DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS, novela histórica

FUENTE: 

RODRÍGUEZ VERGARA, ISABEL. "Gabriel García Márquez o la poética de la cultura latinoamericana". 14/04/00. <http://www.lablaa.org/blaavirtual/literatura/narrativa/Volumen1CapIII.pdf


CONTEXTO: Sobre el estilo de GGM:

"Memorias de su infancia, su familia, los amores de sus padres,

sus viajes por el Río Magdalena rumbo al liceo en Zipaquirá

–donde llevará a cabo parte de sus estudios–, y sus inicios como

periodista en Cartagena, son eventos que surgen y se reiteran en

sus novelas escondidos en metáforas. Lee, discute y ‘desarma’

(como él suele decir) obras de quienes más tarde serán reconocidos

como sus maestros: Faulkner, Kafka, Joyce, Woolf, entre

otros. Escribe como periodista de izquierda preocupado por su

entorno, y como creador que descifra la ‘realidad’ en signos que

deleitan al lector con su prosa poética, preludiando triunfos como

creador y hombre público. Recibe numerosos premios, y el reconocimiento

de su excelencia literaria culmina al otorgársele el

máximo y prestigioso galardón del Premio Nobel de literatura

en 1982, convirtiéndose en el cuarto escritor latinoamericano

merecedor del título2. Le precedieron Gabriela Mistral (1945),

Miguel Ángel Asturias (1967) y Pablo Neruda (1973). Cien años

de soledad, obra en la que el genio literario de García Márquez

recrea un mapa humano del Caribe, novela leída y traducida en

todo el mundo, fue clave para concedérsele el galardón del Nobel.

García Márquez además es considerado como el máximo expo-

nente del tono “maravilloso”, uno de los rasgos más novedosos

de la literatura de este siglo en América y en otros lugares del

mundo3.

La escritura de García Márquez es además reconocida por

su tenacidad de artesano en la elaboración de sus ficciones. La

dimensión de la experiencia predominante de García Márquez

que deambula en el vasto cosmos de su ficción, la constituye por

un lado, su relación con la cultura popular, representada con un

humor rabelesiano, y por otro, la reescritura interpretativa de la

‘realidad’ política y social latinoamericana, pincelada con toques

mágicos y autobiográficos. La música vallenata, los mitos populares,

remedios caseros, supersticiones, leyendas y personajes

populares, son signos constantes tejidos en sus narraciones con

dictadores, narcotraficantes, presidentes, alcaldes e intrigas políticas,

iluminan una realidad humana mucho más vasta. <...>

García Márquez se destaca a la vez como un narrador humorista

y un poeta satírico-cultural. Su obra expone desde diversos

ángulos la cultura latinoamericana, que se desarrolla en

un mundo social sin perder contacto con el espacio histórico. La

cultura en los textos de García Márquez comenta sistemas simbólicos,

entre los cuales el lenguaje, las reglas del matrimonio,

las relaciones económicas, el arte, la ciencia y la religión, cuentan

como las principales4. En García Márquez todos estos sistemas

apuntan hacia la expresión de ciertos aspectos de la realidad

física, social y política, permitiendo una lectura unitaria de

los textos, bajo una impecable estructura estética, propia de los

grandes maestros clásicos. <...>

El uso constante de humor,

de múltiples aspectos de la cultura popular, del carnaval,

de la imperativa necesidad de contar “el otro lado” de la histo-

ria subvirtiendo la ‘historia original’ y de narrar la vida ordinaria

del ciudadano en una perspectiva múltiple, concurren a todo

lo largo de la obra del escritor colombiano."


Sobre DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS:

"El discurso de la novela histórica Del amor y otros demonios (1994) 

expone, con matices mágico realistas, la historia de Sierva 

María de todos los Ángeles (hija de una mestiza y de un marqués

español), personaje que interpretaré como metáfora de un

individuo que reúne los conflictos y las contradicciones culturales

de un ser humano colonizado.

En el relato de la breve e intensa historia de amor entre Sierva

María, de doce años de edad, y el sacerdote Cayetano Alcino

del Espíritu Santo Delaura y Escudero, de treinta y seis años de

edad, se debate la complejidad de sistemas simbólicos, durante

el período colonial español. Consciente de la incapacidad de las

culturas de ofrecer a todos la misma forma de entrar en el orden

simbólico, el discurso se centra en una mujer –situada normalmente

en un punto intermedio entre la cultura y la naturaleza, 

en un nivel más bajo que el hombre–, para diseminar su significado

cultural. De aquí la importancia del papel de Sierva María

como transgresora del orden colonial, que exploraré en este

breve análisis42.

Esta novela dramatiza acertadamente el intrincado proceso

de interpretación cultural que se estudia tanto en la antropología

como en la historia y que en última instancia se disipa en los

ficticios signos del lenguaje. La “construcción” de las características

de Sierva María de Todos los Ángeles o María Mandinga,

como sujeto, determina su “cultura”. Un análisis de su nacimiento,

su apariencia física, su infancia, su entorno geográfico y su

lenguaje; sus gustos y sus inclinaciones; la percepción de otros

hacia ella, y su condición de “enferma”, sitúan a este personaje

en la frontera, en bordes indefinidos entre los dos mundos: el negro

americano y el blanco europeo, el mundo de la cordura y el

mundo de la locura. Sin embargo, hay tres “faltas” ante el sistema

colonial español, las que la condenan a la Inquisición: una

social, una moral y una de parentesco. Su falta social, la ausencia

de apellido español, su aparente bastardía que negaría la presencia

del padre y marca su falta de poder ante el colono. A cambio,

ella autónomamente sustituye su identidad blanca por la

africana y adopta el nombre de María Mandinga, elección que

desafía las leyes coloniales de parentesco. La falta moral se plantea

al ser ubicada en la frontera entre la santidad y la prostitución

por Dominga Sarmiento, al declarar que sería santa, y por su padre,

Ignacio de Alfaro Dueñas, segundo Marqués de Casalduero

y Señor del Darién, al afirmar que sería puta (59-60). Por último,

existe una falta física, al estar “enferma” de rabia, ante los

ojos de los blancos. La rabia, la posesión diabólica y la locura

se confunden en una sola, en una época en que la medicina, la

religión y la superstición estaban indiferenciadas, como bien lo

recuerda Michel Foucault en Madness and Civilization. La dolencia

física, marcada por la leve señal en su tobillo izquierdo

de una mordedura causada por un perro supuestamente rabioso,

subraya una funesta “diferencia” que la conducirá a la muerte.

El problema psíquico manifestado en su comportamiento

abierta y malsanamente africano, como hija de un hombre blanco

y una mestiza, amenaza el orden cultural dominante y, por

lo tanto, se debe controlar por los medios legales de la Inquisición

(Vergara, Del amor, 131-132). Es así como Del amor y otros

demonios dramatiza los prejuicios culturales judeo-cristianos durante

la Colonia."


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