° Reseña: Derrumbada Azul 9 ene 2011. Texto: Carolina Rodríguez. T. ______________________________________

CAMINATA DEL CEMAC SECCION XALAPA, DOMINGO 9 DE ENERO DEL 2011

 

DERRUMBADA AZUL

 

 

La última de la trilogía y a decir de la mayoría la más difícil y pesada, sí, estoy hablando de la Derrumbada Azul, montaña escogida este domingo nueve del presente para realizar la segunda caminata del año del Club de Exploraciones de México, Sección Xalapa y que junto a la Derrumbada Blanca y la Derrumbada Roja son una de las tercias atractivas del vecino estado de Puebla. Así pues sabidos de esto nos dimos cita a la hora y lugar acordados 15 socios y 2 invitados de este Club; la que relata acepta que estaba algo temerosa de esta caminata pues después de un gran maratón Guadalupe-Reyes y anexas y sin haber realizado alguna otra actividad como preparación, una salida de este calibre pone a prueba la condición física de los que la realizan, me atrevo a decir que ese era el sentir de los asistentes.

 

Llegamos al poblado llamado Portes Gil, ya en el Estado de Puebla cerca de las 9 de la mañana, donde nos esperaba el buen amigo Carlos Ortega y su esposa Juanita de la representación de Libres, para unirse a este grupo de exploradores; la primer imagen que vimos al descender de la camioneta que nos llevaba fue triste, era la del mejor amigo del hombre muerto en el pastizal, no sabemos si de frío o de hambre pues las dos opciones cabían al verlo tan flaco y al sentir nosotros correr un aire helado, ni hablar, seguimos nuestro camino pues teníamos que darle ya inicio a la caminata, al llegar a un punto después de unos minutos de andar, hicimos la acostumbrada rueda para que el guía Manuel Hernández diera las indicaciones pertinentes y fue designado como retaguardia el compañero Armando; una vez hecho esto, iniciamos formalmente nuestra aventura; Manuel dio muestra de que llevaba energía de sobra pues nos topamos con un montículo de grava de varios metros de altura y fue retado a que no lo subía, acto seguido, se dispuso a correr y en unos instantes llegó a lo mas alto, algunos otros compañeros lo siguieron y otros mas decidimos guardar esas energía para la Azul que aun se veía lejos; al ir caminado observamos en lo alto el vuelo de un gavilán, majestuoso con sus alas extendidas y dejándose llevar por el viento que corría y de vez en vez nos dejaba escuchar su voz al tiempo que parecía estar posando para nosotros, ¡maravillosa naturaleza¡.

 

Seguimos nuestro caminar rodeando la montaña pues entraríamos por el puerto que hacen la Derrumbada Roja y la Azul, atravesando el bosque con olor a pino presente en todo el trayecto, aunque ese tramo no fue en terreno de subida, si fue muy largo y caminábamos y caminábamos y no veíamos siquiera que llegáramos a la base, finalmente y ya pasadas las 11:30 de la mañana teníamos ya de frente la pendiente de la Azul y ahí empezó lo bueno, si se puede decir, porque el camino era grava en su totalidad, y como todos saben en este suelo los pasos son mas cansados, recorrimos pues un gran cañón de grava pura, llegó un punto en que tomamos un “atajo” para dejar la grava pero en donde la pendiente era muy pronunciada, después de llegar a un plano decidimos tomar un descanso y hacernos la foto de grupo sobre un gran tronco tirado a medio camino, ya en ese punto podía notarse el cansancio de algunos, pero aún nos faltaba por recorrer, después de trepar algunas rocas, pasar por debajo de árboles caídos, el guía nos llevó a un punto elevado - obviamente después de otra gran pendiente que ocasionó alguno que otro resbalón- y desde ese punto pudimos observar un sin fin de picos de roca en tono azul que dan el toque característico a la Derrumbada en cuestión, ¡que paisaje mas hermoso¡, y si uno volteaba veía la Derrumbada Roja con el Pico de Orizaba sobresaliendo en un día soleado y con viento, ahí permanecimos unos momentos, y fue donde algunos compañeros decidieron quedarse y esperar al grupo que seguía en la lucha por llegar a la cima.

 

Reanudamos la caminata pasando en ocasiones por la orilla del camino y donde si te resbalabas hacia el lado izquierdo podías caer mínimo unos 50 metros hacia los picos azules ya mencionados y si te resbalabas hacia el lado derecho caías sobre el manto de ramas y troncos caídos, digo, dolería quizá un poco menos, pero nadie quiso investigar eso. Avanzamos mas cuando Manuel nos dijo: ¡esperen, el camino ya no está, hubo un derrumbe¡, detuvimos la marcha un poco sorprendidos pues quizá habíamos olvidado que la naturaleza no pide permiso y toma sus propias decisiones; pasaron unos minutos mientras el guía se adelantó sobre un terreno en desnivel para ver si habría otra opción para que el grupo siguiera pues se veía el cauce de un río que tal vez era el indicado para seguir, todos estábamos en la expectativa de si podríamos continuar, pero finalmente nuestro guía sabiamente nos dijo que esto no podría ser y que teníamos que regresar el camino andado para encontrarnos con los otros compañeros que se habían quedado a esperarnos, siendo ahora el guía en este regreso Toño Salazar, mientras que él junto con tres compañeros mas tratarían de seguir por lo menos una hora mas con el fin de encontrar alguna nueva ruta que los acercara a la cima, pero solo ellos pues no sabían lo que se podrían encontrar mas adelante y no era recomendable que todo el grupo fuera; la de la voz y seguramente otros compañeros, aún teníamos fuerzas para continuar pero optamos por quedarnos por no entorpecer el andar del guía; es de agradecer en este punto a Luis Blancas quien sacrificando las ganas de llegar a la cima con Manuel, Carlos y Fruc, decidió quedarse con 3 damiselas que por el espíritu aventurero y/o por no pasar otra vez por esos bordes que te podían llevar al precipio optamos por irnos por el cauce del río seco de regreso, pero para ello tuvimos que descender unos tres metros en un rapel improvisado sobre un viejo tronco derribado, poniéndose aquí de manifiesto tres técnicas rapelianas: la del resbalón, la de no se si en la cintura o en la mano, y la de la arañita, pero todas nos llevaron a suelo firme que es lo importante.

 

Ya estando todos los que tuvimos que regresar compactados con los que se quedaron en el peñón descansando, comimos algo, unos hicieron una pequeña siesta, otros mas tomaban fotos y otros solo admirábamos aquel paisaje de gran belleza. Reanudamos el camino de regreso para llegar al punto donde Manuel nos había indicado llegarían a las 4 de la tarde para el camino de regreso; bajamos, bajamos y bajamos, al paso que resbalaban rocas y compañeros sobre el terreno, Mirna fue cliente de la grava pues por lo menos 3 caídas se llevó. Nos topamos con un claro en medio del bosque y tuvimos la sensación de estar desorientados en cuanto a si estábamos en la ruta correcta, por lo que Toño prudentemente decidió detener la marcha y comunicarse vía radio y silbato con Manuel, que para esa hora ya debería estar bajando también; finalmente éste llegó a nuestro encuentro entre aplausos y gritos solo para confirmarnos que ese era el camino y que estábamos en el sendero correcto; además de decirnos que los 3 lograron encumbrar la montaña después de recorrer un sendero difícil y con pendientes aun más pronunciadas de las que habíamos pasado.

 

            El camino de regreso fue tan largo como el que nos adentró en la Derrumbada Azul, pero ahora saldríamos del otro lado, sobre la carretera que lleva a San Luis Atéxcatl; como de todos es sabido siempre en el regreso de las caminatas el dicho que mas se escucha es el de :”no hay burro flojo pa’ su casa”, esta ocasión no fue la excepción y solo se oían los pasos sobre la grava en un ritmo cadencioso de todos los cemaquientos apresurados; caminamos también por un largo rato sobre un sendero donde en vez de pisar tierra parecía que estábamos pisando talco de lo fino que ésta era, y algunos se atrevieron a echar carreritas ocasionando una polvareda aun mayor, alcanzamos a ver las primeras estrellas brillar, y finalmente llegamos al punto donde nos esperaba la camioneta que nos traería de regreso a casa, no sin antes pasar por el famoso súper a orilla de carretera donde nos despedimos de Carlos y Juanita que regresaban a Libres, y donde también quedó de manifiesto que el glamour en el Cemac siempre se hace presente, pues mientras la mayoría estábamos cansados, despeinados y empolvados de pies a cabeza, un caballero socio del club cuyo nombre dejaré en el anonimato, en cuestión de minutos apareció ante nosotros peinadito, con la carita lavada y listo para ir a echar rostro como se dice coloquialmente, la pura vanidad¡.

 

            Después de esto llegamos a eso de las 9:30 p.m. a nuestra Ciudad, donde después de despedirnos nos dirigimos a nuestras casas satisfechos de haber realizado una caminata mas de las muchas que espero podamos disfrutar a lo largo de este año que apenas empieza y donde seguramente mas experiencias habremos de vivir.

 

POR: CAROLINA RODRIGUEZ TORRES

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