Fernando de Noronha

una semana en el paraíso

junio 2002

 

ÁLBUM DE FOTOS

CUÁNDO IR

La mejor época para visitar Fernando de Noronha son los meses de septiembre y octubre, cuando el mar está como un plato y las playas de Sancho y Porcos tienen ese aspecto que aparece en las fotografías. Pocos meses después, en enero, el mar cambia por completo y en esas mismas playas se celebran campeonatos de surf, con olas de hasta 3 metros de altura. No pudiendo ir en septiembre y octubre, los meses de julio y agosto son una buena alternativa.

Los meses más lluviosos van de febrero a julio. Los más secos, de agosto a enero.

Las temperaturas son agradables durante todo el año. La máxima mensual es de 30 grados en febrero, y la mínima de 23 grados en julio y agosto.

Datos climatológicos

QUÉ HACER

Todo en Fernando de Noronha gira en torno al mar, que se puede disfrutar tanto recorriendo a pie sus playas maravillosas, como buceando en ellas.

Al final del día, cuando el sol se ha puesto ya, hay una cita imperdible en el centro del Projeto Tamar, donde todos los días se imparten conferencias sobre temas relacionados con Noronha y el Parque Nacional Marino.

Existe un autobús que recorre la isla de una punta a otra a intervalos regulares. Las otras dos opciones de transporte en Noronha son los vehículos de los lugareños, que funcionan como taxis, o el alquiler de un buggy, para llegar a las playas más alejadas.

ALOJAMIENTO

En Fernando de Noronha no hay hoteles, tan solo pousadas. Unas pocas son de lujos, con precios al alcance únicamente de los más adinerados. El resto son mucho más básicas, y en general mucho más caras que sus equivalentes en el continente.

He juntado un extenso listado de alojamiento en Noronha en Hoteles y posadas en Fernando de Noronha.

Existe un autobús que recorre la isla de una punta a otra a intervalos regulares. Las otras dos opciones de transporte en Noronha son los vehículos de los lugareños, que funcionan como taxis, o el alquiler de un buggy, para llegar a las playas más alejadas.

LA ECOTASA

Todos los turistas que visitan Fernando de Noronha tienen que pagar una ecotasa. El valor de la misma está calculado en función de la duración de la estancia en la isla.

En junio de 2006, los valores (en reales) eran los siguientes:

1 día - R$32,12
2 días -
R$64,26
3 días -
R$96,38
4 días -
R$128,51
5 días -
R$157,42
6 días -
R$178,30
7 días -
R$199,19
8 días -
R$220,07

La tasa se puede pagar o bien a la llegada en Noronha o bien anticipadamente. Aconsejo esta segunda opción, para evitar las largas filas que se forman en el aeropuerto. Para ello hay que descargar un formulario que aparece en la página del gobierno del estado de Pernambuco, y efectuar el pago de la tasa en cualquier banco. Todas las informaciones sobre la ecotasa, incluyendo los valores actualizados y el formulario para efectuar su pago, en:

Taxa de preservação ambiental

EL PROJETO TAMAR

El Projeto Tamar (página web en español) es una de las ONGs brasileñas de defensa del medio ambiente más prestigiosas y respetadas. Centra su trabajo en la preservación de las diferentes especies de tortugas marinas que viven en el litoral brasileño. En Fernando de Noronha el Projeto tiene una base.

Todas las noches, a las 9 horas, en el centro del Projeto Tamar hay una conferencia gratuita sobre algún tema de interés medioambiental (los delfines de Noronha, las tortugas de Noronha, el Parque Nacional Marino, etc.). Cada día de la semana hay una conferencia diferente.


EL PROJETO
GOLFINHO ROTADOR

El Projeto Golfinho Rotador (página web) es otra ONG brasileña dedicada al estudio y preservación de la especie de delfín que vive en las aguas del archipiélago de Fernando de Noronha.

Siempre hay alguien de la ONG en lo alto del Mirador de la Bahía de los Delfines observando las evoluciones de los mismos. En la caseta de la ONG en el puerto encontraréis la información correspondiente al número de delfines que se encuentran en la bahía en ese día.

MAPA DE NORONHA

MÁS INFORMACIÓN

El gobierno del Estado de Pernambuco tiene una página en internet muy completa con todo tipo de información sobre Fernando de Noronha: información turística

 

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Brasil tiene lugares maravillosos, lugares espectaculares y... el paraíso, también conocido por Fernando de Noronha. Es imposible no abrir una revista de viajes en la que no se describa con ese calificativo a la pequeña isla de Noronha, y con unas expectativas tan altas las posibilidades de que el lugar defraude aunque sólo sea un poco son elevadas. No fue así, el viaje a Noronha satisfizo hasta el más recóndito de los deseos, una semana rodeados de una belleza natural indescriptible.

Domingo 2 de junio

Salimos del aeropuerto de Congonhas, a las 6.30 de la mañana, en un largo periplo que nos lleva, siempre dentro del mismo avión, de São Paulo a Campinas, a 20 minutos de vuelo de la capital, de ahí tres horas de vuelo hasta Fortaleza, en el noroeste del país, de ahí a Natal y de ahí finalmente a Noronha. Al llegar a la isla, los aviones realizan siempre una vuelta de 360 grados para poder contemplarla desde el aire. Si, como nosotros, acabas sentado en el lado equivocado del avión, te pierdes casi todo. 

Noronha es una isla pequeña, de unos 25 kilómetros de largo y dos de ancho. Tiene dos costas diferenciadas, la que mira hacia Brasil, conocida como el mar de dentro, y la que mira hacia África, conocida como el mar de fuera. En junio el mar está bravo en el mar de fuera y un poco más tranquilo en el mar de dentro.

La isla, que pertenece al estado de Pernambuco, tiene 2.000 habitantes, que viven casi todos del turismo. Uno de los secretos del atractivo que ejerce la isla es que a su belleza natural se une un estricto control de la presencia de los turistas. Al llegar al aeropuerto todos los visitantes tienen que pagar una (cara) ecotasa [ver información actualizada en la columna de la derecha]. Por las 7 noches que vamos a pasar en la isla pagamos cada uno el equivalente a 13.000 pesetas. La tasa se incrementa geométricamente, ¡un mes en la isla cuesta 170.000 pesetas! El objetivo de este impuesto es doble: por una parte, disuadir a los visitantes de permanecer demasiado tiempo en la isla; por otra parte, generar recursos para poder garantizar la conservación del medio ambiente. En Noronha hay un límite máximo del número de turistas que pueden permanecer en la isla en un momento dado: nunca más de 465. En general, no se tiene una sensación de agobio, y en la isla no se encuentran las hordas de lugares como las cataratas de Iguazú.

Noronha está limpia, hay papeleras por todas partes, y la mayor parte de la isla forma parte de un Parque Nacional Marino. Los paseos están bien señalizados, y hay dos proyectos de conservación de la fauna marina, de tortugas y delfines respectivamente. La sensibilidad medioambiental se respira por todas partes, siendo únicamente rota por los indeseables de siempre.

En Noronha no hay hoteles, y nos alojamos en una pousada, una especie de bed & breakfast a la brasileña, en el que en vez de un jardín a la británica hay las hamacas de rigor.

Llegamos a nuestro alojamiento de los próximos siete días casi a las tres de la tarde, y sin perder tiempo, abandonamos el equipaje y salimos a la calle para aprovechar las últimas horas de sol. Cerca del Ecuador los días son cortos.

Cecília ya había estado en Noronha el año pasado y caminamos directamente hacia la Vila de los Remédios, una pequeña aldea con edificios de estilo colonial dominada por un fuerte. A los pies del pueblo se encuentra la playa del Cachorro, la playa del Meio y la playa de la Conceição, por las que paseamos tranquilamente y a través de las cuales tenemos nuestro primer contacto con el mar. Las olas están batiendo la costa con fuerza y dejamos el primer baño para el día siguiente.

Por la noche, el mayor entretenimiento de la isla es acudir a la conferencia sobre temas ecológicos que se da en la sede del Proyecto Tamar, una ONG de conservación de las tortugas marinas. Cada noche la conferencia versa sobre un tema diferente, y en la sala de conferencias confluyen a las nueve de la noche gran parte de los turistas que hay en la isla. Es una buena manera de complementar el día con educación medioambiental. La conferencia de hoy aborda el tema de los mamíferos marinos.

Lunes 3 de junio

El día comienza por un paseo por las ruinas y edificios históricos de Noronha [FOTO]. Un poco más tarde de lo que sería normal, porque jugaba Brasil a primera hora de la mañana y hay cosas que son sagradas en este país. Bajo un sol inclemente, subimos al fuerte que ya habíamos visitado el día anterior, fuerte desde el que disfrutamos de una maravillosa vista de las playas de Meio y Conceição [FOTO]

Acabado el paseo histórico, tenemos media hora para comer y salir desde el puerto a hacer nuestro paseo en barco. En el puerto hay un bar en el que se pueden comer unas maravillosas croquetas de tiburón. Durante la semana en Noronha repetiremos este aperitivo en numerosas ocasiones.
El paseo en barco recorre la isla por el mar de dentro de un lado a otro. Nos acercamos primero a unas islas pequeñas, deshabitadas, que forman parte del archipiélago de Noronha, para después poner rumbo a la bahía de los Delfines, así llamada por la presencia en ella de una numerosa colonia de delfines rotadores. Esta especie de cetáceos se caracteriza por sus constantes saltos fuera del agua, realizando movimientos de rotación en el aire.

Los delfines entran en la bahía a primera hora de la mañana y permanecen jugando en ella hasta primeras horas de la tarde, cuando ponen rumbo a mar abierto. Esta ceremonia se repite a diario, variando el número de delfines que se acercan a la bahía cada día: el número oscila entre 5 y 1.000. Hoy, día de nuestro paseo de barco, los datos de los observadores de la ONG que cuida de los delfines informan que entraron en la bahía 360 delfines.

Montados en el barco, no sabemos si vamos a tener suerte de ver delfines en nuestro paseo. Los delfines salen de la bahía por la tarde pero la hora es siempre incierta. La bahía en la que habitan los delfines está cerrada a embarcaciones y también a bañistas, para conservar intacto el hábitat de los animales.

Estamos de suerte. Ya cerca de la bahía avisto a lo lejos un grupo numeroso de delfines, y el barco pone inmediatamente rumbo hacia ellos. Por todas partes aparecen delfines, en grupos de 10, 20 y hasta 30. Durante casi media hora acompañan las evoluciones de nuestro barco. Me siento a horcajadas en el saliente de la proa de la embarcación, suspendido sobre el mar y, durante cinco minutos, tengo a menos de un metro de mis pies a varios delfines corriendo, jugueteando y cruzándose en el camino del barco [FOTO]. Emocionante.

A la vuelta del paseo en barco hacemos una parada en la Bahía do Sancho, descrita en muchos lugares como la playa más bonita de Brasil. Vista desde el barco, la playa se asemeja a un gran semicírculo cuyo telón de fondo es un acantilado de 50 metros de alto [FOTO] [FOTO]. A la playa sólo se puede llegar por barco, dando un largo paseo por otras playas, o descendiendo por dos escaleras de hierro fijadas en la roca.

En Sancho paramos durante casi una hora para bucear junto a los arrecifes en aguas cristalinas de una temperatura maravillosa, como en toda la isla [FOTO][FOTO]. Nada más llegar, Cecília ve a través de las límpidas aguas una raya esperando nuestra presencia. Durante nuestro primer buceo en Noronha vemos todo tipo de peces tropicales, un festival de colores y formas deliciosas. 

El paseo en barco termina en el puerto de Fernando de Noronha, un lugar aparentemente simple pero que en nuestra semana en la isla se va a convertir en el lugar más mágico de las vacaciones. Bucear en el puerto es entrar en un mundo de sensaciones maravillosas, como podremos comprobar en numerosas ocasiones. El puerto alberga una cantidad de fauna y flora marinas sorprendentes. Basta con entrar 10 metros en el mar buceando para comenzar a encontrarse con los seres más maravillosos de la creación.

En la entrada del puerto hay un carguero griego que se hundió en la primera mitad del siglo, navío que constituye la sorpresa más cautivadora del lugar: entre los hierros amasados de su casco viven miles de peces [FOTO]. En mi primer buceo hasta el barco sumergido me encuentro con un banco de peces que se cruzan delante de mí como una cortina que continúa pasando durante varios segundos: varios miles de pececitos que crean una sensación de estar en otro planeta.

A mitad de camino, un vuelco en el corazón: un objeto de gran tamaño se mueve en el fondo del mar: es mi primer encuentro con una tortuga marina, perteneciente a la especie más amenazada del planeta pero que en Noronha va a acompañar sistemáticamente todos nuestros buceos. Tan grácil dentro del agua como torpe fuera de ella, la tortuga se aleja rápidamente de mí.

Hoy ha sido un día maravilloso.

Martes, 4 de junio

Comenzamos el día con el primer paseo ecológico de los tres que están incluídos en nuestro viaje. Vamos a recorrer varias playas en la parte de la isla del mar de fuera, donde en esta estación del año (la lluviosa) el mar bate con fuerza. 

Con un sol asesino y por una pista de tierra nos dirigimos a la playa del Leão [FOTO], que junto con la de Sancho y la de Porcos son, de acuerdo con una lista publicada recientemente, las tres playas más bonitas de Brasil. El acceso a la playa del Leão está estrictamente controlado porque sus arenas son el lugar en el que las tortugas marinas ponen sus huevos. Hemos llegado al final de la temporada del desove y en la playa están señalizados decenas de nidos [FOTO]. En cada uno de ellos puede haber varios centenares de huevos. Cada 10 días se produce la eclosión de un grupo de ellos, dando lugar al maravilloso espectáculo de las tortuguitas minúsculas corriendo hacia el mar. De cada 1.000 huevos que pone una tortuga, sólo uno o dos llegarán a la edad adulta. El Proyecto Tamar se encarga de facilitar que las tortugas lleguen desde el nido hasta el mar y que no sean devoradas en el corto trayecto por la arena por aves, cangrejos o algún otro predador natural.

Hoy no hay desove por lo que paseamos por la playa tranquilamente, disfrutando del excepcional color azul de sus aguas y viendo las olas castigar la costa. El mar no permite bucear, nos reservamos hasta la siguiente playa, la del Suoeste [FOTO]. Ésta es la única playa de Noronha que tiene forma de bahía casi cerrada, por lo que teóricamente el agua está más tranquila. Hoy no es así, y aunque entro a bucear con Cecília, ésta sale muy pronto del agua asustada por la falta de visibilidad en la misma y la fuerza con la que están llegando las olas. Yo me adentro en la bahía a pesar de lo turbio del agua, hasta llegar a una zona más despejada y con mayor visibilidad. Allí se produce mi segundo encuentro con una tortuga marina, esta vez un ejemplar más relajado ante mi presencia que me acompaña durante varios minutos. Las olas, de más de dos metros, son una locura, y decido volver a la orilla porque me está entrando mucha agua por el tubo de buceo. Cuando estoy a 100 metros de la orilla, y con una profundidad de menos de un metro, el corazón me da un vuelco: tengo una raya inmóvil posada en el fondo del mar a escasos centímetros de mí, mirándome con esos ojos penetrantes y probablemente tan nerviosa como yo: debo haber batido el récord mundial de los 100 metros lisos, salgo disparado hacia la orilla con humo saliendo de mis aletas [FOTO].

En la playa hay mucho movimiento. Un miembro del Proyecto Tamar acaba de sacar una tortuga para marcarla y pesarla, una excelente oportunidad de ver en tierra a nuestro amigo marino [FOTO]. Las tortugas macho no salen nunca del mar en toda su vida; las hembras, sólo para desovar. El proceso de marcado y la toma de mediciones se hace lo más rápido posible para evitar causar más estrés del estrictamente necesario al animal.

Después de la playa del Suoeste, volvemos a cruzar casi toda la isla para ir hacia el puerto. Un nuevo aperitivo de croquetas de tiburón es nuestro almuerzo, y ya descansados bajamos hacia el puerto para un nuevo buceo. Ayer Cecília no se atrevió a acompañarme hasta el barco sumergido, pero hoy sí que vamos a ir juntos, ella con un chaleco salvavidas para sentirse más segura.

El de hoy es el buceo más maravilloso de nuestra semana: nos dejamos llevar, de manos dadas, por las aguas, deleitándonos con todo cuanto pasa por delante de nuestros ojos. Y pasar, pasan centenas de peces, que comienzan a formar parte ya de nuestras vacaciones. Hemos comprado una hoja de identificación de los bichitos para saber los nombres de los que nos vamos encontrando. Además de los peces, camino del barco nos encontramos con tres tortugas. Una de ellas se deja acompañar durante mucho mucho tiempo, nos ha debido ver cara de buenas personas. Un par de peces se dan un beso...

Para disfrutar del buceo no hace falta meterse en el mar con bombonas de oxígeno. Indudablemente las bombonas permiten llegar a lugares más profundos y ver espectáculos todavía más sensacionales, pero con la máscara, las aletas y el tubo, uno se deja llevar sin otra preocupación que no quemarse demasiado la espalda y las piernas con el sol. Adoptado un ritmo uniforme de respiración, la cabeza dentro del agua, el buceo se convierte en una terapia maravillosa.

Qué mejor manera de acabar el día que con una bella puesta de sol en el puerto [FOTO].

Miércoles 5 de junio

Hoy hacemos nuestro segundo paseo ecológico, el sendero de los Delfines. El paseo comienza acercándonos al mirador de la bahía de los Delfines [FOTO]. Desde él, los miembros del Proyecto Delfín Rotador controlan a diario y con prismáticos las entradas y salidas de los delfines en la bahía. Desde el mirador, en la cima del acantilado, 70 metros por encima de la bahía, se observan perfectamente las evoluciones de los varios centenares de delfines que se encuentran en este momento en ella, descansando, jugando, reproduciéndose. Los saltos fuera del agua son constantes, las carreras, los movimientos. Qué lástima que el paseo tenga que continuar, porque el espectáculo es de una belleza apasionante.

El camino continúa por lo alto del acantilado y entre la selva, bordeando la bahía de los Delfines y llegando a la bahía de Sancho, con una vista impagable de la maravillosa playa:

Para descender hasta la playa, nuestro siguiente destino, hay dos escaleras metálicas que permiten salvar los 50 metros de desnivel [FOTO]. Las escaleras son completamente verticales y están un poco desvencijadas. El descenso impresiona bastante, especialmente antes de entrar en la escalera, pero una vez en ella te olvidas de pensar dónde estás y te dedicas a descender. Entre una escalera y otra hay un pasadizo oscuro por dentro de la roca. En él Cecília, que baja por delante de mí, golpea con mucha fuerza su rodilla contra una piedra muy afilada que sale del suelo, y comienza a sangrar profusamente. Se ha hecho un corte monumental en la rodilla. Subimos inmediatamente el tramo de escaleras que acabamos de descender y afortunadamente un compañero de paseo, veterinario, consigue cerrar provisionalmente la herida de Cecília y detener la hemorragia. Pero el paseo se ha acabado. Nos vamos al hospital donde inmediatamente nos informan que la rodilla va a necesitar varios puntos de sutura. Somos atendidos por un doctor paulista supersimpático que ayuda a calmar el nerviosismo de Cecília. Durante la colocación de los puntos, estoy acompañando a Cecília, un rato mirándole a ella, otro rato mirando la aguja que entra y sale por la carne. Siento un dolor en el estómago, un pequeño mareo, y cuando abro los ojos estoy largo en el suelo viendo a todo el mundo llamándome: ¡me he desmayado!

Las vacaciones en el mar se han acabado para Cecília, no va a poder entrar en el agua por prescripción facultativa. Tampoco puede caminar demasiado, el corte ha sido profundo justo en la parte en la que la rodilla articula el movimiento de la pierna. Nos invade una gran frustación.
La tarde la pasamos en la pousada descansando y recuperándonos de la tensión. 

Jueves 6 de junio

Hoy hubiera correspondido hacer la caminada más dura de la semana, pero lógicamente nos hemos dado de baja. A la hora de la salida del paseo cae sobre Noronha un aguacero tropical, pero un poco más tarde el día se despeja. Con Cecília un poco mejor, bajamos de nuevo hasta el puerto y nos sentamos a contemplar la furia del mar de fuera en un lugar conocido como el Buraco da Raquel.

Después de comer, y ante la insistencia de Cecília, vuelvo a entrar para bucear en el puerto, me acerco de nuevo al barco y vuelvo a tener un encuentro mágico con una tortuga. 

Hace pocos meses entró en funcionamiento un autobús público en Noronha, que recorre la isla de una punta a otra. Tuvimos la suerte de que el autobús, cuya ruta comienza en el puerto, pase por delante de la pousada, lo que nos facilita los desplazamientos dentro de la isla.

Viernes 7 de junio

Con Cecília un poquito mejor, llamamos un buggy (en Noronha todos los coches, incluyendo los taxis, son buggies) para que nos lleve hasta cerca del mirador de los delfines. Allí volvemos a contemplar el espectáculo delicioso de los delfines desplazándose por la bahía, con la ventaja de que hoy están especialmente juguetones: vemos un delfín dando un salto espectacular de tres metros fuera del agua, y varios compañeros saliendo un metro dando vueltas rápidamente en el movimiento de rotación que hace gala a su nombre.

Hoy nos acercamos a la escalera en la que se produjo el accidente y, sin bajar por ella, seguimos a un paso muy lento por el camino para llegar al mirador de la bahía de Porcos [FOTO], desde el cual se contempla una vista maravillosa de los Dos Hermanos, dos peñascos símbolo de la isla [FOTO].

Por la tarde, volvemos a repetir el paseo de barco. Negociamos con la agencia de viajes que nos cambiara la caminada que nos habíamos perdido por otro paseo de barco, que Cecília sí que podía hacer al ir todo el rato sentada. Volvimos a ver delfines en mar abierto, una vez más alegrando nuestros corazones.

En la parada para bucear en la playa de Sancho veo dos tiburones pequeñitos y dos rayas, además de los peces tropicales de rigor. Desde el barco anclado en la bahía vemos llegar una lancha del Ibama (el Icona brasileño). Será un poco más tarde cuando nos enteremos que en ese momento estaban saliendo tortuguitas en la playa, a escasos 200 metros de nosotros. Nos lo perdimos.

Sábado 8 de junio

Cecília está cada vez más valiente aunque su rodilla siga frágil. Hoy vamos de buggy hasta la playa de la Cacimba do Padre [FOTO] para desde ahí pasar hasta la playa de Porcos que sólo habíamos podido contemplar desde lo alto del acantilado.

Desde la Cacimba se tiene una vista diferente de los Dos Hermanos. Son las 9 de la mañana y está jugando Brasil por televisión: tenemos la playa para nosotros dos.

Por un camino de piedras que sube y baja llegamos finalmente a la playa de Porcos, otra joya de Noronha. Infelizmente, el mar está muy bravo y aunque entro brevemente en la playa para bucear salgo rápidamente asustado por la fuerza de las olas y la violencia con la que bate contra las rocas. No queremos otro accidente, todavía más grave, por lo que desisto de continuar buceando. En la anterior visita a Noronha de Cecília el mar estaba absolutamente tranquilo en esta parte de la isla, pero era otra época del año.

Después del paseo, vuelta al puerto para el penúltimo buceo. Una vez más, me encuentro con una tortuga cerca del barco sumergido.

Domingo 9 de junio

Día triste, porque tenemos que dejar Noronha. Pero como nuestro vuelo sale por la tarde, todavía tengo tiempo para un buceo final en el puerto. Vuelvo a nadar con una tortuga, veo una raya, y los peces tropicales de costumbre. Los voy a echar de menos.

Nos vamos de Noronha felices después de una semana maravillosa, tristes por el accidente de Cecília, y con nostalgia de la isla antes incluso de haber entrado en el avión. Por encima de todo, nos vamos con la firme promesa de volver.

 

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