Cicerón científico

y  la

Altertumswissenschaft!


 

Una mirada atenta, lector amigo, capaz por sí sola de apreciar al detalle la obra científico-filosófica de Cicerón obliga a tener en cuenta aspectos multidisciplinares o, mejor, interdisciplinares, que van a decidir holgadamente sobre la importancia científica del pensamiento de Cicerón y su traditio y receptio a lo largo de más de 2000 años. Tal interdisciplinaridad con la que afrontamos este trabajo cae cronológicamente dentro, pero también y sobre todo fuera de la llamada "ciencia del mundo antiguo" (Altertumswissenschaft), y encuentra eco en otras ciencias modernas, que convergen con la “visión” del Arpinate y proporcionan la clave para interpretar correctamente – otras veces hemos dicho "debidamente" – la obra ciceroniana.

     Este nuevo ajuste en el punto de mira a la hora de perfilar una interpretación cumplida de la obra de Cicerón puede enjuiciarse de dos maneras: en realidad hay que decir o bien que la faceta científico-literaria de nuestro autor ha escapado y escapa plenamente a los dominios de la Altertumswissenschaft, ciencia esta carente de los principios científicos que Cicerón invoca y aplica en su obra, primera manera, o bien, segunda manera, que la Altertumswissenschaft "distraída" habría ejercido su tarea deficitariamente pasando por alto los logros científicos que el Arpinate haya dejado en su obra y aquélla no habría conseguido captar. En el primer caso habría que admitir que la Altertumswissenschaft adolece de aquellos principios científicos necesarios para fundamentar desde el propio Cicerón la correcta interpretación de textos latinos, que la Filología Clásica debería haber logrado entender.[1] En el segundo caso habría que eliminar de la Altertumswissenschaft la obra de Cicerón, prácticamente la flor y nata de la Filología Latina (latine loqui).

     Hay una tercera manera de afrontar esta cuestión que nos ocupa, a saber, la que en su día adoptaron miembros de un organismo "competente" con sus observaciones denegatorias a un proyecto de investigación (2002: BFF2002-01973), observaciones que pudimos refutar radicalmente acto seguido por infundadas. Esta tercera posición redundaría en mantener a toda costa los esquemas tradicionales de la Filología Clásica, depreciando, echando por tierra y decapitando, una vez más, a Cicerón y con ello el intento de recuperarlo. Claro que esta vía tropezaría al menos y nada menos que con la prominente personalidad de Cicerón y se vería seriamente obligada, además, a salir al paso de argumentos ya esgrimidos o que vayamos a esgrimir en nuestro intento de ofrecer una aclaración verdaderamente comprometida con la ciencia.

     Nunca es tarde, pero en cualquier caso, como consecuencia del retraso de tantos siglos, se sigue desaprovechando la histórica oportunidad, quizás irreparable, de divulgar lo antes posible los conocimientos científicos contenidos en la generosa visión que aporta Cicerón, de la que lamentablemente nos hemos visto privados.

     Para entender, pues, a Cicerón no basta con la exuberante producción literaria – por lo general muy meritoria – de la Altertumswissenschaft, ni con las traducciones – en cosas nimias o de aspecto trivial, elogiables – de la obra de Cicerón, ya que se ha leído a Cicerón, pero no "debidamente". No basta tampoco con la abundante literatura secundaria que penosamente acostumbra a disparatar en la temática de nuestro proyecto. Al ser Cicerón pionero[2] y precursor[3] de la cimentación científica del proceso cognitivo (Kognitionswissenschaft) cuida como nadie y utiliza con la máxima coherencia aquellos principios de la ciencia que fundamentan en buena parte la teoría del conocimiento, que la Altertumswissenschaft extraña pero que han encontrado acomodo en la lógica moderna, linguística moderna, matemática moderna e, incluso, en la física moderna, a las que afectan los mismos principios científicos que configuran el "modo de pensar de la ciencia" presentes en las aportaciones científicas de Cicerón.

 

Véase texto aclaratorio de Cicerón y su traducción [texto latino] y [traducción]

 

CONCLUYENDO.  Si por filología entendemos la ciencia que trata de los textos (φιλολογία) e interpretamos, sin más, el término griego “λόγος”, como "palabra", "concepto", "pensamiento", frase,[4] dada la tendencia general en los estudiosos de Cicerón de reducir el contenido de tratados ciceronianos a una búsqueda imperiosa de la fuente o fuentes griegas que puedan haber servido de trasfondo (Quellenforschung), quienes pretendan traducir con tales prejuicios el latín del Arpinate tienen ante sí una tarea difícil y, sobre todo, frustrante: no podrán reconducir debidamente los textos a lo que las palabras de Cicerón refieren y, en consecuencia, tampoco podrán fundamentar el pensamiento científico que Cicerón lleva a la práctica en su obra con un instrumental bien distinto. Dicho de otra manera y sin recelos: la filología tradicional, nuestra filología, entendida como "ciencia del λόγος”, y, a su vez, el "λόγος" como "palabra", "concepto", "pensamiento", “frase”, no encuentra puntual acomodo en la obra que el Arpinate nos ha transmitido. Tampoco en otros autores, como veremos a su debido tiempo. La visión científica de Cicerón supera en este sentido los contenidos de la Altertumswissenschaft, sin que podamos concluir, por esta vez, que todos los caminos lleven a Roma.

     Si conseguimos marcar tímidamente a lo largo de este proyecto alguna pauta – extraña sí, pero aclaratoria – sobre la lengua de Cicerón (latine loqui) y fijar, más que líneas maestras, algún hito o jalón aislado que delate las deficiencias en la interpretación que se viene haciendo sobre Cicerón, habremos ayudado no poco con ello a quienes sientan la necesidad de reparar la universal incomprensión del Arpinate y nuestra empresa habrá valido la pena, no tanto contra observaciones denegatorias de tanta irresponsabilidad como, sobre todo, para recuperar a Cicerón, refutando a aquéllos que dejaron su adversa impronta en sus obras y ganando a otros en vida a tan noble causa. A partir de aquí la historia dirá si ha valido la pena.

    Para empezar, quienes pretendan adentrarse en la obra de Cicerón han de tener presente que la lengua constituye un sistema organizado de elementos (signos y sonidos), que hacen posible la actividad comunicativa (“enérgeia”, actividad, no “érgon”, instrumento) que emana (vis divina) de la “eloquentia” de que está dotado – a diferencia de los demás animales – sólo el colectivo humano.[5] Ante el riesgo de fracasar en el intento conviene tener en cuenta que en todo sistema domina el principio de orden que “selige, relaciona y orienta” los elementos del sistema. En el caso de la lengua de Cicerón trátase de las correctas relaciones (res ipsa/ipsa res) resverbum,  (res ipsa/ipsa res) → sententia → enuntiatio que retienen los principios de la oratoria impulsores de la traditio y receptio del conocimiento, sometido todo ello inexorablemente al principio mutante de la naturaleza humana (vis et natura), limitada a conocer el mundo físico sólo mediante relaciones lógicas (liminia).


   Hay, además, transformaciones en la lengua que tienen que ver no ya con la natural y cambiante evolución e innovación de los verba y enuntiatus ni con la objetiva mutabilidad de la res y la voluble subjetividad de la sententia, sino con un código onomático contaminado por ciertas extrapolaciones filosóficas, que entorpecen la genuina funcionalidad de la lengua con efecto distorsionante.

    Para diferenciar el código de los textos primigenios de aquel otro código del que emerge un uso contaminado del lenguaje, denominaremos a aquél "código onomático" y “código semiótico” al contaminado. Digamos, para empezar, que los textos primigenios – que emanan de un “código onomático” – preservan, en buena medida, la fuerza genuina del lenguaje de estructura vertical, mientras que los del código semiótico se caracterizan, entre otras cosas, por su escasa verticalidad. La lengua de Cicerón, salvadas las dificultades inherentes a toda transmisión literaria, difiere, pues, de la nuestra fundamentalmente en la acción de su código, el “código onomático", que formula textos primigenios. La funcionalidad del código decide sobre la interpretación correcta del lenguaje (latine loqui) con sus características específicas netamente distintas a las del griego.

   Sirva ello básicamente de advertencia a cuantos estudien la filología clásica genuinamente latina: en materia de conocimeinto científico nunca podrán entenderla cumplidamente desde la sola perspectiva de la filología griega, asentados en los supuestos de la filología griega. Una y otra discurren por muy distintos caminos.

 

[1] Jäger, Gerhard: Einführung in die Klassische Philologie. 2. Aufl. Verlag C.H.Beck München, 1980, p.13: “Die Klassische Philologie hat daher einem wichtingen Platz im Rahmen einer umfassenden Altertumswissenschaft bzw. einer Wissenschaft von der Kultur des Altertums” y ofrece a continuación la siguiente cita: insofern sie “Sprachschöpfungen anderer Zeiten und Kulturen zugänglich halten und unverfälscht bewahren soll”. (H. Tränkle, in: Fuhrmann/Tränkle, Wie klassisch ist die klassische Antike? Zürich 1971, S. 4).

[2]Pionero: “Dícese de la persona que da los primeros pasos en alguna actividad humana” (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).

[3] Precursor: “Dícese de la persona que profesa o enseña doctrinas o acomete empresas que no tendrán razón o hallarán acogida sino en tiempo venidero” (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).

[4] Rudolf Pfeiffer: Geschichte der Klassischen Philologie. Von den Anfängen bis zum Ende des Hellenismus. Beck’sche Elementarbücher. Aus dem Englischen übertragen von Marlene Arnold. Verlag C. H. Beck München 1978.

[5]Cic. De inv. 4, (5): Ac mihi quidem videntur homines, cum multis rebus humiliores et inferiores sint, hac re maxime bestiis praestare, quod loqui possunt.