Arraial d'Ajuda

y la Costa do Descobrimento

una semana recorriendo playas, agosto de 2006

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sábado 12 de agosto, São Paulo - Arraial d'Ajuda

Salimos con bastante atraso de São Paulo. La sensación de enfado queda compensada por la incomparable experiencia que supone despegar del aeropuerto de Congonhas, enclavado en el medio de la ciudad, después de que haya oscurecido. La megalópolis brasileña parece un árbol de Navidad que no se acaba nunca. Las lucecitas de calles, viviendas y vehículos brillan hasta donde alcanza la vista. Cuesta entender cómo un lugar tan bonito visto desde arriba puede ser tan problemático una vez que se pone el pie en tierra.

De São Paulo a Porto Seguro hay 1.100 kilómetros en línea recta, que nuestro avión cubre en aproximadamente dos horas. En el aeropuerto nos espera un autobús que nos va a llevar hasta el transbordador que atraviesa el río Buranhém, que separa Porto Seguro de nuestro destino, Arraial d’Ajuda. Pasan ya de las 11 de la noche, y hace bastante fresquito. En este horario ya no funciona el transbordador de peatones, por lo que tenemos que subirnos al de vehículos. La travesía no tarda ni diez minutos. Al otro lado nos espera un minibús del año de la nana, totalmente inadecuado para el transporte de turistas y sus equipajes, que nos va a dejar en la Pousada Manacá cuando casi se escuchan ya las campanadas de la medianoche.

 

domingo 13 de agosto, Arraial d'Ajuda

Quitando a los que estamos de vacaciones, para quien cualquier día de la semana es maravilloso, el domingo es el día de playa por excelencia, en Brasil y me imagino que en el resto del mundo también. Así que comenzaremos nuestra semana de vacaciones con un poco de playa. Antes damos una vuelta por el jardín de la pousada, encantador él, con sus árboles, sus flores, sus pájaros, y la sala del desayuno con vista al mar.

Estamos a diez minutos de la plaza principal de Arraial d’Ajuda, un pueblo que va a ser nuestra base durante toda la semana. Arraial está localizado en lo alto de una colina, lo que le otorga unas vistas preciosas del mar y Porto Seguro a lo lejos. En la plaza principal hay una iglesia de colores vivos protegida atentamente por un Cristo de brazos abiertos, como si del Corcovado se tratase. Dentro de tres días va a ser la fiesta de la Santa Patrona, y la iglesia y sus alrededores están llenos de romeros venidos del interior del estado. Desde el púlpito el sacerdote suelta su sermón, que puede ser escuchado en toda la plaza gracias a la potencia de los altavoces situados en la parte exterior de la iglesia. “Lula no se ha acordado mucho de nosotros”, dice que el cura, “pero yo le voy a volver a votar”. Y con él, todos los fieles que le escuchan. Religión y política de la mano.

Arraial d’Ajuda tiene dos calles muy conocidas. Una es la Bróduei (adaptación castiza de Broadway), que antaño concentrara toda la marcha del lugar y que hoy se ha convertido en una calle peatonal de tiendas anodinas y muy poco glamour. La otra calle es la Rua do Mucugê, la antítesis de lo que es la Bróduei. Una calle donde el pasear se convierte en actividad de ocio, con verde, casas, tiendas y restaurantes de fachadas cuidadas. Hasta los carteles de los diferentes establecimientos comerciales tienen su encanto.

La Rua do Mucugê, que recorremos ahora por primera vez, comienza un descenso pronunciado cuando sale de Arraial, para caer abruptamente en la playa más cercana a la población: la de Mucugê. Esta es la playa menos interesante de Arraial. Llena de domingueros, con chiringuitos bien feos y un ambiente no muy agradable. Giramos a la derecha y establecemos nuestra base en la siguiente playa, la del Parracho. Frente a la playa, una formación de rocas discurre paralela a la costa. Entre las rocas y la playa, cuando la marea está baja, se forman piscinas naturales en las que uno se puede bañar sin estar expuesto al oleaje. Cuando la marea sube, resulta bastante complicado entrar en el mar porque la visibilidad es muy pequeña y las posibilidades de pisar en una roca o un erizo y hacerse daño son bastante grandes.

Pero como la marea está baja nos acercamos hacia el arrecife, paseamos un poco por él y vemos algún pececito de colores que se quedó atrapado en un charco cuando bajó la marea, y que despreocupadamente espera a que el mar vuelva a subir para facilitarle el camino de vuelta al mar abierto.

Hoy comemos en una barraca (= chiringuito) de la playa del Parracho. La que nos parece que está menos abarrotada. Inauguramos una dieta de pescado que casi no vamos a abandonar durante esta semana. Qué pena que los de la barraca nos la quieren meter, nos sirven un pescado de una especie diferente a la prometida (y de una calidad muy inferior). Mi suegro es pescador, y a él no se la pegan. Pero la comida ya está en la mesa.

Una sobremesa tranquila en la playa, y a subir de vuelta a Arraial. Hacemos una obligatoria parada en boxes para tomar un refrescante helado en la Rua do Mucugê. Nos hemos juntado un grupo de heladoadictos que van a dar rienda suelta a sus pasiones durante la semana en la playa.

Volvemos a la pousada, donde nos sentamos un rato en la orilla de la piscina mientras anochece, y acabamos cenando tranquilamente en la misma pousada.

Antes del final del día, una agradabilísima sorpresa, Lily y Juan, dos españoles que están de vacaciones y a los que les quedan dos días en Arraial, pasan por la pousada para saludarnos, y en su compañía acabaremos el día saboreando unas caipifrutas en el bar Girassol. Da gusto estar de vacaciones.

 

lunes 14 de agosto, Porto Seguro

Hoy vamos a pasar el día en Porto Seguro. Cuando escogimos Arraial d’Ajuda como nuestro destino para esta semana de vacaciones, huimos deliberadamente de Porto Seguro, el lugar más explotado por el turismo de masas en todo Brasil. Pero la ciudad tiene su cierto encanto, y no teniendo que pasar la noche ahí, podemos disfrutar de lo que tiene de bueno con mayor libertad.

En Arraial cogemos el autobús que nos lleva hasta el ferry que cruza a Porto Seguro. En diez minutos de travesía estamos al otro lado del río. Porto fue el punto de entrada de los colonizadores portugueses. La ciudad contiene algunos monumentos históricos de interés, además de toda la parafernalia de tiendas y chiringuitos asociada con un lugar megaturístico.

Una de las cosas positivas de Porto Seguro es que, al formar parte del patrimonio del Estado, no se permite la construcción de viviendas de más de tres pisos. Sus 130.000 habitantes ocupan una enorme extensión de terreno. En la parte baja de la ciudad, parece haber habido un esfuerzo reciente por adecentar las casas, pintarlas de colores, e intentar darles un cierto encanto. Encanto que desaparece en cuanto nos metemos en la célebre Passarela do Álcool, a la que acuden al final del día los turistas para ingerir notables cantidades de alcohol.

En la parte alta de la ciudad está la parte histórica de Porto Seguro. En cuanto subimos andando hacia ella pasan a nuestro lado unos cuarenta o cincuenta autobuses de la agencia CVC, que tiene en Porto Seguro su centro de operaciones más importante. Esos autobuses descargan a sus pasajeros en la parte alta para efectuar una visita guiada cronometrada en la que centenares de personas se desplazan siguiendo los berridos de los guías y efectuando paradas estratégicas para consumir productos ofrecidos por los locales. Intentamos sobreponernos a la masa humana y nos acercamos al Marco do Descobrimento, que vino de Portugal a comienzos del XVI y que simboliza el poder de la corona portuguesa. Desde atrás del Marco se divisa un bonito panorama del litoral de Porto Seguro. Una serie de iglesias y casas en estilo colonial configuran un espacio muy bonito cuyo encanto queda dinamitado por las prácticas depredatorias del modelo de turismo tan en boga en Brasil.

Comimos muy bien en un restaurante simple al lado del mar, el Tarifa. Un veterano de la escena local. La digestión la vamos haciendo camino del ferry, con una parada aquí para comprar unas camisetas, allá para ver unas bisuterías.

Volvemos a cenar en la pousada en Porto Seguro, y volvemos a salir para tomarnos unas copas con Juan y Lily. Qué pena que hoy es su último día en Arraial, y qué dolor que tengamos que despedirnos cuando apenas nos acabamos de conocer.

 

martes 15 de agosto, Pitinga y Arraial

Hoy toca medio día de playa y medio día de baño de folclore local. Por la mañana vamos a la playa de Pitinga. En el centro de Arraial hay furgonetas que te llevan hasta la playa. De lo contrario, son 45 minutos caminando a partir de la playa de Mucugê. En nuestro caso preferimos la furgoneta porque así aprovecharemos para seguir el camino y recorrer otras playas más adelante.

Establecemos nuestra base en el chiringuito Maré. Y de allí salimos caminando hasta llegar a la praia da Lagoa Azul. Laguna que debió ser de ese color en alguna reencarnación pasada, pero que hoy no pasa de un charco con agua estancada de color bastante sospechoso. A la vuelta de nuestro paseo nos espera un delicioso pescado asado en el Maré. Muy bien preparado y a un precio excelente.

Cogemos la furgoneta de vuelta y nos plantamos otra vez en Arraial, donde tenemos tiempo de tomarnos nuestro helado diario antes de asistir a la procesión en honor de Nuestra Señora de Ajuda, que hoy es el día grande de la patrona. Millares de peregrinos se agolpan a la entrada de la iglesia. Con cierto esfuerzo, la procesión se va abriendo paso por las calles abarrotadas de Arraial. Las muestras de devoción ciega no sorprenden, porque las hemos visto ya en tantísimos otros lugares, pero ayudan a entender un poco mejor el enorme poder que la iglesia católica ejerce sobre las almas de sus fieles en esta parte del país.

Hoy cenamos tranquilamente en la pousada.

 

miércoles 16 de agosto, praia do Espelho

La excursión más larga de la semana. Nos vamos hasta la cuasi mítica praia do Espelho. Solo hay dos formas de hacer esa excursión en el día: o bien en coche alquilado, o bien con alguna agencia que organice la excursión. Usando el transporte público no se puede llegar y volver en el mismo día. Como somos seis, y para no tener que alquilar dos coches, optamos por hacer la excursión con una agencia.

Camino del Espelho pasamos por los pedazos cada vez más menguantes de Bosque Atlántico que le merecieron a la región el título de Patrimonio de la Humanidad. Produce tristeza contemplar la exhuberancia del bosque tropical al lado del imparable avance de la agricultura extensiva. Pasamos también por una aldea de los indios Pataxós, que malviven vendiendo su artesanía más que rústica a los pocos turistas que se acercan por la región.

Antes de llegar al Espelho, pasamos por la entrada de unas de las urbanizaciones más lujosas de Brasil, el Outeiro das Brisas, que por tener tiene desde campo de polo hasta aeropuerto propio. Todo ello al borde del acantilado, en una zona supuestamente de protección ambiental.

Desembarcamos en la praia do Espelho en un día gris, con pintas de comenzar a llover en cualquier momento. Lo que en un día soleado supuestamente habría sido un mar verde deslumbrante, hoy no deja de ser agua revuelta de una tonalidad oscura. Podemos llegar a imaginar por qué se habla de esta playa como una de las más bonitas de Brasil, pero hoy no vamos a salir de aquí con la sensación de haber estado en un lugar muy especial.

El guía nos lleva hasta el final de la playa, y después de cruzar a otra playa llegamos a la ponta das tartarugas en la que, al poco tiempo de llegar, comenzamos a divisar las cabecitas de las tortugas que se bañan y alimentan en la zona.

Pasaremos las próximas horas pateándonos las playas de la zona. Teníamos pensado comer en algún chiringuito del lugar, pero cuando descubrimos los precios – y que conste que ya nos habían avisado -, cambiamos de idea. La comida en los chiringuitos del Espelho cuesta tres veces más que en cualquier otra playa de la región. No sabemos si es una decisión deliberada de mantener al turismo a raya, o un intento desafortunado de aprovechar la reputación de la playa para dar un sablazo a los que hasta ella se acercan.

Nos sentamos en la playa lo que nos brinda una excelente oportunidad de entretenernos como niños con las evoluciones de un simpático cangrejo. Qué cosas, el tiempo mejora y el cielo se abre justo cuando nos toca volver. Así es la vida.

 

jueves 17 de agosto, Trancoso

Hoy vamos a Trancoso. Desde Arraial, sólo que hay esperar a que pase el autobús y cubrir la distancia entre las dos poblaciones en menos de una hora.

El Quadrado es el centro de Trancoso. Una enorme plaza fundada por los jesuitas hace ya varios siglos, cubierta de césped, flanqueada por dos hileras de casas, y al final de la cual se encuentra una iglesia casi al borde del acantilado. Recorrer un lateral del Quadrado es regalarse los ojos con los colores vivos de las casas, en las que se han instalado tiendas y restaurantes de renombre. Poco a poco nos vamos a acercando a la iglesia, que parece colocada al fondo de la plaza como si fuera la recompensa final para el que la recorre.

Durante el día, el Quadrado es un lugar en el que reina la calma más absoluta. Al final del la tarde, los jóvenes del lugar se reúnen para jugar a fútbol. Por la noche, abren sus puertas los restaurantes que sirven sus manjares a la luz de las velas y el Quadrado adquiere un aire más íntimo. Hoy no vamos a probar esta última parte del encanto de Trancoso, porque nos volveremos a Arraial antes de que acabe el día.

Bajamos desde Trancoso a la playa, y establecemos nuestra base en la playa de los Coqueiros. El acoso de los camareros que te quieren convencer para que te sientes en su chiringuito es inevitable. Al final, acaba conquistándonos el doble de Cuba Gooding Jr., que se nos acerca con una bandeja con el pescado fresco del día. El chiringuito sirve para los más perezosos se queden sentados, mientras nosotros aprovechamos para dar un buen paseo por la playa.

Volvemos a Trancoso al final de la tarde, donde tenemos tiempo para tomarnos un helado en el Quadrado antes de subirnos en el autobús de vuelta a Arraial.

 

viernes 18 de agosto, Cabrália, Santo André

Hoy volvemos al norte. Vamos a cruzar el río que separa Arraial y Porto Seguro, y poner rumbo a Santa Cruz de Cabrália, al norte de Porto Seguro. Camino de Cabrália vamos a pasar por los kilómetros y kilómetros de playas a lo largo de las cuales se encuentran la mayoría de los hoteles de Porto Seguro, siempre a poca distancia de la playa, siempre cerca de algún chiringuito gigantesco en el que la música no para nunca.

Junto con Porto Seguro, Cabrália cuenta la historia de la colonización portuguesa de Brasil. En el lugar que ahora se yergue otra iglesia, los portugueses celebraron su primera misa en Brasil. A partir de este núcleo inicial, se fue desarrollando la colonia portuguesa.

Para seguir un poco más al norte, como es nuestra intención, hay que subirse a un ferry que cubre la corta distancia entre Santa Cruz y Santo André, nuestro destino final en la excursión de hoy. Más playas extensas y semidesiertas, y una pousada encantadora, la Vitor Hugo, en la que paramos para comer y descansar.

Camino de vuelta a Porto Seguro, paramos a la altura de la Coroa Vermelha en el nuevo monumento al descubrimiento de Brasil inaugurado hacía menos de una semana. Son muñecos gigantes que escenifican una misa celebrada por los conquistadores, por un lado, y los indios conviviendo en armonía con la naturaleza, por el otro.

   

sábado 19 de agosto

Tenemos casi todo el día para nosotros, que nuestro vuelo de vuelta a São Paulo solo sale al final del día. Aprovecharemos para recorrer una vez más las calles de Arraial, hacer las últimas compras y descubrir lugares todavía no explorados.

Como la escalinata colorida que sube hasta la iglesia. O el encantador hotel Paraíso do Morro, desde el que se contempla una vista maravillosa de las playas de Arraial. ¿Quién sabe si la próxima vez no nos alojamos en él y nos tumbamos toda la tarde en sus tumbonas contemplando la puesta de sol y escuchando la brisa del mar?