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Historia

 

La Casa

Este enorme caserón se levantó a principios del siglo pasado, posiblemente en el año 1917, tal como consta en algunas piedras que hacen de dintel en las puertas del edificio que ocupa y otras que han aparecido en la restauración.

Perteneciente a
una familia de agricultores potentados de la época, con amplia descendencia y no menos abundante grupo de sirvientas y criados para la labranza y el manejo de los semovientes (ganadería), se fue dividiendo al ritmo de las generaciones, algo muy habitual en la Castilla de la época.

En su época de esplendor podían vivir en el caserón más de 40 personas, además de dar cabida en las zonas bajas a las cuadras y otras dependencias para almacenaje de cereal, vinos, hortalizas y otros productos de la tierra, mientras que el sobrao (ahora buhardillas) daba cabida a la paja y la hierba para los animales y para la lumbre.

Tras abandonar los últimos herederos el pueblo y permanecer la división en varias casas, fue sufriendo un profundo deterioro por partes, siendo la más afectada la que hoy ocupa este caserón, por la dejadez de los dueños.

En los estertores del siglo XX fue adquirida por una familia de hosteleros del cercano Maderuelo con la intención de convertirla en una casa rural, si bien la falta de acuerdo en las obras y la remodelación acabó por provocar su venta, hasta recaer en los actuales propietarios.

En 2005 se inició el proyecto de rehabilitación, que trató en todo momento de respetar al máximo las paredes exteriores, algunas con gran parte de la piedra caída y en mal estado, y lograr un ambiente cálido y rústico, al mezclar una construcción nueva con la cálida piedra segoviana y la madera de los pinares de Ayllón y los enebrales circundantes.

Es el lugar ideal para descansar con la familia y con los amigos o poder disfrutar de un entorno sin igual, con una oferta amplia de ocio y cultura. Deportes de agua en un pantano cercano y en las hoces del Riaza y el Duratón; esquí en La Pinilla; senderismo y cicloturismo en las sierras que la rodean; “tirolina” y deporte para niños; joyas románicas en varias localidades; pueblos con encanto –Riaza, Sepúlveda, Pedraza, Ayllón, Maderuelo, Turégano, Aranda de Duero…-; Campo de Golf en Grajera; una de las mejores pistas de karts y mini-motos de Europa a 15 kilómetros; restaurantes con asados y platos típicos sin igual a un precio razonable; obradores de pan y pastelería de la zona para chuparse los dedos; artesanía y antigüedades; silencio para la reflexión o buenas gentes para conversar…

 


El nombre: Hacendera

 

El viejo caserón antaño cuadra de vacas y ovejas, lagar de vino, lar de buen fuego y horno de pan (que todo tenía), tornó con los años y dejadez en un viejo edificio de paredes caídas a las que sólo la fortaleza de la piedra y las vigas de enebro de los techos sostuvo en pie.

Durante ese tiempo, sólo las golondrinas se atrevieron a hacer de él su morada y, año tras año, instalaron aquí sus nidos, incluso durante las obras. Por ello, hasta una docena de nidos llegaron a colgar de sus techos en los últimos tiempos, que fueron respetados en su mayoría durante el proceso rehabilitador y de los que se puede contemplar algún ejemplar extraordinario en la nueva construcción.

Fue por tanto el nombre de “las golondrinas”, o su definición latina “hirunda rusticae” la primera opción barajada, aunque se desechó, primero porque existen ya muchas casas con el nombre de este simpático animal y, porque su nomenclatura latina, aunque muy curiosa, resulta algo compleja.

Por ello, se buscó una denominación que identificara el espíritu y el esfuerzo de los nuevos propietarios para hacer una casa entre todos, con el esfuerzo, entusiasmo y especialidad de cada uno. Y surgió el nombre de Hacendera, cuya historia os copiamos, por su interés, pero que la Real Academia de la Lengua define como “trabajo al que debe acudir todo el vecindario por ser de utilidad común”.

La “hascendera” o “facendera” es una palabra derivada del latín “facienda” (lo que ha de hacerse) y, en los pueblos de la vieja Castilla solía reunir a todos los vecinos para cuestiones relacionadas con el bien común: sonaban las campanas del pueblo con un toque determinado  y todos se reunían en la plaza para luego arreglar caminos, limpiar el cauce de un río, arreglar la Iglesia, la casa rectoral o la escuela, o mejorar las calles. Se solían hacer a finales del invierno, cuando los días son ya más largos y soleados y el trabajo en el campo es menos esclavo, aunque también en otros momentos del año, cada uno con su especial labor.

Los antecedentes de este tipo de trabajos colectivos, parece que hay que buscarlos, según Julio Somoza, “en las obras de la conservación de las vías militares, (de los romanos), y se aplicó aquí para el desarrollo de las comunicaciones y para servicio de los predios comunales como montes y erías".

Los Fueros de León del año 1020 mencionan varios tributos, pero no la hacendera, si bien aparece por primera vez la palabra "Fazendaria" en un documento regio de la Catedral de León del año 1129, firmado por el rey Alfonso VI.  En el mismo año están expedidos los fueros a Villa Ermenegildo por la Condesa Estefanía Sánchez y en los que se incluye ya la institución "faciendam" (hacienda).

Los reyes de León imponían a sus vasallos una amplia gama de tributos, tales como el pedido o tributo en metálico o especie; el pecho que se pagaba por razón de bienes y haciendas; el fosado o la fosnadera para reparar los fosos o castillos o para los gastos de guerra; la infurción que se pagaba por razón del solar de la casa o la humazga por razón de chimenea u hogar abierto; el apellido como llamamiento a la guerra; la serna consistente en trabajar en la sembradura, laboreo y cosechas del rey o señor en determinados días; la mañería por la que el rey o señor heredaban al matrimonio sin hijos; la caloña o calumnia; el homicidio; el rauso, la martiniega; el yantar; etc...

La hacendera es un tributo relativamente tardío en nuestras instituciones medievales y Julio Puyol dice de él que "no es otra cosa primitivamente, sino los servicios personales que tenían obligación de prestar los vasallos en épocas y labores determinadas en favor del rey o señor, ya en el cultivo de las tierras, ya desempeñando diversos oficios y menesteres, ya atendiendo a la conservación y reparación de las fortalezas, etc... a todo lo cual se da, a veces, los nombres genéricos de servicios o labores".

No hay suficientes datos para saber con que regularidad se prestaban estos servicios a los reyes y señores, pero en el Fuero de Villa Ermenegildo se ordena que se preste un día por cada semana del año. En los distintos fueros suele señalarse esta particularidad para cada pueblo o comarca. Así por ejemplo el de San Miguel de Escalada (León) pone dos días al mes.

En cuanto a comida y bebida dispone el Fuero de Villafrontín del año 1201 lo que debe darse a los partícipes en la serna o facendera: en invierno por la mañana pan de trigo y vino bueno, y por la tarde pan, vino y legumbres; en el verano por la mañana pan de trigo, vino bueno y legumbres y lo mismo por la tarde.

En la Edad Media es muy corriente que los reyes eximan del tributo de la "fazendaria" a muchos monasterios, señores o vasallos, y así aparece en muchas cartas que se conservan de esa época.

Las hacenderas, con uno u otro nombre, existen en toda España y se extendieron desde el antiguo Reino de León (que parece las importó de Francia) a Asturias, Galicia, Santander, Palencia, Vascongadas, Cuenca, Castellón, Islas Canarias, Madrid, etc.

A finales del siglo XIV algunos documentos compostelanos ya mencionan las hacenderas en su forma actual. En Asturias se las llama "sextaferias" porque tradicionalmente se realizaban en la sexta feria o viernes de determinadas épocas del año. En Galicia se las llama "estaferias o estafeiras" y, a veces, en Asturias "sustiferias o satisferias". En la zona de Riaño se las llama "huebras", sobre todo cuando incluyen pareja de vacas y carro.

La conveniencia de las hacenderas fue patente, pues gracias a ellas los caminos a la Iglesia, el monte, el río, a la fuente, al mercado... siempre estuvieron a punto. El espíritu comunitario animaba a nuestras hacenderas. Cada vecino debería tomar parte en las hecenderas a no ser que existiera una causa eximente.

Había tiempos fijos para algunas de ellas, como era febrero o marzo, para limpiar fuentes, presas, canales y arreglar pontones; junio para el arreglo de caminos y pasos necesarios para sacar la hierba; septiembre para sacar el abono, recoger la hoja o la leña y los meses de invierno para apalar la nieve, haciéndose cada uno cargo de su "varal" o trecho.

Para estos trabajos se tocaba a hacendera con un repique especial de campana, reuniéndose la gente en la plaza del pueblo o en el lugar de costumbre, desde donde todos partían juntos al lugar del trabajo. De cada casa iba una persona mayor con su instrumento de trabajo. Si la hacendera duraba hasta el mediodía, se volvía a la casa de concejo y se bebía el vino con la copa de plata, pero si duraba toda la jornada cada uno llevaba su merienda y el concejo invitaba a los participantes en el lugar de trabajo con "vino de buen color, olor y sabor".

La normativa de las hacenderas se contiene así en la Ordenanzas de Sabero: "Ordenamos que todo vecino está sujeto a la reparación de los caminos, puentes, pontones, acequias y demás que llamamos facenderas, siempre que estos lo hayan menester, las que se harán con el común reunido y el que falte estando avisado pague cuatro reales y el que acuda tarde pague un real."

A partir de las Cortes de Cádiz de 1812 los ayuntamientos y diputaciones absorben cada vez más a los Concejos o Juntas Administrativas. El día 7 de Abril de 1849 se publica un decreto sobre esta materia y en 1870 se generaliza la Ley Municipal que ordena que participen en las hacenderas los mayores de 16 años y menores de 50 (inclusive mujeres con casa puesta). Las hacenderas no pueden exceder de 20 al año, lo que limita la Ley de 1905 a 5 al año.

Actualmente, se mantienen en muchos pueblos de las dos castillas y otras zonas de España. Los gobiernos autonómicos tienen en este campo de las costumbres aún mucho que aprender y hacer, a fin de que se recupere el sentido no solo práctico y efectivo, sino el cívico y comunitario de una institución leonesa (entendido como tal el amplio Reino de León de inicios del medioevo) tan sabia y valiosa como es la de las hacenderas.


 

Turismo rural

 
Se trata de un deporte nacional que antes se llamaba "ir al pueblo".La diferencia es que si vas a tu pueblo es gratis, y si haces turismo rural vas a un pueblo que no es tuyo y pagando una pasta. Para hacer turismo rural no vale cualquier pueblo.

 

Tiene que ser un pueblo "con encanto". ¿Y qué es un pueblo "con encanto"? Pues un pueblo que sale en una guía de pueblos "con encanto". Si es que se cae por su propio peso.A estos pueblos se suele llegar a través de una carretera comarcal "con encanto", que es una carretera con tantos baches y tantas curvas que cuando llegas al pueblo estás encantado de bajarte. Y cuando entras al bar intentas integrarte con los vecinos.- ¡¡¡Buenos días, paisanos!!! ¿Qué es lo típico de aquí? Y el del bar piensa: "Pues aquí lo típico es que vengan los gilipollas de la ciudad los fines de semana a dejarse 300 euros".

 

Lo siguiente es alojarse en una casa rural o "casa con encanto",que es una casa adornada con muchas vasijas y ristras de ajos en el techo, que no tiene ni tele, ni radio, ni microondas. Eso sí, tiene unos mosquitos trompeteros que por la noche hacen más ruido que una Derbi Coyote. Luego  te das cuenta de que los del pueblo viven en unas casas que no tienen ningún encanto, pero tienen jacuzzi, parabólica, Internet y portero automático. Tu casa no tiene portero automático, pero tiene una llave que pesa medio kilo.

 

Otra ventaja que tiene hacer turismo rural es que puedes elegir entre una casa vacía o vivir con los dueños. Estupendo. Te vas de vacaciones y además de la tuya tienes que aguantar una familia postiza. Que por la noche tú quieres ver la película, ellos los documentales, y te planteas: "¿Quién manda más, yo que he pagado 600 euros o este señor que vive aquí?". Pues gana él, que tiene garrote.

 

Y encima te dicen que tienes la "posibilidad de integrarte en las labores del campo". Que quiere decir que te despiertan a las cinco de la mañana para ordeñar a una vaca. ¿No te jode? Es como si te vas a una gasolinera y te tienes que poner tú la gasolina, o como si vas a un McDonalds y tienes que recoger tú la bandeja. O sea lo normal.

 

Así que te levantas a las cinco para ordeñar a las vacas. Que digo yo: ¿por qué hay que ordeñar a las vacas tan temprano? Si la leche está ahí. ¿No se pueden ordeñar después del aperitivo? Yo creo que esto es fastidiar por fastidiar, porque a la vaca le tiene que sentar como una patada en las ubres que la despierten a las cinco de la mañana para que le toque las tetas un extraño.

 

Que la vaca te mira como diciendo: "Tío, si quieres leche vete a la nevera y coge un tetra brick". Es que son ganas de molestar. Pero el "encanto" definitivo son las "actividades al aire libre".

 

Como cuando te ponen a hacer senderismo, que es lo que habitualmente se llama andar, y consiste, pues eso, en poner un pie delante de otro hasta que no puedas más, mientras los del pueblo te adelantan en un todo terreno con aire acondicionado. Pero tú encantado. Vas por el campo como abducido. Te vuelves bucólico y todo te parece impresionante. Ves una caca de vaca y sueltas: "Ummmmmh qué olor a pueblo." ¿A pueblo? A pueblo no, huele a mierda. Eso sí, a mierda "con encanto".

 

Y todo, sea lo que sea, te sabe a gloria: en el mesón te ponen dos huevos fritos con chorizo y tú en tu ciudad no te comes estos huevos, ni estos chorizos. Y le dices al camarero: - "Oiga ¿a qué este chorizo es de matanza?". - "Pues casi, porque a punto estuvo de matarse en la curva el del camión de Campofrío". De repente oyes unas campanadas y dices: -""¡Ah! ¡Qué paz!. No hay nada como el sonido de una campana."

 

Y el del bar te dice: "¡Pero si está grabado! ¿No ves el altavoz del campanario?" En ese momento te preguntas si los sonidos de las gallinas y de los grillos no vendrán en un CD: "Rural Mix2005", Los 101 Mayores Éxitos campestres." De lo único que estás seguro es de que los mosquitos trompeteros son de verdad. Que pareces un Ferrero Roché con varicela.

 

Yo creo que, de lunes a viernes, la gente de estos pueblos vive como todo el mundo, pero el fin de semana distribuyen por la carretera a unos tíos disfrazados de pastores y cuando ven que se acerca un coche, avisan a los del pueblo con el móvil: - "¡Eh, que vienen los del turismo rural"! Y cambian el cartel de "Videoclub" por el de "Tasca", sueltan unos perros cojos por las calles y sientan a la entrada del pueblo a dos abuelos haciendo alpargatas, que luego te compras unas y te salen más caras que unas Nike.

 

En fin, yo creo que un montaje tan grande como éste no puede ser obra de personas aisladas. Estoy seguro de que están implicadas las autoridades. Me imagino al alcalde: - "Queridos paisanos: este verano, para incrementar el turismo, vamos a importar más mosquitos del Amazonas, que el año pasado tuvieron mucho éxito. Y quiero ver a todo el mundo con boina, nada de gorritas de Marlboro. ¡Y haced el favor de pintaros el entrecejo, que no parecéis de pueblo! Y las abuelas, nada de top less en el río, que espantáis a los mosquitos. Ah, y por cierto: Este año no hace falta Que nadie haga de tonto del pueblo. ¡Con los que vienen de fuera ya vale!