RIOSUCIO


En el Occidente de Caldas se encuentra Riosucio, un municipio encantador, rodeado de montañas, en cuyas calles puede sentirse la brisa y la vida de su gente palpitando en sus sonrisas mientras llenan el espacio con su algarabía, con sus sabores, sus colores, con su hablar cadencioso y musical que acoge desde el primer momento.

 

Bien lo describe su presentación en la Página Web del municipio  cuando dice:

“Riosucio, con su trazado de villa francesa y con sus maravillas, es el balcón lleno de paisajes, caminos de herradura y arriería, trapiches, iglesitas humildes y cerros tutelares vigilados por El Ingrumá, que espera al visitante para regalarle todo su encanto y dejarle en el alma el tatuaje permanente de sus recuerdos”[1].

Visitar este hermoso lugar sin dejarse contagiar por la belleza de su gente, el sabor que les deleita a diario y que se expresa en los más variados platos, golosinas y productos derivados principalmente de la panela y el café, es perder la oportunidad de  saborear la vida en muchos colores y formas mientras  se camina por unas calles  en las que se cuentan y tejen historias desde tiempos ancestrales en las que el diablo suele pasearse

por el pueblo para traer alegría, fraternidad, acercamiento, amistad, encuentro, inspiración, alegría y felicidad a indios, blancos y negros y fortalecer la unión que se establece para garantizar la paz entre los dos pueblos : Quiebra lomo y Montaña.

Escuchar a sus habitantes contar historias es transportarse a un mundo fantástico en donde los duendes, los guardianes de los bosques y las almas en pena llegaron para quedarse a cuidar las riquezas naturales  de un espacio privilegiado por su ubicación, su cultura, su gente y la vida que transita sin demasiadas prevenciones por sus calles.


Con el privilegio de estar sobre la vertiente de la Cordillera Occidental de Colombia, situación evidente en lo ondulado de sus calles algunas de las cuales deben ser recorridas en zig – zag, Riosucio es un espacio ante todo rural en el que es posible  encontrar, gracias a lo variado de un clima que se  ubica entre los 19 y 21 grados centígrados en donde el sol brilla con fuerza a veces y otras se esconde tras una neblina y un frío día, diversidad de productos agrícolas. Su economía se basa en el cultivo del café, seguido por el cultivo de la caña panelera. De la caña y el maíz se obtienen diferentes productos que son la base de la gastronomía ancestral de las comunidades rurales. Se cultivan también el fríjol, el plátano, la yuca, diversos cítricos, y productos de “pan coger”, frutas, hortalizas y legumbres, que satisfacen la demanda local y la de algunos municipios cercanos.

Riosucio cuenta su historia a través de la artesanía ancestral por excelencia del Viejo Caldas pues se remonta a la Época Precolombina en las Parcialidades Indígenas; culturalmente tiene un alto nivel. Son las comunidades de Cañamomo y Lomaprieta (vereda Portachuelo), La Montaña y San Lorenzo, las que en la actualidad perpetúan esta tradición, con producción de alfarería, cerámica, cestería en bejuco, tejidos en cañabrava, sombrerería, tallas en madera y productos en fique y en “guasca” o “calceta” de plátano. Los artesanos están agrupados en la “Asociación de Artesanos Indígenas Sinifaná” que aglutina organizaciones de los cuatro resguardos y el Sector Urbano. La industria metálica que tiene su sede en el Sector Urbano es otro sector económico que reviste importancia en el ámbito regional.

 

Allí, en medio de montañas y sueños se encuentra la Normal Superior Sagrado Corazón, una de las tres Instituciones Educativas del Municipio de Riosucio. Esta institución se encuentra ubicada a una cuadra del parque principal de la cabecera urbana del municipio cuenta en la actualidad con 1500 estudiantes matriculados desde transición hasta grado 13, que se forman como Normalistas superiores con énfasis en la investigación.

 

Los estudiantes de la primaria de esta institución son en su mayoría del casco urbano, pero también asiste un porcentaje no muy elevado de estudiantes de la zona rural y suburbana del municipio que a su vez hacen parte igualmente de alguno de los otros tres resguardos indígenas: Escopetera Pirsa, Cañamomo y Lomaprieta y Nuestra Señora de La Candelaria.

 

Los estudiantes de las zonas rurales en sus horas libres la mayoría apoyan las labores de su casa en labores como “garitiar” (llevar almuerzo y refrigerio a los trabajadores), ordeñar, cuidar animales y apoyar el cuidado de la tierra.

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