Tiempo de Navidad








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Tiempo de Navidad
 

Este tiempo comprende desde las primeras Vísperas de Navidad hasta el domingo del Bautismo del Señor, que es ya el primer domingo del tiempo ordinario.
La fiesta da Navidad. La fiesta de Navidad, hoy una de las más solemnes del año, no fué instituida en la Iglesia antes del siglo IV. Es originarla de la Iglesia latina, y, más propiamente, de la Sede Apostólica, la cual, no se sabe bien cómo, empezó a celebrar el 25 de diciembre el aniversario del Nacimiento del Salvador.
 
En ocasión del solsticio de invierno, celebraba Roma el 25 de Diciembre y Egipto el 6 de Enero, la fiesta del “Sol invicto”. El crecimiento del sol y del río Nilo significaban el fin de la oscuridad del invierno y la victoria de la vida sobre la muerte.
Igualmente, el 25 de Diciembre, los hebreos celebraban la fiesta de la “Dedicación” del templo de Jerusalén (Jn. 10,22), en recuerdo de la purificación y de la consagración del templo hechas por Judas Macabeo después de la profanación de Antíoco Epifanes (2 Mac. 10, 1-8).
Ambas fiestas fueron cristianizadas por la Iglesia del siglo III. Así, la fiesta romana y egipcia del “Sol invicto”, será para los cristianos la fiesta del Nacimiento del señor, verdadero Sol de Justicia que ilumina a todo hombre (Jn. 8, 12); y del mismo modo, la fiesta hebrea de la “Dedicación” llevará un significado nuevo: Cristo que restaura con su encarnación el templo de la naturaleza humana (Jn. 1, 14).
 Manifestación del amor de Dios por nosotros: “El verbo de Dios, Aquel que es primero en el tiempo, invisible, fuente de la vida y de la inmortalidad, se hace hombre por amor al hombre, Aquél que enriqueciendo a otros se hace pobre, pide limosna de la naturaleza humana para que todos nos convirtamos en ricos de la naturaleza divina. Y Aquél que es la totalidad, se despoja de sí mismo hasta la aniquilación” (Discursos de San Gregorio Nacianceno).
 
Dios se hace hombre para que el hombre se convierta en Dios: Cristo, haciéndose hombre sin contacto humano, nos da su divinidad. De aquí la gloria de la Navidad: “Al asumir tu Hijo nuestra fragilidad humana, no sólo quedó nuestra carne mortal honrada para siempre, sino que, al hacernos partícipes de su eternidad”. (Prefacio II de Navidad).
La Palabra de Dios da a conocer una Madre, una mujer que no conoció hombre: el tiempo de Navidad es el tiempo de la Virgen Madre, de Aquélla mujer que esperó y llevó en su seno con inefable amor de madre al Hijo de Dios que tomó de ella la naturaleza humana.
Nacimiento del Cordero que en Pascua será inmolado:
La liturgia ha celebrado el misterio de la Navidad siempre sin separarlo del misterio de la Pascua.
Las lecturas contribuyen a celebrar la Navidad como fiesta que da inicio a la obra de nuestra Redención.
El arte antiguo ha representado esta unión con el Niño envuelto en las vendas de la sepultura y colocado en un sepulcro. Un himno del siglo V dice: “Oh Madre, dos veces has envuelto a tu Divino Hijo: la primera para la muerte, la segunda para la vida”.

Las celebraciones de este tiempo litúrgico

Dentro de la infraoctava de Navidad, el calendario ha fijado las siguientes fiestas:
  • San Esteban: 26 de Diciembre.
  • San Juan Apóstol: 27 de Diciembre.
  •  Santos inocentes: 28 de Diciembre.
  • Sagrada Familia: siguiente domingo de Navidad.
Ninguna de estas fiestas, salvo la de Santo Tomás, ocupa este lugar en el Calendario por razones históricas.
La Iglesia las ha colocado aquí en homenaje al recién nacido, a saber: a San Esteban, por haber sido el primero que derramó su sangre por confesarlo; a San Juan Evangelista, por ser su discípulo amado; a los Niños Inocentes, por haber muerto a manos de Herodes en lugar suyo; y a San Silvestre, sin duda por creerse que fue él quien instituyó la fiesta de Navidad.

El día de los Santos Inocentes, atendiendo más la liturgia a los llantos de las madres privadas de sus hijos, que al glorioso martirio de éstos, usa en señal de duelo los ornamentos morados, y suprime en la Misa el "Gloria", el "Aleluia" y el "Ite missa est" .

En la Edad Media, toda la octava de Navidad era de extraordinario regocijo. Cada día se organizaban fiestas litúrgico populares, con representaciones escénicas, las cuales, además de divertir y entretener santamente al clero y a los fieles, los ilustraban en los misterios de la religión y hacíanlos vivir al unísono con la Iglesia .
 

 La Octava de Navidad

La Octava de Navidad la ha dedicado el Calendario a la solemnidad se Santa María, Madre de Dios.
  •  Confesamos nuestra fe en María, Madre de Dios y nuestra firme convicción de que el Hijo de sus entrañas es Hijo de Dios, nacido en la carne.
  •  Se abre el año civil, pidiendo la bendición y el favor de Dios.

Israel, hundido en la soledad y oscuridad, se anima con la esperanza de una luz que surgirá de e iluminará al mundo entero. Los Magos le buscan con plena sinceridad hasta encontrarlo y ofrecerle lo mejor de sí mismo
La celebración de la Navidad es un momento privilegiado para meditar en el texto evangélico de San Lucas 2,1-20, en donde se narra con detalle el Nacimiento de Cristo. Podemos reflexionar las virtudes que encontramos en los diferentes personajes involucrados y luego, aplicarlas a nuestra vida:

María nos enseña a ser humildes, a aceptar la voluntad de Dios, a vivir cerca de Dios por medio de la oración, a obedecer a Dios y a creer en Dios.
José nos enseña a escuchar a Dios y hacer lo que Él nos diga en nuestra vida, aunque no lo entendamos y a confiar en Dios.
Jesús nos enseña la sencillez. A Dios le gusta que seamos sencillos, que no nos importen tanto las cosas materiales. Jesús, a pesar de ser el Salvador del mundo, nació en la pobreza.
Los pastores nos enseñan que la verdadera alegría es la que viene de Dios. Ellos tenían un corazón que supo alegrarse con el gran acontecimiento del nacimiento de Cristo.



El 25 de diciembre se celebra la Navidad. Dios se hizo hombre para abrirnos las puertas del Cielo y enseñarnos el camino para la vida eterna. Jesucristo es luz, amor, perdón y alegría para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.




Fillipo  Lippi - Fresco de la Catedral de Spoleto

  

La fiesta da Navidad. La fiesta de Navidad, hoy una de las más solemnes del año, no fué instituida en la Iglesia antes del siglo IV. Es originarla de la Iglesia latina, y, más propiamente, de la Sede Apostólica, la cual, no se sabe bien cómo, empezó a celebrar el 25 de diciembre el aniversario del Nacimiento del Salvador.

No existe una tradición autorizada acerca de la fecha histórica del Nacimiento de Jesucristo, ni es posible por falta de documentos, llegar a fijarla de un modo indiscutible. Nos es, pues, desconocido el año, sobre el que se han zurcido las más variadas conjeturas; y todavía más el día, el que los escritores sagrados y profanos, a partir de Clemente de Alejandría ( i 215), han hecho oscilar entre el 17 de diciembre y el 29 de mayo . En vista de estas oscuridades a principios del siglo II empezó a celebrarse en el Oriente en los primeros días de enero, y con preferencia el 6, la fiesta de la Epifania o de las diversas manifestaciones del Señor o sea: su Nacimiento, su Bautismo, y su Adoración por los Reyes; fiesta que poco a poco fué introduciéndose en el Occidente. Esta fecha y esta fiesta global de los primeros misterios de la Vida de Jesucristo, habíanse impuesto, para el siglo IV, en casi toda la Iglesia universal, cuando Roma, quizá para contraponer una fiesta sagrada a la profana y supersticiosa en honor del Sol invicto, el dios Mitra, que el Calendario civil Filocaliano indicaba el 25 de diciembre, desglosó de la Epifanía la memoria del Nacimiento del verdadero Sol de justicia Jesucristo, y la trasladó definitivamente a esta fecha. Ordinariamente fué ésta una fiesta exclusiva de la Iglesia latina, pero, hacia el año 375, S. Juan Crisóstomo la implantó en Antioquía, de donde pasó a Constantinopla; luego, a mediados del siglo V, a Jerusalén, y, por el año 430, a Alejandría, de donde en seguida se extendió a todo el Oriente .


La Sagrada Familia nos da ejemplo de la aceptación de la Voluntad de Dios, viviendo con sencillez, humildad y alegría el nacimiento de Jesús en el Portal de Belén.
Por el carácter de fiesta de familia, hogar, propio de la Navidad. Cuando no hay domingo dentro de la octava de la Navidad, celebramos esta fiesta el día 30 de diciembre.
Fiesta litúrgica importante, puesta en evidencia en nuestro Pueblo también a través de la oración del Rosario en cadena y de la celebración del "Día de la Familia". Pedimos en la oración colecta de la Misa:
"Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, et rogamos, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo".

Oración del Papa Francisco a la Sagrada Familia:
«Jesús, María y José,
en ustedes contemplamos
el esplendor del amor verdadero,
a ustedes nos dirigimos con confianza.
Sagrada Familia de Nazaret,
haz que también nuestras familias
sean lugares de comunión y cenáculos de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.
Sagrada Familia de Nazaret,
que nunca más en las familias se vivan experiencias
de violencia, cerrazón y división:
que todo el que haya sido herido o escandalizado
conozca pronto el consuelo y la sanación.
Sagrada Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
pueda despertar en todos la conciencia
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
su belleza en el proyecto de Dios
Jesús, María y José,
escuchen y atiendan nuestra súplica. Amén

 

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 La liturgia de Navidad. La característica litúrgica de la fiesta de Navidad es el uso de las tres Misas, y la celebración nocturna de los Maitines y Laudes, antes y después, respectivamente, de la primera Misa. La 1a Misa se celebra hoy justo a media noche, mientras que primitivamente celebrábase en Roma ad galli cantum, "al canto del gallo" ; la 2a al despuntar la aurora; y la 3a en pleno día. 
Con la la la Iglesia se propone honrar sobre todo el Nacimiento, en Belén, del Hijo de Dios; con la 2a, su aparición a los pastores, y con la 3a su manifestación a todo el mundo.

El Oficio de Maitines y Laudes era celebrado en Roma con extraordinaria solemnidad y bajo la presidencia del Papa. Con pompa inusitada celebrábanlo también las iglesias catedrales y monasteriales de todo el mundo, bajo la presidencia de sus prelados. Hoy mismo es el Oficio nocturna que se celebra con mayor esplendor, y el único al que suelen asistir algunos fieles. Comienzan los Maitines a eso de las diez de la noche para terminar a las doce en que principia la llamada "Misa del gallo". En las iglesias benedictinas, las Lecciones del I Nocturno, en que Isaías profetiza y relata con un candor inimitable el nacimiento temporal del Divino Parvulillo, se cantan con una melodía gregoriana encantadora; y con otra especial cántase también el Evangelio de las Genealogías de Jesucristo, con que termina ese Oficio.

Después de los Maitines y de la Misa, durante la Edad Media celebrábase en muchas iglesias el Oficio de los Pastores, que era una especie de representación escénica de anuncio a los pastorcitos de Belén del Nacimiento del Niño Jesús. A él seguían entonces los Laudes, como ahora siguen a la Misa, cuya primera antífona "¿A quién habéis visto, oh pastores ? . . . " parecía hecha como para enlazar el drama pastoril con el oficio litúrgico.

El uso de las tres Misas debió empezar en Roma durante el siglo V, pues en el siguiente alude a él expresamente el Papa San Gregorio Magno, en la homilía que hoy leemos en los Maitines de Navidad. Desde entonces, todos los sacerdotes pueden celebrar ese día tres misas; pero los fieles tan sólo pueden comulgar una vez, y satisfacen el precepto asistiendo a una cualquiera de ellas.

Al principio, en Roma, sólo había una Misa el día de Navidad, que correspondía a la tercera nuestra, pero al reconstruir el Papa Sixto II la basílica liberiana bajo la advocación de Santa María la Mayor, y pasar así (y más cuando luego se instaló allí un Pesebre), a ser como una representación romana de Belén, empezó a celebrar en ella una Misa nocturna a imitación, probablemente, de la que tenía lugar en el verdadero Belén de Palestina. La "Misa de la aurora", que se remonta al siglo V, fué en su origen una Misa introducida en Roma por la colonia bizantina en honor de Santa Anastasia, mártir de Sirmio, muy popular en Constantinopla .

El canto típico de la Misa de media noche es el del Gloria in excelsis, entonado un día, precisamente, en ese mismo momento, por los Ángeles del cielo. La Iglesia saluda su reaparición en la liturgia, después de haberse privado de él durante el Adviento, con alborozados repiques de campana.

La piedad de nuestros padres, tan entusiasta a veces y tan espontánea, no pudo contenerse esta "Noche Buena" en los justos límites de la liturgia, de suyo ya harto expresiva, e introdujo en el templo, de contrabando, músicas bailadoras, zambombas, castañuelas y panderetas no desaparecidas aparecidas todavía por completo.

. Los oficios de Navidad, en los siglos medioevales, se comenzaban, continuábanse y se terminaban universalmente en un ambiente de espiritual regocijo, el cual del templo trascendía al hogar y a la vida social, donde de ordinario se resolvía en derroches de dulces y chucherías, que hacían las delicias de chicos y grandes, lo mismo que las hacen hoy los turrones y mazapanes. En Roma, donde el Papa pontificaba las tres misas con brillo deslumbrador, éstas terminaban con un interesante epílogo litúrgico doméstico, que los Ordines o ceremoniales de la época describían aproximadamente de esta forma:

"Terminada la última Misa de Santa María la Mayor (y hasta el siglo XI en San Pedro), el Papa recibía el regnum (o tiara de una sola corona, que era la de entonces ) de manos del archidiácono, y, escoltado por los cardenales, obispos, diáconos, subdiáconos, notarios etc. montados todos a caballo, emprendía la marcha triunfal hacia su palacio de Letrán para comer. Al llegar a las puertas de la pequeña basílica del Papa Zacarías, apeábanse los cardenales y todos los del séquito para rendir homenaje al Pontífice, con salutaciones y bendiciones

"Después de lo cual el Pontífice se apeaba del caballo, y, ya en el interior de su palacio, siguiendo una antigua tradición de los Césares, hacía un buen donativo en dinero a todos los de la comitiva, quienes se deshacían en demostraciones de gratitud. En seguida empezaba la comida, en la que todos tomaban parte sentados por orden en la mesa con sus vestiduras sagradas, como si se continuara la ceremonia litúrgica. Luego el Papa se recogía en sus habitaciones particulares, donde rezaba las segundas Vísperas de Navidad con solo sus familiares" .

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 Los nacimientos. Aunque no sean litúrgicos los nacimientos o "pesebres", pero  se instalan en las iglesias, y habiéndose connaturalizado ya tanto con la liturgia de Navidad, hácese necesario apuntar aquí algunas noticias relativas a ellos, siquiera a título de ilustración.

La devoción al pesebre y a la cueva de Belén, muy amortiguada durante la larga época de las persecuciones, revivió y entendióse por todo el mundo cristiano con ocasión de su hallazgo por la emperatriz Santa Elena. Desde entonces, puede decirse, empezaron hacia los Santos Lugares las peregrinaciones piadosas que todavía continúan hoy con entusiasmo. La cueva del Nacimiento fué para muchos objeto de predilección, y algunos, como San Jerónimo y sus dirigidas Santa Paula y Santa Eustaquia y otras hasta eligieron sus alrededores para su morada y su sepultura. El emperador Constantino erigió sobre ella una basílica y, a imitación suya, muchas ciudades de Occidente edificaron iglesias dedicadas al misterio del Nacimiento del Salvador, en cuyas criptas a veces se abría una especie de cueva como imitando la auténtica de Belén. La más célebre de éstas es la "Capilla del Pesebre" en la Basílica de Santa María la Mayor ad praesepe donde se cree que su autor, el Papa Sixto II, colocó una copia del pesebre, que más adelante fué enriquecida con fragmentos del verdadero, traídos de Jerusalén. Por el mismo tiempo, o sea, entre los siglos IV y VII, comenzaron los pintores y escultores a representar, en formas a veces muy ingenuas, la escena de la cueva del Nacimiento, ora aislada, ora en el conjunto de la Adoración de los Reyes . En una imagen grabada el año 343, sobre un sarcófago, conservado en el museo de Letrán, el Niño reposa en el duro suelo entre un buey, un asno y dos pastorcillos. La presencia del buey y del asno es un elemento inventado por los evangelios apócrifos, que aplicaron a Nuestro Señor el siguiente texto de Isaías: "Conoció el buey a su poseedor, y el asno el pesebre de su amo" (c. I, 3); y éste otro de Habacuc, traducido así por los Setenta: "Lo reconocerás en medio de dos animales" (e. III, 2); lo que dió motivo a que algunos Padres de la Iglesia lo entendieron de dos animales que, según la vulgar opinión, habría junto al pesebre del Señor. El pueblo sencillo, que gusta de los cuadros realistas y pintorescos, imitó en los belenes locales estas representaciones; sobre todo desde que San Francisco de Asís y su Orden los propagaron como un recurso de apostolado, rodeándolos de poesía y de ternura insuperables. Hoy no hay ya pueblo, ni iglesia, ni casa ni familia que no instale su Pesebre y que no desahogue ante él su tierna devoción para con el Divino Niño, mediante ese género tan típico de música y de poesía que llamamos villancicos.

Recordemos que la Iglesia concede indulgencia plenaria a todos los que cantan o rezan el Te Deum al finalizar un año e igualmente para aquellos que rezan el Veni Creator el 1 de Enero.

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 Santa María, Madre de Dios (1 de enero)- Y Día Mundial de la Paz


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Hasta hace pocos años se celebraba el día 1 de enero la fiesta de la «Circuncisión del Señor», ceremonia del Antiguo Testamento que fue totalmente abolida por el sacramento del Bautismo. Pero en la última reforma del calendario –luego del Concilio Vaticano II– se trasladó la fiesta al 1º de enero, con la máxima categoría litúrgica, de solemnidad, y con título de Santa María, Madre de Dios.
Con ella confesamos nuestra fe en la divina maternidad de María, que, por obra y gracia del Espíritu Santo, concibió en sus virginales entrañas y dio a luz al Hijo de Dios hecho hombre

De esta manera, esta Fiesta Mariana encuentra un marco litúrgico más adecuado en el tiempo de la Navidad del Señor; y al mismo tiempo, todos los católicos empezamos el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María.
 
6 de Enero - La Epifanía o Día de Reyes
 El día 6 de enero la Iglesia celebra la Epifanía del Señor. Este misterio complementa al de Navidad.  El evangelio de esta solemnidad litúrgica es precisamente la adoración de los magos de oriente, que siguen la maravillosa estrella  indicándoles el camino. Lo encuentran, humildemente se postran ante Él  le llevan sus regalos costosísimos porque es rey: oro, insienso y mirra. Es la manifestación que el Señor hace a los paganos, ellos sencillamente lo aceptan, "La luz que vino al mundo".
La Solemnidad e la Epifanía, o Manifestación del Señor, es la otra gran solemnidad del Tiempo de Navidad. Contemplamos en este día a Cristo "manifestado en la carne, y predicado a los paganos".
La liturgia hace memoria en este día no sólo de los magos que, "conducidos por la estrella van al pesebre", sino del agua convertida en vino en las bodas de Caná y de "Cristo bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos" (antífona de las II Vísperas).



La Iglesia celebra la Epifanía para recordar la Manifestación del Señor a todos los hombres con el relato de los Magos de Oriente que nos narra el Evangelio (Mt 2, 1-12). Aquellos hombres que buscaban ansiosamente simbolizan la sed que tienen los pueblos que todavía no conocen a Jesús. 
La Epifanía, en este sentido, además de ser un recuerdo, es sobre todo un misterio actual, que viene a sacudir la conciencia de los cristianos dormidos. 

La llegada de los magos, que no pertenecen al pueblo elegido, nos revela la vocación universal de la fe. Todos los pueblos son llamados a reconocer al Señor para vivir conforme a su mensaje y alcanzar la salvación. 










Un cuento....



La Adoración de los reyes Magos" - 1822

Por: Manuel Mujica Láinez
Relato perteneciente a "Misteriosa Buenos Aires"
Este relato de ficción, basa muchas de sus descripciones en el cuadro de Pedro Pablo Rubens, "La Adoración de los Magos" (1609), Óleo sobre lienzo, que se halla en el Museo del Prado, de Madrid.

Adoración de los Magos- P. P.Rubens- 1609-1628 - Museo Nac. del Prado -  Madrid -España


Hace buen rato que el pequeño sordomudo anda con sus trapos y su plumero entre las maderas del órgano: A sus pies, la nave de la iglesia de San Juan Bautista yace en penumbra. La luz del alba -el alba del día de los Reyes- titubea en 1as ventanas y luego, lentamente, amorosamente, comienza a bruñir el oro de los altares.
Cristóbal lustra las vetas del gran facistol y alinea con trabajo 1os libros de coro casi tan voluminosos como él. Detrás está el tapiz, pero Cristóbal prefiere no mirarlo hoy.
De tantas cosas bellas y curiosas como exhibe el templo, ninguna le atrae y seduce como el tapiz de La Adoración de los Reyes; ni siquiera el Nazareno misterioso, ni el San Francisco de Asís de alas de plata, ni el Cristo que el Virrey Ceballos trajo de Colonia del Sacramento y que el Viernes Santo dobla la cabeza, cuando el sacristán tira de un cordel.
El enorme lienzo cubre la ventana que abre sobre la calle de Potosí, y se extiende detrás del órgano al que protege del sol y de la lluvia. Cuando sopla viento y el aire se cuela por los intersticios, muévense las altas figuras que rodean al Niño Dios.
Cristóbal las ha visto moverse en el claroscuro verdoso. Y hoy no osa mirarlas.
Pronto hará tres años que el tapiz ocupa ese lugar. Lo colgaron allí, entre el arrobado aspaviento de las capuchinas, cuando lo obsequió don Pedro Pablo Vidal, el canónigo, quien lo adquirió en pública almoneda por dieciséis onzas peluconas. Tiene el paño una historia romántica. Se sabe que uno de los corsarios argentinos que hostigaban a las embarcaciones españolas en aguas de Cádiz, lo tomó como presa bélica con el cargamento de una goleta adversaria. El señor Fernando VII enviaba el tapiz, tejido según un cartón de Rubens, a su gobernador de Filipinas, testimoniándole el real aprecio. Quiso el destino singular que en vez de adornar el palacio de Manila viniera a Buenos Aires, al templo de las monjas de Santa Clara.
El sordomudo, que es apenas un adolescente, se inclina en el barandal. Allá abajo, en el altar mayor, afánanse los monaguillos encendiendo las velas. Hay mucho viento en la calle. Es el viento quemante del verano, el de la abrasada llanura. Se revuelve en el ángulo de Potosí y Las Piedras y enloquece las manti1las de les devotas. Mañana no descansarán los aguateros, y las lavanderas descubrirán espejismos de incendio en el río cruel. Cristóbal no puede oír el rezongo de las ráfagas a lo largo de la nave, pero siente su tibieza en la cara y en las manos, como el aliento de un animal. No quiere darse vuelta porque el tapiz se estará moviendo y alrededor del Niño se agitarán los turbantes y las plumas de los séquitos orientales.
Ya empezó la primera misa El capellán abre los brazos. y relampaguea la casulla hecha con el traje de una Virreina. Asciende hacia las bóvedas la fragancia del incienso.
Cristóbal entrecierra los ojos. Ora sin despegar los labios. Pero a poco se yergue, porque él, que nada oye, acaba de oír un rumor a sus espaldas. Sí, un rumor, un rumor levísimo, algo que podría compararse con una ondulación ligera producida en el agua de un pozo profundo, inmóvil hace años. El sordomudo está de pie y tiembla. Aguza sus sentidos torpes, desesperadamente, para captar ese balbucir.
Y abajo el sacerdote se doblega sobre el Evangelio, en el esplendor de la seda y de los hilos dorados, y lee el relato de la Epifanía.
Son unas voces, unos cuchicheos,.desatados a sus espaldas. Cristóbal ni oye ni habla desde que la enfermedad le dejó así, aislado, cinco años ha. Le parece que una brisa trémula se le ha entrado por la boca y por el caracol del oído y va despertando viejas imágenes dormidas en su interior.
Se ha aferrado a los balaústres, el plumero en la diestra. A infinita distancia, el oficiante refiere la sorpresa de Herodes ante la llegada de los magos que guiaba 1a estrella divina.
- Et apertis thesaurus suis -canturrea el capellán- obtulerunt ei munera, aurum, thus et myrrham.
Una presión física más fuerte que su resistencia obliga al muchacho a girar sobre los talones y a enfrentarse con el gran tapiz.
Entonces en el paño se alza el Rey mago que besaba los pies del Salvador y se hace a un lado, arrastrando el oleaje del manto de armiño. Le suceden en la adoración los otros Príncipes, el del bello manto rojo que sostiene un paje caudatario, el Rey negro ataviado de azul. Oscilan las picas y las partesanas. Hiere la luz a los yelmos mitológicos entre el armonioso caracolear de los caballos marciales. Poco a poco el séquito se distribuye detrás de la Virgen María, allí donde la mula, el buey y el perro se acurrucan en medio de los arneses y las cestas de mimbre. Y Cristóbal está de hinojos escuchando esas voces delgadas que son como subterránea música.
Delante del Niño a quien los brazos maternos presentan, hay ahora un ancho espacio desnudo. Pero otras figuras avanzan por la izquierda, desde el horizonte donde se arremolina el polvo de 1as caravanas y cuando se aproximan se ve que son hombres del pueblo, sencillos, y que visten a usanza remota. Alguno trae una aguja en la mano; otro, un pequeño telar; éste lanas y sedas multicolores; aquél desenrosca un dibujo en el cual está el mismo paño de Bruselas diseñado prolijamente bajo una red de cuadriculadas divisiones. Caen de rodillas y brindan su trabajo de artesanos al Niño Jesús. Y luego se ubican entre la comitiva de los magos, mezcladas las ropas dispares, confundidas las armas con los instrumentos de las manufacturas flamencas.
Una vez más queda desierto el espacio frente a la Santa Familia.
En el altar, el sacerdote reza el segundo Evangelio.
Y cuando Cristóbal supone que ya nada puede acontecer, que está colmado su estupor, un personaje aparece delante del establo. Es un hombre muy hermoso, muy viril, de barba rubia. Lleva un magnífico traje negro, sobre el cual fulguran el blancor del cuello de encajes y el metal de la espada. Se quita el sombrero de alas majestuosas, hace una reverencia y de hinojos adora a Dios. Cabrillea el terciopelo, evocador de festines, de vasos de cristal, de orfebrerías, de terrazas de mármol rosado. Junto a la mirra y los cofres, Rubens deja un pincel.
Las voces apagadas, indecisas, crecen en coro. Cristóbal se esfuerza por comprenderlas, mientras todo ese mundo milagroso vibra y espejea en tomo del Niño.
Entonces la Madre se vuelve hacia el azorado mozuelo y hace un imperceptible ademán, como invitándolo a sumarse a quienes rinden culto al que nació en Belén.
Cristóbal escala con mil penurias el labrado facistol, pues el Niño está muy alto. Palpa, entre sus dedos, los dedos aristocráticos del gran señor que fue el último en llegar y que le ayuda a izarse para que pose los labios en 1os pies de Jesús. Como no tiene otra ofrenda, vacila y coloca su plumerillo al lado del pincel y de los tesoros.
Y cuando, de un salto peligroso, el sordomudo desciende a su apostadero de barandal, los murmullos cesan, como si el mundo hubiera muerto súbitamente. El tapiz del corsario ha recobrado su primitiva traza. Apenas ondulan sus pliegues acuáticos cuando el aire lo sacude con tenue estremecimiento.
Cristóbal recoge el plumero y los trapos. Se acaricia las yemas y la boca. Quisiera contar lo que ha visto y oído, pero no le obedece la lengua. Ha regresado a su amurallada soledad donde el asombro se levanta como una lámpara deslumbrante que transforma todo, para siempre.

Manuel Mujica Láinez (1910-1984),
Escritor argentino, es autor además de "Misteriosa Buenos Aires", obra en que se presentan cuentos ambientados entre 1536 - desde la primera fundación de Buenos Aires y 1904, convirtiéndose en una historia de la ciudad-, de obras como "Aquí vivieron", cuentos de 1949, "Los ídolos", novela de 1953, "Los viajeros" de 1955, novela sobre la aristocracia criolla, "Bomarzo" de 1962, "El unicornio" de 1965 y "El gran teatro" de 1979.


El Bautismo de Cristo




El Bautismo del Señor : III y último Domingo del Tiempo de Navidad Las fiestas de la Epifanía y el Bautismo del Señor celebran a Cristo que se manifiesta, esto es, que se hace presente para todos los pueblos. Esta fiesta, con la que concluye el Tiempo de Navidad, nos brinda la oportunidad de ir, como peregrinos en espíritu, a las orillas del Jordán, para participar en un acontecimiento misterioso: el bautismo de Jesús por parte de Juan Bautista. Se celebra el domingo siguiente a la Epifanía. (Lucas 3, 21-22) Los cuatro evangelistas comienzan Hechos y Dichos con este acontecimiento, que marca el principio de la vida pública de Jesús.










Verrocchio- Maestro de da Vinci. Los dos ángeles obra de Leonardo da Vinci


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Ana María Brandolini  de Deza  -  ambrandez@yahoo.com.ar  





  



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