EL ALCOHOLISMO

          

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    Con frecuencia, el uso habitual del alcohol puede formar hábito. Se intensifican las deficiencias, las fallas y las dificultades del bebedor y, a menudo, se producen cambios de la personalidad.

     

    Antecedentes

    Aunque se sienta lleno de confianza bajo la influencia del alcohol, frecuentemente presenta una personalidad inmadura, insegura, deprimida y llena de sentimientos de culpa.


    No se siente satisfecho consigo mismo. No se puede permitir afrontar sinceramente su mal hábito y los problemas que lleva aparejados, por lo que niega su problema. Es deshonesto al tratar de encubrir su alcoholismo y culpará de ello a los miembros de su familia, sus jefes, sus padres o “las malas pasadas” que le ha jugado la vida. Las desviaciones y las excusas conducen a una mascarada que, algunas veces, adopta aspectos casi cómicos; aunque en realidad son trágicos.

    Los alcohólicos necesitan ayuda desesperadamente. La organización de Alcohólicos Anónimos sostiene que en tanto los alcohólicos no tocan el fondo, aceptando que sus vidas se encuentran fuera de control, hay pocas esperanzas de que se produzca un cambio. El admitir la existencia del problema es la primera etapa en el camino hacia la recuperación. ¡Hay esperanza! Dios tiene poder para liberar a los hombres del vicio del alcohol.


    Billy Graham escribió: “La Biblia enseña que hay una liberación para los hombres de las cosas del mundo…no por medio de productos químicos, sino de Cristo, haciendo que la mente y el corazón se armonicen con Dios mediante el sometimiento a Su voluntad y la aceptación de su perdón. Solo en Cristo hay una liberación de los pensamientos tortuosos del hombre y de los hábitos sórdidos que están destruyendo a tantas personas. ¿Por qué denuncia tan claramente la Biblia las borracheras? Porque el alcohol es un enemigo de la vida humana. Y Dios está en contra todo lo que perjudica al hombre y su bienestar”.


    Estrategia de asesoramiento


    1. Si el interlocutor está ebrio o “alegre”, cualquier consejo que se le trate de dar será una pérdida de tiempo – una conversación con el alcohol y no con la persona – e incluso puede resultar contraproducente para el individuo. Organice una reunión (o pídale que vuelva a telefonear al día siguiente) cuando esté sobrio. Si parece estar fuera de control, recomiéndele que vaya a un centro de desintoxicación (si está telefoneando, pídale que pase el teléfono a otra persona y, luego, pídale a quien responda que lleve a esa persona a un centro de desintoxicación).


    2. Puesto que los alcohólicos suelen ser deshonestos y engañadores, el consejero debe dar muestras de un “amor firme” al tener tratos con ellos. Pregúntenle si desea ayuda verdaderamente. ¿O se comunicó simplemente para “tratar de conmoverme “(para dar excusas, echar la culpa de todo a otras personas y cosas, ocultando su verdadera personalidad y su problema)?


    Al adoptar una postura firme, eviten emitir juicios y censurar su conducta con la ayuda de textos bíblicos (esos versículos se presentarán en forma natural cuando le hablen del evangelio). Asegúrenle que se ha puesto en contacto con la persona apropiada, porque les interesa y se sienten contentos de poder hablar con él o ella (excepto si se encuentran en estado de ebriedad).


    3. Hagan hincapié en que es preciso que acepte que tiene un problema que no puede resolver por sí solo. El alcohol es mucho mayor que él y no puede derrotarlo por sus propios medios.
    ¿Está dispuesto a comprometerse a dejar la bebida para siempre? ¡Nada distinto a eso servirá para nada! Debe poner fin a la mascarada de una vez y para siempre. Es personalmente responsable de su situación y sus problemas.


    4. Este puede ser el momento apropiado para preguntarle si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador. Cristo murió en la cruz específicamente por él, con el fin de salvarlo y cambiarlo.

    5. Regresen al razonamiento del punto 3.


    a. No debe volver a usar nunca el alcohol. Tratando de vivir de día en día, debe aprender a confiar en las promesas de Dios respecto a las tentaciones (1 Corintios 10.13)


    b. Deberá dar por terminadas todas las relaciones que lo mantengan esclavizado en su patrón de conducta. “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. (1 Corintios 15.33).

    c. Debe establecer nuevas relaciones.

    Buscar un grupo local de Alcohólicos Anónimos u otras organizaciones de apoyo. Podrá encontrarlas en el directorio telefónico. Identificarse con una iglesia local que enseñe las doctrinas de la Biblia, donde podrá adorar al Señor, estudiar las Escrituras y tener compañerismo con otros cristianos, de modo que reciba también respaldo espiritual.

    d. Sean sinceros con esa persona, indicándole que es posible que tenga recaídas; pero que no todo está perdido. Puede buscar la renovación sobre la base de 1 Juan 1.9, y las etapas del punto 5 se deberán practicar de día en día.


    e. Oren con esa persona para que se vea liberada de su compulsión y la esclavitud en que se encuentra, con el fin de que pueda experimentar una transformación en su mente y su vida, por medio del poder de Dios (véase Romanos 12.1-2). Anímenle para que cultive una vida de oración.


    6. Si su interlocutor es un cristiano que se ha convertido en víctima del alcohol, utilice las etapas anteriores.


    7. En ambos casos, recomiéndele firmemente a esa persona que busque el asesoramiento de un pastor o psicólogo que comprenda lo que es el alcoholismo o la drogadicción. Muchas veces es necesario resolver las causas subyacentes del vicio, tales como inseguridad, sentimientos de culpa y fracaso, tensiones, conductas sexuales desviadas. Etc.


    Citas bíblicas


    “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5.17).


    “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. (Juan 8.36).

    “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10.13).


    “El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”. (Proverbios 28.13).


    “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. (1 Juan 1.8-9).


    “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. (Isaías 26.3).


    Mateo 11.28

    2 Corintios 2.14

    Juan 3.16

    Gálatas 5.22-23

    Romanos 12.1-2

    Romanos 14.11-12