30/8/15 "¿ Lentejas o bendición?"


                Habían nacidos mellizos, pero el pelirrojo vio la luz primero.

             El más trigueño,  aferrándose al talón de su hermano, fue alumbrado después.

            El mayor salió cazador e impulsivo, el menor manso y  calculador.

            El  papá tenía preferencia por el mayor, la mamá por el menor.

            Por ley, el doble de la herencia era del mayor. Las promesas que Dios les había dado a su abuelo y confirmadas a su padre… también.

            Pero algo ocurrió esa tarde cuando el mayor llegó de trabajar en el campo: -“¡ Cómo debe estar ese guiso de lentejas!!! - pensaba, mientras se relamía cautivado por el aroma que salía de la cocina familiar.

            -¡ Quiero  esa olla !  -le increpó al menor.

            -¡ Véndeme primero tus derechos de hijo mayor !

            - Si  me voy a morir ¿ para qué me sirven los derechos de primogénito ?

            - ¡ Véndeme tus derechos y júramelo ! -  repitió el menor.

            -¡Te lo juro…, dame ese estofado !!!!! ( y desesperadamente se lo devoró). 

            El escritor  añade su comentario a esta historia: “Así menospreció Esaú su primogenitura”(Génesis 25:34)

            Su vida no fue la misma, se volvió rebelde, violento, sanguinario, y su descendencia pervive aún, queriendo  imponerse por la fuerza de las armas y su irreconciliable enemigo   sigue siendo: Jacob.

            Apoderado de este privilegio, siguió su tortuoso camino hasta que al  encontrarse con Dios,  no solo cambia su nombre sino también su destino.

            Leemos en el evangelio de Mateo:

      Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.

      Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob

     

            Más adelante en el relato de la descendencia  se  agrega:”… de la cual nació Jesús, llamado el Cristo”

     

            Las promesas de Dios incluían este extraordinario descendiente: pero al despreciarlas, Esaú… lo desechó también a Él.

            Creo que en este siglo corremos el mismo peligro: dejarnos seducir por  “ otros apetecibles platos de lentejas, que cautivan nuestros sentidos”: el oro de las riquezas, el poder, la fama, el placer, la posición social … (sigo ????)

            Y   m e n o s p r e c i a m o s  las verdades eternas. Al igual que Esaú razonamos: ¡Si me voy a morir, qué me importan las promesas de Dios, yo quiero vivir el hoy y lo quiero yaaaa !!!!!

            Hoy tienes la oportunidad de detenerte, reflexionar, y volverte de todo corazón a Dios. Hoy tienes la oportunidad de recibir su perdón, si te arrepientes de todos tus pecados y aceptas que el sacrificio de Jesús fue por amor a tu alma,  tomando tu lugar.

             ¡ Y como se levantó de los muertos y vive, puede ser tu Salvador, si le invitas a habitar en tu corazón!!!.

            Hoy con el afecto de siempre te quiero preguntar: ¿ Lentejas o  bendición ?

M.J.P.

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” Fil. 3:14

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