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Ver también ¡Asamblea Constituyente! Juan Pablo Cárdenas S. FUENTE: elclarin.cl

Ver también:  UN LLAMADO A REFUNDAR LA REPÚBLICA Y ABOLIR LA CONSTITUCIÓN PINOCHET-LAGOS. Por Héctor Vega* FUENTE: fORTÍN mAPOCHO

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''La República en Chile'':

Una crítica visión sobre la remozada Constitución del 80

por Carlos Álvarez (Chile) - viernes 12 de enero de 2007

Ex candidato a Contralor desnuda los componentes filosóficos autoritarios de nuestra orden constitucional y contrapone a ello el ideal republicano. Para él, características centrales de nuestro status son el ''neoliberalismo'' y el ''neopresidencialismo''. Agrega que ''en una sociedad tan desigual como es la nuestra, es importante reconocer los derechos económicos y sociales''
"Por algo en nuestra actual Constitución Política, no está garantizado el derecho a la educación, sino la libertad para elegir donde estudiar; no está garantizado el acceso a la salud, sino que la libertad para elegir en qué isapre o sistema de salud nos atenderemos y no está garantizado el derecho a la previsión, sino que la libertad de elegir una AFP".

                                                  La frase anterior es una de las expresiones que utilizó el destacado jurista, constitucionalista y ex candidato a la Contraloría General de la República, Pablo Ruiz-Tagle, en el contexto de la presentación de su libro "La República en Chile: teoría y práctica del constitucionalismo republicano", de ediciones LOM, cuya autoría comparte con el doctor en filosofía Renato Cristi.
La publicación fue concebida como un trabajo sobre derecho constitucional chileno que pretende distinguir los fundamentos del constitucionalismo autoritario del republicano. También trata de vincular el pensamiento liberal con el republicanismo y es un argumento contra las versiones jurídicas y filosóficas del neoliberalismo.


                                            
Ruiz-Tagle está dedicado ahora de lleno a su trabajo académico, luego de su abortada postulación al máximo organismo fiscalizador del país. En realidad, como dicen sus amigos y compañeros de academia, "está dedicado a los grandes temas de interés nacional, de todos modos, pero desde las aulas". De hecho, el constitucionalista hace en su último libro una fuerte crítica a la estructura jurídico-constitucional heredada de la dictadura militar y califica de "neoliberal" y "neopresidencialista" a la reformada Constitución actual.
                                        
Ciertamente parte de los momentos provocadores del debate organizado para la presentación del libro- que fue comentado por el cientista político Oscar Godoy, el historiador Alfredo Jocelyn Holt y el sociólogo Manuel Antonio Garretón-, estuvieron marcados por la necesidad de generar a futuro un nuevo orden constitucional, que deba ser refrendado en su momento por la ciudadanía. Ni más, ni menos.
                                         
De todos esos temas y de su abortada postulación a la Contraloría, esto último muy escuetamente porque no es tema que le agrade, se ve, habló Ruiz Tagle con El Mostrador.cl.
- Usted se muestra bastante crítico del actual orden constitucional, al que califica de "neoliberal", definiendo así lo que denomina la "Quinta República". ¿Cuales son las características centrales de ese "momento republicano"?

- En que hay una concepción de los derechos que consiste en enfatizar los aspectos de libertad, en los derechos económicos y sociales, reduciéndolo mucho al concepto de propiedad, potenciando este aspecto, y de nuevo reafirmar todavía más el presidencialismo que en la Constitución del 25 ya había sido calificado de demasiado marcado. La paradoja es que en la Constitución que tenemos ahora se refuerza todavía más.

- ¿Una de las esencias de la República tiene que ver con el tema de la representación y la participación, en qué medida esos tópicos están resguardados o no en la actualidad, según su análisis?

-          Con mi coautor lo que hemos querido enfatizar es que haya más formas de participación política, porque eso perfecciona nuestra democracia a nivel de ejercicio del voto, lo que se puede decir sobre la estructura de los derechos, que hayan derechos económicos y sociales. En una sociedad tan desigual como es la nuestra, es importante que haya un reconocimiento de los derechos económicos y sociales.
- Hay sectores que evalúan que los últimos gobiernos de la Concertación habrían cometido un error al avaluar la Constitución del 80, incluso con la firma del último presidente democrático, en su versión reformada y que sería el momento, derechamente de hablar de un cambio constitucional. ¿Qué dice usted sobre eso?

- La verdad es que lo curioso es que la Constitución que tenemos es la más cambiada de la historia de Chile. Por eso nosotros la llamamos la Constitución gatopardo, porque mientras más se cambia, más queda igual. Ya el año 89 tuvo 54 reformas, a la fecha tiene más de 100 reformas constitucionales. Ninguna de las constituciones anteriores tuvo tantos cambios, pero la verdad es que se cambia de una forma que no necesariamente se le democratiza, se le abre, se la hace más compatible con los ideales de la libertad y la igualdad, y sobre todo no se cambia la sustancia dogmática. La parte filosófica e ideológica que está en los primeros capítulos de la Constitución y este libro nuestro es una crítica a eso, a su parte conceptual, de la Constitución, que caracterizamos con los términos de neoliberalismo y neopresidencialismo.

- ¿Se habla de imperfecciones de este modelo de República, eso tiene que ver con como se concibió o con que la clase política no está al altura de los cambios que se necesitan?

- Las dos cosas. Hay una concepción que tiene un fundamento no democrático, que no es republicano, esa es la verdad, y que es lo que se trata de identificar en el libro y también hay una práctica. Una práctica constitucional que no ha sido suficientemente atenta y lo suficientemente decidida para mejorar nuestra Constitución y hacerla más democrática.
- Temas como el sistema binominal, con todos los esfuerzos que se quiera hacer de participación, parecen ser bastante cruciales en esto...
- Por supuesto. Ese es un tema muy interesante. Porque originalmente la Constitución, para que veamos esto de la teoria y la práctica, tenia un articulo octavo que prohibía los grupos marxistas. Decía que cualquier grupo y organización marxista no podía funcionar en el sistema. Estaba excluido. Bueno, eso se cambió, y aparentemente, uno podría decir que ahora estamos felices porque en realidad ya no hay exclusión, pero vemos la exclusión, del mismo modo, expresada en el sistema electoral, que al darle un subsidio a la segunda mayoría, crea una izquierda extraparlamentaria, extrasistema, entonces la exclusión política e ideológica que existió en el inicio, se produce por una técnica electoral. Entonces se ve cómo la práctica y la teoría se juntan para producir el mismo resultado.
- Este desafío grueso que ustedes plantean de repensar una nueva república, incluso se hablo de una nueva generación, ¿qué se debiera hacer al respecto?
- Trabajar duro, hacer discusión académica, leer y gastar tiempo reflexionando sobre eso y no en la farándula. En el estudio y el trabajo de todos los días. Hay mucha gente que está haciendo eso y, aunque no hay, digamos, una unidad, del surgimiento en Chile de muchos centros intelectuales, en distintas universidades y lugares, que tienen este propósito.
- ¿Los sectores políticos aportan a ello?

-          Es más lento el aporte de ellos, pero lo hay también. Hay gente muy importante que se dedica al servicio público, a la vida política y que hace un esfuerzo personal y familiar significativo muy grande. Actualizado ( viernes 12 de enero de 2007 )

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¡Asamblea Constituyente!

Juan Pablo Cárdenas S.

miércoles, 30 de mayo de 2007- FUENTE:  elclarin.cl

El fracaso de la iniciativa de otorgarle voto a los chilenos que viven en el extranjero, cuanto aquella que se proponía modificar el sistema electoral,  reiteran que la actual Constitución no sólo es ilegítima en su origen sino en su mismo contenido. Aunque existe una evidente mayoría que reclama estos cambios, la legalidad pinochetista que todavía nos rige se demuestra exultante en sus trampas y en la imposibilidad de derogarla o modificarla severamente.  

Las enmiendas hechas a este texto durante los largos 17 años de Transición, y que culminaron con la firma de un texto cosméticamente corregido por el Presidente Lagos, sólo indican la incapacidad de nuestros últimos gobiernos para enfrentar a los sectores políticos y grupos fácticos que se favorecen de una normativa antidemocrática. Con mucha razón, hay quienes concluyen que en el oficialismo predominan quienes se sienten cómodos con el sistema binominal, justamente por la excusa que en el Parlamento éste les ofrece para perpetuar el modelo económico, la concentración escandalosa de la riqueza, la postergación de las demandas sociales y la cupularidad de la política.

Con entusiasmo debemos recibir, entonces, la iniciativa de un grupo de demócratas que convocan a la suscripción de un manifiesto a favor de una Asamblea Constituyente que, tal como en otros países del continente, elabore un nuevo Texto Fundamental refrendado por el pueblo. Aunque esta demanda es antigua, esta vez se propone a los ciudadanos que en las próximas elecciones, junto con marcar su voto, anoten “Constitución Democrática Ahora” lo que no invalida el sufragio emitido. De esta forma puede quedar en creciente evidencia una de las demandas nacionales más consistentes, toda vez que los convocantes se proponen exigir la contabilidad de las papeletas con dicha leyenda. Una experiencia similar patrocinada por los estudiantes colombianos culminó con una Constitución que se estima un modelo en América Latina. Imaginamos que universitarios y secundarios chilenos tienen una oportunidad histórica de hacer propia esta iniciativa que, con una nueva Constitución Política del Estado, abra la posibilidad de contar con políticos que representen verdaderamente a la nación y se comprometan con los cambios económicos, culturales y sociales ahogados por el autoritarismo vigente

Lo anterior deberá estar acompañado por la movilización social, la protesta en las calles y la rebeldía cotidiana de los auténticos demócratas. El movimiento “pingüino” las espontáneas manifestaciones en contra del Transantiago y otros tantos eventos nos confirman que, cuando no hay respeto a la soberanía popular, la única forma de estimular los cambios y remecer la inercia culpable de los políticos es manifestarse de muchas y contundentes maneras. De estos pueden dar cuenta los otrora manifestantes contra la Tiranía y que hoy duermen en los laureles de la alternancia de los mismos de siempre, el cuoteo partidario y la corrupción que ya se hace tan impune como muchos de los crímenes de la Dictadura Militar.
Quienes se rotan en La Moneda , en las cámaras legislativas e, incluso, en los tribunales es hora que sientan el desdén ciudadano, la vigilancia de los medios de los medios de comunicación dignos y el repudio de los regímenes democráticos del mundo para sacarlos de la complacencia con el orden injusto que hemos heredado y que ni siquiera la bonanza económica  logra alterar sustantivamente. La propia Presidenta de la República que tan acertadamente fustiga a los “agoreros del pesimismo” debe asumir que después de 17 años y 4 gobiernos del mismo signo la peor manifestación de derrotismo es renunciar a una constitución democrática en su origen y contenido. Definida por una asamblea constituyente y no por un puñado de militares y civiles abyectos.

UN LLAMADO A REFUNDAR LA REPÚBLICA Y ABOLIR LA CONSTITUCIÓN PINOCHET-LAGOS. Por Héctor Vega*
UN LLAMADO A REFUNDAR LA REPÚBLICA Y ABOLIR LA CONSTITUCIÓN PINOCHET-LAGOS. Por Héctor Vega*
En las postrimerías del gobierno de Lagos, la Constitución de Pinochet [1980] sufrió un maquillaje a fondo, sin que nada realmente cambiara. Es cierto, fueron suprimidos los senadores designados, y ya las Fuerzas Armadas dejan de garantizar el orden institucional de la República, así mismo los Comandantes en Jefe pueden ser removidos por el Presidente de la República y sólo éste puede convocar el Consejo de Seguridad Nacional, pero, al igual que otras reformas constitucionales, no fue sino un maquillaje que mantiene incólume las enormes desigualdades en el ejercicio de los derechos fundamentales que consagra el régimen republicano. Baste recordar el deber del Estado de proporcionar un sistema gratuito para la educación secundaria y preparatoria [hasta los 21 años], reforma del año 2003, o la nueva ley de municipalidades de 1997, donde por falta de voluntad política, el sistema llevó a reforzar el negocio de los sostenedores y la inoperancia del sistema municipalizado de educación. Para qué mencionar la nueva ley sobre reforma constitucional que mantuvo incólume los quórum especiales y liquidó cualquier iniciativa de Reforma a la Constitución de Pinochet [2000].
El Transantiago, la crisis de la educación y los abusos de los sostenedores del sistema, el desempleo, sobre todo el de los jóvenes, las bajas remuneraciones, los abusos de las Isapres y del sistema de administración privada de los fondos de pensiones, las carencias del sistema de salud, las prácticas antisindicales que permiten que el derecho a la huelga sea neutralizado legalmente por los krumiros, los abusos en el trabajo de los temporeros, etc. etc., constituyen el día a día de la ciudadanía.
En ese contexto, reformar la Constitución mediante el llamado a una Asamblea Constituyente no puede confundirse con un simple ejercicio académico de juristas. Significa refundar la República sobre nuevas bases y donde el Pueblo, es decir, el Soberano, decidirá su propio destino. Es cierto, con 34 años de interdicción política hemos perdido la práctica y la conciencia sobre nuestros derechos republicanos. Los enriquecimientos ilícitos de los grupos económicos son parte del modelo que muy pocos osan a enfrentar. La desnacionalización de las empresas del Estado, las concesiones de la infraestructura económica nacional en condiciones lesivas al interés nacional, la entrega del cobre, el agua, la energía, la salud, la educación, la previsión, etc., ha sido el precio que hemos pagado al recobrar la democracia. Hemos entregado nuestro destino a una clase política que negoció con el régimen pinochetista, la continuidad del sistema bajo los ropajes de una seudo democracia. Por último, hemos terminado dudando de nuestras propias capacidades para ejercer los más elementales derechos que franquea una democracia.
Sin embargo, todavía hay esperanzas. El 11 de junio, es decir ayer, un grupo de hombres y mujeres que se rehúsa a vivir en un sistema impuesto sobre las cenizas de una democracia - imperfecta es cierto, pero democracia al fin – se reunió para hacer un llamado fundacional y recobrar la dignidad republicana en una nueva Carta Fundamental. El objetivo final de ese ejercicio democrático, mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente, será discutir los derechos a la educación, la salud, la vivienda, a una pensión justa, a la representación justa de todas las tendencias políticas, hoy negada por el sistema binominal, a un empleo y remuneraciones dignas, a definir el papel del Estado en la economía, a recuperar nuestras riquezas básicas, a integrar nuestro territorio, a redefinir el papel de las organizaciones locales… en fin, proceso político cuya marcha multitudinaria, en la esencia misma de los llamados democráticos, se iniciará en el símbolo que representa para todos los chilenos el Día de la Dignidad Nacional, el 11 de julio próximo.
El texto del llamado no deja lugar a dudas sobre las intenciones. Veamos algunos párrafos.
“La Constitución Política del Estado no representa la voluntad soberana del pueblo chileno. Fue impuesta en 1980 para legitimar una dictadura que violó los derechos humanos y enriqueció a un puñado de empresarios que, mediante espurias privatizaciones, se apoderaron de la mayor parte del patrimonio público forjado con el trabajo y ahorro de generaciones de chilenos”.
“La Constitución actual ampara a los poderes fácticos que ayer se sirvieron de la tiranía y que hoy gozan de ocultos e irritantes privilegios, ejerciendo un control decisivo sobre la economía, las instituciones políticas y los medios de comunicación”.
“Actualmente existen poco más de 3 millones de ciudadanos que de una u otra forma no participan en los procesos electorales, ya sea por no inscripción, abstención, o porque al rechazar las alternativas que se presentan votan nulo o blanco. Esta cifra representa 30.5% del padrón electoral potencial, el doble de la que no votó válidamente en la elección de 1989 [15,4%]”.
“Factor fundamental para el éxito de esta tarea es la superación constructiva del sectarismo, el mesianismo y el dogmatismo, vicios que –paradojalmente- sirven a la mantención del status quo, porque contribuyen a neutralizar la fuerza de la mayoría ciudadana inspirada en ideales superiores de soberanía, dignidad y libertad. En el umbral del bicentenario de la República la unidad del pueblo hará posible poner fin a la vergonzosa vigencia de una Constitución esencialmente antidemocrática”.
“Llamamos a todos los chilenos y chilenas –donde sea que se encuentren- para que, desde ahora mismo, suscriban este llamamiento, promuevan debates y emprendan múltiples iniciativas tales como plebiscitos comunales, o barriales, foros y charlas en agrupaciones estudiantiles, poblacionales, campesinas, colegios profesionales, etc., que pongan de manifiesto el mayoritario apoyo de los chilenos a una nueva Carta Fundamental”.
Creo que es apropiado decir que con esta iniciativa hemos despertado a un león dormido: el pueblo de Chile.
* Director de Fortín Mapocho