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Bashar al Assad, Presidente de Siria: demuestra una clara visión sobre el problema de la paz para Oriente Medio.

 

 

Bashar al Assad, presidente de Siria: "Una guerra global contra Irán significaría destruir el mundo"

 Por: Marcelo Cantelmi.  ENTREVISTA EXCLUSIVA . Fuente: DAMASCO. ENVIADO ESPECIAL. Diario Clarín 25-11-2007 .El Mundo

El Presidente de Siria y el Enviado Especial

Delgado y con sus casi dos metros de altura, el presidente de Siria, Bashar al Assad, parece por momentos un alambre que se contorsiona en su sillón al buscar con gestos un énfasis de sus palabras que no hace falta. Este hombre singular de apenas 41 años de edad, está en verdad sentado en uno de los hornos más candentes de Oriente Medio y esa realidad alcanza para subrayar sus palabras.
En este extenso reportaje exclusivo a Clarín, el primero que brinda a un medio latinoamericano y uno de los pocos que ha dado desde que llegó al poder en el 2000, califica de poco seria la cumbre de la paz de Annapolis auspiciada por George Bush, que se realizará desde el próximo martes en esa ciudad de EE.UU.; repudia la ausencia de diálogo que tanto norteamericanos como israelíes han tenido con Siria, y toma distancia de las posiciones extremas de su aliado Irán cuando el país persa plantea dudas sobre el Holocausto judío o propone la destrucción de Israel.

Amable y con tonos delicados, advierte en otro momento -y con una exageración justificada más en un espanto compartido que en la picardía política- que una guerra atómica contra Irán "significaría destruir el mundo".

-¿Por qué Siria dijo que no iría a esta Conferencia de Annapolis sobre la paz en Oriente Medio?

-Imagine que regresa a Argentina y le preguntan dónde estuvo y responde: con el presidente Al Assad en una conferencia. Pero nosotros no estuvimos ni en un congreso ni en una conferencia, sino en una entrevista. Y eso es justamente lo que hace la administración norteamericana con esta reunión. Decir lo que no es. Cuando se celebró la Conferencia de Madrid en 1991 durante la anterior administración norteamericana (de George Bush padre), especialmente el señor James Baker (canciller, entonces) hizo una gira por varios países y por varios meses donde pudieron ellos definir y especificar los logros y las razones de la conferencia, es decir definir la base principal, lo que se buscaba y los mecanismos. Y por eso nosotros fuimos a esa conferencia y podemos decir que fue un proceso que tuvo mucho éxito.

-¿No debe ser sólo preparación lo que falta a éste?

-En este congreso de Annapolis, si puedes preguntar cuál es el motivo de esta reunión es muy difícil hallarlo. No vas a saberlo. Quisieran de Siria que asistiese a esta conferencia mientras que el tema más importante para nosotros, el Golan (tomado por Israel en la Guerra de los Seis Días en 1967), no estuviera en la mesa de debate. ¿Cómo podemos llamar a esto un congreso de paz cuando no podemos debatir el tema de la recuperación de los territorios ocupados, Golan, Palestina...?

-¿Cuál era el propósito entonces para la reunión?

-Eso que le decía en primer lugar. Pero, en segundo lugar, quien quiere protagonizar este logro de paz tendría que tener una base de verdad y de voluntad para hacer y establecer la paz en el mundo. ¡Es posible que la administración norteamericana después de siete años haya podido pensar que existe un problema que se llama paz...! Podemos decir que esta conferencia es sólo para salvar el nombre de la administración norteamericana. Nosotros insistimos en que, si el tema del Golan está en la agenda de los debates, asistiríamos. No querríamos estar en esta reunión para dar un discurso; el discurso no nos importa porque podemos hacer uno aquí o en la ONU. Porque la administración Bush, lo que decía, es que Siria podía asistir para hablar del Golan en la conferencia. A nosotros no nos importaba eso porque tenemos el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU. Querríamos de verdad una conferencia o un congreso serio que, a su clausura, dé comienzo a un proceso verdadero de paz. No queremos que, cuando termine, se olvide todo.

-¿Qué consecuencias puede tener esta reunión si fracasa?

-Ese es un lado muy importante por este escenario de terror, atentados y la pérdida de la esperanza en la paz. Cualquier iniciativa que acabe en un fracaso alejaría aún más la posibilidad de la paz. Lo que significa que aumentará más la sangre y el terrorismo. Por eso deseábamos que se preparara más seriamente esta conferencia, lo que no ha sucedido.

-Parece claro que con Bush es poco probable que se logren esos objetivos. EE.UU. e Israel han sido renuentes a dialogar con ustedes salvo últimamente.

-Eso es lo que yo he dicho mu chas veces, no pueden aislar a Siria. No somos los únicos jugadores. Pero si se tiene una caja cerrada con seis llaves, tienes que tener las seis personas que tengan las llaves. Ellos lo saben muy bien y esto es lo que queremos nosotros: queremos tener un rol para la estabilidad en la región, no para que aumente el terrorismo y aumente el desorden.

-Hace pocos días el presidente Bush volvió a aludir a una tercera guerra mundial en alusión a Irán ¿Cómo se podrá detener eso?

-Seguro que no va a ser una guerra mundial como fueron las anteriores. Va a ser mucho más peligrosa. Creo que no se puede ni se debe cargar con las responsabilidades de semejante guerra que no va generar ningún logro a la administración norteamericana. Y nosotros, los países de esta región, vamos a ser los primeros en pagar el precio. Con lo que se ha visto en Afganistán después del 11 de setiembre y lo sucedido en otros lugares como Irak, imaginemos lo que va a ser una guerra contra Irán con las consecuencias adicionales en la economía por los precios del petróleo y la situación en el Golfo. Podemos decir que sus efectos irían como un gran círculo cerrado desde el Mediterráneo hasta el Mar Negro y más. Esto significa destruir al mundo.

-Ustedes son férreos aliados de Irán. ¿Hasta qué punto la constante amenaza de Teherán de destruir a Israel o negar el Holocausto cometido por el régimen fascista de Hitler no agrega más problemas a la situación actual?

-Nuestra relación con Irán comenzó cuando ganó la revolución islámica y es una relación buena. Pero cuando decimos que tenemos una relación buena, no decimos que estamos con todos los puntos y a todos los niveles con Irán. Tenemos un entendimiento general. Y, más que eso, una coordinación. Pero eso no quiere decir que no haya contradicciones entre las dos partes.

-¿Puede ser más específico?

-Yo quiero diferenciar entre la práctica política y cómo hablar en política. Porque hablar... la palabra política representa las ideas o las opiniones de un Estado o de un responsable y ése es un derecho para cualquier país y cualquier responsable. Si ellos quieren decir que el Holocausto pasó o no pasó, es su punto de vista, tienen su derecho a expresarlo. Y eso mismo quiero decir también respecto a sus planteos sobre la existencia del Estado de Israel.

-Que ustedes rechazan...

-Ese es sólo su punto de vista (de Irán) y su opinión. Nada más. En la práctica política que me importa destacar, Irán y Siria tienen una coordinación, como le decía. Por ejemplo, encontramos que la solución en Irak debe ser una solución árabe. Y que tiene que tener su base en mantener la existencia árabe y panarabista.

-Pero Irán no es árabe ni panarabista...

-Ciertamente, Irán no puede ver este logro desde el mismo punto de vista porque no es un país árabe. Pero eso igualmente no obstaculiza la coordinación entre Siria e Irán respecto a Irak. Irán, además, es un país muy importante en la región. Coordinar con Irán quiere decir crear una situación de estabilidad en el área. Son además las circunstancias que existen actualmente en la región las que nos han llevado a profundizar la coordinación con Irán y con Turquía también. Es una cuestión de intereses.

-¿Un cambio electoral en EE.UU. ayudaría a resolver parte de los graves problemas regionales?

-No creo que eso venga de un partido. Están ahora los neoconservadores que llevan adelante las ideas de la guerra, de las amenazas. Y eso está presente tanto en uno y otro partido, lo que es muy grave. Es importante determinar si el presidente que va a venir confía en la paz o solamente va a tener sus intereses en los problemas internos.

-¿Confía que ese nuevo gobierno retire sus tropas de Irak como ustedes demandan?

-Eso sería muy importante. El retiro de las tropas de Irak es central porque es un paso definitivo para lograr la paz. Estamos escuchando mucho sobre el proceso de paz y aumentar el diálogo con todas las partes, incluida Siria. Es muy bueno eso. Pero ¿son palabras que van a ser aplicadas después o solamente se las pronuncia ahora en la campaña para las elecciones?

-No se lo ve muy optimista...

-Podemos decir que se puede llegar a una situación peor o más grave que la que ha venido existiendo en estos años. Sería bueno que la nueva administración en EE.UU. esté al tanto de los errores cometidos por los anteriores gobiernos. Estoy un poco optimista pero también muy alerta en muchos aspectos.

-¿Cómo entra en esta crisis el emergente del terrorismo suicida, los jóvenes que se inmolan matando?

-Cuando va un joven para hacer un atentado, un atentado suicida, existen muchas cuestiones que están construidas para que él haga esto. Podemos decir en una palabra que es gente deprimida. Deprimidos a nivel político, porque las causas políticas no tienen resolución, no tienen salida y eso los afecta tan negativamente. También coincide con esto una economía débil y la consecuente pobreza. Es un cuadro que afecta la vida educativa y las expectativas en general. Y eso aísla a estos jóvenes con su ambiente, se rompe ese diálogo necesario con el mundo del exterior. Por eso, estos jóvenes que hacen un atentado lo hacen para expresar su causa, expresan lo que tienen interiormente. Algunos de ellos, como usted sabe, piensan que ese atentado es un camino hacia el paraíso y es también un escape.

-Es sabido que el terrorismo es más una consecuencia de la pobreza que de la religión, pero ¿cuál es su posición respecto a esta deformación?

--Cualquier extremismo hay que rechazarlo totalmente porque destruye a la sociedad. La solu ción podremos alcanzarla cuando logremos encontrar una forma de convencer a esta gente y a estos jóvenes de que no deben hacer lo que están haciendo.

-De acuerdo, pero ¿cómo se logra eso?

-Si la razón es política, social, debemos solucionar ese problema. Necesitamos crear un desarrollo educativo, de pensamiento, de ideas, cultural en esta sociedad. Debemos luchar contra estos extremismos, pero debemos hacerlo con equilibrio, no con la guerra y los armamentos. La administración norteamericana ha planteado una serie de argumentos para su guerra contra el terrorismo en Afganistán, en Irak y otros países. Pero lo que ha sucedido en esta guerra contra el terrorismo es absolutamente lo contrario porque se ha aumentado el terrorismo y, al mismo tiempo, los pueblos se han retrasado aún más de lo que estaban. Aquí existe un rol muy importante para los medios de información y los intelectuales. Hay que imponer la cultura del diálogo entre la gente.

Un oculista culto y cortés, que debió tomar las riendas de Damasco

No deja de llover finito en Damasco y la garúa se combina con un frío que corta la piel. Sólo aparece esporádicamente el sol en la mañana cuando este enviado emprende el camino desde el centro de la capital hacia el sitio pactado para la entrevista con el presidente Bashar al Assad.
País adepto a la formalidad, dos autos negros imponentes fueron por el hotel a recoger al periodista. El primero, con dos hombres, abre el camino. Luego, el vehículo del enviado, quien va en el asiento trasero con una jovencísima funcionaria de Presidencia que habla el mejor inglés escuchado hasta ese momento en Damasco.
Uno que no está acostumbrado a estos protocolos observa entre incómodo y curioso a los restantes conductores del enjambre de tránsito que es siempre esta ciudad, que escudriñan intentando adivinar la importancia de ese sujeto misterioso. Assad recibe al periodista junto al ministro de Información, Mohsen Bilal, a las puertas de un edificio blanco, elegante, con forma de pequeño palacio en medio de un bosque y al fondo de una estrecha calle casi tropical de unos 200 metros de largo adornada con árboles. Todo crea un entorno de enorme tranquilidad.

Bashar no tenía este destino. En 1994, una llamada telefónica en Londres lo arrancó de sus estudios de ofltalmología. Su padre, Hafez, presidente de Siria, le imponía el regreso inmediato debido a una tremenda tragedia: Bassel, su hermano mayor y delfín del poder, había muerto en un accidente. El llamado no era sólo para los funerales. Debía ocupar ese legado de poder dentro de la estructura dinástica siria que correspondía ahora al segundo hijo varón del líder.

El momento se produjo hace siete años, cuando falleció Hafez, y Bashar -con sólo 34 años de edad- archivaba así sus sueños de convertirse en un científico para luchar contra el glaucoma.
Desgarbado, extremadamente cortés y culto, hizo una necesaria meteórica carrera militar que lo hizo saltar de la nada a capitán y luego a coronel. En ese ritmo fue también velozmente entrenado para esta posición estratégica y desafiante y quizá de las más peligrosas en Oriente Medio.

Su paso por el poder ha dado algunas pistas de sus objetivos aperturistas en una sociedad donde debe convivir con la vieja guardia y sus antiguos estilos. La economía se ha entonado y hay un aterrizaje importante de bancos y grandes tiendas. Internet ingresó masivamente, aunque aún a paso lento, y se consolidó el carácter secular y multicultural de esta sociedad musulmana que se nota en la ropa occidental y por momentos audaz de muchas mujeres junto a otras que, recatadas, visten aún el chador o se cubren totalmente mostrando apenas el escondite de la mirada.
DAMASCO. ENVIADO ESPECIAL

A DOS DIAS DE LA CUMBRE DE PAZ EN EE.UU.

Un país de valor estratégico

Por: Marcelo Cantelmi

El edificio de la paz en Oriente Medio está hoy en escombros. Parte de las causas de ese caos ha sido la estrategia de Estados Unidos y su aliado israelí de cortar el diálogo con países que, como Siria, fueron sumados a una lista maléfica generando un peligroso aislamiento.

Pero esa tendencia comienza a revertirse aunque más por presión de las circunstancias que por convencimiento. Frente al pantano de la crisis tanto Henry Kissinger, asesor en las sombras de George Bush, como la comisión bipartidaria revisora del desastre en Irak que encabezó el ex canciller de Bush padre, James Baker, habían demandado con escaso éxito reconstruir la relación con Damasco e incluso con Irán. El propio presidente Bashar al Assad dice en esta entrevista que han sido, justamente, las circunstancias en la región las que lo han llevado a profundizar su relación con Teherán.

El desafío es cómo desandar esa cuesta. Ha sido poco lo que EE.UU. pareció dispuesto a dar a cambio de la apertura pero en las últimas horas analiza hacer una concesión que puede ser histórica. Esta semana se realizará en Annapolis, cerca de Washington, una conferencia de paz sobre Oriente Medio a la que tanto la Casa Blanca como Israel invitaron especialmente a Siria. Pero ignoraron la demanda de Damasco para discutir allí la ocupación, en 1967, del estratégico territorio del Golan. Damasco exige su devolución, uno de los pocos oasis de agua fresca en Oriente Medio. Reivindica a su favor resoluciones de la ONU y hasta apoyos del ex presidente Bill Clinton.

Debido a la ausencia de avances en ese tema crucial, Siria había decidido no ir a Annapolis. Washington dio indicios de que podría ceder pese a la resistencia de Israel y colocar el Golan en la agenda del debate. Hay un doble efecto en esto. La reunión, que parecía destinada al fracaso, encontraría quizá ahora una utilidad superior a la prevista por sus auspiciantes.

Y añadiría un efecto de realismo obvio: no hay formas de alcanzar la paz si no se retiran de debajo de la alfombra sus graves, centrales problemas concretos.

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