Lo que Beloaga vio y sus paredes pudieron oir. Historia medieval de Oiartzun y Errenteria.


Situación y etimología del castillo de Beloaga

El castillo de Beloaga, Feloaga o Peloaga estaba situado en el valle de Oiartzun, concretamente en las peñas de Arkale del barrio Gurutze. Constaba de una torre y un patio de armas, y aunque algunos afirman que este segundo recinto data de la Guerra de la Convención o de las carlistas, por el tipo de construcción parece de la misma época que la torre. Según otros autores es posible que existiera alguna fortificación en estas peñas desde la época de los romanos, pues era la atalaya perfecta para vigilar el transporte de mineral que se realizaba desde las minas de Arditurri hasta Oiasson, la ciudad romana de Irun.

Según decía Koldo Mitxelena, quizás influido por la cercanía de la estela romana de Anderregui, el nombre de Beloaga podría proceder del latín, es decir, de Belona, nombre de la diosa romana de la guerra.
Pero si consultamos el diccionario "Orotariko Euskal Hiztegia" encontraremos la palabra peloa/pelua. Y es que, a pesar de que en muchos lugares se les denomine azazkalak (uñas) a las distintas pezuñas de los animales, en algunos pueblos de Euskal Herria utilizan todavía el término apatxak para denominar las pezuñas de dos uñas de vacas, ovejas o cabras, y peloa para denominar la pezuña de una única uña de caballos, yeguas, burros o mulas. Por lo tanto, con el término pelodunak, y por extensión peloak se denominarían a los animales de una uña, y Peloaga vendría a significar lugar de yeguas o caballos.
Además, el pequeño valle situado debajo del castillo está rodeado por caseríos que llevan ese nombre: Pelugain, Peloaga, Peluzar, Pelutxiki, Peluberri y Pellibar. 


Los siglos anteriores a la primera referencia de Beloaga

La primera referencia que tenemos del castillo de Beloaga es del año 1200, pero veamos algunos acontecimientos históricos anteriores a la fecha. Con la caída del Imperio romano, año 476, se pasa de la paz a la guerra sin tregua contra godos, francos, normandos y musulmanes. Hacia el año 600, se forma el Ducado de Vasconia, que se dividió el año 819 en el Ducado de Vasconia, entre el Garona y el Adour, el cual fue romanizándose y convirtiéndose poco poco en Gascuña, y el Condado de Vasconia, que se extendía del Adour hacia el sur. El año 824, a consecuencia de la segunda victoria contra los francos, se crea el reino de Pamplona.
Los restos más antiguos del castillo de Hondarribia parecen ser de la época de Sancho Abarca, hacia el año 950, y los del castillo de Donostia del reinado de Sancho el Mayor, esto es, hacia el año mil; lo que hace suponer que el castillo de Oiartzun podría ser también de esa época.

A partir del año 1035 se formaron los reinos de Castilla y Aragón, y cuanto más poder adquirieron estos reinos, más peligrosos se volvieron para Nafarroa. Durante el siglo XII estos dos reinos  atacaron sin tregua a Navarra usurpándole La Rioja y La Bureba, aunque los navarros las recuperaron en otras tantas ocasiones.
La situación era insostenible, y dejaron el arbitraje en manos del rey inglés, Enrique II, que residía en Burdeos al ser también señor de Normandía, Anjou, Aquitania y Guyena, y con el tratado de paz permanente que firmaron en 1179 Navarra perdió La Rioja, Bureba y Bizkaia, exceptuando el Duranguesado, que se consideraba tierra de Araba. Sancho VI, temiendo que el objetivo de los castellanos pudiera ser apoderarse de todo el reino, activó una política de fortificaciones de defensa con castillos como Burandón, Toloño, Treviño, Zabalate, Arganzón, Aizorrotz, Marañón o Antoñana, y una política de fundación de villas como Donostia( 1180), Gasteiz (1181) y Durango (1182).

Enrique II estaba casado con Leonor de Aquitania y era suegro de Alfonso VIII de Castilla, pero en 1192 Sancho VI casó a su hija Berenguela con Ricardo Corazón de León, príncipe de Inglaterra. De esta forma el príncipe inglés se convirtió en cuñado tanto de Alfonso VIII como de Sancho VII, el próximo rey navarro, y era más afín al navarro por todas las ayudas que le prestó contra el rey de Francia, por lo cual se vio recompensado con la incorporación de la Baja Navarra al Reino de Navarra.

Primer texto donde aparece el castillo de Beloaga

Los reyes de castilla y Aragón se reunieron en Calatayud, y rompiendo el pacto de 1179 atacaron el reino de Navarra, después de haber acordado cómo repartirlo. Sancho VII el Fuerte consiguió una tregua con el rey de Aragón concediéndole a su hermana en matrimonio, y ante el peligro castellano decidió viajar a tierras almohades a pedir ayuda, ya que su cuñado Ricardo Corazón de León acababa de fallecer en Francia, después de ser herido en el sitio al castillo de Chalus, pero Sancho fue retenido por el nuevo califa y obligado a luchar contra algunos reinos sublevados. Alfonso VIII, aprovechando esta circunstancia, invadió Navarra en 1199. Trebiño y Zabalate resistieron, al igual que Vitoria, que viendo que no podían rendirla por armas después de un asedio de casi un año,
decidieron rendirla por hambre. Una vez caída Vitoria, tomaron el Duranguesado y cayeron fácilmente los pequeños castillos de las tierras de Ipuzkoa. Según la crónica de Rodrigo Ximenez de Rada se hicieron con Gazteiz, Marañón, Arluzea, Ataun, Zaitiegi, Aizorrotz, Ausa, Donostia, Beloaga y Hondarribia. Trebiño y Zabalate fueron canjeados por Izura y Miranda de Arga por encontrarse estas plazas en el interior de lo que quedaba del reino. El más beneficiado fue el señor de Bizkaia, Diego Lopez de Haro, que se había convertido en un incondicional de los castellanos y llegó a ser tenente en Soria, Nájera, Marañón y Donostia.
 
Esta es la primera referencia escrita del castillo de Beloaga y nos recuerda que al menos hasta que entraron los ejércitos castellanos Beloaga era un castillo navarro, estas tierras eran navarras y sus habitantes navarros.

Sancho VII regresó en 1201 y pactó con el rey inglés, Juan Sin Tierra, contra franceses y castellanos. En 1204 recibió bajo su protección las tierras de Baiona, asegurándose una salida al mar y cerrándole el paso hacia Aquitania a Alfonso VIII, puesto que alegando la dote de su mujer buscaba intervenir en Gascuña. Ese año, el rey castellano enfermó gravemente y redactó un testamento prometiendo que si sanaba devolvería a Sancho todas las tierras que ocupó. Alfonso se curó, pero no sólo no las devolvió, sino que entró a sangre y fuego en Lapurdi y Gascuña, aunque más tarde se retiró por no poder mantener el ejército en aquellas tierras. En 1207, el papa Inocencio III excomulgó al rey inglés, y Sancho VII tuvo que firmar una tregua con Castilla, por la cual terminaron luchando juntos en las Navas de Tolosa el año 1212.

En las tierras recién conquistadas de Ipuzkoa y Araba no existía aún ninguna frontera, por lo que Alfonso VIII y los siguientes reyes castellanos se apresuraron a amurallar y otorgar cartas pueblas a las poblaciones más cercanas de lo que restaba del reino de Nafarroa con la intención de trazar los nuevos límites. Así, Alfonso VIII concedió la carta puebla a Hondarribia en 1203, separándolo de Donostia y otorgándole el fuero de Donostia recibido por Sancho el Sabio. A los pocos años hizo lo mismo con Oiartzun, y aunque el documento no se conserva, Fernando III confirmó en 1237 la carta de privilegios otorgada por su abuelo. En 1256, amurallaron también Tolosa, Segura, Agurain y otras villas, y comenzaron los graves incidentes entre las gentes que hacía unos años eran del mismo
pueblo. El bandidaje y los robos de ganado en la nueva frontera, amparados por la diferente jurisdicción que les ofrecía el nuevo reino, hizo que la nueva frontera fuera bautizada como la frontera de los malhechores, siendo una de las consecuencias más graves la batalla de Beotibar el año 1321.
Pese a todo, en 1298, Felipe I de Navarra consiguió que Nafarroa tuviera todos los derechos en los puertos de Donostia y Hondarribia, pacto que perduró hasta 1434.

En 1320, continuando con la política de trazar la nueva frontera, se fundó Villanueva de Oiarso en el lugar de Orereta, uno de los núcleos del Valle de Oiartzun, y al intentar obligar a todos los habitantes del valle a habitar la villa y pagar los gastos de amurallarla comenzaron una serie de litigios entre la villa y el valle, en los que intervinieron los Huarte en muchas ocasiones. Las primeras referencias de la casa solar de los Huarte son de principios del siglo XIV, por los que deducimos que ya estaban asentados en el valle anteriormente, puesto que para esa época ya eran propietarios de las seles del cordal de Bianditz. Según García de Salazar es el solar más antiguo de Gipuzkoa; fueron fundadores del bando Gamboíno, y enemigos de los Urtubia.
El Valle de Oiartzun trató de comportarse como independiente de Villanueva. Nombraba oficiales propios, reunía concejo, se organizaba militarmente, no acudía a las celebraciones de Villanueva y organizaba sus territorios desobedeciendo las sentencias.
En 1328, Alfonso XI concedió el fuero de ferrerías a OIartzun y a Irun, y según Lekuona fue en esos siglos cuando se revalorizó el castillo de Beloaga. Más tarde, hacia 1600, cuando llegó la crisis de las ferrerías, en un preludio de una ordenanza del concejo del valle se menciona cómo había descendido la defensa de las ferrerías de 800 a 400 soldados. Por lo que queda claro que en los siglos anteriores se utilizaba gran cantidad de soldados.

Segunda referencia

Comenzó la guerra de los 100 años entre ingleses y franceses (1337-1453), y Carlos II de Navarra colaboró activamente con los ingleses, pues tenía grandes propiedades en Normandía, en cuyos puertos había asentadas familias vascas, ya que eran parada obligada de los barcos que partían desde los puertos vascos a Flandes. Los Huarte eran partidarios de Navarra, y cuando comenzó esta guerra aparecen enviando una compañía de mercenarios, que salió del puerto de Oiartzun (Pasaia) bajo el estandarte de los Huarte y que fueron parte de los 2.000 hombres que dirigió Carlos II para ayudar a Eduardo III. El año 1355, Beltrán de Huarte, cabeza del linaje, recibe 20 libras anuales como pago por los servicios prestados en Normandía. En 1356 estando Carlos II en el castillo de Rouen fue apresado con su escolta y al día siguiente ajusticiaron a cuatro de sus acompañantes sin juicio alguno. Este hecho hizo que todos los navarros apoyaran a los ingleses, y entre el duque de Lancaster y el príncipe de Gales tomaron París e hicieron prisionero al rey de Francia.
En 1357, Martin de Huarte, al ser nombrado sargento de armas, recibía 120 libras anuales, y en esas fechas proporcionaron los Huarte 150 escuderos armados para luchar en la guerra de los cien años.
No sería de extrañar que con el dinero que ganó en Normandía alguno de aquellos soldados se construyera en Irun, muy cerca de Oiartzun, el caserío llamado Normandía, del mismo nombre que la nueva casa que construyeron hace unos años, ya que el caserío lo tuvieron que derribar al construirse la autopista.

 

1. Udaletxea. 2. Morrontxo. 3. Nafarroako atea. 4. Harresiko Bastioia. 5. Iparraldeko atea. 6. Santa Klara kalea. 7. Errotako kanala. 8. Ugarritzeko atea. 9. Barrengo errota. 10. Itsas atea. 11. Santxo enea kalea. 12. Kaia. 13. Lonja. 14. Madalen kalea. 15. Madalena ermita. 16. Pontika. 17. Galtzaraborda. 18. Matxingo. 19.Ugarritzeko zubia. 20. Ugarritzeko ontziola.

En 1365, a la guerra de los cien años se le suma la guerra de sucesión de Castilla, donde Enrique II el Usurpador trata de arrebatar el poder a su hermanastro Pedro I. A raiz de un tratado del rey navarro Carlos II con Pedro I Hondarribia se convirtió en puerto franco de Nafarroa, y durante ese año se armó una escuadra de diez navíos en los puertos de Hondarribia y Oiartzun. En septiembre de 1366, se firmó el tratado de Libourne entre el príncipe de Gales, Carlos II y Pedro I, en el se prometía al príncipe de Gales y duque de Aquitania y Guyena, llamado príncipe negro por su armadura, una suma de dinero y los puertos de Bilbo, Bermeo y Lekeitio, mientras que Carlos II recuperaría Araba, La Rioja y Gipuzkoa con sus villas y castillos. En 1367 entraron las tropas del príncipe negro con las navarras y vencieron a Enrique II en Nájera, huyendo éste a Avignon.
En 1368, Carlos II nombró a Pedro Lopez de Amezketa nerino y capitán de Gipuzkoa y a Ayero (Huart) le entrega la zona del Urumea hasta el Bidasoa. Parte de las aldeas y villas de Gipuzkoa se entregaron a Navarra, incluso los oñacinos, que tendían a ser fieles a Castilla, apoyaron a Carlos II y pidieron la incorporación. Los artífices de esta unión fueron los Zabaleta de Lesaka, los Altzate de Bera y los Huarte de Oiartzun. Pero Pedro I no cumplió sus promesas y el príncipe negro y Carlos II le abandonaron. Aprovechándo esta situación Enrique II firmó un tratado con Francia, y entró en Castilla con las tropas de Du Guesclin venciendo a Pedro I en marzo de 1369. Pedro I intentó refugiarse en la tienda del francés, pero se encontró con su hermanastro, que le asesinó de una puñalada.

En el tratado de Libourne (1366) se mencionan los castillos que recuperaba Nafarroa y esa es la segunda referencia del castillo de Oiartzun, referencia que nos muestra que después de siglo y medio no había cambiado tanto la situación, ya que mucha gente seguía sintiéndose navarra, como en el caso de los Huarte.
Hemos visto que los Huarte eran sargentos de armas y que mantenían compañías en las fronteras. Además, existe mucha documentación sobre sus tropas, incluso sobre la entrevista mantenida con el rey de Nafarroa, y, aunque no hay documentos que vinculen explícitamente a los Huarte con Beloaga, no se conoce en aquellas fechas otra familia con capacidad militar para dar uso, no sólo al castillo de Beloaga, sino también a Gaztelugoikoa y Gaztelubekoa, puntos de vigilancia menores ubicados sobre las minas de Arditurri.

En 1373 la sentencia arbitral del cardenal Guy de Boulogne devolvió La Rioja, Araba y Gipuzkoa a la corona
castellana, y Enrique II se vengó de los lugares y villas petristas segregando el territorio donostiarra, creando Hernani, Usurbil y Orio. Al valle le castigó con duras sentencias que le hacían depender más de Villanueva de Oiarso, prohibiendo a los vecinos del valle nombrar oficiales, poniéndolos bajo la jurisdicción de la villa, resultando de todo ello duros enfrentamientos. También cambió la política del puerto de Oiartzun (Pasaia), cediendo toda la jurisdicción a Donostia, anulando así todos los esfuerzos que se realizaron desde Alfonso XI para que los donostiarras respetasen los derechos de la villa y los de los ferrones del valle.
Los problemas se venían arrastrando desde que Sancho VI concedió a Hondarribia la jurisdicción sobre las laderas de Jaizkibel (orilla derecha del río Oiartzun), y se agravaron con el fuero concedido al valle y sobre todo  con la fundación de Villanueva, pues el control de los navíos extraños  y el cobro de derechos eren intereses que pretendían ambas villas. En 1376, 1381 y 1384 también hubo sentencias reales contra el valle, prohibiéndo vender pan, carne, vino o sidra en el mercado, teniendo que trasladarse para ello a la villa.

Por otro lado se iban extendiendo las luchas entre Oñacinos y Gamboínos, y como las tierras de Ipuzkoa eran desde 1356 Merindad Mayor, también iba a tomar parte en estas luchas el Merino, hasta que en 1375 se firmó la tregua. Desde 1379 hasta 1466 el título de Merino recayo en los alaveses Ayala por herencia. En el tratado de Briones (1379) Nafarroa se vio obligada a romper su pacto con los ingleses por lo que empezó a perder sus tierras en Normandía, al igual que Inglaterra perdía sus posesiones en Francia ante la supremacía de castellanos y franceses.

Tercera referencia

En 1453, el rey de Castilla, Juan II, reconoce el villazgo al valle y su segregación de Villanueva de Oiarso, pero la villa lo impugnó porque ésta quedaba reducida a poco más que a sus murallas, es decir, al barrio de Orereta. Los enfrentamientos se endurecieron y la provincia envió al valle en representación a Lope y Mingot, pero los enviados por la Hermandad fueron asesinados y otros heridos. Ante estos excesos la provincia para castigarlos entró por fuerza de armas, tomó las casas fuertes y otras llanas, quemando unas y derribando otras, e inutilizó molinos y ferrerías, siendo muertos y apresados algunos vecinos. Y aquí tenemos la tercera referencia, a pesar de ser un tanto indirecta, la cual nos recuerda la conflictiva separación del valle con respecto a Orereta. En 1455, Enrique IV ordenó en Arévalo que nadie se sumase a los 60 hombres reunidos en las torres de Oiartzun, y en julio nombró árbitros a Martín de Gamboa y Martín Lope de Lazkano. Pensamos que se referían a Beloaga, puesto que el valle estaba dominado por la Hermandad.
No es extraño que en aquella época anduvieran todavía los Huarte en Beloaga haciendo frente a la Provincia y a Castilla, ya que Ayero Huarte mantuvo su poder militar en el valle hasta 1396. Ese año dejó a su hijo Pedro Sanchez Ugarte el prebostazgo de Villanueva y la casa que el linaje tenía en la villa, y a su sobrino Juan Sanchez de Ugarte, hijo de Amigo, la casa solar del valle y todas sus pertenencias. Sin embargo en 1413 a Martín Sanchez, nieto de Ayero, le fue usurpado el cargo de preboste por su sobrino, Juan de Ganboa, hijo de Fernando de Ganboa y Catalina de Ugarte. Además, un gamboíno asesinó a Martin, y a consecuencia de ello hubo graves enfrentamientos entre las dos familias. Y fue en aquellos años cuando aparecieron por primera vez con el apellido Ugarte en vez de Huarte o Uart, aunque más tarde volvieron con el original. 

Además, desde la quema de Arrasate en 1448, la situación estaba cambiando radicalmente. La Hermandad de Gipuzkoa se posicionó en contra de los bandos, y aunque en 1456 se unen ambos bandos para desafiar a la Hermandad, fue entonces cuando el poder real y el de la Hermandad aumentaron en detrimento de los linajes. Enrique IV, que visitó Donostia en 1457, desterró a los cabezas de linaje, aprovechando su ausencia para desmochar algunas torres, y cuando volvieron del destierro les obligó a someterse a la Hermandad.

Probablemente por esas fechas pasaría el castillo de Beloaga de manos de los Ugarte a las del merino de Gipuzkoa, ya que los Ugarte también fueron perdiendo poder; perdieron el prebostazgo hereditario de Orereta, aunque todavía se mantenían en algunos estamentos. Así, en 1470 Ojer de Ugarte era procurador en el amojonamiento de Hondarribia, en 1475 Miguel Sanchez de Ugarte era procurador de Orereta en el pleito que mantenía la villa con Donostia por el puerto de Pasaia, en 1478 Juan Sanchez de Ugarte era alcalde ordinario del valle y en 1535 el general Tristán de Ugarte fue el primero que colocó la bandera de su tercio en la Goleta durante la conquista de Túnez.

Cuarta y quinta referencia

En 1463, Enrique IV viajó a Hendaia para entrevistarse con el rey francés Luis XI, y como conocía el conflicto que
mantenía el valle con Orereta, aprovechó la ocasión para visitar el lugar. Cuando vio que el vecindario del valle era mayor que el de la villa y que la población se hallaba dispersa frente las fronteras de Nafarroa y Francia, ordenó que se cumpliera la exención y segregación otorgada por su padre, orden que se ratificó en Valladolid el año 1470,
aunque los litigios continuaron. Es muy probable que fuera este rey el que pasara una noche en la casa torre de los Urdiñola, en el lugar donde se encuentra actualmente la casa Landetxe, puesto que fue por esas fechas cuando los Urdiñola comenzaron a destacar y se sabe que levantaron en la entrada dos pares de columnas unidas por cadenas en honor a que un rey pernoctara en la torre.

Enrique IV, a pesar de su fama de impotente y homosexual, sacó provecho hasta de sus matrimonios. Se casó con Blanca de Navarra, "legalizando" así los territorios usurpados a Nafarroa, a pesar de que todos los reyes navarros los reclamaban, entregándolos primeramente con la condición de recuperarlos como dote. Pero después repudió a Blanca y se divorció, alegando que no pudo consumar el matrimonio, y en 1455 se casó con Juana, la hermana del rey de Portugal, naciendo de esta unión una hija llamada también Juana.
En diciembre de 1464, parte de los acompañantes del rey en su viaje a Hendaia, al verse desplazados del poder, le dieron un ultimátum, acusándole de estar manipulado por Beltrán de la Cueva. Se escenificó la farsa de Avila, montando un gran tablado fuera de las murallas y después de una misa oficiada por el arzobispo de Toledo, éste, el marqués de Villena y los condes de Plasencia y Benavente, entre otros, destronaron a un muñeco de madera vestido de luto que representaba al rey, acusándolo de ser amigo de los musulmanes, homosexual y sobre todo de no ser el padre de Juana, a la que llamaban Juana la Beltraneja, ya que se decía que era hija de Beltrán de la Cueva. En la escenificación proclamaron rey a Alfonso, hermanastro de Enrique IV, que no contaba más que con 13 años. Se levantaron dos ejércitos, aunque hubo más negociaciones que batallas. En una de las negociaciones Enrique IV llegó a entregar a su esposa Juana como rehén, cosa que le perjudicó políticamente, pues se rumoreó que volvió del cautiverio embarazada.

En Gipuzkoa el mariscal García II Lopez de Ayala también se rebeló contra el rey y participó en las luchas civiles a favor del infante Don Alfonso junto con el marqués de Villena, por lo cual le concedieron el señorío de Orduña. Y en este contexto nos encontramos con la cuarta y quinta referencia. El 20 de abril de 1466, Enrique IV despachó una real orden en Segovia dirigida al alcalde de Gipuzkoa para que se apoderaran del castillo de Beloaga, donde el mariscal García II Lopez de Ayala se había hecho fuerte, ordenando derribarla, cosa que no sucedió, pues en 1468 la Provincia solicita que se devuelva el castillo a Lopez de Ayala, donde vemos que la Hermandad apoyaba al merino y no al rey, pero el rey denegó la autorización.

Sexta y séptima referencia 


Ese año muere el joven Alfonso, y Enrique IV firma un acuerdo con su hermanastra Isabel la católica, por el que vuelve a ser rey y ella la heredera; pero en 1469 el matrimonio secreto de Isabel con Fernando de Aragón hizo que el rey rompiera el pacto, proclamando heredera a su hija Juana, que se había casado con su tío, Alfonso V de Portugal. En 1474 muere Enrique IV y comenzó la guerra de sucesión castellana entre los partidarios de Isabel y los de Juana. A Juana además le apoyaron Portugal y Francia, temerosa la última de la unión de Castilla con Aragón, su rival en Italia.

En 1474, aprovechando el clima de guerra civil que reinaba en Castilla, explotó el conflicto que se mantenía en los últimos siglos en el puerto de Pasaia, provocado por el abuso de los oficiales donostiarras, que se tomaban la justicia por su mano. Se abrió la guerra entre parientes mayores y solariegos de Donostia, Villanueva y la Tierra de Oiartzun, y en poco tiempo murieron unos cien hombres y se hicieron multitud de robos, quemas de casas y se talaron heredades.

La Hermandad de Gipuzkoa trató de solucionar el conflicto, concediendo a Donostia la jurisdicción sobre la orilla que va desde Ulia a Molinao, la recaudación de derechos portuarios y la tarea de colocar guardas. Errenteria no estaba de acuerdo y el conflicto se alargó hasta el siglo XVII, cuando la jurisdicción del puerto recayó en la Hermandad y esta creó una Junta de Gobierno para su administración.

En 1476, Francia, partidaria de Juana la Beltraneja, reunió en Baiona un gran ejército bajo las órdenes de Alain de Labrit o Albret. Con un contingente no muy numeroso vadeó el Bidasoa con la intención de atacar Irun, Oiartzun y alrededores, antes de asediar la plaza fuerte de Hondarribia. Así, después de un ataque a Irun, entró el 20 de abril en Oiartzun, dando fuego a la torre de la iglesia, que se levantaba sobre la entrada principal, con un grupo de personas dentro. Después de arrasar medio valle y parte de Errenteria, se dirigió a Donostia, pero en el camino se encontró con el merino de Gipuzkoa, el conde de Salinas. En una dura batalla venció al conde, y la gente de Donostia tuvo que huir hacia Hernani. Y aquí tenemos la sexta referencia. Cuando Labrit volvía a Baiona a preparar el ataque contra Hondarribia tomó el castillo de Beloaga, dejando en él a 200 lacayos. En una carta que escribió el señor de Labrit a Luis XI, rey de Francia, explicando los pormenores de esta guerra, relataba que Beloaga era una plaza fuerte, castillo roquero que se encontraba sobre unas peñas entre La Rentería y Hondarribia y que era la más bella atalaya de Gipuzkoa.

Mientras, el señor de Labrit preparaba el ataque a Hondarribia, el capitán de la plaza de Hondarribia, Juan de

Gamboa, recibió la ayuda de Juan Lopez de Lazkano, aunque no era suficiente. Después de nueve días intensos de luchas, llegaron por Jaizkibel tres mil hombres de las milicias forales, que hicieron retirarse al ejército francés.
Luis XI ordenó a Labrit que volviera a reorganizar el sitio, y entre tanto el capitán Purget de Baiona vadeó el Bidasoa con sus hombres. Enterados en Hondarribia salieron en su busca las milicias acompañadas por el señor de Lazkano. Estos los derrotaron, pero el capitán con unas decenas de soldados se hizo fuerte en la torre de Arantzate de Irun, y, al no rendirse, el propio señor de Arantzate dio la orden de dar fuego a su torre, acabando con la mayoría y apresando al resto.
Cuando Labrit atacó, los hondarribitarras estaban surtidos de artillería y aguantaron los ataques durante cincuenta días, y cuando los portugueses se retiraron de la batalla de Toro comenzó a concentrarse cerca de Gasteiz el numeroso ejército prometido por Isabel la Católica a los hodarribitarras. Al enterarse de aquella noticia, el señor de Labrit abandonó el sitio. La guerra había terminado y la paz se firmó el 9 de octubre de 1478 (Paz de San Juan de Luz). Sin embargo, en la tregua de 1476 se firmó que hasta nueva orden Beloaga quedaría en manos de Labrit y que la guarnición tendría el derecho de abastecimiento asegurado. Por lo tanto, gracias a esta séptima referencia que se redacta en la tregua sabemos que al menos hasta 1478 Beloaga siguió en pie. 

 

Después de fallecer Blanca I de Navarra, el regente Juan II de Aragón, que había desheredado a su hijo Carlos, Príncipe de Viana, y encerrado a su hija Blanca, dejó a su muerte en 1479 el reinado a su hija predilecta Leonor. Pero Leonor murió ese mismo año y se sucedieron cuatro años de regencias y protectorados por la corta edad del heredero Francisco I. Con la repentina muerte de Francisco, Catalina I heredó un reino desahuciado por la guerra civil alentada por los castellanos, y se vio sometida a las presiones de Castilla y Francia a la hora de elegir pretendiente. Al final, optó por el francés Juan de Albret, hijo de Alain, el señor de Labrit, lo que los Reyes Católicos consideraron un menosprecio, y comenzaron a preparar la venganza. Por la corta edad de los reyes navarros, Alain de Labrit gobernó Navarra en calidad de virrey. Después Cesar Borgia, que se casó con Carlota de Labrit, hermana del rey, llegó a ser mariscal de los ejércitos de Navarra. Los reyes, que se habían casado en 1486, sufrieron la humillación del conde de Lerin, al no autorizarles la entrada a Iruñea para la ceremonia de la coronación hasta 1494. Más tarde el sucesor del conde, sobrino de Fernando el católico, se involucró más, si cabe, en la guerra contra sus señores naturales, y finalmente, a pesar de que Juan III de Albret consiguió desterrar al conde de Lerín y traer la paz, en 1512 el duque de Alba entró con las tropas en Navarra y conquisto lo que quedaba del reino. Catalina, que apenas pudo intervenir políticamente por sus múltiples maternidades reprochó en su huída a Ultrapuertos a su esposo Juan III diciéndole: Juan de Labrit fuisteis y Juan de Labrit seréis; porque si vos fuerades Reina y yo Rey, nunca se perdería Navarra. 

Y con la conquista llegaron las órdenes del cardenal Cisneros de desmochar las torres navarras; y si no fue unos años antes, cuando los Reyes Católicos ordenaron construir el castillo de Gazteluzar de Irun, es probable que la torre de Beloaga también fuese derribada con la orden de Cisneros. 

Posteriormente las ruinas del castillo fueron utilizadas en distintas guerras. Durante el siglo XIX los liberales construyeron en su interior un fuerte, y a consecuencia de esto toma fuerza la palabra fuerte en detrimento de castillo, que era como se denominaba hasta entonces al lugar.
Utilizaron lo que quedaba de las paredes del castillo de la Edad Media para protegerse. En la plaza de armas construyeron la cocina y los barracones donde dormían, y disparaban parapetados detrás de las murallas, subidos a una pasarela que levantaron contra ella. La torre la utilizaban como polvorín y también tenían un pequeño cañón para disparar desde allí. En la última guerra carlista el fuerte fue tomado por los carlistas, y finalmente recuperado por el teniente coronel D. Prudencio Arnao con una compañía de miqueletes, el 15 de septiembre de 1875.
Cuando acabó la guerra ordenaron no derribar el fuerte, pensando que podían utilizarlo más adelante, pero debido a la mediocridad de las construcciones, en unos años se desmoronaron y desaparecieron. 

También fue utilizado en la guerra de 1936, cuando el 23 de julio el coronel Beorlegui entró en Oiartzun. Aunque los milicianos se enfrentaron a él, el 27 de julio llegó la ayuda de Ortiz de Zárate y tuvieron que retirarse a la Peña de Aya y a Arkale.
Terminó la guerra, pero Oiartzun se llenó de barracones, donde enviaron a los Batallones de Trabajadores a trabajar como esclavos. Sólo en Oiartzun había tres batallones: uno en Arkale, otro en Babilonia y el último en Aritxulegi. Ellos construyeron, entre otras obras, la carretera de Jaizkibel, la de Erlaitz y el túnel de Aritxulegi.
Además a partir de 1939 en Gipuzkoa y Navarra, frente a la frontera francesa, se construyó la llamada Línea de Defensa Vallespín, llenando la frontera de bunkers. En Arkale los bunkers atraviesan las peñas de lado a lado.

El Indice Alfabético del Fuero describe de esta forma el castillo: “Este castillo ocupa el sitio de las peñas de una eminencia que se descubre en la jurisdicción del valle de Oyarzun, haciendo frente a los Reinos de Francia y Navarra y al mar, que distan una legua de ella, y cubre los dos caminos que se dividen en este pueblo para Oyarzun y Rentería, y a la falda de la eminencia está la casa solar de Feloaga, de donde derivó el nombre del castillo que hoy se ve derruido, aunque permanecen los vestigios de las cercas o murallas fuertes que la ceñían por todas partes.”

Por descripciones como ésta, cartas como la de Alain de Labrit o por la observación de las propias ruinas, pensamos que el castillo de Beloaga no constaba sólo de la torre, sino que iba más allá incluso de su rústico patio de armas.

Como hemos visto, el castillo de Beloaga es testigo de nuestra identidad navarra y de nuestra historia medieval, testigo silencioso, pero no mudo, ya que nos ofrece suficientes documentos y restos. Por tanto, pensamos que merece la pena hacer un esfuerzo para preservar las ruinas que aún se conservan.


Bibliografia:


DIAZ DE DURANA, Ramón, La frontera de los malhechores: bandidos, linajes y villas entre Álava, Guipúzcoa y Navarra durante la Edad Media.

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