SERVICIO DE ATENCION A DIOS

          

  •  
  •  
  •  
  •  
  •   

    SERVICO DE ATENCION A… DIOS

     

    Escrito por: Tommy Tenney

     

    Si usted puede atender a un hombre a quien puede ver, hay potencial para servir a Dios a quien no puede ver, y para aprender cómo atender al Espíritu Santo.

     

    Hace poco tuve una de las peores experiencias de mi vida, ya que me convertí en la víctima de la “atención” de una mujer que se las daba de mesera, y que en realidad se fastidió cuando yo entré.

     

    La atención, y en realidad estoy siendo muy amable al llamarla así, fue tan mala que finalmente le pregunté a la mesera:

     

    – Señora, ¿sabe usted quién paga su salario?

    Sonrió con sorna, volteó los ojos, y respondió:

     

    – Mi jefe.

     

    – No –le dije-, es gente como yo la que paga su salario.

     

    Esperé hasta que finalmente bajó sus ojos para mirarme, y entonces le dije:

     

    – Señora, usted no tiene ni idea de mi capacidad para cambiar su futuro. Podría hacer que tenga un día muy feliz. Usted no sabe a quién sirve todos los días y su jefe no es quien paga realmente su salario. Si los clientes no reciben una buena atención aquí, dejarán de venir. Entonces, ¿qué va a hacer usted?

     

    La mesera nunca comprendió lo que quería decirle, y muchos cristianos nunca “lo captan” tampoco.

     

    Piensan que La Iglesia está dedicada a ellos y así la convierten en “clubes bendíceme” glorificados, en tanto que Dios piensa que La Iglesia es un “club” para bendecirlo a Él.

     

    Las mejores experiencias de comer fuera incluyen dos componentes sobresalientes, sin los cuales la experiencia no es tan agradable:

     

    Buena comida y un buen mesero.

     

    Los buenos meseros se adelantan a las necesidades de los clientes con tanta eficiencia que ni siquiera uno tiene que pedirles algo. No importa si el problema tiene que ver con volver a llenar los refrescos, cubiertos o servilletas que se caen al piso, o presentar a tiempo la cuenta; se preocupan por todo.

    De eso se trata un buen servicio de adoración. Al Señor le encanta venir a los servicios cuando nosotros adivinamos de antemano sus más mínimos deseos y antojos. Se deleita al vernos buscar con todo cuidado la dirección del Espíritu Santo en toda parte del culto. Si no tenemos cuidado, podemos presuntuosamente llamarlo un “buen servicio”… cuando ni siquiera somos buenos meseros.

     

    Si nos olvidamos que todo tiene que ver con Dios, regresamos al mito de que La Iglesia tiene que ver solo con nosotros, y entonces en realidad jamás lograremos entrar y nos perderemos por completo su propósito. La versión más corta de todo esto es que necesitamos un cambio de perspectiva.

     

    Al tener un encuentro con la presencia de Dios, los problemas que parecían tan grandes como para bloquear la luz de la esperanza, de súbito parecen ser tan pequeños que han perdido su poder para paralizar y controlar su vida. ¿Cambiaron los problemas? No. Lo que cambió fue su perspectiva. Ahora usted los ve desde la perspectiva eterna del cielo, como siempre Dios quiso que los viera.

     

    Es eso lo que hace la adoración. Sus problemas no son demasiado grandes, tal vez su adoración es demasiado chica. ¿Cuán grandes son sus problemas? Es tiempo de “extender sus alas” en la presencia de Dios y volar por encima de ellos. Si pudiera ascender lo suficiente, sus problemas se harán pequeños y menos significativos. ¿Por qué? Su Padre celestial jamás quiso que morara en el ámbito terrenal, constantemente mirando sus problemas y persistiendo en ellos. Usted fue hecho para los lugares celestiales.

     

    La única manera de obtener una perspectiva celestial es servir a Dios con  su adoración. En otras palabras, usted debe aprender cómo atender a la presencia de Dios. Si no puede atender a un hombre a quien puede ver, ¿cómo puede atender a un Dios a quien no puede ver?

     

    ¿Qué sucedería si aprendiéramos a disfrutar de la presencia del Señor realmente sirviéndolo? ¿Hay alguna manera de medir el potencial del poder sobrenatural de Dios puesto en libertad en su pueblo? Para que una ciudad reciba una visita divina, ¡alguien debe aprender cómo atender al Espíritu Santo!

     

    Tomado del libro: Los captores de Dios