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Estrechez de corazón, no de vías

publicado a la‎(s)‎ 19 may. 2018 16:44 por Bicicultura Urbana   [ actualizado el 20 may. 2018 15:37 ]
Por Maria Daniela Castillo*
@mariadcastilloc

La excusa de que las calles de Bucaramanga no están hechas para las bicicletas es puro cuento. Que no están propiamente acondicionadas es otra cosa; pero tampoco lo está la forma de pensar de algunos. No quiere decir que se puedan introducir las bicicletas de la noche a la mañana, sin un plan establecido. Claramente se requieren muchas gestiones de parte de diferentes sectores de la ciudad. Pero más que todo, se necesita educación al respecto.

En Bucaramanga hay una tragedia de los comunes1, donde todos quieren manejar pero todos quieren que haya menos tráfico (más o menos de la misma forma en que todos se quieren parquear en la sombra pero nadie planta árboles). Todos quieren más carriles pero no quieren más tráfico en ellos. ¿Y entonces?. ¿Adónde vamos a llegar con esto? No podemos exigir más y más pero para nuestro uso exclusivo. No podemos combatir tráfico con más tráfico. Necesitamos soluciones que vean más allá de lo superficial. Sí hay ejemplos de ciudades en que han decidido priorizar a las personas por encima de los carros, y los resultados han sido fenomenales. En estas ciudades, rara vez “las calles estaban adecuadas para las bicicletas”. La bicicleta dominaba como medio de transporte cuando las ciudades se estaban empezando a formar, por razones obvias (pues su eficiencia, economía, y beneficios para la salud no han menguado), hasta que los automóviles se tomaron las calles. Pocas ciudades han priorizado la bicicleta desde la introducción de los automóviles. Pero esto ha requerido mucho más que acción política. Por ejemplo, en Vancouver, Canadá2, fueron movimientos ciudadanos los que lograron impedir la construcción de una masiva autopista que iban a alterar su herencia cultural y desplazar a cientos de familias. En 1960, los ciudadanos decidieron protestar y exigir la protección de los espacios públicos. Hoy en día, Vancouver es la única ciudad grande en Norteamérica donde una autopista no pasa por su centro, y es una de las mejores ciudades para vivir en el mundo. Esto se debe en gran parte por la forma en que ha logrado combinar la urbanización con la belleza natural que la rodea, al mismo tiempo que protege a los más vulnerables en las calles: los peatones. (Otro gran ejemplo es Copenhagen3.) En otras ciudades, la bicicleta ha sido una re-introducción a la ciudad, después de que los ciudadanos se dieron cuenta de la oportunidad que estaban desperdiciando al dejarla atrás. 

Bucaramanga es una de esas ciudades donde la mentalidad de tener carro está comúnmente asociada con desarrollo económico y libertad; pero ninguna de las dos es totalmente cierta. Es más, si gasta grandes porcentajes de su salario en pagar un carro, pagar los seguros, parqueaderos, gasolina, y demás, tal vez no se esté avanzando tanto como piensa. ¿Libertad? Empezando porque no puede sacar el carro un día a la semana (más del 8% de las horas a la semana, o el 12.5% del tiempo promedio que alguien está despierto a la semana). Ahora piense en todos esos minutos al día, y horas a la semana, que pasa estancado detrás del timón en un río de carros que solo se mueve de vez en cuando.

Tener carro no es del todo malo (si ya resolvió el asunto de comprarlo y pagar por él, y de tener un lugar seguro donde guardarlo). Con un carro particular uno puede salir de donde necesita y llegar al destino que necesita, puede escuchar la música que quiera y al volumen quiera, o poner el aire acondicionado. Sin embargo, aunque técnicamente puede llegar a su destino, eso no significa que vaya a encontrar parqueadero (fácilmente o del todo) o que no tenga que pagar por estacionar ahí. Sí, es muy chévere uno poder manejar el fin de semana y salir de la ciudad, como ir a la Mesa de los Santos o incluso más lejos. Pero mi punto es que hay que entender que el carro no es la solución para todo y, más importante aún, que no hay que menospreciar a los otros medios de transporte.

En taxi, bus, o Metrolínea, el hecho de no ser uno el que va manejando hace que no se tenga que preocupar por los otros conductores. ¿Qué más? Puede chatear, ver instagram, mandar snapchats, o hacer lo que quiera en su celular. O hasta leer un libro. Y el obvio beneficio del Metrolínea: ¡tener un carril exclusivo! El bus no lo va a dejar necesariamente en su punto de destino, pero a nadie le caen mal unos minuticos extra de caminar al día. Si camina puede vitrinear, comer o tomar algo en el camino, y hasta se puede encontrar con amigos que no veía hace rato. Y si definitivamente no le gusta hablar con la gente, se puede poner audífonos o simplemente no hacer contacto visual. 

Bucaramanga se está desarrollando a tasas muy altas, y a veces inesperadas, al igual que la mayoría de ciudades grandes en América Latina. El problema es que, a diferencia de otras ciudades, nos ha costado mucho trabajo actuar de manera urgente. Tal vez sea en parte por malas administraciones y corrupción, pero no todo es culpa de la política. La falta de cultura ciudadana, el desinterés por los otros medios de transporte que no son el que uno utiliza y el inagotable escepticismo hacia una desarrollo verdaderamente sustentable han creado algo aún más grave que la inacción: ha causado que muchas personas pierdan esperanza y confianza en ver a la ciudad desarrollarse como debería ser. ¡No debemos perder las esperanzas y ganas de vivir en una ciudad más amigable con nuestra salud y con el medio ambiente! Sería ridículo pensar que Bucaramanga puede seguir creciendo al ritmo que va y que podemos continuar metiéndole la misma cantidad de carros sin que colapse. Las cosas deben cambiar urgentemente, y ya están empezando a cambiar. Lo que debemos hacer es acelerar este proceso, y al mismo tiempo rescatar la confianza que se ha perdido en nuestros líderes, tanto políticos como sociales, en nosotros mismos y en nuestra Ciudad Bonita. 

Creo que todos vemos la foto de la izquierda y pensamos: “los carros no caben”. Entonces, ¿cuál es la solución? 1) Quitarle espacio a los peatones para meter más carros, 2) crear algún puente loco para carros (túnel no se podría porque el metro ya va por ahí), o 3) sacar los carros del todo y priorizar espacio para los peatones. En su periodo de administración del transporte de la ciudad de Nueva York del 2007 al 2013, Janette Sadik-Khan4 se le midió a este reto. Como pueden ver en la foto de la derecha, la solución fue finalmente sacar los carros, pintar el piso de rojo (juzguen ustedes el color), y poner sillas, mesas y sombrillas. Y así fue como Times Square, la prestigiosa calle de Nueva York donde se encuentran algunas de las tiendas más finas del mundo, decidió cerrar el paso a los carros y darle una oportunidad de mayor comodidad a los peatones. Lo que empezó como una prueba, resultó siendo un cambio permanente después de un éxito rotundo. Los establecimientos se vieron impactados positivamente, y decenas de nuevos pequeños negocios (como ventas de perros calientes) surgieron y siguen teniendo éxito. ¡Incluso la movilidad mejoró! (Debido en parte a alteraciones en rutas alternas que, entre otras cosas, disminuyeron el tiempo de espera en los semáforos5.) Además, como era de esperarse, la accidentalidad disminuyó. Como dice Sadik-Khan: “Si puedes rehacerlo aquí, puedes rehacerlo en cualquier lugar”. 

https://picasaweb.google.com/100612505345152850771/BiciculturaUrbana#6557791828477480882
Así que, como dirían nuestros amigos Los Prisioneros, en Bucaramanga hay estrechez de corazón, no de vías.

Referencias/También le puede interesar: 

La tragedia de los comunes, por Garrett Hardin 


2. (Story of cities #38: Vancouver dumps its freeway plan for a more beautiful future)


3. (Story of cities #36: how Copenhagen rejected 1960s modernist 'utopia')


4. Janette Sadik-Khan se une al Consejo de ITDP


5. Libro Streetfight (muy recomendado)



*Maria Daniela Castillo es una ciclo-usuaria de Bucaramanga que terminó su carrera de Ciencias Ambientales en la Universidad de Wisconsin-Madison en 2017. Ahora se encuentra haciendo investigación en la Universidad de Boston en temas de calidad de aire, salud pública y transporte sostenible. También está involucrada con iniciativas de oportunidades para mujeres y jóvenes en Costa Rica y América Latina.


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