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LAS TERESITAS VERSUS GRANADILLA

El expolio de Canarias

         No es nueva la afirmación de de que todos los caminos conducen a Granadilla, pero habría que preguntarse si el modus operandi  de Las Teresitas se repetiría en el caso del puerto de Granadilla y todos los terrenos adyacentes.

            Todo parece apuntar a que supuestamente se repetirían idénticos esquemas, tanto en el sentido relativo al manejo de información privilegiada como al diseño de planes urbanísticos al efecto. También en lo que a unión, al menos circunstancial de intereses entre los elementos pertenecientes a las tres fuerzas políticas mayoritarias en Canarias, desde Cejas hasta Llanos, pasando por la práctica totalidad de Coalición Canaria.

            Todo podría corresponderse con un elaborado plan preestablecido que partiendo de las enseñanzas que en su día aportó la operación del Aeropuerto Reina Sofía y sus efectos en el urbanismo sureño, trataría de superarla con creces.

            Al no contar con un desgraciado accidente como el tristemente famoso de Los Rodeos, había que montar toda una campaña que justificase todo el desmantelamiento del puerto santacrucero.

            Se comenzó entonces con las campañas desinformativopublicitarias en la prensa referentes a la saturación del Puerto de Santa Cruz, a lo antiestético de unos contenedores apilados al efecto para reclamar la conexión puerto-ciudad.

            A la par, cual tablero de ajedrez, se distribuía por parcelas la futura explotación de la forzada reconversión portuaria, a la vez que se trataba de incluir a la población so pretexto de recuperar el mar para la ciudad y la promesa de playas paradisíacas en el mismo centro de la urbe.

            Se compraron terrenos en todo el entorno del puerto, tanto destinado a naves industriales que suplirían a muchas de las existentes en el extrarradio santacrucero (puestos de trabajo incluidos) con promesas a empresas sobre su futuro primordial, cuando no como aval para abrirles el paso a su instalación en las islas.

            Lo mismo sucedió con el terreno destinado a viviendas, el cual se vio rápidamente revalorizado por las expectativas de crecimiento poblacional que el puerto auguraba. En este sentido, hasta ha salido publicado en prensa que Zerolo ha sido dueño de innumerables metros cuadrados de terreno en esa zona.

            Pero todo comenzó a torcerse con el despertar de una ciudadanía que harta de tanto latrocinio y de la destrucción de su isla en operaciones sin escrúpulos que jugaban inclusive con su futura económico, desembocó en el movimiento social más importante que ha generado la ciudadanía tinerfeña, recuperando el uso del vilipendiado y prostituido nombre de la isla para sus habitantes, cansados ya de su uso en pro de los intereses de un determinado grupo político y de los intereses de unos cuantos que hacen confundir sus intereses y los ataques que les hacen a ellos con ataques a la propia isla o a sus instituciones.

            Asamblea por Tenerife paró, y continúa parando hasta el momento, esta gigantesca y multilateral operación, que conjuntamente con el anillo insular y la vía exterior, terminarían de desfigurar la realidad paisajística, turística y ambiental de esta isla.

            Probablemente sólo esta conjunción de intereses en la defensa de la isla la mantenga viva, aunque lo cierto es que con ella o sin ella, el movimiento ciudadano está vivo y activo, y en la medida que sea capaz de conjugar los intereses generales, dejando al margen los grupales y personalistas, será capaz de plantar cara a unos poderes muy fuertes, que ahora con la excusa de la crisis del ladrillo, tratarán de jugar fuerte en pro del cemento y el dinero fácil, en vez de buscar nuevas vías de desarrollo más reales y no reincidir en las burbujas especulativas que nos están abocando a esta situación.

            Para ello se presenta como fundamental el incidir en todos los frentes, desde la unidad en la actuación, movilización y resistencia civil, hasta las vías judiciales, penales incluidas.

            Esta supuesta trama debe aflorar con todas las aristas que se dejan entrever y terminar de limpiar la actividad política y pública de estas islas. No en vano, Las Teresitas y las operaciones similares en Gran Canaria (de las que por cierto los grancanarios y su prensa han informado y no han culpado al poder Chicharrero de don Pepito y sus adláteres) han venido a significar toda una profilaxis en los modos de actuar de muchos políticos y técnicos que a partir de ahora se cuidarán mucho, al menos en las formas, pues la época del “todo vale” se ha acabado, y saben que algún coste social y personal tiene, al margen de cómo desemboquen los procesos judiciales abiertos.

            Lo cierto es que los que pretendían combinar el latrocinio de guante blanco con la apariencia social y de señorío, son conocedores de que ya buena parte de la sociedad los considera cualquier cosa menos señores.

            ¿Por qué tenemos que pensar los ciudadanos que los que han actuado de una determinada manera en el caso de Las Teresitas únicamente lo han hecho en esa operación y en el resto lo han hecho de manera pulcra e impoluta?

 

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