Guacimara Melián


 


Desde la tranquilidad del sofá contemplo el mar a través de la ventana. Las olas perezosas lamen las rocas de la orillan tostada o amarilla, según la luz del sol, según la hora del día. Una mujer camina por la ribera. Aunque lleva la falda remangada, se ha mojado las puntas del vestido blanco que la brisa hace ondear dejando entrever los muslos. Se detiene, mira al horizonte, contempla las nubes grises, blancas, naranjas; recoje conchas entre la arena, cristales de colores, caparazones de erizos, piedras redondas y pequeñas como las papas de su tierra; un niño rubio y pecoso pasa a la carrera, oreando una cometa, precede a su familia, padre, madre, hermana y perro… 

Se me olvido que ya no vivo en Canarias. En Madrid vivo de recuerdos, en la nevera tengo un tarro lleno de perfume del mar que abro, inhalo y cierro con presteza intentando alargar su contenido.

Saboreo cada aliento, cada planeo de gaviota, cada grano de arena, de sal.

En el cuarto sin ventanas en que me toca vivir guardo mi mayor tesoro: un cuadro.

                                                                                                                                   Guacimara Melián lópez, Isla de La Graciosa, 2010.

 
 

 
 
 

 

 

 

 

 
 

 

 


 

 

 




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