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LOS RINCONES DEL TEMPLO

Puerta de los ApóstolesLA PUERTA NORTE

La llamada Puerta de los Apóstoles se fecha en torno al 1300, pero su actual emplazamiento no es el original, pues hasta 1470 se encontraba entre las dos torres a los pies del edificio, cobijada por un pórtico y adentrada un tramo hacia el interior del templo. Su traslado al tercer tramo de la nave norte lo realizó el arquitecto de ascendencia flamenca Juan Guas, que adaptó el conjunto a un espacio de menores dimensiones que el original.

En el tímpano de la portada se desarrolla el tema del Juicio Final, con Cristo Juez en mandorla rodeado de ángeles turiferarios en dos niveles, quedando a sus pies algunas escenas de la Pasión, como la Última Cena o el Lavatorio. Las jambas alojan al colegio apostólico, esculturas de tratamiento alargado en relación con la tradición gótica francesa, situadas sobre basas y bajo doseletes. Cinco arquivoltas rematan el conjunto con escenas alusivas a la resurrección de los muertos, la condena de los pecadores o los Ancianos del Apocalipsis, mientras que dos pequeñas esculturas de San Gabriel y la Virgen se colocan en las enjutas del arco, formando el tema de La Anunciación. Todo el conjunto está cobijado por un arco carpanel, que se decora con una crestería tardogótica con pináculos y en la que aparece el Salvador, escultura procedente del parteluz o mainel de la primitiva portada.


LA PUERTA OCCIDENTAL

El pórtico actual no es el original. Se conforma mediante una superposición de estilos, quedando abajo el acceso ligado al tardogótico, coronado por un remate del siglo XVIII, obra del arquitecto Ceferino Enríquez de la Serna. La zona de entrada se compone de un arco de medio punto decorado con medallones y motivos florales. Sobre él se dispone un pequeño tímpano en el que aparece una escena del Martirio de San Segundo, espacio acogido por una sucesión de arquivoltas apuntadas que descansan sobre finas columnillas. En las jambas encontramos una de las muchas curiosidades de la catedral de Ávila, la presencia de dos salvajes que custodian y protegen la entrada al recinto sagrado, los conocidos como Gog y Magog, que intimidan al visitante para que mantenga una buena y devota conducta tras cruzar las puertas.

El remate, realizado en piedra blanca que contrasta con el resto de sillería de granito, se compone de una gran balaustrada en la que aparecen las esculturas de algunos santos locales como los hermanos Vicente, Sabina y Cristeta o Santa Teresa y San Segundo. La imagen central es la de El Salvador como advocación del templo, situado bajo el escudo catedralicio y la figura de Arcángel San Miguel. ESTA ZONA SE ENCUENTRA ACTUALMENTE EN TRÁMITES DE RESTAURACIÓN.


EL CORO Y EL TRASCORO

El coro de la catedral de Ávila se concibió en origen en la capilla mayor, al modo de las catedrales medievales. Sin embargo, la tradición renacentista española de colocar el coro en el cuerpo de la nave lleva al cabildo a sustituir el original, del siglo XIV, por uno nuevo cuya sillería se comienza en 1536. Las obras duraron once años siguiendo los bocetos de Cornelius de Holanda, documentándose la participación de Juan Rodríguez y Lucas Giraldo, discípulos del genial escultor  y precursor de la Escuela de Ávila, Vasco de la Zarza.

El coro es una pieza renacentista organizada en dos órdenes de asientos y trabajada en madera de nogal. En los respaldos de la primera fila se desarrollan, en medio relieve, las vidas de algunos santos, cubiertos por una cornisa con taraceas ornamentales. Arriba aparecen magníficos grutescos de genios y figuras monstruosas, así como la representación de los Apóstoles en el paño central, figuras atribuidas a Isidro de Villoldo. En el centro, sobre la silla episcopal, una escultura policromada del primer obispo, San Segundo. La rejería que cierra el conjunto fue colocada en el año 1760.

El traslado del coro al cuerpo de la nave precisó de la realización de sendas tribunas para los órganos y el cerramiento exterior de la sillería, obras en las que trabajan Juan Rodríguez y Lucas Giraldo desde 1527. El trascoro es una pieza renacentista dividida en tres calles mediante pilastras decoradas "a candelieri” entre las que aparecen, de izquierda a derecha, los altorrelieves de La presentación en el Templo, La Adoración de los Reyes y La matanza de los Inocentes. En las entrecalles hay escenas en medallones, El abrazo de San Joaquín y Santa Ana y La Visitación; mientras que en formato vertical aparece Jesús entre los Doctores y La Huida a Egipto. En la zona superior, rematando el conjunto, encontramos a los profetas sentados entre balaustres, identificados mediante filacterias con sus nombres. En la crestería aparecen representaciones de angelotes en posturas dinámicas flanqueando la figura de El Padre Eterno.

 

EL RETABLO DEL ALTAR MAYOR

Esta obra, que se perfila como una de las obras maestras de la pintura abulense, se inicia a manos del pintor palentino Pedro Berruguete en 1499, dando las trazas generales y realizando el cuerpo inferior o predela, en la que representa a los cuatro doctores de la Iglesia y a los evangelistas. De izquierda a derecha, San Gregorio, San Jerónimo, San Lucas, San Juan, San Mateo, San Marcos, San Ambrosio y San Agustín. De Berruguete también son las dos tablas de la parte superior izquierda, en las que se inicia el Ciclo de la Pasión de Cristo, siendo estas las de la Oración en el Huerto y la Flagelación. Al morir en 1503, el maestro había comenzado también las tablas de La Anunciación y la central de la Crucifixión, terminada por Santa Cruz. A la muerte de Santa Cruz en 1508, quien continuó el programa con escenas de la Epifanía y la Transfiguración, fue Juan de Borgoña quien termine el conjunto en un estilo plenamente cuatrocentista, frente al estilo gótico y flamenco de los anteriores. Realizó las escenas de La Presentación, el Descenso de Cristo a los infiernos, el Nacimiento y la Anunciación, terminándose el conjunto en 1512.

El marco de madera sobredorada que acoge las tablas fue comenzado por el Maestro Roldán al mismo tiempo que las pinturas, pero se terminó por Vasco de la Zarza en 1508, aunándose de esta manera elementos  tardogóticos y renacentistas. El Sagrario de alabastro es también obra de Vasco de la Zarza.


CAPILLA DE LA VIRGEN DE LA PIEDAD O DE LOS DOLORES

La capilla fue fundada por el arcediano de Arévalo, Don Rodrigo Dávila, a mediados del siglo XVI en estilo renacentista, por tanto, posterior a la terminación de las obras de la catedral. Es también conocida como Capilla de la Blanca al estar presidida por una escultura en mármol blanco de Carrara, obra de Juan Bautista Vázquez "el Viejo", de 1560, copia de la magnífica Piedad de Miguel Ángel, aunque con rasgos distintivos del renacimiento español, menos apegado a los ideales de belleza y las proporciones clásicas. En esta capilla se venera también la imagen de la Virgen de la Caridad, a quien, según la leyenda, Santa Teresa de Jesús se encomendó de niña tras la muerte de su madre. Es una talla de vestir del siglo XV, que procede de la destruida iglesia de San Lázaro, situada a la orilla del rio Adaja.

En esta capilla se custodia desde el año 2011 una reliquia donada por la Santa Sede, un pedazo de la sotana que el beato Juan Pablo II llevaba el día que sufrió el atentado de 1981. Junto a la capilla, en un espacio abierto en el muro que separa el atrio del resto de la nave, y desde donde parte la escalera de subida a la torre, se encuentra la pila bautismal de alabastro, obra del escultor Vasco de la Zarza. Este espacio está cerrado por una reja plateresca atribuida al gran maestro Juan Francés

 

CAPILLA DE LA CONCEPCIÓN

Junto a la Capilla de la Piedad forman un cuerpo anexionado al templo durante el siglo XVI. Este espacio fue fundado por el deán Cristóbal Medina, cuyo sepulcro se encuentra a la izquierda del altar y fue construido por el arquitecto Pedro del Valle, ligado a las obras de El Escorial. Preside esta capilla un retablo de plata procedente de la capilla de San Miguel.

 

CAPILLA DE SAN PEDRO

El espacio reservado para esta capilla no es el original, pues se planteó a los pies del templo, siendo su fundador el arcediano Nuño González del Águila. Su actual emplazamiento es el crucero norte, un espacio presidido por un tríptico dedicado a San Pedro y atribuido al pintor salmantino Fernando Gallego, del siglo XV. En la tabla central aparece el Santo Apóstol en la cátedra, una escena de gran colorido y riqueza por el pan de oro de la capa pluvial y el nimbo. Las tablas laterales, en las que se profundiza más en la representación del paisaje, muestran el martirio de San Pablo en presencia de San Pedro y la aparición de Cristo a San Pedro cuando huía de su encarcelamiento en Roma. Las tablas están acogidas por un marco dorado de decoración flamígera. 

 

CAPILLA DE SAN ANTOLÍN

Situada en el crucero norte, junto a la anterior de San Pedro, es una capilla fundada por el deán don Blasco Velázquez, en la que destaca el retablo escultórico ejecutado por Isidro de Villoldo en 1551. En la parte superior, bajo un arco de medio punto, aparece Cristo crucificado junto a la Virgen y San Juan, además de cuatro ángeles que parecen descorrer unos cortinajes. En torno a la hornacina que acoge la figura principal de San Antolín aparecen San Pedro y San Juan Bautista. Están situados sobre dos espacios que acogían los restos de las Santas Emerenciana y Eufemia, cuyos bustos relicarios se conservan hoy en el museo. El conjunto está enmarcado por una estructura manierista rematada en frontón y sustentada por columnas, en las que aparecen heraldos con los escudos de la familia de los Velada y las representaciones alegóricas de la Fe y la Esperanza. 

 

CAPILLA DE SAN RAFAEL (ANTIGUA CAPILLA DE SAN VIDAL)

Situada en el primero de los espacios de la girola desde el lado norte, esta capilla estuvo dedicada a San Vidal y a Santa Ana, estando presidida por una tabla flamenca del siglo XV y la escultura barroca del santo, ambas expuestas en el Museo.

El actual retablo se realizó en el siglo XVIII para cubrir el espacio que había quedado desnudo por el traslado de los restos de San Vidal a la capilla contigua de los Velada. Es una pieza de madera tallada, de hermosa factura barroca, con profusa decoración y una hornacina en el centro para acoger la talla de San Rafael. Bajo el retablo se encuentran los restos del obispo de Plasencia don Sancho Dávila y Toledo. La reja que cierra el espacio es del siglo XVI.

 

CAPILLA DEL SAGRADO CORAZÓN (ANTIGUA CAPILLA DE LOS VELADA)

Su fundación se remonta a 1603, mandada construir por don Gómez Dávila, Marqués de Velada, y pensada como espacio de sepultura familiar, aunque el fundador fue enterrado en la Capilla de San Antolín. Es un espacio completamente independiente del resto de la Catedral aunque unido a ella, un edificio de planta cuadrada al que se accede por la segunda capilla de la girola y se adhiere a la muralla por dentro.

Su construcción se prolongó en el tiempo, no dándose por terminada hasta el siglo XIX por problemas estructurales. De su interior destacan las esculturas de Santo Tomás de Aquino y San Agustín, así como la imagen de Cristo Rey, adquirida en el siglo XX. El Sagrario fue adquirido por el Cabildo para guardar allí de modo permanente el Santísimo Sacramento.

 

CAPILLA DE SAN NICOLÁS

Empotrada en el muro del ábside, está presidida por un hermoso retablo renacentista, cuya tabla central muestra al Santo de Bari. Destaca de esta capilla el sepulcro situado a la derecha de la pintura, donde descansan los restos del obispo don Hernando, muerto en el año 1292. En él aparece una sugestiva representación escultórica de la subida del alma del difunto a los Cielos, ayudado por ángeles.

 

CAPILLA DE SANTIAGO

Esta capilla, situada en la girola, fue fundada por el arcipreste de Ávila don Vicente de Villalba en 1651, cuyos restos reposan en ella. La capilla acoge actualmente la imagen titular de la Junta de Semana Santa de Ávila, El Cristo de las Murallas, una talla de madera realizada en el año 2000 por el escultor abulense Nicomedes Díaz Piquero, que muestra a Cristo crucificado situado sobre la ciudad de Ávila representada por sus murallas. 


CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA

Está situada en el centro de la girola y fue desde muy antiguo el altar principal de la catedral después de la capilla mayor. Es una capilla de gran devoción histórica gracias a la imagen que aparece en el retablo, conocida como Nuestra Señora de Gracia por los favores divinos que les eran concedidos a aquellos que la veneraban. Este retablo, que data de 1496, es atribuido al Maestro de Ávila, pintor identificado por algunos como García del Barco.

Consta de cinco tablas, de las cuales la central presenta a la Virgen con el Niño, una bella figura sentada en su trono, con un rostro muy expresivo y gran bondad en su mirada. A su lado hay dos tablas con menor uso del oro, aunque de clara inspiración flamenca. Se trata de la Anunciación y el Nacimiento. Bajo estas hay otras dos tablas menores con figuras de profetas, quedando en el centro el sagrario procedente de otro retablo pero adaptado a este en el siglo XX. Esta capilla está presidida por la hermosa vidriera de la Virgen con el Niño, obra del siglo XV de Juan de Valdivieso y Diego de Santillana.


CAPILLA DE SAN JUAN EVANGELISTA

Se encuentra junto a la capilla de Nuestra Señora de Gracia y contaba con un retablo que representaba al evangelista, pero que fue retirado en 1966. La verdadera advocación de este espacio viene dada por la vidriera del siglo XIII, de la cual solo se conserva un pedazo que representa al santo apóstol. En esta capilla se encuentran los sepulcros de doña Beatriz Vázquez y de fray Domingo Suárez, obispo de Ávila en 1321 y enviado como embajador a Alemania por Alfonso X el Sabio. 


CAPILLA DE SAN SEGUNDO

En el año 1594 fue el obispo de Ávila don Jerónimo Manrique de Lara quien, viendo la devoción que los fieles de Ávila tenían hacia su primer pastor, solicitó el traslado de las reliquias desde la ermita románica del rio Adaja hasta la Catedral, proponiéndose también la construcción de una capilla para la conservación de los restos.

El arquitecto Francisco de Mora comenzó las obras de la capilla, a la cual se accede a través de la girola y desde el exterior del templo, por unas escalerillas en la calle que lleva el nombre del santo. El conjunto se da por terminado en 1615, año en que se instalan definitivamente allí las reliquias en una urna. La capilla se compone de un espacio rectangular con tribuna, con cubierta de medio cañón para el presbiterio y bóveda semiesférica sobre pechinas para el altar.

Muy posterior al conjunto arquitectónico es el actual retablo-baldaquino que custodia las reliquias del santo obispo. Se trata de una obra magna de la retablística barroca española, realizada por el salmantino José Benito de Churriguera en 1716. Se caracteriza por las pautas propias del pleno barroco, de abundante y compleja decoración en elementos vegetales que enmascaran la estructura, buscándose requiebros que produzcan efectos de luces y sombras.


 

CAPILLA DE SANTA TERESA (ANTIGUA CAPILLA DE SAN BLAS)

Situada en el lado derecho del crucero, se distingue principalmente por los restos de pintura mural que presenta, trabajados en estilo gótico y ocultos durante siglos por un retablo dedicado a San Blas. Tras retirarse el retablo en 1964, se dedicó la advocación a Santa Teresa, cuya imagen en madera policromada ocupa el centro del conjunto.

También encontramos en este espacio los sepulcros de algunos miembros de la familia Dávila, como el de don Blasco Dávila, obispo de Sigüenza, o el don Sancho Dávila, capitán de los ejércitos de los Reyes Católicos. En el nicho restante, carente de decoración, se ha supuesto el enterramiento del obispo don Sancho Blázquez Dávila, quien impulsó las obras de finalización de la catedral en el siglo XV.

 

CAPILLA DE SAN ILDEFONSO

Situada en el crucero sur, está protagonizada por el retablo gótico del siglo XV perteneciente a un maestro castellano, reticulado en tres calles y dos cuerpos. Abajo aparece la representación de San Pedro, el Martirio de San Sebastián y San Pablo. Arriba se muestra la Natividad, un Calvario y a Santa Ana. Se trata de un conjunto pictórico ligado a los preceptos trecentistas italianos, con una importante presencia de los dorados, sin excesiva importancia del fondo paisajístico y con gran interés por las figuras en primer plano. En esta capilla se encuentran los sepulcros de don Pedro González de Valderrábano, miembro del consejo del rey Juan II y de don Alonso de Valderrábano, deán catedralicio y fundador de la capilla.

 

ALTAR DE SAN MARCIAL

Está presidido por un retablo donde se representa al santo obispo vestido de pontifical en la tabla central. El resto de las nueve tablas se dividen en una predela del siglo XVI en la que aparecen los santos Lorenzo, Cristóbal y Martín; en un segundo cuerpo con escenas de la Pasión de Cristo y en las tablas laterales del cuerpo superior, donde aparece San Marcial predicando y teniendo la visión divina de Cristo Resucitado. 

 

EL TRASALTAR

Es el espacio dedicado a la sepultura del obispo del siglo XV, Alonso Tostado y Ribera, más conocido como Alonso de Madrigal o El Tostado, que ocupó la cátedra entre 1449-1455 y destacó por su santidad y su ciencia. La zona se compone de un total de cinco paños, situados en la cara interna de la girola, donde se representa a los evangelistas en los laterales, reservando el central para el gran obispo de Ávila. Todo el conjunto es obra del escultor Vasco de la Zarza, pero es el cuerpo central el que se acepta como una de las obras magnas de la escultura del renacimiento en España. Está trabajado a modo de retablo pétreo en el que se emplea la más exquisita decoración escultórica. Partiendo del arranque de la bóveda, aparece la figura de El Padre Eterno, situado sobre el relieve de la Natividad. Debajo aparece un friso con el viaje de los Magos de Oriente, que tiene su fin en la escena inferior, La Adoración. Este relieve en formato de tondo sirve para enmarcar a la figura del prelado, que aparece ataviado con la capa pluvial y la mitra, concentrado en su tarea de estudio con los ojos entrecerrados por los problemas de visión que tuvo al final de sus días. Está rodeado por la personificación de las Siete Virtudes, que se sitúan en hornacinas aveneradas sobre el sepulcro.


LA GIROLA

La parte más primitiva de la catedral, de mayor importancia arquitectónica y cuyo diseño pertenece al arquitecto Fruchel, es la girola. Se compone de un doble deambulatorio separado por finas columnas que a su vez articulan la división de las nueve capillas semicirculares que conforman el espacio. Esta solución no es la original, sino que se adopta en el siglo XV, durante las reformas que suscitaron los problemas estructurales. Destacan en este espacio los capiteles originales de la primera etapa constructiva, con escenas como Lázaro y el rico Epulón o El Pecado Original, así como representaciones de animales fantásticos.                                                         

Capitel de la Girola

LAS VIDRIERAS

Los ventanales de la catedral de Ávila siguen una evolución paralela a la del resto de la construcción. Los vitrales de mayor importancia son aquellos correspondientes a la girola, la capilla mayor, el presbiterio y el crucero, todos del siglo XV-XVI. Solo encontramos un único ejemplo de siglos anteriores, la vidriera central superior de la capilla mayor, realiza hacia en el siglo XIV con soluciones de forma y color propias del Gótico Internacional.

En la capilla central de la girola, la de Nuestra Señora de Gracia, se puede apreciar una representación de La Virgen con el Niño, obra de 1497 realizada por Juan de Valdivieso y Diego de Santillana. En ella se constata la influencia del arte flamenco en una representación minuciosa y preciosista. Los mismos maestros, serán los que trabajen en las vidrieras del crucero norte. Obra suya es la vidriera de las vírgenes, con Santa Inés, Santa Águeda, Santa Marta y Santa Catalina.

Alberto de Holanda y su hijo Nicolás se encargaron de continuar el conjunto a partir de 1520. A ellos les corresponde el colegio apostólico del primer nivel de la capilla mayor, así como el cierre de los ventanales del crucero sur con la representación de algunos santos, en los que se observa la influencia del estilo renacentista mediante el tratamiento de la perspectiva, la ornamentación clásica y el mayor volumen de los cuerpos.  

Un acontecimiento importante para las vidrieras de la catedral abulense fue el fuerte terremoto de Lisboa del año 1755, por el que se destruyeron algunos de los vitrales y que llevó al tapiado del conjunto de vanos de la nave central. A partir de mediados del siglo XX se inició un proyecto de recuperación de la primitiva luminosidad del templo catedralicio de Ávila. Se abrieron los vanos cegados y se colocaron vidrios de tonalidades claras y formas geométricas; restaurándose también las vidrieras originales que habían sufrido daños y realizándose otras nuevas, como la que se sitúa en el eje axial de la capilla mayor y que representa a San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, obra de la Casa Maumejean de 1930.

                

LA SACRISTÍA Y LA SALA CAPITULAR
 
En la primera capilla de la girola se abre una puerta trabajada al estilo hispanoflamenco, un arco trilobulado bajo otro conopial, que da acceso a una antesacristía decorada con un lienzo del Cristo de Burgos del siglo XVIII y otro lienzo del XVII que muestra a David con la cabeza de Goliat, relacionado con la escuela del pintor italiano Caravaggio. En el acceso a la sacristía se representa, en piedra caliza blanca, la liberación de San Pedro por el ángel, obra plateresca del siglo XVI. La puerta es también plateresca, en madera de nogal, tallada por Vasco de la Zarza en 1520 con la decoración del escudo del Cabildo y del obispo Francisco Ruiz, además de figuras mitológicas.
 
La primera sacristía es la llamada de los Beneficiados o del Sagrario, una construcción del siglo XIV en la que destaca su magnífica bóveda de nervios dorados sobre ménsulas embebidas en el muro. Rodea la sacristía una cajonera en uso desde el siglo XVI, atribuida a Cornelius de Holanda, sobre la que se coloca, en el muro de la derecha, un retablo del siglo XVI que muestra en sus tablas inferiores la prisión y liberación de San Pedro, quedando arriba el Santo Apóstol vestido de pontifical. El aguamanil de mármol es del siglo XVIII, obra de Juan Antonio Cuervo. 
 
La sacristía principal, que también sirvió de Sala Capitular y es conocida como Capilla de San Bernabé, es de planta cuadrada y cubierta con bóveda octogonal sobre trompas angulares. Está decorada en los testeros de las cuatro paredes por grupos escultóricos en madera esmaltada que representan escenas de la Pasión de Cristo, obra de los imagineros Isidro de Villoldo, Juan Frías y Pedro de Salamanca hacia 1555. En el fondo hay un magnífico retablo en alabastro, obra también de Villoldo con la colaboración de Frías, que sirve para completar el mensaje pasional del conjunto con la Flagelación y Cristo Ecce Homo, además de los relieves de San Bernabé, San Andrés y San Pablo junto a las Virtudes Cardinales. Las cajoneras son del siglo XVIII. Este espacio no solo es importante por el conjunto artístico, sino también por la historia que envuelven sus muros, pues aquí se reunieron los nobles castellanos para proclamar la Farsa de Ávila en 1465 contra Enrique IV,  el mismo espacio que eligieron los Comuneros de Castilla para unificar criterios en la Junta de Ávila de agosto de 1520.

            


EL CLAUSTRO

Fue comenzado en el siglo XIV en estilo gótico y rematado en el siglo XVI por una crestería renacentista de granito, realizada por los maestros Mateo, Pedro de Viñegra y Vasco de la Zarza. Al interior presenta cubierta de bóvedas de crucería y se abre al patio mediante grandes ventanales propios al estilo del gótico pleno, pero que en su mayor parte son resultado de las restauraciones llevadas a cabo en 1980. Las actuales cristaleras que aíslan el interior de las inclemencias meteorológicas son resultado de las adaptaciones para la Exposición de las Edades del Hombre de 2004.

Al claustro se abren tres capillas. La Capilla de las Cuevas fue fundada en 1540 por el Arcediano Daza. La Capilla de la Virgen, llamada La Mayor, acogía originalmente una talla de piedra de María y el Niño que actualmente está al lado derecho del Altar Mayor del templo. La Capilla del Crucifijo fue fundada por el Canónigo Anaya en el año 1580 y recibe su nombre del crucifijo del siglo XVI que allí se custodia.