El Imperio de los Austrias

El nieto de los Reyes Católicos se convertirá en el primero de una nueva dinastía con la que la recién nacida España verá cómo se convierte en la primera potencia mundial. Carlos I será la cabeza de un imperio que será el eje de Europa y el dueño de gran parte del nuevo continente. Pero sus éxitos en la política exterior no pueden cegarnos: siempre se consideró un extranjero y descuidó la política interior.
 
Su hijo, Felipe II, consolidará el Imperio y hará posible el gran sueño de los Reyes Católicos: la unificación territorial peninsular con la incorporación de Portugal a la corona española. Es hijo de Carlos I y compartirá con él algunos parecidos y tendrá algunas diferencias.
 
Entre las diferencias destaca el enfoque de la política interior: así como Carlos I siempre fue un rey considerado como extranjero, muy preocupado por los asuntos exteriores, imperiales, y nada centrado en los asuntos de España, Felipe II sí que se sentía plenamente español y dio prioridad a los asuntos del reino, a los asuntos de la política interior.

Entre los parecidos destacan sus motivaciones en la política exterior: a ambos les movió en sus actuaciones europeas la defensa de su autoridad, de la hegemonía en Europa, y la defensa del catolicismo.
 
Así, su poderoso reinado estuvo repleto de luces y sombras.
Entre las luces destacar la fortaleza de la administración y organización del Estado y el papel de España en la esfera internacional, en la que tuvo que hacer frente a multitud de conflictos, ya que las grandes potencias europeas lo retaban constantemente.
En lo exterior, sin duda, los mayores éxitos fueron la anexión de Portugal, la victoria sobre Francia (San Quintín) y sobre los turcos (Lepanto).
Las sombras, no obstante, vinieron del norte: el conflicto nunca resuelto en Flandes y la derrota de la Armada Invencible, que significó el comienzo de la hegemonía inglesa en los mares y el crecimiento de la siempre acechante Francia, que tomará el relevo de la primacía continental en el siglo XVII.
 
El siglo XVII será de constante declive. El Imperio español irá viviendo una larga agonía y decadencia en las figuras de Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Los intentos por mantener la hegemonía europea no harán sino ahondar la crisis. En efecto, la crisis será generalizada: política (los reyes irán perdiendo autoridad en el panorama internacional), demográfica (la población española sufre un importante retroceso), financiera (la corona española entrará en quiebra en varias ocasiones), económica (agricultura, ganadería, industria artesanal y comercio empeorarán).
 
La sociedad española, en lugar de beneficiarse por la entrada de oro y plata americanos en cantidades ingentes, se empobrecerá y arruinará.
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José Manuel Roás,
7 abr. 2009 9:22
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José Manuel Roás,
22 may. 2009 4:38
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José Manuel Roás,
20 may. 2009 3:50
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José Manuel Roás,
8 may. 2009 1:35
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José Manuel Roás,
11 may. 2009 0:19
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José Manuel Roás,
13 may. 2009 9:23
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José Manuel Roás,
14 may. 2009 7:46
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