Juanmi Figueira

 

 Juan Figueira , el escultor  de atormentadas formas, de movimientos retorcidos que parecen herir el aire en un grito de reivindicación hacia su propio ser, a su sentir más profundo, no me cabe la menor duda de que Juan es auténticamente sincero con sus piezas escultóricas, en ellas grita su ansiedad y recrea su saber estético, en una difícil combinación de lenguaje personal y de comunicación meramente visual, donde el arte es utilizado como una prolongación casi espiritual de sus propias inquietudes.

Al observar sus dibujos vemos que el artista se desmarca completamente de su faceta escultórica, y a diferencia de otros escultores que utilizan el dibujo como un recurso predecesor y secundario de la obra principal, que en este caso queda claro que sería la escultura, en Figueira el dibujo toma vida propia, un camino y curso propio que lo aleja completamente de su trabajo tridimensional, ofreciéndonos obras, en la mayoría de los casos, más tranquila, con una energía y amabilidad más controlada, y con un uso del color, cuando lo emplea, bastante moderado y amable, muy lejos de esas piezas casi descarnadas con las que el autor lucha en un mundo físico.

Es casi como si Figueira utilizara la escultura como descarga mundana, casi física, de protesta y lucha, donde nos mostrase a través de sus huecos y formas, su materia y sus vacios el poder de su pensamiento, de su sentir hacía las cosas que le afectan directamente y el dibujo quedara relegado para mostrar esa otra faceta donde su espíritu yace con mayor tranquilidad y amabilidad, una especie de simbólico yin yang  repartido entre dos disciplinas artísticas unidas por la misma mano creadora, la de un artista inquieto que no para de crecer.

 

                                                                                                                                                                      Antonio Cerpa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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