CRÓNICAS DEL CONGRESO 2011

Queridos amigos y compañeros:

Voy a intentar transmitirles algo de lo vivido en el Congreso de Educación Religiosa de Los Ángeles –que viene organizando la Arquidiócesis de Los Ángeles, desde el año 1968-.  Toda la información sobre el Congreso la pueden ver en el sitio: www.recongress.org (también en español)

Este año tuve el regalo de Dios de haber sido invitado al Congreso para dar dos conferencias: una, sobre La Catequesis con Niños Pequeños y otra, sobre La Iniciación al Silencio y a la Oración en los Niños.

Llegamos con Liliana, mi señora, al centro de convenciones de la ciudad de Anaheim -vecino a Disneylandia- el miércoles 16 de marzo a la noche, con un kilo y medio de expectativas y ansiedad, disimuladas entre las valijas.  La mañana siguiente nos sorprendió caminando plácidamente entre grandes avenidas rodeadas de hoteles y altas palmeras que observaban, bamboleantes e indiferentes, el confluir de una avalancha colorida y animosa de cientos de jóvenes que se iban concentrando frente a las diferentes puertas de acceso al enorme Centro de Convenciones, para participar del Día de la Juventud.

 Digo enorme, porque es la palabra apropiada.  La primera impresión que uno tiene del Congreso es que todo es enorme. Basta mirar algunos números para comprobarlo: 37.000 participantes (entre inscriptos y colaboradores) provenientes de 13 países del globo; 300 talleres; 243 expositores; 100 sacerdotes confesando cada día...  De hecho, es el cónclave más grande de la Iglesia Católica en los Estados Unidos y, quizás, del mundo entero, en su tipo.

 Sin embargo, gracias a la excelente organización y solícita disposición de los organizadores; pero sobre todo, debido a la amabilidad y a la conciencia de pertenencia eclesial de los participantes, no se pierde la calidez ni la cercanía de quienes nos sentimos amparados por una misma fe.

 El Día de la Juventud (Youth Day)

 Se celebra anualmente el jueves de la semana Congreso, convocando a los estudiantes mayores de la secundaria o escuela media y a los estudiantes de los primeros años de la universidad.  En el mismo, luego del rito de bienvenida, se ofrecen gran variedad talleres durante el día, culminando con dos intensas Celebraciones de la Palabra simultáneas, –una en inglés y otra, en español- con música, coros, historias inspiradoras y oraciones comunitarias, todo cuidadosamente preparado, donde los jóvenes son enviados para renovar su camino de fe en sus respectivas parroquias y comunidades escolares. (Ver galería de fotos del Día de la Juventud en http://www.flickr.com/photos/recongress/show/)

 Mantente Firme...  ¡Confía!

 Sin inmutarse, las mismas palmeras volvieron a vernos pasar, el viernes 18 de marzo, día en que dio comienzo el Congreso propiamente dicho.  Bajo el lema: Mantente Firme...  ¡Confía! tuvo lugar el Rito de Bienvenida.  En un estadio cubierto, con capacidad para 15000 personas, -con proyección simultánea en otros salones- los asistentes participamos de una gran Celebración de la Palabra, exquisitamente preparada, donde pudimos rezar y compartir juntos la alegría de sentirnos convocados bajo una misma fe, con diferentes rostros y manifestaciones.

 Todos los días, luego de la Oración de la Mañana, la gente se distribuye ordenadamente –gracias a una inscripción previa por Internet- entre los más de 50 salones (con una capacidad que varía entre las 5000 y 500 personas por salón) para asistir a alguno de los 300 Talleres y Conferencias, abracando todo tipo de temas pastorales-catequísticos que comprenden desde el crecimiento personal, la práctica pastoral, la teología, la catequesis, la música, la espiritualidad, entre otros muchos temas, ofrecidos en tres idiomas: inglés, español y vietnamita.  El mismo esquema se repite por las tardes, después del almuerzo; de esa manera, la gente puede asistir a diferentes talleres y conferencias a elección durante su estadía.

 Durante el almuerzo, se ofrecen diferentes espectáculos religiosos, todos de gran calidad, donde músicos y artistas brindan su arte a la gente, que los recibe y escucha con gran disposición. Por las noches, también se exhiben las últimas novedades en películas con valores y sentido religioso.  

 Al mismo tiempo, se encuentra abierta la gran Feria de Expositores, con todo tipo de libros, artículos religiosos, servicios y organizaciones de carácter eclesial-pastoral de varias diócesis de Estados Unidos y algunas con injerencia en el todo el mundo.

 Una Liturgia convocante

Un capítulo aparte merece el tema de la Liturgia. Durante diferentes momentos del día se ofrecen variadas liturgias, celebraciones y servicios de oración, con diversos estilos y formas: contemplativa, Liturgia de las Horas, Taizé, entre otras; donde cada uno va asistiendo de acuerdo a sus gustos y preferencias.  En la Capilla del Congreso, hay una exposición permanente de cuadros religiosos, muy bella y representativa, por cierto.  A todas horas hay servicio de confesiones.

Por otra parte, el Congreso cuenta con una gran cantidad de liturgias eucarísticas de diversas culturas: africana, americana, bizantina, celta, indonesia, hispana, vietnamita, entre otras (Ver liturgias de 2011), que conforman una variopinta manera de expresar una sola fe, atravesada por distintas culturas, geografías y etnias.  En especial, tienen lugar cuatro expresiones básicas: anglo, afroamericana, hispana y oriental.  Lo que impacta es la variedad de ritmos, colores, formas, músicas, signos; expresiones que hacen de la Iglesia una realidad única, plural y diversa; pero con una gran unidad de sentido: la fe en Jesús, la comunión eclesial, la centralidad de los Evangelios.  Estas liturgias, cuidadosamente preparadas y pensadas de manera que todos se sientan incluidos, son acompañadas por excelentes y variadas expresiones musicales y corporales, creando un clima festivo-celebrativo que convoca y une a los participantes.  La expresión culminante tiene su lugar en la Misa de Clausura del Congreso, el día domingo.  Les recomiendo vivamente ver el video de la Misa, que aunque está en inglés, nos da una idea de la magnitud y belleza de la misma. http://www.youtube.com/watch?v=YL9tmkBS9K0&feature=player_embedded

Algunas reflexiones para nuestra tarea

Hasta aquí, un breve relato de lo vivido, que como verán, es imposible de resumir en unas pocas líneas, pero lo que quise es que tengan una idea sucinta del Congreso.  Ahora me gustaría, antes de terminar, acercarles algunas reflexiones y aportes que se originaron en mí, al poder participar de un evento tan significativo.

  •  Conciencia de pertenencia eclesial.  A pesar de la enorme distancia, geográfica y cultural, uno se sorprende gratamente de compartir los mismos signos, el mismo lenguaje litúrgico, la oración, la Palabra de Dios, la devoción a la Virgen; en definitiva, la misma fe en Jesucristo, compartida en Iglesia.  Uno se siente católico -en el pleno y amplio sentido de la palabra- y estos encuentros no hacen más que expresar la universalidad de la Iglesia.
  • Una sola Iglesia con varios rostros o expresiones.  La gran variedad de carismas y dones -personales y comunitarios- que el Espíritu suscita en su Iglesia no hace más que expresar la unidad en la diversidad.  Las diferentes culturas, con sus diversas manifestaciones, no hacen más que embellecer a nuestra querida Iglesia.  Decididamente, el camino de la inclusión y de la participación dilata los corazones y amplía la pertenencia eclesial.
  • El sentido del encuentro y lo festivo.  La comunidad eclesial, la catequesis, nunca debe perder el sentido de encuentro comunitario, de la alegría compartida, de quienes nos reunimos y nos sentimos amados por Jesús.  Urge recuperar el sentido de lo festivo en nuestras celebraciones y liturgias.  La participación a través de la música, la expresión plástica y corporal como forma privilegiadas –en especial entre los jóvenes- de buscar la belleza y la actitud contemplativa; en definitiva, como expresión de la búsqueda y alabanza a Dios.
  •  Una Iglesia Misionera.  También me sorprendió el hecho de compartir la misma problemática en cuanto a la caída del modelo de cristiandad, la preocupación por una Iglesia más misionera, más en la línea de discipulado, como lo planteó muy claramente Aparecida.  Es cierto, que en Estados Unidos hace tiempo, por su situación de minoría religiosa, tienen mucho más aceitado el tema de la catequesis de los adultos; pero no por ello dejan de preocuparse por buscar nuevas y múltiples formas de llevar el Evangelio a los hombres y mujeres de hoy; hacia dentro y hacia fuera de la Iglesia.
  •  Iglesia en movimiento.  El hecho de que se hagan este tipo de encuentros no hace más que expresar una Iglesia en construcción permanente, en intercambio, en búsqueda constante.  El hecho de reunirse implica abrirse a otras realidades, intercambiar temores y esperanzas, aciertos y fracasos, hitos del Pueblo de Dios en camino...
  • Los recursos puestos al servicio la pastoral y la catequesis.  Es cierto que en el Congreso uno observa que se han empleado gran variedad de recursos humanos y económicos –favorecidos por la potente economía de Estados Unidos-; pero no es menos cierto que hay una firme decisión pastoral de sostener, avalar y continuar con el Congreso año tras año. , Lo mismo tendría que suceder en nuestras diócesis, parroquias y centros pastorales, con respecto a los encuentros catequísticos-pastorales; utilizando la creatividad fraterna, ante la escasez de recursos.  
  • La importancia de la Formación Permanente y del encuentro. Tendremos muchos o pocos recursos, pero reunir, animar y formar a nuestros agentes de pastoral y catequistas, tendría que ser siempre una de nuestras prioridades.  La formación de catequistas y agentes de pastoral es una urgencia pastoral en toda América Latina.  Lo mismo sucede con el hecho de convocarlos regularmente.  Los catequistas necesitamos sentirnos partes de una red, de una comunidad más grande, que nos sostiene, alienta y nos da pertenencia.

Por ahora es bastante.  Espero no haberlos aburrido mucho con el relato y cierro con una convicción, constatada a lo largo de muchos años de participar en encuentros de este estilo: todos ellos son para nosotros como un “adelanto o anticipo” del Cielo.


Luis M. Benavides




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