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Miguel Hidalgo. Un análisis historiográfico

Por Joel Cruz Maytorena : joelcruzmaytorena@gmail.com
 

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Miguel Hidalgo by Joel Cruz Maytorena is licensed under a Creative Commons Atribución-No comercial-No Derivadas 2.5 México License.
 
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La historia de México se ha construido a través de los años con grandes batallas y revoluciones, con derramamiento de sangre y con un sin fin de sucesos que logran recuperarse, por una parte gracias a hombres y mujeres que han dejado su legado escrito y sus memorias plasmadas en papel así como los archivos y registros particulares y gubernamentales que se conservan y por otra parte por las tradiciones y costumbres; memoria viva de nuestro pasado.

 

La historiografía mexicana contempla a todos los autores que han plasmado en papel su trabajo basado en la experiencia personal y en los arduos años de trabajo de investigación en archivos y bibliotecas.

 

La memoria histórica de México existe por si misma, el suelo que pisamos y las mismas ciudades donde vivimos son testigos vivientes de todo lo que ha acontecido en los años y siglos pasados, el trabajo del historiador consiste entonces en recopilar y buscar la información que el mismo pasado ha guardado para analizarla y estudiarla imparcial y objetivamente y  entregarla al pueblo con miras a satisfacer el derecho de todo ser humano a conocer los acontecimientos pasados que dieron lugar al presente que nos toca vivir.

 

Acertadamente Bernard Lewis en su libro "La Historia recordada, rescatada, inventada" nos muestra los tres tipos de historia que el historiador realiza.  La historia que escribimos responde a las características del momento en que vivimos.

 

El paso de los años y el estudio de la historiografía tanto universal como nacional nos demuestran como la historia se escribe dependiendo ya sea de los sentimientos del mismo historiador, de los intereses políticos (o "divinos" en algunos casos) que están detrás de él y que tal vez él mismo persigue, o simplemente de la información que se tiene y en algunos casos se complementa (o inventa), ante cuyo problema interpreta como mejor le parece (sin mala intención en el mejor de los casos) completando los vacíos informativos ante los que se enfrenta.

 

Es en base a esta reflexión, desde donde parte el presente trabajo. Tomo como referencia para el presente análisis a uno de los principales héroes históricos que tiene la historia de México; Don Miguel Hidalgo y Costilla y por ende el contexto que lo enmarcó: El movimiento revolucionario de 1810.

 

Son muchos los autores y personajes que han escrito al respecto, tanto contemporáneos al propio Hidalgo como quienes escribieron después y quienes lo hacen en la actualidad, por este motivo acoté el análisis a dos autores del siglo XIX,  Lucas Alamán, contemporáneo a Hidalgo y que escribió pocos años después de acontecida la Independencia y Vicente Riva Palacio que escribió la biografía de Hidalgo tras haberse dado la lucha por el establecimiento de la República (a mediados del siglo XIX) que con pocos cambios sigue rigiendo el devenir de nuestro país.

 

Los dos autores tienen un enfoque distinto del mismo periodo y del mismo personaje, sin embargo el trabajo de los dos encaja en la  afirmación que Lewis hace cuando dice que "en un momento dado, el pasado puede ser de gran utilidad para fines diversos, y su manipulación es una práctica ya conocida desde épocas remotas."[1]

 

El Doctor José María Luis Mora con su obra histórica Desde el rompimiento de la revolución de Independencia, hasta la ejecución de Hidalgo y sus compañeros, contextualiza, sin entrar en el análisis detallado del trabajo, el marco histórico donde se desarrolla cada uno de los textos que si entran en el marco del presente texto.

 

Don Lucas Alamán nos muestra un retrato del cura Hidalgo en su trabajo llamado Semblanzas, publicado después de haber sacado a la luz su Historia de México.

 

Para contextualizar mejor la obra de Alamán es necesario mencionar que su trabajo (tanto su Historia de México como sus Semblanzas) tiene por objeto cambiar la perspectiva de odio, para el irracional, hacia el español.

 

Inmerso en una época de profunda inestabilidad y problemática nacional como lo era el México independiente que apenas hacia escasos 15 a 20 años que había consumado su independencia, vive su auge como escritor y como político de la vida nacional.

 

Es en este momento que se esta construyendo prácticamente todo el sistema político y judicial de la reciente nación Mexicana,  le toca vivir de cerca la invasión norteamericana y los cambios geográficos que el país sufrió durante el siglo XIX y vivir así mismo la complicada época de gobierno del general Santa Anna.

 

Su enfoque histórico, aunque pretende ser imparcial y objetivo, no puede dejar de lado la cruz de la clase social acomodada de la que proviene, por lo que usa juicios de valor característicos del estatus social donde nació y en muchos aspectos de su escritura no puede evitar pagar el precio y cargar el peso del contexto de su época.

 

Durante el desarrollo de la pequeña biografía de Don Miguel Hidalgo y Costilla deja ver su claro interés por mostrar el lado humano de una divinidad heroica creada por la historia liberal con el afán de otorgar héroes al groso de la población.

 

Es notorio también el cuidado que pretende tener al hablar del cura, y se nota en el lenguaje que usa y en el intento que hace por no demeritar el lugar que el párroco de Dolores se ganó en la historia nacional.

 

Aporta datos generales del pasado de Hidalgo que son bien conocidos ante los ojos de todo mundo, tales como su lugar y fecha de nacimiento, el lugar de donde realizo sus estudios y no deja de lado (aunque sin resaltar de forma exagerada) el prestigio que tuvo el cura al dar "con mucho lustre los cursos de filosofía y teología" y posteriormente fungir como rector de la misma casa de estudios que le dio la educación que tenía; la universidad de San Nicolás en Valladolid.

 

Más adelante, incluido en la misma sección de los datos generales del cura, deja ver una de las características que el mismo Alamán usa durante todo el texto; la capacidad de introducir detalles que reflejan la personalidad y el carácter de Hidalgo.

 

Nos dice: "Los colegiales le llamaban "El Zorro, cuyo nombre correspondía perfectamente a su carácter taimado"[2]. En este ejemplo podemos ver que no se limita a mencionar lo que se sabia del cura, sino que, dejando de lado la objetividad e imparcialidad emite su juicio afirmando que "correspondía perfectamente a su carácter taimado".

 

A partir de este punto su trabajo se encarga de mostrar los defectos y errores de Don Miguel Hidalgo, nos muestra a un Hidalgo dado al juego y las apuestas, dedicado durante gran parte de su curato en Dolores a las actividades ilícitas (en su momento) del cultivo de la lid y el plantío de la morera (productora de ceda).

 

Las actividades ilícitas daban al cura una entrada de dinero a parte de la renta que obtenía del propio curato, pero no solo eso, le dieron al cura un gran acercamiento con el pueblo, sobre todo con los indígenas de quienes nos dice Alamán "cuyos idiomas conocía" y se había ganado el aprecio de autoridades tanto clericales; el Obispo Abad y Queipo, como gubernamentales; el intendente Riaño.

 

El mismo Alamán conoció a Hidalgo en alguno de los muchos viajes que realizaba el cura a la capital de Guanajuato y es por esta razón que se hace una descripción física del cura que permite a la perfección imaginar como era ese héroe que tanto exalta nuestra historia oficial.

 

"Era de mediana estatura, cargado de espaldas, de color moreno y ojos verdes vivos, la cabeza algo caída sobre el pecho, bastante cano y calvo, como que pasaba ya de sesenta años, pero vigoroso, aunque no activo ni pronto en sus movimientos: de pocas palabras en el trato común, pero animado en la argumentación a estilo de colegio, cuando entraba en el calor de alguna disputa. Poco aliñado en su traje, no usaba otro que el que acostumbraban entonces los curas de pueblos pequeños." [3]

 

Descrita la apariencia de Hidalgo, entra al relato del estallido de la revolución de Independencia sin perder el objetivo del trabajo biográfico de Hidalgo, remarcando la imagen desordenada y desobligada del mismo, la carencia de estrategia tanto política como de guerra y muestra un lado incitador y revoltoso al grado de mostrarlo prácticamente como delincuente.   

 

Desmiente que Hidalgo haya concebido la idea independentista como parte de un plan estructurado para armar la revolución y afirma que "[Hidalgo] no se decidió a formar parte en la revolución, hasta que Allende lo instruyó en los progresos que hacía la conjuración de Querétaro"[4].

 

Una vez más en su intento por lograr la parcialidad en su obra, desmiente la teoría manejada por otros autores contemporáneos de que Hidalgo estaba influenciado por los mismos franceses para combatir a los españoles, y en el transcurso de la lectura deja en claro que el objetivo primero de la revuelta encabezada por Hidalgo, era proclamar a Fernando VII como rey legitimo de España y de la Nueva España, pretendiendo solamente quitar a los españoles del poder en las tierras americanas y que la clase criolla tomara las riendas sin dejar de reconocer a Fernando VII como rey[5].

 

 

Muestra el aspecto religioso como una herramienta mal utilizada para la manipulación del pueblo que enardecido cambió la insignia “Viva la religión. Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y muera el mal gobierno”,  con la que originalmente se incitó al movimiento, por la frase “pavorosa” de “Viva la virgen de Guadalupe y mueran los gachupines”[6] cuyo grito justificó para el ejercito insurgente la matanza, el desorden, el saqueo y el caos que generaban por cada pueblo que estuvo en el camino de Don Miguel Hidalgo y Costilla.

 

Alamán no se limita a criticar el protagonismo del cura de Dolores, afirma incluso que “los medios que empleó [Hidalgo] para ganar popularidad, destruyeron los cimientos del edificio social, sofocaron todo principio de moral y de justicia, y han sido el origen de todos los males que la nación lamenta, que todos dimanan de aquella envenenada fuente”[7], dejando claro que culpa al cura de los males de la nación que acontecían en su presente.

           

Durante el relato se da gusto demostrando la carencia de ideología del movimiento, la desorganización del ejército insurgente y la desacreditación que tuvo la revolución entre gran parte de los habitantes de la Nueva España que a pesar de estar a favor de la independencia, veían en el ejército encabezado por Hidalgo una institución criminal con la cual no estaban de acuerdo.

 

A pesar de la dura crítica emitida contra el ejército insurgente menciona los intentos que el  mismo Hidalgo hizo por corregir a su ejército, sin embargo ya eran tantos los adheridos al movimiento impulsado por el saqueo y el desorden que todos los intentos fracasaron.

 

Para Alamán, los triunfos que Hidalgo obtuvo en tan poco tiempo, la riqueza adquirida por el saqueo tanto de las instituciones gubernamentales como clericales, la apropiación de tierras y la abundancia en recursos obtenida de las haciendas tanto de españoles como de americanos[8] hicieron que Hidalgo perdiera el suelo, “tan repentino engrandecimiento, hizo desvanecer completamente la cabeza a Hidalgo.”[9]

 

Es necesario mencionar que Alamán nos deja claro que su afán no es desvirtuar el sentimiento independentista que se vivía en la Nueva España, solo pretende mostrar la visión que tuvieron de Hidalgo aquellos que se vieron afectados por el movimiento dirigido por el cura, aquellos que incluso también deseaban la independencia de América para con  España pero que veían en el ejercito insurgente un camino equivocado.

 

Para mostrar su sentimiento favorable hacia la Independencia pero desfavorable hacia el liderazgo y protagonismo que tuvo Hidalgo, ejemplifica incorporando en su texto fragmentos de correspondencia entre Calleja (principal combatiente de los insurgentes de parte del Virreinato) y el Virrey Venegas, correspondencia donde se plantea que el sentimiento independentista existía en gran parte de la población americana, incluso el mismo Calleja llegó a afirmar que si Hidalgo “hubiese sido más acertado en la guerra y la organización del ejercito, probablemente la resistencia hubiera sido prácticamente nula”[10].

 

El carácter de hidalgo, su incompetencia y  su terquedad son los defectos que para Alamán llevaron al cura a tomar decisiones equivocadas que a la postre derivaron en el desmantelamiento de las fuerzas insurgentes y como final a la muerte a los líderes del ejército, incluido el mismo Hidalgo.

 

El rompimiento de Hidalgo con Aldama, Allende y otros dirigentes del movimiento, así como el elevado número de enemigos que ganó (“pudiendo haberse mostrado amigos, o por lo menos indiferentes[11]”) por la destrucción y saqueo de su ejercito fueron los sucesos clave en el fracaso momentáneo que vivió la revolución en 1811.

 

Hacia el final del texto culpa directamente al caudillo de la patria por la situación que vivía el país en ese momento; “no fueron sólo del momento las consecuencias funestas del atroz sistema de Hidalgo. Su trascendencias ha sido larga y no menos perniciosa en lo sucesivo.”[12]

 

Sin perder de vista el centro de su trabajo, aprovecha para criticar la organización política y económica del México independiente en el que vive, muestra el panorama de apertura a países extranjeros en los negocios y afirma que

 

“… el comercio no fue quitado de las manos españolas para ser ejercido por manos mexicanas, sino que este y todas las industrias que aquellos practicaban [españoles], han pasado a extranjeros de diversas naciones, que sin arraigo ninguno en este suelo, sin considerarlo más que como un lugar de mansión pasajera, no tratan otra cosa que de enriquecerse pronto por toda especie de medios, aún los más destructivos para el país, para volver al suyo.”[13]

 

 

Así mismo señala la condición de vida de la casta Hispanoamericana que “hundiéndose en la miseria […] no busca otros medios de subsistencia que los empleos y la abogacía”[14]. La cada vez más arraigada (en el ámbito político) clase criolla se va posesionado de los puestos administrativos, la magistratura y el ejército, de manera que “todas las rentas de la nación no bastan para pagar los sueldos a funcionarios que en lo general sirven muy mal en sus puestos.”[15]

 

El trabajo de Lucas Alamán en su biografía de Don Miguel Hidalgo y Costilla, si bien muestra una perspectiva muy humana y muy crítica del caudillo independentista, nos muestra también el apego del mismo Alamán a los ideales políticos que ejerció durante su vida, así como la defensa de los intereses de los españoles que, ahora en calidad de extranjeros, seguían viviendo en el país.

 

De la misma maneara la Semblanza de Hidalgo nos da un aporte extraordinario para el conocimiento del contexto y el ambiente político, social y económico del país, tanto en el momento del estallido de la revolución de independencia como al momento en que Alamán escribió.

 

Alamán concluye su texto asegurando que la historia hará justicia sobre los hechos acontecidos en la vida nacional y que “llegará el tiempo en que prevaleciendo el buen sentido sobre las preocupaciones e intereses del momento, se juzgaran los hechos con imparcialidad…”[16]

 

En 1870, tres años después de haberse consolidado la República en México tras una serie de conflictos internos, invasiones y debates ideológicos y políticos, Manuel Payno y Vicente Riva Palacio, ambos liberales, firmaron una serie de relatos novelescos sobre distintos personajes que protagonizaron la historia de México desde la conquista hasta la muerte de Maximiliano. Dichos relatos conforman el llamado Libro Rojo cuyo nombre refleja la descripción de la sangre derramada en el suelo mexicano desde la conquista de los españoles.

 

En dicho libro se encuentra una breve biografía de Miguel Hidalgo hecha por Vicente Riva Palacio que muestra un retrato muy diferente del caudillo al hecho casi cuarenta años antes por Lucas Alamán. Nos muestra, en cambio, un hombre que cumplió con el designio divino de libertar a un pueblo sometido injustamente por los españoles, un héroe mítico que “nació para el mundo y para la historia la noche del 15 de septiembre de 1810.”[17]

 

¿Quién era Hidalgo? ¿De donde venía? ¿Dónde había nacido? ¿Qué hizo hasta el año de 1810? “¿Qué nos importa?” contesta Riva Palacio, “quédese el estéril trabajo de averiguar todos esos pormenores al historiador o al biógrafo que pretenden enlazar la vida de un héroe con ese vulgar tejido de las cosas comunes.” [18] Una perspectiva muy diferente sin duda, tanto de la historia como de los intereses del momento histórico en que vivió.

 

Al igual que Alamán, Riva Palacio paga en su relato el precio de su contexto político e histórico, presenta una exaltación desproporcionada si tomamos como parámetro el hecho de ser un relato de un ser humano que aún a pesar de haber sido un hombre trascendental en la historia, no deja de ser precisamente eso, un hombre.

 

Para Palacio, Hidalgo “es una ráfaga de luz en nuestra historia, y la luz no tiene más origen que Dios.”[19] En este mismo tono se encuentra todo el texto y conforme se avanza en la lectura, nos va sumergiendo en una atmósfera de divinidad que encierra su trasfondo en la frase que se encuentra justo a la mitad del contenido; “el hombre que tal hizo, merece tener altares; los griegos le hubieran colocado entre las constelaciones.”[20]

 

Crítica el trabajo de Alamán haciendo énfasis en que “el pueblo [aquella noche de revuelta del 15 de septiembre de 1810] no preguntó al anciano sacerdote: ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu raza? Sígueme – gritó Hidalgo. Guía contestó el pueblo.”[21] Aún más dura es su crítica cuando dice “apenas podemos dedicarle un pequeño homenaje de admiración y gratitud, y creeríamos ofender su memoria, si para honrarle quisiéramos recordar si fue buen rectos o si introdujo el cultivo de la morera.”[22]

 

Nos muestra un anciano benévolo cuyo deseo independentista como prioridad (y contrario a lo mostrado por Alamán) aseguró en Hidalgo que “necesitaba ser un héroe, casi un dios” y que sabía que “su sacrificio era inevitable”[23] para lograr la añorada independencia del pueblo que vivía bajo el yugo opresor de la Corona Española.

 

De la misma manera, justifica la fugaz intervención del cura en la historia de la independencia indicado que “el iniciador arroja nada más el germen que debe fecundarse y brotar y florecer en el cerebro y en el corazón de un pueblo entero. Porque aquel germen debe convertirse en un árbol gigantesco que necesita para vivir de la savia que sólo una nación puede darle.”[24]

 

Refleja su contexto y la justificación de su biografía (y en general del libro completo) plasmando la inquietud que lo obligó a escribir el texto, “México había olvidado ya [tras las luchas y los problemas de mediados del XIX] que en un tiempo había sido nación independiente […] el hábito de la obediencia era perfecto […]”[25] Así pues el relato se hizo dirigido a un pueblo sediento de identidad y de héroes que exaltaran la grandeza de la nación como aliciente que fortaleciera el espíritu de un sentimiento de pertenencia a la tierra y el país donde vivían.

 

A comparación de Alamán, la descripción que hace del cura lo convierte en un retrato de un santo, más que en una descripción fiel del hombre, “la virtud ciñe su frente con la corona de plata de la vejez, la gloria le rodea con su aureola de oro y la eternidad le recibe en sus brazos […] Hidalgo, el héroe del arrojo y del valor”[26]

 

Su relato tan polarizado al de Alamán, presenta una perspectiva poco perceptible en la semblanza de don Lucas; el reconocimiento justo que la historia debe hacer a este personaje, comprendemos el valor y el reconocimiento de haber sido uno de los iniciadores del movimiento que trajo como conclusión la independencia de lo que actualmente conocemos como México.

 

Contrarrestando lo anterior y siguiendo el patrón general del texto, es tal el grado de divinidad que pretende dar a Hidalgo que propone sin miramientos el reconocimiento del recinto donde vivió el cura como catedral de culto y veneración al “anciano prócer de la patria”.

 

“Al llegar frente a la modesta casa que ocupaba el patriarca de la independencia; al penetrar en aquellas habitaciones; al encontrarse en la estancia; que en solitarios paseos midió tantas veces el respetable anciano, se siente casi la necesidad de arrodillarse. Instintivamente loa hombres se descubren allí con veneración, y alzan el rostro como buscando el cielo, y las miradas se fijan en aquel techo, en cuyas vigas tuvo mil veces clavados sus ojos el virtuoso sacerdote, mientras la idea de la esclavitud de su patria calcinaba su cerebro”[27]

 

Casi para terminar u texto, Palacio plasma afirmaciones que sin necesidad de tener un opinión polarizada o defender una postura ideológica chocan ante la duda de saber como puede ser posible conocer el pensamiento de un hombre que falleció sesenta años atrás, sobretodo ante la aventura de plasmarlas sin fundamento o prueba.

 

Hidalgo es grande – dice palacio- “porque concibió un gran proyecto, porque acometió una empresa gigantesca […] porque comprendió que su empresa se realizaría [la independencia]”[28]

 

El cierre del texto es una verdadera joya literaria, pero al mismo tiempo una escalofriante profecía cumplida; “Hidalgo será siempre en nuestra historia una de las más hermosas figuras y a medida que el tiempo nos vaya separando más y más de él, se irá destacando más luminosa sobre el cielo de nuestra patria, y para nosotros llegará un día en que su nombre sea una religión.”[29]

 

La diferencia en el etilo de escritura entre Alamán y Riva Palacio es abismal, de igual forma su metodología y su trasfondo, sin embargo ambos forman parte de la historiografía que ha creado la historia nacional y deben ser analizados bajo la misma lupa.

 

Es momento de dejar claro que el análisis hecho pretendió mostrar las perspectivas diferentes que existen en la historiografía de nuestro país y que así mismo deja abierta la conclusión al lector aclarando que la historia existe como tal lo que varía es su escritura y su divulgación, pero lo importante no es confrontar las diferencias en un ambiente conflictivo sino objetivo en búsqueda de una regeneración de la propia historia.

 

La historia, como en un principio lo mencioné, existe por si misma, y su análisis y discurso plasmado en la historiografía es la tarea del historiador. Hoy México necesita del estudio crítico e imparcial de su historia, del análisis historiográfico prudente y concentrado, sin duda nuestra historia no esta exenta de los mitos e invenciones, del olvido y pretensiones partidarias o políticas, pero esto mismo debe ser el aliciente único y necesario para la construcción histórica de nuestro tiempo.

 

En un México que históricamente nos comprueba su problemática interna, su coyuntura en los social, político y económico y que nos arroja a la vista de forma tan violenta que no hemos logrado superar nuestras profundas diferencias, es necesario que el estudio de la historia tome una fuerza significativa que logre romper con la idea de tan arraigada de que conflicto es igual a diferencia, la historia misma nos indicará que el camino es comprender que diferencia es antagónico del conflicto.

 


Bibliografía.

 

Alamán, Lucas. Semblanzas e Ideario. “Don Miguel Hidalgo y Costilla”. Universidad Nacional Autónoma de México. P. 37-61. Cuarta Edición. México, D. F. 1989.

 

Lewis, Bernard. La Historia recordada, rescatada, inventada. Trad. Juan González Hernández. México. FCE. 1984.

 

Mora, José María Luis. Obras Completas. Vol. 6. Obra Histórica. Tomo III. México y sus revoluciones 3. “Desde el rompimiento de la revolución de Independencia, hasta la ejecución de Hidalgo y sus compañeros. Documentos relativos a la causa formada al presbítero don Miguel Hidalgo”. Secretaria de Educación Publica / Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. México, D. F. 1994.

 

Payno, Manuel. Riva Palacio, Vicente. El libro rojo. “Hidalgo”. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. P. 309-315. México, D. F. 2005.
 
 
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[1] Lewis, Bernard. La Historia recordada, rescatada, inventada. Trad. Juan González Hernández. México. FCE. 1984. Pág. 75

[2]Alamán, Lucas. Semblanzas e Ideario. “Don Miguel Hidalgo y Costilla”. Universidad Nacional Autónoma de México. Cuarta Edición. México, D. F. 1989 P. 38

[3]Op. cit. Alamán. P. 39

[4]Op. cit. Alamán. P. 41

[5] Nótese que Alamán plantea el movimiento de Hidalgo no como Independentista de la Corona española, más bien como de un cambio de manos del poder otorgado por la Corona Española.

[6] Op. cit. Alamán. P. 42

[7] Op. cit. Alamán. P. 43

[8] Conforme avanzaba el movimiento, cada vez se respetaban menos las haciendas y propiedades de los mismos americanos, desvirtuándose de esta manera el origen del movimiento y convirtiéndose en una revuelta  sin base ideológica ni política, fundada solo en la rabia mal enfocada del pueblo. Alamán dice: “las haciendas de los americanos en los principios de la guerra sufrieron menos, pero en el progreso de ella, todas fueron tratadas del mismo modo”.

[9]   Op. cit. Alamán. P. 46

[10] Op. cit. Alamán. P. 49

[11] Op. cit. Alamán.  P. 52

[12] Op. cit. Alamán. P. 57

[13] Op. cit. Alamán. P. 58

[14] Op. cit. Alamán. P. 59

[15] Op. cit. Alamán. P. 59

[16] Op. cit. Alamán. P. 60

[17] Payno, Manuel. Riva Palacio, Vicente. El libro rojo. “Hidalgo”. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, D. F. 2005.P. 309

[18] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 310

[19] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 309

[20] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 310

[21] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 309

[22] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 313

[23] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 309

[24] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 310

[25] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 310

[26] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 311

[27] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 312

[28] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 313

[29] Op. cit. Payno – Riva Palacio. P. 314

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