Pepe Sánchez

 

 Hace algunos años, Teodoro Mesa y Paloma Herrero coincidieron en sendos artículos sobre las esculturas del aruquense Pepe Sánchez , ambos resaltaban la importancia que tenía en este artista el espacio vacío, los huecos que dejaba en sus obras eran tan importantes, para ellos, como las partes macizas de la misma, creando un equilibrio lleno de ritmo entre la parte física de la obra y el aire que se abre entre sus parte inexistentes, algo así como el ser o no ser, el todo o nada, lo real y lo imaginario, el ying y el yang de la cultura oriental, aquello que lo abarca todo creando el eterno equilibrio de lo complementario, la razón de hallar lo opuesto para una mejor compresión del todo…

 Estas definiciones sobre una obra escultórica pueden resultar muy filosofales, pero al contemplar alguna de las piezas de este autor no puede uno ausentarse del recorrido visual que obliga ver la parte física o positiva de la obra y esos huecos tan bien meditados, y por ello estoy completamente de acuerdo con todo este tipo de comentarios que hacen de la escultura de Pepe Sánchez, que va más allá del mero encanto plástico hasta convertirse en todo un alegato de reflexión interna.

 Mi comentario sobre su obra se va a versar en algo más superficial, en la misma piel de sus esculturas, en sus temas, tan próximos al artista y sus gustos: la música, la naturaleza, el ser humano, tratados todos desde la estética de una abstracción llena de ritmo y armonía.

 Los materiales con los que trabaja, cuidados con esmero y suavidad, maderas nobles, talladas y pulidas con la máxima de las paciencias, piedras, incluso callados redondos y oscuros rescatados de alguna olvidada playa que sirven para rellenar los huecos que sobre la materia han socavado la mano del artista, como un último intento de rellenar con la propia naturaleza la inevitable destrucción que implica sobre la materia cualquier intento creativo.

 En sus obras nada sobra, todo queda en lo esencial como si se persiguiera sin querer un equilibrio casi minimalista, el color de las piezas, sus vetas, su brillante y pulida superficie, todo se conjuga para obtener un hermoso efecto de unidad, ese perseguido equilibrio que tanto cuesta en el día a día queda eternizado en las macizas formas y en los huecos de cada obra de nuestro artista.

 

                                                                                                                                                                                       Antonio Cerpa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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