Viviendo en el extranjero

De la experiencia de vivir en el extranjero podemos enriquecernos de distintas maneras, pero a veces, la cantidad de demandas que supone vivir fuera de nuestro país no nos permite ser objetivos con los acontecimientos, llegando incluso a perder parte de nuestro autocontrol.

Vivir en un país extranjero implica un esfuerzo extra por nuestra parte, de repente nos despojan de la seguridad y tranquilidad de nuestro hogar, de la calidez de nuestra familia y amigos, de la sensación de pertenencia a la sociedad a la que pertenecemos y en algunos casos hasta de nuestra facilidad de expresión y nuestro sentido del humor.

Al principio vivir en el extranjero significa estar constantemente en modo “recepción”, cada minuto requiere de nuestra atención; a veces por el idioma, otras por el aprendizaje de la cultura, o por las nuevas forma de comportamiento, la forma de vestir, incluso las formas de transmitir respeto hacía los demás o hacia el país de acogida. Todas estas demandas requieren de una inversión extra de energía por nuestra parte, y a veces disponemos de ella y de la motivación necesaria para sobrellevarlas pero no sabemos como integrarlo en nuestro “ecosistema”. Esta incertidumbre puede ir minando nuestra autoestima y hacer que lleguemos a dudar de nuestros proyectos e incluso de nosotros mismos.