Rafael Arce

 

 “Lo de Rafael Arce fue una vocación tardía…”

 Si, quizás, pero llevada con esa pasión, con esas ganas de aprender y mejorar que pronto se convirtió en toda una necesidad donde desarrollar esa parte intima y exclusiva donde el arte hace que nos encontremos con la parte más autentica de nosotros mismos.

 Rafael tomo un buen día los pinceles y los colores dispuesto a aprender a pintar, y con este empuje copio a los pintores que más le interesaron, y aprendió del la elegancia de Gustav Klimt, de los desnudos de su admirado Toulouse Lautrec, de las marinas y la luz de Joaquín Soroya, de la locura de Edgard Munch, de la sinceridad de Diego Rivera, de la compleja sencillez de Edgar Degas, de las estilizadas figuras de Amadeo Modigliani, de la energía de Vicent van Gogh, de las composiciones de Franz Marc, del atrevido colorido de August Macke

 De todos ellos tomo todo lo que le intereso, y como una batidora mezclo todo lo aprendido y le aporto de su cosecha propia, hasta adquirir eso que arte nos atrevemos a llamar “estilo”, o si se prefiere… lenguaje personal.

 Me equivocaría de pleno si dijera que Rafael Arce solo copio a los pintores de la historia del arte que más le interesaron, los eligió cuidadosamente según sus necesidades de aprendizaje en sus primeros años, y no solo aprendió de ellos si no que se atrevió a interpretar sus obras desde su óptica personal, configurando poco a poco, como ya he dicho, su propio estilo, lleno de luz y energía.

 De esta forma, Rafael tomo los bártulos y se despidió de sus antiguos maestros, de aquellos que le enseñaron con sus obras a través del tejido de tiempos pasados, de lo inmortal de sus obras de arte.

 De esta forma apareció un Rafael Arce curtido y autentico, con obras originales, vigorosas y coloristas, cargadas de energía y sinceridad, donde el pincel desaparece poco a poco y otras herramientas, como la espátula, que dejan mayor flexibilidad a su mano nerviosa y ágil dejando la impronta de una rica y texturaza superficie llena de movimiento y colorido.

 Figuras y paisajes son sus temas predilectos, pero conmigo ya son varios los que coincidimos (sin poder ni querer influir en un espíritu libre como es Rafael Arce) que cada vez nuestro artista, por sus dinámicas composiciones, por su vivo colorido y enérgicas texturas, se aleja más de la figuración, simplificando sus representaciones hasta casi dejar vislumbrar una impronta abstracta, pero eso solo el artista nos lo podrá decir en el desarrollo normal de su obra.

 Rafael ya prepara su segunda exposición individual, una exposición mucho más personal y profunda que dejara claro cual es la valía de una obra con nombre propio.

 La vocación de Rafael Arce fue, quizás, un descubrimiento tardío, pero gracias a su tesón y su natural talento para entregarse a las cosas que de verdad le gustan y le importan , hoy por hoy, Arce se halla a la altura de la madurez artística necesaria para descubrirnos nuevas fronteras artísticas que solo él puede enseñarnos.

                                                                                                                

        

                                                                                                                                                                  Antonio Cerpa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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