurantes. Saavedra miraba desesperadamente a los suyos que aguardaban el fax con la comunicación y que hubiera impedido o condicionado el voto del condenado. ¡Insólito! Todos los faxes del Parlamento de Canarias estaban bloqueados: la sentencia nunca llegó. El diputado en cuestión votó y Manuel Hermoso -a quien Saavedra había “indultado” al promover la retirada de una denuncia judicial en su contra- accedía a la presidencia.

 

         Los mismos. Eran los mismos. Censurantes entonces, derrotados en las urnas ahora. Esta vez, con un objetivo común: aniquilar a quien tenía la lección bien aprendida y estaba dispuesto a poner en solfa el régimen que desde aquella primavera quedó instaurado en las islas.

 

         Y que a este paso, parece que no hay quien lo tumbe.

 

 

 

EL PATETISMO DE MARCOS BRITO Y LA INCERTIDUMBRE DE COALICION CANARIA

Gregory Santos Cristo

Cuando un político es incapaz de reconocer que ha llegado su hora, que a todos, en la vida, nos llega el momento de la retirada, mal político es. Después de tanto tiempo en ejercicio, después de varias derrotas, después de tanto ambicionar poder, hay que saber aceptar los designios de un pueblo, probablemente cansado de cierto estilo de hacer política en el que, como nota predominante, figura la producción de encono y crispación.

 

         Marcos Brito Gutiérrez, ex alcalde del Puerto de la Cruz, no se ha dado cuenta de que el pueblo no le quiere, de que ha perdido en las urnas. Era la sexta vez que se presentaba como candidato en democracia -su pasado franquista y otra alcaldía en ese régimen es un accidente como otro cualquiera- y cosechó su quinta derrota (sólo ganó, en minoría, en el año 2003).

 

         A partir de la noche del 27-M, mientras escuchaba abatido doblar las campanas de la Peña de Francia, cada acto de Brito, cada comparecencia pública suya, han sido las patéticas demostraciones de un político derrotado que se resiste a admitir la situación, a dejar paso a otros más jóvenes y a sumir el papel de un ex que, tan solo por veteranía, debería ser más digno.

 

Pero no. A Marcos Brito le reconcome la derrota, la inapelable derrota en las urnas. Convencido de que el Ayuntamiento iba a seguir siendo su predio, seguro de que en el ámbito interno de su organización local no habría quien le tosiera, el político oriundo de El Hierro, que soñaba con superar por mayoría  a los socialistas y arrinconarles en su feudo histórico, aquellos resultados, que significaban un duro castigo de los electores teniendo en cuenta que concurría a la reelección como alcalde, quebraron sus delirios de grandeza y aceleraron los estertores de su trayectoria política.

 

 

Una treta estéril

 

Y así se apoderó el patetismo de su oronda figura. Hizo todo lo posible antes del pleno de elección de alcaldesa para impedir el pacto entre PSOE y PP. Un pacto que él mismo y otros compañeros de formación política habían auspiciado durante el mandato anterior, con un comportamiento insolente que Eva Navarro y unos pocos leales a ésta no perdonaron. Sabiéndose directo responsable, intentó una jugarreta de última hora: retirar su candidatura a favor de la de Sandra Rodríguez. Se trataba de que él seguiría en el Ayuntamiento tutelando el gobierno y las decisiones. Pero aquella treta, en el fondo una falta de respeto a sus correligionarios y a sus electores, también le salió mal.

 

Tras el pleno, estrenó su condición de ex en el mismo salón de sesiones con un mitin deplorable. Algún medio que grabó la intervención se negó a reproducirla, haciéndole de paso un favor. Otros periodistas se limitaron a sonreír. Ni el tono ni las formas gustaron a un enviado especial de su partido. Otros militantes y personal de confianza que empezaban a degustar, con más realismo, el sabor amargo de la pérdida electoral, bajaron la cabeza.

 

         Después, preparando en solitario el futuro inmediato de su situación político-personal, lejos de hacer autocrítica y ganarse el respeto de quienes deben valorar su experiencia, prefirió pasear su patetismo por la pantalla terráquea y algún otro medio radiofónico donde inspiraba más bien lástima.

 

         Decía que “sólo” había perdido por 300 votos y que él no tenía problemas con el Partido Popular (un sector del cual que aún se reúne en un hotel de la ciudad le apoyó sin reservas, olvidándose del gran daño que Brito le ha causado a ese partido en el pasado), de modo que él estaba dispuesto a volver a gobernar. Sin darse cuenta de que había perdido las elecciones y que la representación del PP, la que quiso el pueblo, no le acepta.

 

Recelos y destemplanzas en Coalición Canaria

 

Mientras eludía la realidad, el ex alcalde portuense trataba de superar los primeros fríos de una nueva estancia en la oposición sin darse cuenta de algunos hechos políticamente llamativos. Por ejemplo, socialistas y populares reafirmaban su alianza con elementos y nudos prosaicos (léase áreas de poder, despachos y sueldos). Otro: el malestar se había desatado en el seno del nuevo Grupo Municipal de Coalición Canaria, algunos de cuyos componentes discrepan y recelan abiertamente de los manejos autoritarios y unipersonales de Sandra Rodríguez y Juan Carlos Marrero. Y uno más: la larga sombra de Milagros Luis Brito -reforzada con los descontentos de quienes no fueron en la lista, familiares y críticos cansados de los manejos de Brito, Rodríguez y Marrero así como de las bochornosas sesiones de la pantalla terráquea-  empezaba a proyectarse sobre el comité local.

 

         El pleno de organización del Ayuntamiento fue otro punto de inflexión. Brito probó de su propia medicina. Y se disgustó -en realidad pilló un cabreo monumental y empezó a soltar exabruptos dignos de la pantalla terráquea- con los titulares del día siguiente que destacaban la reducción de los sueldos de los miembros del gobierno. En la sesión, llegó a apelar al Reglamento de Organización y Funcionamiento (ROF): él, que mandó a callar al secretario en más de una ocasión; él, que no quería saber nada de reglamentos ni de informes técnico-jurídicos; él, que tocó a rebato a sus leales para intimidar a los socialistas, era quien se refugiaba en los preceptos reglamentarios para tratar de exponer sus argumentos.

 

         Ya su patetismo avanzaba sin control. Sandra Rodríguez hacía esfuerzos para amortiguarlo. Pero Marcos Brito reaccionó con la convocatoria de una rueda de prensa. Llamó a su Grupo, cuyos componentes aparecen con rostros desencajados en la fotografía y en la pantalla terráquea. Y allí, en una larga perorata que aburrió a los informadores, le echó culpas a quien fue su jefe de prensa por no haber proyectado adecuadamente la cantidad de cosas que hicieron, insinuó tratamientos favorables al gobierno en los titulares alusivos al pleno, criticó el clientelismo que viene sin acordarse del que él practicó con generosidad, continuó descalificando las primeras decisiones de Eva Navarro y reprochó los personalismos de quienes encabezan el pacto... hasta dar a entender que todo es posible en el Puerto. Es decir, que él se resiste a dejarlo y si puede censurar, censura.

 

Un cartucho quemado, a la espera de ‘milagros’

 

         Era, en efecto, una foto, una expresión de patetismo. Francisco Ayala, columnista de ‘El Día’, poco sospechoso, escribió en cierta ocasión que “Marcos Brito es un cartucho quemado”. La frase -que no gustó naturalmente al político- resulta muy apropiada para alguien que no acepta que ha sido castigado; que sólo ha ganado una -en minoría- de las seis veces que ha sido candidato; que sigue creyendo que sus métodos -descarada manipulación radiotelevisiva incluida- son válidos para captar a la gente y que no se da cuenta de que el mejor servicio que puede prestar a los suyos y a los portuenses es dar el paso al costado.

 

         Porque con él en activo, el panorama de Coalición Canaria en el Puerto de la Cruz se torna muy incierto. Con la hostilidad de una parte de la asamblea y con el Grupo Municipal receloso nada más arrancar el mandato -situación que se agravaría si Sandra Rodríguez y Juan Carlos Marrero se incorporan a otros destinos políticos o profesionales-, la estancia en la oposición -que tiene como primer y casi único objetivo desestabilizar la actual alianza de PSOE y PP- puede ser bastante dura.

 

         Por eso, en algunos círculos coalicioneros, se repite que hacen falta ‘milagros’ para levantar esto...

 

 

 

PUERTO DE LA CRUZ, INCOGNITAS DE UNA EXPERIENCIA

Por   Gregory Santos Cristo

 

         Cuentan que algunos teléfonos móviles tuvieron que ser apagados, ante tanto acoso, ante tanta presión. Dicen que el mismísimo Acebes —otras fuentes citan a Zaplana y a Soria— contactó con Eva Navarro para disuadirla del apoyo que había comprometido a Lola Padrón. Pero la Navarro no cedió: “Está todo dicho, ya conocen las condiciones, y la negociación con el PSOE no ha podido ir mejor para nosotros”, es probable que haya transmitido a sus jefes después de haber recibido alguna advertencia, más o menos velada, de que podría ser expedientada.

 

         Eran las últimas horas de las vísperas de la constitución de la nueva corporación municipal del Puerto de la Cruz. Por la mañana, Cristina Tavío lo había intentado, casi a la desesperada, después de haber comprobado que la alianza CC+PSOE en Los Realejos no tenía marcha atrás, temeroso Oswaldo de que Manolo Domínguez siguiera creciendo y necesitado Vicente de tocar poder para recuperar posiciones.

 

Pero la presidenta insular del PP se llevó nuevamente calabazas. Javier González Ortiz, uno de los principales dirigentes de la ATI, se convirtió en cabeza invisible para sus compañeros del Puerto de la Cruz a cuyas insistentes llamadas telefónicas no respondíó. Triste: les habían dejado solos. Ni siquiera la postrera decisión de Marcos Brito salvaba los muebles y propiciaba una solución de emergencia consistente en renunciar a su candidatura durante el pleno a favor de Sandra Rodríguez. Ni por esas. El discurso que le habían preparado a su fiel discípula para la ‘abdicación’, que debía servir como investidura, empezaba a dormir el sueño de la frustración. Lo que pudo haber sido y no fue.

 

         En el PSOE, los nervios apenas podían ser contenidos. Las negociaciones eran una auténtica incógnita, con vaivenes diarios, casi por horas, con muy pocas personas manejando la información de lo que pasaba realmente. Ni los concejales electos sabían a ciencia cierta qué iba a pasar. La inexperiencia de la mayoría agravaba las cosas. Al filo de la medianoche del viernes, en medio de un mar de rumores interesados,  informaciones y contrainformaciones, con los teléfonos móviles recargando baterías, algunos perdieron los nervios y hasta hubo lágrimas. Creían que todo se había esfumado. Sin embargo...

 

Empresarios perdedores, agentes ganadores

 

Llegaron a ser, en efecto, unas vísperas angustiosas. A últimas horas de la tarde del viernes 15, miembros del gobierno de Coalición Canaria (CC), con despacho en el Ayuntamiento, empezaron a recoger sus documentos y pertenencias personales. Era una señal de que ya no había nada que hacer, pese a que Brito y Sandra Rodríguez seguían maquinando. Los tres todopoderosos empresarios que habían apostado firmemente por ATI, en notable discrepancia con otros sectores como los comerciantes, pequeñas y medianas empresas, colonias híndú y marroquí, ya habían agotado toda su capacidad de maniobra.

 

         La cuestión era Brito. Ante la firmeza de Eva Navarro, el ex alcalde, derrotado en cinco de las seis ocasiones en que encabezó la candidatura de los insularistas, sabía que había llegado su hora. Lo entendió en la noche del 27-M, mientras doblaban las campanas de la Peña de Francia. Pero le costaba dar el brazo a torcer. El, el neocaudillo, el que arrebató el poder histórico a los socialistas, el que presumía de brillante gestión... tenía que doblar la rodilla. Era un púgil noqueado.

 

Dos opciones, ninguna solución

 

         Así las cosas, siguió urdiendo todas las maquinaciones posibles para seguir con las riendas. La única luz que alumbraba era que las negociaciones entre CC y PP, a escala regional, iban por buen camino. Entonces, se planteó los escenarios: desde una moción de censura, tal como ya experimentó contra Salvador García en el año 1995, después de haberse abstenido en la investidura; hasta una renuncia pactada, de modo que Eva Navarro también abandonase la corporación.

 

         La primera era arriesgada. Demasiado pa’ los portuenses que siguen sin olvidar aquel episodio de la “toma de la Bastilla” ranillera del 14 de julio y que a la larga sólo serviría para poner a prueba las males artes de Marcos Brito que descabezó al Partido Popular y terminó gobernando en minoría sin dar las gracias a los socialistas que no quisieron devolverle la censura.

 

         Incursionó la otra opción. Brito renuncia a su candidatura a favor de Sandra Rodríguez. ‘Abdica’ y deja el camino llano para la solución que él llama “pacto natural”. Iba a procurar que el PP convenciese a la Navarro pero si no, aceptaba igual. Eso sí: él se quedaba como concejal. A tutelar, a vigilar, a gobernar en la sombra.

 

         Le confió la solución a unos pocos. Consultó a funcionarios en qué momento podía hacer efectiva la renuncia y cuando le informaron de que en el mismo pleno, pareció detectar luz en el túnel. Los servicios de contraespionaje del PSOE advirtieron la maniobra a media mañana del viernes, apenas veinticuatro horas antes del acto formal de constitución de la nueva corporación. Pero en la dirección local seguían a su bola, confiando en que Eva Navarro no se echaría atrás.

 

         Le empezaron a escribir un discurso a Sandra Rodríguez. Por si, de rebote, podía convertirse en la primera alcaldesa del municipio y aguar la fiesta a Lola Padrón. El problema era que en Los Realejos no había marcha atrás. Y que González Ortiz, como otros dirigentes insularistas, permanecía desentendido del problema, de la alianza imposible. De la alianza que abominaban en la “pantalla terráquea”.

 

Frenesí en el PP

 

         Mientras, en el Partido Popular, las horas pasaban lentas. Maite Huete, una activista colaboradora de Eva Navarro, era la más convencida del pacto con los socialistas. Luis Miguel Rodríguez, después de hablar varias veces con Sandra Rodríguez en los días previos a la elección de alcaldesa, se sentía seguro, fuese cual fuese la solución final. Volvería al Ayuntamiento y gobernando.

 

         Eva, Maite y Luis Miguel desoyeron algunos cantos de sirena. Incluso los que provenían de algún periodista. Los antecedentes eran claros: no podían ahora hacer tabla rasa de los insultos que recibió la Navarro en plenos del mandato anterior; habían condenado por activa y por pasiva, hablando incluso de corrupción, el caso de transfuguismo protagonizado por Luis Gómez; llevaron la peor parte en un subproducto televisivo de aparición semanal en el que participaban miembros de su partido y tenían muy presente la expulsión del gobierno que Brito había decretado. Era Eva Navarro la que temía una reedición de esos hechos, en caso de volver a pactar. “Si lo hizo una vez, ¿quién garantiza que no repite, pretextando cualquier cosa, aunque sea mentiras”, comentó a Huete y a unos empresarios afines sorprendidos por su firmeza.

 

         Había cumplido: inició conversaciones con Lola Padrón, escuchó sus condiciones y las trasladó al comité ejecutivo de su partido, donde, por notoria mayoría, arranca un acuerdo de pactar el gobierno con la mayoría minoritaria del PSOE. Puso el ejemplo de Güímar para fortalecer su posición, contestada por unos pocos militantes, precisamente los que presumían de haber votado a Marcos Brito y no fueron capaces de defenderla cuando los graves incidentes de los plenos en que ella fue vejada y humillada

 

Eva, artista y protagonista

 

En el acuerdo arrancado, el PP se quedaba con la primera tenencia de alcaldía, la concejalía de urbanismo y el área de servicios sociales. No eran, desde luego, unos malos resultados.

 

         Tenía pues Eva Navarro todas las papeletas para ganar. Había tomado la iniciativa. Así se reflejaba en las informaciones de prensa. Y así se consumó en el pleno, donde a la última carta de Brito, su “carta mala”, su “dos de lo virado”, respondió con el voto favorable a la investidura de la Padrón. Ahí, para sorpresa de su compañero Pedro González, que subía las escaleras hacia el pleno seguro de que la solución iba a ser otra,  le dio el estoque a un Marcos Brito apabullado que reaccionó como lo hacen los perdedores: con un mitin tan patético como apocalíptico que no se creyeron ni sus más leales seguidores que aguantaron estoicamente la perorata de su debilitado líder a la salida del pleno.

 

         Eva fue la gran protagonista, la ganadora indiscutible. Fría y dulce fue su venganza. En el surrealismo que predominó en el caluroso mediodía del sábado 16, hasta los militantes socialistas vitorearon su nombre, “¡Eva, Eva...!”, entremezclándolo con el de “¡Esa, esa, esa, Lola alcaldesa!”.

 

Las penurias de Coalición... y de Brito

 

         Coalición Canaria sigue sin hacer la digestión de la pérdida del poder. El desespero del personal de confianza era mayúsculo. Alguno reclamó la antigüedad, veinticuatro horas antes de cesar. Algunas diferencias internas afloraron: el exceso de poder de Sandra Rodríguez, por ejemplo, no era bien visto ni aceptado entre los nuevos. Otros electos rediseñaban sus planes personales de futuro. Mientras Brito paseaba su patetismo por algunos medios de comunicación, llegando a afirmar en un caso que él había ganado las elecciones (¡!), se fraguaba una movida interna que no se exteriorizó, pese a todo, en una asamblea celebrada en la sede días pasados.

 

         Marcos Brito, por cierto, no puso broche de oro a su trayectoria municipalista. Político a la vieja usanza, obcecado con el poder ejercido a su estilo de orden, mando y paso factura, intentó una jugarreta de última hora que constituyó una falta de respeto a sus votantes. Después de intentarlo seis veces, después de ufanarse de haber sido un gestor de primera, después de haber recibido un castigo de los electores -perdió unos novecientos votos en relación con el 2003- va y renuncia cuando ya había sonado la bocina de la derrota. No es de recibo, Brito, no. Los electores no se merecen eso ni entienden de componendas para seguir aferrado al poder. Muy pero que muy mal esa cabriola final que empaña su hoja de servicios municipalistas.

 

Entre bisoñez e incertidumbre

 

         Pero la pelota pasa ahora al tejado de los socialistas. Primero, porque es un pacto que va a ser mirado con lupa y objeto de desestabilización permanente desde el visible contrincante CC y los medios y empresarios afines. Y segundo, porque la bisoñez de sus dirigentes, unida a la marginación de quienes han sido sus cabezas visibles durante la última década, son un handicap para controlar las previsiblemente difíciles situaciones.

 

         Mientras tanto, el Puerto de la Cruz, aquejado de tantos males que tienen acogotado su desarrollo futuro, asiste a un nuevo escenario político donde empieza a representarse una obra de muy incierto final. En los preliminares, nervios, incertidumbre, frustraciones, dolores y alegrías efímeras. Ahora, falta saber si los derroteros de tragedia se imponen y el drama sigue condicionando el porvenir de un municipio que tiene que competir.

 

         Y parece que unos y otros, todos,  no se han dado cuenta.