Historia de la lingüística

1. Antecedentes históricos.

 

Aunque suele situarse el origen de la lingüística en la Grecia clásica, que abordaremos enseguida, es habitual afirmar que los primeros textos gramáticos pertenecen a una protolingüística hindú que tiene su punto de origen en los Ocho libros de Panînî (s. V a.C.) sobre el sánscrito. En estos libros se recogen incluso referencias a trabajos previos basados en el estudio de la literatura religiosa del período védico (1200-1000 a.C.).  Los estudios gramaticales hindúes profundizan en la estructura interna de la palabra, con un avanzado conocimiento morfológico.

 

Sin embargo, será la cultura griega la que inaugure la tradición lingüística occidental. Suele considerarse que el momento del nacimiento de la reflexión lingüística se produce en el seno de la filosofía presocrática.. Heráclito, dicen los testimonios, defendió el origen divino del lenguaje frente a Demócrito, para quien “el lenguaje (...) es de origen puramente convencional, debido a la necesidad comunicativa de los hombres”. Con ellos nace una polémica que cruza toda la lingüística occidental. Platón y Aristóteles son considerados como los máximos impulsores de esta polémica en al concepción naturalista y la concepción arbitrarista del lenguaje.  Paralela a esta polémica, circulará también la discusión entre la relación analógica o anómala entre el lenguaje y la naturaleza. Estas polémicas marcan el futuro de la lingüística occidental en tanto señalan los dos caminos que ésta seguirá en su evolución: la especulación teórica por una lado, y la aplicación práctica y normativa por otro.

 

Los estudios gramáticos griegos son los que establecen las categorías gramaticales y la clasificación de las palabras tal y como las conocemos hoy en día. Las aproximaciones gramaticales de la época postalejandrina y helenísticas en las escuelas estoica y neoplatónica establecen un fuerte lazo de unión entre la lingüística griega y la latina y sientas las bases de toda la lingüística occidental hasta la Edad Moderna.

 

Roma, como en tantas otras cosas, adapta el sistema griego a sus estudios gramaticales. La gramática, casi completamente perdida, de Varrón es una excelente resumen de los logros acumulados ya en siglo I a.C.,  pero la culminación de la tradición grecolatina serán los trabajos de Donato y Prisciano.

 

Todas estas gramáticas, que serán fielmente imitadas a lo largo de toda la Edad Media, constan de (Marcos Marín, 1994):

  • una introducción especulativa (que aborda las polémicas antes señaladas).
  • una gramática, que incluye: Prosodia, Etimología, Analogía y Sintaxis. La parte llamada Analogía correspondería a nuestra Morfología y en ella se reconocen ya todas las partes de la oración: nombre, verbo, participio, pronombre, adverbio, preposición, interjección y conjunción, además de los accidentes gramaticales.
  • Un apéndice de Retórica .

           

2. La Edad Media.

           

Durante toda la Edad Media, la lingüística de orientación más descriptiva y normativa se dedicará básicamente seguir el modelo marcado por las gramáticas latinas. La Gramática – con mayúscula – se considera una forma de arte, de la forma que la etimología, por ejemplo, adquirió una enorme importancia, como demuestra la monumental obra de Isidoro de Sevilla. En el ámbito de la aplicación, por otra parte, se produce un importante trabajo de planificación lingüística en los diferentes reinos medievales (Alfonso X El sabio, por ejemplo) que culminará a la larga con la consolidación de las diferentes lenguas romances.

 

A la vez, sin embargo, se desarrolla una interesante tarea lingüística de tipo especulativo-teórico gracias a los modistae, que aúnan la descripción gramatical con la filosofía neo-aristotélica. La teoría modista considera que cada parte de la oración se caracteriza por representar una parte de la realidad de un modo determinado. A partir de esta premisa, abordan cuestiones de enorme interés en el ámbito de la sintaxis, la morfología o la semántica, como la función metalingüística del lenguaje, el concepto de “significado”, o los binomios intensión-extensión y connotación-denotación.

 

Considerando, además, que para los modistae  todas las lenguas tiene una e idéntica esencia, dan el primer paso hacia las teorías universalistas que tanta importancia tendrán en el futuro.

 

3. El Renacimiento (siglos XVI y XVII).

                     

En el ámbito de la aplicación, el Renacimiento supone una verdadera revolución de los estudios gramaticales, no tanto por un cambio de modelo – que no se dio, ya que se seguirá imitando el modelo de las gramáticas grecolatinas, aunque con innovaciones como las aportadas por Scaligero (1540) – como por la aparición de las primeras gramáticas de las lenguas romances.

 

La gramática del castellano de Antonio de Nebrija (1492) es la primera de esta nueva corriente, a la que pronto se sumarán Trissino y su gramática del italiano (1529), de Oliveira con la del portugués (1532) y Meigret con la del francés (1550). Estas gramáticas suelen mostrar una evidente intención normativa y de fijación de la lengua, así como un espíritu claramente didáctico, vinculado a la política de expansión del reino. En esa voluntad de fijación normativa, cabe destacar la enorme importancia que dio Nebrija a la ortografía.

 

Está línea descriptiva y/o normativa tendría su continuación, en lo que al castellano se refiere, a lo largo de estos años, en las obras de el conde de Viñaza, la gramática anónima de Lovaina, las gramáticas de Villalón y Jiménez Patón, o la original e imprescindible Arte kastellana de Gonzalo Correas, con su revolucionaria propuesta ortográfica (no tan diferente de la que propuso García Márquez en un reciente congreso de la lengua española).  También debemos mencionar el Diálogo de la Lengua de Juan de Valdés, reflejo de las preocupaciones lingüísticas de tipo práctico de los intelectuales renacentistas, de especial interés por su reflexión sobre la distancia entre lengua oral y lengua escrita. En el ámbito de los diccionarios, en 1611 aparece el curioso Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias, verdadera amalgama de conocimientos lexicográficos, folclóricos, enciclopédicos e históricos.

 

En el ámbito de los estudios especulativos, además de mencionar el trabajo poco conocido y peor estudiado de Juan Luis Vives – autor de una verdadera teoría semántica  en De censura veri -, la figura más destacada es sin lugar a dudas Francisco Sánchez de las Brozas, el Brocense, autor de una Minerva (1587) que ejercería enorme influencia en la lingüística racionalista de la época (vid. infra). El punto de partida del Brocense no es la norma, la autoridad, como en Nebrija, sino la razón. Y por eso escribe una gramática del latín, porque busca, desde la razón, la base gramatical última de todas las lenguas. El Brocense esboza el primer intento serio de una sintaxis no descriptiva, sino explicativa. Su sintaxis, que modifica las categorías gramaticales de la tradición grecolatina, es una antecendente muy importante de la gramática de constituyentes, ya que establece dos grandes grupos: nominal y verbal, sujeto y predicado (Marcos Marín, 1994; 70), y se convierte en objetivo último de la gramática, dejando un lugar muy secundario para la semántica. Destaca asimismo su teoría de la elipsis, que, a través de Port Royal (vid. infra) tendrá enorme importancia en las corrientes generativistas del siglo XX.

                       

La corriente más importante de la época, sin embargo, es la lingüística racionalista francesa que culminaría en la Grammaire genérale et raisonnée de Port Royal (1660) y que tendría enorme peso en las teorías chomskianas trescientos años más tarde. La gramática de Arnauld y Lancelot tiene, como la del Brocense, una marcada tendencia universalista, basada en métodos demostrativos y logicistas

 

4. La ilustración (s. XVIII).

                       

Las ideas lingüísticas del siglo XVIII, encuadradas entre los últimos estertores de la antigua tradición escolástica y la explosión de la lingüística histórico – comparativa del XIX, suelen quedar en cierto modo algo olvidadas en las historias de la lingüística al uso. A lo largo de todo el siglo, como señala Marcos Marín, la reflexión sobre la lengua se verá marcada por la polémica entre empirismo y racionalismo. Abundan las elucubraciones sobre el entendimiento humano, influenciadas sobre todo por la obra de Locke y Leibniz, en las que suele primar la concepción arbitrarista del lenguaje, aunque con considerables diferencias entre el inglés - que considera la experiencia imprescindible en la formación de las ideas en la mente - y el alemán - férreo defensor de las ideas innatas, que llega en algún momento a rozar el naturalismo platónico-. Será el francés Condillac quien lleva esta perspectiva hasta sus últimas consecuencias, rompiendo toda relación entre concepto y referente, entre signo y objeto. Otro francés famoso, en cambio, se situará en el polo opuesto al reivindicar una concepción completamente naturalista del lenguaje: “el primer lenguaje del hombre es el grito de la Naturaleza” (Rousseau).

                       

En la tradición de las gramáticas generales de la época, destacan las obras de Beauzée, Condillac y sobre todo, James Harris, que publicó su Hermes en 1751, obra en la que, a pesar de vacilar inconsistentemente entre racionalismo y empirismo, puede leerse lo que Marcos Marín considera la primera historia de la gramática y puede encontrarse un modelo gramatical y un criterio científico que anticipa con acierto la revolución de la ciencia lingüística que estaba por llegar.

 

5. La Lingüística en el siglo XIX.

                       

A la luz de la revolución científica del siglo XX y del éxito de las teorías evolucionistas y positivistas, la lingüística histórico - comparativa, cuya inauguración se sitúa tradicionalmente en la conferencia de sir William Jones de 1786 – en la que se establecía por primera vez una relación de parentesco lingüístico entre varias lenguas indoeuropeas -, será la gran corriente a lo largo de todo el siglo en los estudios sobre el lenguaje. 

Al hablar de lingüística comparada es fácil que los primeros nombres en los que se piense sean Schlegel, Humboldt, Herder, Bopp. No es este el lugar para tratar con detenimiento la ingente cantidad de trabajos y descubrimientos de los comparatistas, pero sí merece la pena recordar al menos algunos de los aspectos que mayor importancia conservan para la lingüística actual.

 

De los estudios histórico – comparatistas proceden las primeras investigaciones de tipo científico sobre fonética (Schleicher,  Leskien, Brugmann) así como la formulación de sus leyes de evolución (fonéticas y fonológicas). También fueron fundamentales para el estudio posterior del sistema lingüístico los trabajos sobre analogía  (sobre todo morfológica, pero también fonética) de autores como Meyer-Lübke o A. Castro.  La clasificación de las lenguas en familias y tipos, las primeras investigaciones sobres universales gramaticales, la clasificación  morfológica de las lenguas (aislantes, aglutinantes, flexivas) proceden de esta tendencia lingüística. Los primeros estudios científicos sobre el significado de la mano de Reissig, Darmetester y, sobre todo, Bréal, asientan las bases de la semántica como parte integral del estudio del lenguaje, si bien lo hacen desde un punto de vista diacrónico, como es de suponer.

 

No podemos dejar el siglo XIX sin mencionar, al menos, algunos trabajos precursores de la nueva lingüística que nacería con el siglo XX. Trabajos como los de William Withney (que formuló ya la teoría de la lengua como conjunto arbitrario de signos), Baudain de Courtenay (que ideó el concepto de fonema como equivalente psíquico del sonido), Meillet (al que se considera creador de la Lingüística general), Vossler (precursor de las perspectivas psicológicas e idealistas,...) así como los arriba mencionados demuestran la intensa actividad en la que se sumergieron los estudiosos del lenguaje del siglo XIX, cuya productividad abrió el camino para la confirmación definitiva de la lingüística como auténtica ciencia.

 

6. La lingüística como ciencia: el siglo XX

                       

El Curso de lingüística general de Ferdinand de Saussure se publica en 1916. Y la lingüística cambia para siempre. Como volverá a hacerlo en 1957, cuando Chomsky publique Estructuras sintácticas e inicie el camino de las gramáticas generativas, con una novísima perspectiva sobre la capacidad lingüística del ser humano. En la década de los setenta, un nuevo punto de vista genera una nueva rama de la lingüística con una perspectiva más funcional y aplicada gracias a los trabajos de M.A.K. Halliday, de la que se derivarán la lingüística crítica (Fowler, Hodge, Kress) y el análisis del discurso, todas ellas estrechamente asociadas a las corrientes pragmáticas iniciadas también en los 60 por los estudios de Austin y Searle. En estas últimas décadas, gracias al desarrollo tecnológico e informático, cobran también enorme fuerza la lingüística computacional y la lingüística de corpus. En este sección, no podemos permitirnos más que una brevísima introducción a los rasgos fundamentales de algunas de estas corrientes. No es, ni puede ser, nuestra intención ser exhaustivos, ni siquiera minuciosos.

 

6.1. El estructuralismo.

                       

El estructuralismo abre el camino a la lingüística como ciencia autónoma, libre ya del historicismo y el naturalismo (biologismo) de las perspectivas decimonónicas. Los trabajos de Ferdinand de Saussure establecen al fin la perspectiva sincrónica como base del estudio de la lengua, considerada como sistema de signos organizado en base a unas relaciones internas cuya naturaleza será el objeto último de estudio del lingüista. El Curso de lingüística general, a pesar de hallarse hoy día ampliamente desbordado por las nuevas perspectivas y corrientes de investigación, supone uno de los mayores hitos, sino el mayor, de la historia de la lingüística, por lo que significó de cambio radical de paradigma, de métodos, de objetivos y de perspectivas.

                       

En dicha obra, publicada póstumamente por sus estudiantes a partir de los apuntes tomados en clase, Saussure establece la semiología (semiótica) como estudio general de los signos, entre los cuales incluye el sistema lingüístico. El signo lingüístico se diferencia de todos los demás por su carácter arbitrario (no motivado, social), lineal y discreto. De aquí parte la división de todo signo en signitificante (la forma) y significado (el concepto, la realidad mental a la que aluda el significante). Dichos signos se organizan en una lengua, que no es más que un sistema de relaciones (sintagmáticas o paradigmáticas) entre ellos (valor), y que puede ser estudiada diacrónicamente (históricamente) o sincrónicamente, opción esta última por la que opta el lingüista suizo. En la dicotomía entre lengua (sistema) y habla (uso), luego revisada por Hjemslev y por Coseriu,  y finalmente superada por la propuesta de Chomsky, Saussure se propone estudiar la lengua como sistema de comunicación social, más allá de su manifestación concreta en el habla cotidiana (al contrario de la tendencia actual, mucho más volcada sobre ella).

                       

Las teorías sausserianas dieron lugar a amplísima corriente estructuralista cuya influencia en la lingüística posterior sería enorme. Dicha corriente se dividió en diferentes escuelas que nos limitaremos a mencionar. En el continente europeo, la corriente más continuista sería la Escuela de Ginebra, en la que destacan los antiguos alumnos de Saussure,como Balley, Sechehaye o Frei.

 

La Escuela de Praga, por otra parte, desempeña una papel fundamental en el desarrollo de la fonología y la fonética (parte de la lingüística especialmente accesible desde las teorías estructuralistas). Trubetzkoy establece el concepto de fonema como unidad mínima sin significación pero capaz de producir una variación de significado en la lengua (equivalente al sonido en el habla). El fonema se define en relación a otros fonemas, esto es, por oposición. Por su lado, Jakobson desarrolla la teoría de los rasgos distintivos fonológicos. El elemento distintivo del sistema no es el fonema sino la oposición, la cualidad diferencial, que se organiza en una estructura binaria de rasgos diferenciales. Su clasificación de rasgos es aplicable a cualquier lengua, a los universales fonológicos: (no) consonántico, (no) vocálico, grave-agudo, (no) difuso, (no) compacto, (no) bemolizado, sostenido-normal, nasal-oral, tenso-suave, sordo-sonoro, continuo-interrumpido, estridente-mate, (no) glotizado. Su trabajo se extiende luego a la morfología, la sintaxis y las funciones del lenguaje. Del trabajo de Martinet, el autor con mayor influencia sobre el funcionalismo español,  surge el concepto fundamental de la doble articulación (monemas-fonemas). De Danes y Mathesius procede la distinción entre enunciado y oración así como el modelo de esquemas oracionales y la organización estructural en tres niveles: sintáctico, semántico y comunicativo.  Es en esta escuela donde se empieza a desarrollar una cierta perspectiva funcional de la oración.

 

En la Escuela de Copenhague, en tercer lugar, destacan los trabajos de Hjemslev en su  Glosemática o estudio de la lengua como álgebra matemática, esto es, como puras relaciones entre valores. “Todas las unidades lingüísticas se definen por sus funciones o relaciones de dependencia sin referencia alguna a la sustancia fónica o conceptual”. Hjelmslev parte del binomio expresión – contenido y lo extiende a todos los ámbitos de la lengua, distinguiendo en ambos planos la forma de la sustancia, desplazando así el centro de trabajo de la teoría lingüística del plano sintagmática al paradigmático. Del Estructuralismo inglés, por último,. hay que hacer mención de los trabajos de Firth y su teoría contextual de la lengua: “el significado es la función en su contexto”.  Su trabajo, así como el de Harris, serán un antecedente fundamental de los de Halliday, que por su evolución posterior hacia modelos más comunicativo-funcionales veremos más abajo.

                       

En los Estados Unidos, por otro lado, serán de fundamental importancia los trabajos de E. Sapir. Su perspectiva pre-estructuralista está directamente ligada a la hipótesis Sapir-Whorf, una forma de relativismo lingüístico que vincula el sistema lingüístico a los hábitos de pensamiento, la cultura y la sociedad. La lengua, desde este punto de vista, es un proceso mental que se manifiesta en el sonido y que modela (en la hipótesis fuerte) la concepción del mundo del hablante. De los trabajos de Sapir partirá el método estructural de la Tagmémica, una perspectiva sintáctica y semántica que tiene en cuenta los factores culturales. Alejada del distribucionalismo que se describe más abajo, su unidad elemental es el Tagmema (unidad gramatical equivalente a una función y a los valores que pueden desempeñar esa función). Language (1933) de Leonard Bloomsfield es el trabajo fundacional del distribucionalismo antimentalista americano. Esta perspectiva propone una aproximación mecanicista y puramente formal (la semántica no se considera parte de la gramática), con clara voluntad científica y fuertemente influenciada por el conductismo o behaviorismo. El método del distribucionalismo es taxonómico: en primer lugar, identificar las unidades; en segundo lugar, descubrir su combinatoria y establecer normas de las secuencias (de la distribución). Así, sólo se tienen en cuenta las regularidades que permiten establecer un orden, una jerarquía, una clasificación de las unidades lingüísticas. Su sistema de análisis distingue dos unidades, el fonema y el morfema, en los que se agrupan los alófonos y alomorfos. La teoría de los constituyentes inmediatos será, por su parte, la columna vertebral del análisis sintáctico. Los trabajos de C. Hockett, K. Pike, E. Nida o Z. Harris (maestro de Chomsky) desarrollarán las teorías de Bloomfield de suerte que los diagramas arbóreos de Harris serán un claro precedente de los de la gramática generativa.

                       

Un modelo aparte, de raíz estructuralista o funcionalista pero con un desarrollo particular, es el de las gramáticas de valencias o dependencias, cuyo máximo representante en estos años es L. Tesnière, claro antecedente de las gramáticas de casos del generativismo (Fillmore) o de las estructuras argumentales (Aronoff, Grimshaw, Jackendoff).

 

6.2. Gramática generativa – transformacional.

                       

El trabajo de Noam Chomsky ha cambiado por completo la forma de entender y de practicar lingüística. En su perspectiva van a confluir el formalismo lógico, el desarrollo de la teoría lógico-matemática, la filosofía del lenguaje, las nuevas perspectivas en teoría de la ciencia y teoría de la información y, por supuesto, la lingüística clásica (desde Platón hasta Port Royal) y la lingüística estructural americana. El punto de partida es básicamente formal, pero con un claro componente mentalista o anticonductista: “Si el distribucionalismo había fijado como objetivo la elaboración de unas estrategias que aplicadas a unos hechos observados permitían organizarlos y poner así al descubierto la estructura de la lengua, el objetivo de Chomsky es definir una teoría lingüística que permitiera elaborar gramáticas generativas para todas las lengs naturales, como modelos explícitos de la competencia de sus respectivos hablantes”, como señala Robins.

                       

A lo largo de su desarrollo, la teoría chomskiana ha pasado por diversas fases en las que se han creado diferentes modelos, desde la GGT original hasta el programa minimalista de los noventa, pasando por la constante revisión de las reglas transformacionales, las reglas de estructura de frase, el diseño del lexicón, el modelo de principios y parámetros. Además, de la escuela generativista surgen infinidad de ramificaciones, tendencias, corrientes que no podemos, ni de lejos, describir aquí. Nos limitaremos, por lo tanto, a una voluntariamente breve introducción a las bases teóricas del primer generativismo.

                       

El objetivo de la gramática generativa transformacional (en adelante, GGT), es elaborar un sistema de reglas capaz de generar todas y cada una de las oraciones gramaticales de una lengua.  Es decir, crear un modelo de la COMPETENCIA, definida como el conocimiento implícito que el hablante tiene de su lengua y que le permite producir y comprender una cantidad ilimitada de oraciones nuevas, además de reconocer las construcciones agramaticales y reinterpretarlas. La ACTUACIÓN, o aplicación concreta en una contexto determinado de la competencia queda fuera del modelo, y por lo tanto al alcance de las teorías comunicativas o del discurso que surgirán con fuerza en los setenta. Establecido este objetivo, la teoría chomskiana se definirá necesariamente como innatista y universalista, pues si lo que se pretende describir es la competencia, ésta debe concebirse como una capacidad innata y universal en el ser humano, de ahí el interés del lingüista americano por los procesos de aprendizaje de la lengua materna.  Si se acepta tal capacidad lingüística como algo innato (Chomsky va, de hecho, más allá, pues para él también es innata una inclinación natural a la creatividad y productividad lingüísticas), también debe aceptarse que existe una gramática universal (GU) que forma parte de la herencia genética de todo ser humano.

 

En Aspectos de teoría de la sintaxis (1965) se formula la teoría estándar de la GGT que, como se ha dicho, ha sido reformulada en múltiples ocasiones. En ella se presentaba la que en principio era la herramienta de análisis más potente de la GGT: las reglas transformacionales que permitían pasar de la estructura profunda (representación mental abstracta de un mensaje) a la manifestación concreta o estructura superficial.  Tras la polémica sobre el papel de la semántica del primer lustro de los setenta, la GGT se reformula separando semántica de sintaxis y potenciando la teoría de las huellas. La Semántica generativa (Fillmore, Lakoff, Postal) seguirá su propio camino, considerando que la estructura profunda es una representación semántica y no sintáctica. Su concepto de Lexicón es el fundamento de muchas perspectivas gramaticales actuales y ha sido incorporado incluso por gramaticales formales con implementación en lingüística computacional o inteligencia artificial.

 

Las gramáticas formales herederas del logicismo generativista se han convertido en herramientas fundamentales para el desarrollo de la lingüística computacional, las redes semánticas y otras aplicaciones informáticas. El auge del innatismo y el mentalismo propiciados por el éxito de las teorías de Chomsky han originado, por otra parte, una fuerte corriente muy alejada del formalismo gramatical: la lingüística cognitiva y las ciencias cognitivas de corte interdisciplinar.

 

6.3. Lingüística funcional y modelos comunicativos.

                       

Una gramática funcional, desde la perspectiva de M.A.K. Halliday, se entiende como una gramática no formal,  diseñada desde la concepción de la lengua como un sistema de interacción, objetivo al que se dedican todas y cada una de las partes del sistema lingüístico. Las gramáticas funcionales están orientadas, por lo tanto, al fenómeno comunicativo, a la interacción, son gramáticas antiformalistas y alejadas de lo cognitivo ya que consideran que la lengua se adapta a las necesidades sociales. Suelen tener una orientación lexicalista, aunque no desde la perspectiva modular del generativismo, sino partiendo de la interrelación de los niveles lingüísticos como respuestas a las necesidades comunicativas del hablante. En todas ellas existe un manifiesto interés por los elementos supraoracionales, lo cual las ha convertido en base teórica fundamentales para los estudios sobre el discurso. Entre las gramáticas funcionales, ha tenido enorme repercusión el trabajo de Halliday por su evidente vocación discursiva, pero no deben olvidarse otras corrientes como la Gramática Funcional Tipológica de T. Givon, la Gramática del Papel y la Referencia de Foley y Van Valin o la interesantísima Gramática Funcional – de orientación semántica - de Simon Dik.

                       

El desarrollo de perspectivas gramaticales que empezaban a descender de los niveles de abstracción propios de las tendencias más formalistas para atender también al USO, ha desplazado el centro de interés de muchos estudios lingüísticos hacia este campo, de ahí la proliferación reciente de estudios sobre el USO o la actuación, desde la pragmática hasta el análisis de la conversación, pasando por la lingüística crítica, el análisis del discurso, el análisis crítico del discurso. Sobre éstas últimas corrientes y metodologías, se hallará información en nuestra sección Discurso.

 

 

Bibliografía elemental.

Arens, Hans. La lingüistica. Gredos, Madrid, 1976. 2 vols.

Botha, Rudolf P. Twentieth century conceptions of language. Blackwell, Oxford, 1992.

Malmkiaer, Kirsten. The Linguistics encyclopedia. Routledge, London & New York, 1991.

Marcos Marín, F. Introducción a la lingüística: historia y modelos. Síntesis, Madrid, 1994.

Robins, R.H. Breve historia de la lingüística. Paraninfo, Madrid, 1984.

Tusón, Jesús. Aproximación a la historia de la lingüística. Arco. Madrid, 1984.