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POWERPOINT EN EL AULA: de la clase expositiva a la clase interactiva

PowerPoint es actualmente la herramienta más generalizada para la realización de presentaciones. Estas facilitan exposiciones orales y diaporamas, técnicas ligadas a métodos didácticos expositivos cuya exclusividad debe limitarse facilitando la participación interactiva del alumnado. Redacciones y debates, así como la realización por parte de nuestros alumnos de sus propias presentaciones contribuirán a mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje.

  • DE LA PRESENTACIÓN EXPOSITIVA A LA PRESENTACIÓN INTERACTIVA

Recogiendo la herencia de medios como las transparencias o las diapositivas, es habitual que las presentaciones multimedia sirvan de apoyo a exposiciones orales, especialmente cuando se trata de explicar fenómenos dinámicos. En este sentido, toda presentación consta de dos elementos: la persona que actúa como comunicador y la herramienta audiovisual que apoya el proceso comunicativo. Otro tipo de presentaciones se desarrollan, en la línea de los diaporamas tradicionales, como montajes audiovisuales en los que el comunicador queda relegado a un segundo plano. En ambos casos, especialmente en el segundo, estamos ante técnicas didácticas expositivas, que pueden ser útiles cuando se requieran explicaciones conceptuales y el tamaño de los grupos que se manejen sean numeroso, pero que no facilitan el razonamiento crítico y puede favorecer la pasividad; por ello, su uso en el aula ha de tener un tratamiento especial. Las ventajas didácticas de los medios audiovisuales son de sobra conocidas. Respecto a PowerPoint, destacaremos tres puntos:

  • Capta la atención del alumno y favorece su motivación.

  • Facilita la comprensión de los conceptos, que se hace más rápida, concreta y precisa; con una fuerte estructuración y jerarquización de los contenidos, que además es personalizable mediante hiperenlaces.

  • Mejora la memorización y consolidación de los contenidos.

Pero, como recuerda Cabero (1998) “la rentabilidad educativa de los medios no depende tanto de sus potencialidades tecnológicas, sino más bien de las estrategias instruccionales que apliquemos sobre los mismos, y de cómo se hubieran diseñado los mensajes para adaptarlos a las características de los receptores”. Se pueden generar consecuencias no deseadas: desde que el alumno considere estos momentos como una mera actividad lúdica, a que fomenten su pasividad en la línea más negativa de los métodos expositivos. Por otro lado, el ritmo de aprendizaje de los alumnos no es idéntico, pero la presentación se realiza simultáneamente y con el mismo ritmo para el conjunto, por lo que se puede producir la pérdida o el aburrimiento de algunos alumnos, a pesar de que inicialmente tuvieran una predisposición positiva. Más aún, es necesario que los alumnos no se queden solamente en la recepción y elaboración de esquemas de títulos y apartados, sino que sean capaces de redactar ideas complejas, así como mantener una discusión sobre las mismas.

Para evitar estos inconvenientes habrá que tener en cuenta una serie de recomendaciones:

  • Las presentaciones no deben utilizarse como única técnica didáctica.

  • El profesor tiene que preparar previamente la presentación de acuerdo con un planteamiento didáctico.

  • La observación de la presentación por los alumnos tiene que ser dirigida, realizarse una introducción al tema, plantear los puntos principales y las preguntas clave, sondear dudas, y finalmente efectuar un comentario colectivo y/o actividades sobre la misma.

Toda presentación debe fomentar la participación interactiva de los alumnos, siendo esto también válido para las presentaciones al estilo de diaporamas, en las que exclusivamente se narra una historia apoyándose en imágenes, voces y sonidos. Un buen diaporama puede ayudar a desarrollar corrientes emotivas que incentiven actitudes sobre determinados valores. Pero al desarrollarse en una secuencia continua es uno de los medios más expositivos, por lo que para asegurar aprendizajes de mayor calidad deberá incorporar una introducción y actividades para que los alumnos desarrollen posteriormente y, de contar con el tiempo suficiente, se recomienda una puesta en común al final en la que incluso se vuelvan a proyectar alguna diapositiva y se formulen preguntas sobre la secuencia. Un uso más frecuente tienen en el aula las presentaciones orales con apoyo audiovisual. En ellas hay componentes clave, como el propio docente, cuya personalidad no hay que desdeñar como elemento capaz de motivar y captar la atención del alumno. Durante las mismas, el alumno debe verse obligado a participar: respondiendo o formulando preguntas, tomando apuntes, etc; esto significa que la presentación, normalmente no debe tener un ritmo continuo y que el profesor debe favorecer y organizar la interacción. Se trata de entender la presentación como un proceso interactivo con los estudiantes más que como un monólogo del profesor. Hay que preguntar a los alumnos para asegurarnos del seguimiento del tema, pues en las exposiciones las posibilidades de retroalimentación y corrección de errores se reducen proporcionalmente al número de personas que integran el grupo. En ocasiones, dependiendo de las capacidades de los alumnos y del tiempo que se disponga, algunas de estas preguntas pueden favorecer un modo de aprendizaje inductivo junto al deductivo de la exposición, ocultando algunos elementos de la diapositiva sobre los que el docente le preguntará a los estudiantes, mostrándolos en el caso de que éstos acierten, lo cual se convertirá en un refuerzo para su aprendizaje al darles la sensación de éxito. Aunque si lo que se presentan son esquemas, estos deben enseñarse enteros para que cumplan su función ordenadora; sin embargo, otros creen que es mejor utilizar varias diapositivas para la presentación sucesiva de conceptos en lugar de irlos destapando en una sola. Esta técnica puede usarse igualmente tras haber explicado una diapositiva, para evaluar el seguimiento del grupo.

Collins (1997) recoge el concepto de exposiciones espaciadas para referirse a la forma adecuada de emplear la técnica pedagógica que usamos en las presentaciones. Se trataría de que el tema se dividiera en segmentos separados por determinados puntos lógicos en lo que el profesor detiene la presentación y se dirige a los alumnos haciendo una pregunta o solicitando que lleven a cabo una actividad. Además de convertir la presentación en una actividad participativa y dinámica, los alumnos tendrían más tiempo para procesar y comprender los materiales manejados en la exposición, y por otro lado al profesor se le harían más evidentes los puntos que no hubieran quedado claros.

Dividir el tema en varios segmentos implica convertir “la idea original en una red o mapa conceptual donde las partes son piezas manejables, para luego volver a engarzarlos, esta vez con ayuda de elementos lingüísticos y artísticos que le den coherencia y unidad”. Se trata de concebir la presentación como un mapa conceptual. Existen diferentes criterios que el docente debe tener presentes a la hora de evaluar un mapa conceptual; de acuerdo con Luis Segovia (2001), los principales son:

  • Jerarquía de conceptos. Cada concepto inferior depende del superior en el contexto en que ha sido planteado.

  • Cantidad y calidad de conceptos.

Buena relación de los significados entre dos conceptos conectados por la línea indicada y las palabras apropiadas.

  • Conexión significativa entre los diferentes segmentos de la jerarquía conceptual.

  • Existencia de ejemplos o eventos específicos relacionados con los conceptos más generales.

Como hemos señalado anteriormente, esta técnica didáctica no debe ser exclusiva, por lo que se puede sugerir que no supere el 60% del tiempo de clase, aunque la administración del tiempo empleado con cada técnica puede variar mucho en función de las necesidades del alumnado y el contexto concreto de aprendizaje en que se desarrolle. El debate dirigido puede utilizarse a continuación, o bien utilizar la presentación como punto de partida para aplicar técnicas de tipo investigativo en otras clases. El comentario colectivo final favorecerá la reflexión, el intercambio de ideas y la elaboración de conclusiones. Además como la información que ha circulado es abundante, conviene reforzarla con material textual, para que los estudiantes puedan solventar algunas dudas.

  • El desarrollo de presentaciones por los alumnos

El desarrollo de la tecnología informática no sólo ha puesto al alcance del profesorado herramientas como PowerPoint, sino que también los alumnos se benefician de su popularidad y facilidad de uso. Por ello, un uso pedagógico complementario de las exposiciones echas por los docentes puede ser que los estudiantes realicen sus propias presentaciones sobre un tema a partir del esquema que el docente haya iniciado. Si las presentaciones echas por los docentes tienen que romper la unidireccionalidad del método expositivo, el desarrollo de presentaciones por los alumnos multiplica su participación en el proceso de enseñanza-aprendizaje, fomentando su creatividad y capacidad de razonamiento, además de añadir otros aprendizajes relacionados con el tratamiento de la información y, en su caso, del trabajo en equipo.

 

Propuesta de trabajo

Las presentaciones serán más o menos complejas en función de la edad y del tiempo que dispongan los alumnos, por lo que pueden ir desde investigaciones simples hasta grandes proyectos. Se trata de plantear un problema y formular una serie de procedimientos para resolverlo, plantear un objetivo cognitivo y salvar los obstáculos para llegar al mismo.

Tras explicar el tema y habiendo comprobado el grado de dominio de los contenidos conceptuales y procedimentales necesarios para desarrollar la actividad, se suministrará a los alumnos un mapa conceptual básico, al que irán incorporando nuevos conceptos y explicando la relación entre ellos. Será necesario dar unas instrucciones precisas acompañadas de algún ejemplo. En el desarrollo del proceso, la posibilidad de emplear abundante material gráfico será un elemento motivador, mientras que la jerarquización obligará al alumno a diferenciar lo principal de lo accesorio y le ayudará a integrar significativamente la información. Finalmente la evaluación se complementaría con una prueba en la que el alumno redactará lo aprendido. Durante todo el proceso el profesor actuará como guía y deberá disponer del suficiente tiempo para desarrollar y evaluar los trabajos (desarrollo, producto final y en su caso exposición).