carta

Carta del marido de una maestra 

cabreado con Rivero y con la Enseñanza

             A quien le pueda interesar

            Soy el marido de una maestra. Sí, no estoy casado con una mujer, sino con una maestra. Y les voy a decir por qué:

            Cuando llego a casa dejo atrás la oficina y no quiero ni oír hablar de mi trabajo hasta el día siguiente y a ningún colega con el que me vaya a tomar algo se le ocurre hablar del curro y menos aún de lo que podemos hacer al día siguiente.

            Si quedamos a comer con las familias de mis compañeros ni se les ocurre a ellos  ni a sus mujeres hablar del trabajo ni de lo que están haciendo en él, salvo que concurra la circunstancia de que alguno tenga una mujer en las mismas desdichadas circunstancias, pero como son minoría, unas simples miradas de reprobación resultan ser suficientes.

            Cuando lo hacemos con familias de los compañeros de mi mujer, los pocos que no somos maestros no sabemos dónde meternos, y si los dos miembros de la unidad familiar lo son, entonces ya no hay escapatoria, te enteras del último claustro que tuvieron, de lo que están haciendo y de no sé qué reuniones o cursillos más.

            Porque esa es otra, cuando yo hago formación, la empresa me envía a cursillos en mi horario y remunerados, pero no, mi mujer se tiene que meter cursillos de 4 días a la semana a 3 ó 4 horas por día más el traslado y vuelta, y yo venga a cuidar sólo a los niños o cuando no a pedir favores o pagar porque me los cuiden si no puedo.

            Y después viene lo de trabajar en casa. Vale que la mujer se libere y uno tenga que repartir las labores de la casa en igualdad de condiciones. Pero no, ella me dice: “cariño, ocúpate de los niños que tengo que preparar las clases”, o “mira prepara el potaje para mañana que estoy corrigiendo unos ejercicios”.

            Pero dónde se ha visto eso, y encima le dan las 12 o la 1 sino más a veces, y tú de amo de casa encargándote de casi todo. Muchos pensarán que soy un calzonazos, pero se equivocan, lo que me sucede es que estoy casado con una maestra y con una clase a la que ni siquiera conozco, aunque de oídas los podría renombrar a casi todos como si los hubiese parido ella.

            Y ahí no queda la cosa. Después cuando salgo a comprar el periódico, otra vez: “cariño (“pal jodido trabajo todo son cariño …) puedes traerme un pilot azul y otro rojo, o un papel cebolla y un pegamento imedio, cuando ya me exaspera al decirme: “cómprame la revista maestra de primaria”. Pero dónde se ha visto que alguien gaste parte de su sueldo en chorradas para su trabajo. Ni que  trabajará  en una ONG, al menos así me parecería bien.

Y cuando cabreado se lo dices, te responde que tienes que estar formada, como si tú fueras un informal. Y entonces se arma la bronca y me contesta que le pagan por trabajar no sé si unas 7 ó 9 horas en casa. Pero si tú lo que haces son horas extras sin remunerar, y de 7 nada, que yo me tengo que ocupar hasta de que los chicos se bañen y hagan la tarea cuando la maestra es ella, y cansado ya de esperar a ver si cae algo, o me duermo, o me tengo que aguantar la copla de. “es muy tarde y mañana tengo que trabajar con mis niños”. Y yo me pregunto si ahora le pagan por dar clases a sus hijos.

Los gastos en casa no quedan ahí, no se crean. Me hizo comprar un ordenador con la excusa de que era necesario para que los niños (esta vez sí se refería a los suyos) adquirieran conocimientos. Me hice ilusiones, podría ver el Marca o los periódicos, pero no, los niños es cierto que lo usaban, pero cuando quedaba libre me espetaba: “Cariño no, tengo que buscar material para preparar las clases, o hacer una ficha o un informe, o yo que sé qué cosas más”. Y encima a pagar la luz, la tinta, la impresora, los folios, la conexión a internet de banda ancha para que lo emplee en su dichoso trabajo, que a estas alturas ya se pueden imaginar hasta dónde me tiene.

Y ustedes podrían pensar: “¡vaya joyita que te tocó por mujer!” Yo les aseguró que al principio pensaba igual, pero a medida que he ido conociendo a otras neuróticas compañeras suyas, me he dado cuenta de que la mayoría son así, y pobre de la que no lo sea, porque la ponen a caldo y le dan dos tazas. Cualquiera que tenga relación familiar o de amistad cercana a una maestra sabe que no miento, que son así en su inmensa mayoría, a lo sumo puede que no den con un marido tan sufrido como yo reconozco ser y entonces duermen menos aún que la mía.

Y en esto aparece en escena una señora, muy gritona ella, que pretende decir que los maestros deben de trabajar más. Y entonces mi cabreo es mayúsculo. Pues que le compren un marido para que les haga todo, que yo dimito. Y encima les culpa de todos los males de la enseñanza, del niño que insulta a un anciano por la calle, del que rompe una farola a la que ella pretendería abrazarse, y de que el niño no estudie lo suficiente. Vamos, que la culpa es de mi mujer por no dedicarles un ratito en su casa a ponerles los codos sobre la mesa a sus alumnos, leerles lo que dice el libro y repetírselo hasta la saciedad a ver si así se les queda algo. Porque digo yo, por muy mal que lo haga mi mujer en su trabajo, algo tendrán que hacer los niños y sus padres en casa y alguna responsabilidad tendrán en eso. Y la señora esta, algo tendrá que ver, alguna responsabilidad tendrá. ¿Y los que pasan más tiempo hoy en día “educando” a los niños (tele, internet, videojuegos, películas violentas, padres, políticos más empeñados en la apariencia y en ganar elecciones para continuar subidos en el machito, promoción de la vida fácil que diría el juez Calatayud, …)  no tienen ninguna responsabilidad ?

Cuando me estaba reponiendo del cabreo apareció un chikilicuatre cualquiera a superar en sandeces a la señora esta, para colmo delatándose en su apoyo a la enseñanza privada y pretendiendo llevarnos al sistema americano en el que un hijo de una persona media tiene que estar hipotecado el resto de sus días para pagar su seguro médico privado y poder enviar a sus hijos a una mediocre y mediana universidad.

Miren, yo trabajo en una empresa privada, creo que responsable y profesionalmente, pero creo en los derechos básicos fundamentales garantizados a todos los ciudadanos y que estos sean recibidos con calidad. Vamos, que con mi nivel de estudios sé lo suficiente para quererme homologar con el nivel de servicios públicos que tienen los países europeos más avanzados y no empeñarme para el resto  de mis días pagando una educación o una sanidad en condiciones para mis hijos. 

Quizás el chikilicuatre este lo que pretenda sea eso, matar a dos pájaros de un tiro, de una parte, hacer de un derecho fundamental un negocio crematístico más a los que tan acostumbrados nos tiene, y de otra, tener a un pelotón de iletrados manipulables fácilmente con los que poder perpetuarse en el poder tanto él como la oligarquía a la que representa y que están esquilmando a estas islas con la falsa promesa de ser su voz.

Es por eso, que este humilde marido de una maestra dice que basta ya, que no está dispuesto a aguantar más, a ser además de cornudo apaleado, sufrir a una maestra pensando a todas horas en su trabajo, y encima tener que aguantar sus cabreos contra estos dos personajillos por decir o, mejor dicho, insinuar cobarde y puerilmente, que no trabajan y que son culpables hasta de que los chicos no estudien y de que esté nublado por las mañanas.

Sin más, se despide de ustedes un marido cornudo que se niega a ser apaleado.