Campo

 


 

El testamento de Ramón Franco (Campo)

 


Entrepuentes: puente entre Navarri y Campo [foto Antonio Castel]

La lectura del testamento de un paisano nuestro, otorgado en el siglo XVII, nos permitirá conocer algunos aspectos de la sociedad de aquella época.

 

Veremos, en primer lugar, la importancia que tenía la religión en aquellos tiempos, pues las primeras disposiciones testamentarias habitualmente estaban dedicadas a arreglar los asuntos del alma... Después, el testador pasaba a ocuparse de sus bienes materiales, haciendo un recuento de lo que le debían a él y de lo que él debía a los demás. Procedía a continuación al reparto de su herencia entre las personas que tenían algún derecho a ella y solía designar a su heredero universal, así como a los procuradores que se tendrían que hacer cargo de hacer cumplir lo dispuesto en su testamento.

 

Resulta muy interesante observar como tanto en este, como en otros muchos casos, el testador intenta que su mujer pueda llevar una vida holgada cuando él ya no esté a su lado. En este sentido se trata de que la viuda no solo goce de cierta independencia económica sino también de un ambiente tranquilo, por lo que se contempla la eventualidad de que reciba mal trato de parte del heredero de la casa (¡su hijo! y su nuera...) y se procura poner remedio a ello.   

 


La pobre viuda del oficial (Peter Fendi)

 

Este es el testamento otorgado por Ramón Franco:

 

 

Die undecimo mensis setembris anno domini 1653 en el término del lugar de Nabarri.

  

Eodem die et loco que yo Ramón Franco, labrador vezino del lugar de Campo, estando sano de mi persona y por la Gracia de Dios con mi buen seso, firme memoria y palabra manifiesta, queriendo prevenir el último día de mi fin y muerte por ordinación testamentaria, casando, rebocando y anullando según que por tenor del presente caso reboco y anullo aquí agora, de nuebo de grado hago y ordeno el presente mi último testamento y ordinación de mi ánima y disposición de todos mis bienes en la forma y manera siguiente:

 

Primeramente, encomiendo mi ánima a Dios Nuestro Señor Criador y Redemptor de aquella, la qual humilmente suplico que por los méritos de su Sagrada Passión la quiera collocar con sus Santos en la Gloria. Amén.

 

Ittem, quiero, ordeno y mando que siempre que Nuestro Señor fuere servido de separar mi ánima de este mi cuerpo, aquél quiero sea enterrado en el cimenterio de la iglesia parroquial de Nuestra Señora del dicho lugar de Campo, en la parte y lugar que están enterrados los antecesores de mi casa. 

 


Cipreses del cementerio de Campo [foto Antonio Castel]

 Ittem quiero me sean hechos tres actos, a ssaber es sepultura, honrras y cabo de año y en cada uno de ellos me sean llamados seis clérigos y les sean dados a quatro sueldos jaqueses y de comer.

 

Ittem quiero, ordeno y mando me sea dicho y celebrado en dicha iglesia de Nuestra Señora de Campo por el Prior que es o será al tiempo de mi muerte de dicho lugar, o por su vicario, un trenteno menor y se le dé por el la caridad acostumbrada.

 

Ittem, quiero, ordeno y mando que en remisión de mis culpas y pecados mis coexecutores abajo nombrados hagan decirme quarenta missas de requiem, rezadas quanto antes puedan en donde les parecerá.

 

Ittem, quiero y es mi voluntad que luego que yo fuere muerto, por dicho Prior o su vicario me sean dichas nuebe missas de requiem rezadas, llamadas de la nobena, y se le dé de limosna diez y ocho sueldos jaqueses, nuebe obladas con nuebe candellas.

 

Ittem, quiero y mando que por dicho Prior o su vicario me sea dicho un responso rezado todos los domingos del año de mi luto al tiempo del ofertorio y se le dé y pague de mis bienes a dicho Prior la caridad acostumbrada.

 


Iglesia de Campo 

Ittem, quiero sean pagadas todas mis deudas, tuertos e injurias, aquellos y aquellas que por buena verdad se hallare ser tenido y obligado, así con cartas como sin ellas.

 

Ittem, dexo por drecho de legítima herencia de todos mis bienes muebles y sittios a todos mis hijos e hijas, hermanos, sobrinos y sobrinas míos y a quales quiere otras personas y parientes que en mis bienes y hacienda pudiesen haver y alcanzar parte y drecho de legítima herencia y a quien de fuero y drecho la deba, cada cinco sueldos jaqueses por bienes mobles y sendas arrobas de tierra en los montes comunes de dicho lugar de Campo por todo sittio, con lo qual quiero se tengan por contentos y pagados y que otra cosa no puedan haver ni alcançar en dichos mis bienes más de lo que por el presente mi último testamento les dexare.

 

Ittem, mando y quiero que Juana de Pueyo, mi muger, siendo viuda honesta la dexo señora mayora y usufructuaria de dichos mis bienes y hazienda, con tal que haya de gastar el usufructo que de dichos mis bienes procedieren en mi casa en compañía y alimento de mis hijos y suyos, y que en caso que mi heredero abajo nombrado no la tratase bien ni le acatase el respeto que a ella se le deve en tal caso, por buscarle digustos, se hubiese de salir dicha mi mujer de casa, en tal caso quiero y es mi voluntad le haya de dar y dé dicho mi heredero infraescripto cada un año para su sustento della cincuenta libras jaquesas durante su vida natural, y si ella quisiere estarse apartada en dicha mi casa, lo pueda hacer y se le haya de dar la misma cantidad y un aposento en donde ella pueda estar y havitar honradamete.

 

Ittem quiero y es mi voluntad que Pedro Franco, Francisco Franco y a Viturián Franco, mis hijos a cada uno de ellos les sean dados a cada uno sendos bimardos (novillos) para principiar de cabalear. Y que a mi hijo Ramón Franco, haya de ser y sea sustentado en los estudios a poder de dicha mi casa hasta ser ordenado de misa, contando de que emplee bien el tiempo en los estudios y no queriendo ser clérigo, se le haya de dar tambien un bimardo y no otra cosa”.

 

Siguen varias disposiciones testamentarias referentes a deudas que hay que atender y a cobros pendientes:

 

Ittem; dexo y nombro en heredero mio unibersal de todos mis bienes assí mobles como sittios donde quiere havidos por haver a Juan Franco mi hijo, para hacer de aquellos a su voluntad cumpliendo lo que por el presente mi último testamento mando y ordeno.

 

Ittem, dexo executores de mis hijos y exoneradores de mi alma y concienca al licenciado Mossen Francisco Pueyo, mi cuñado, a Juana de Pueyo, mi mujer, a Nadal Franco y a Antón Franco, mis hermanos, vecinos del lugar de Campo, a los quales todos concordes o a la mayor parte de ellos doy todo el poder y facultad que executores y exoneradores testamentarios darles puedo y devo, puedan y devan tener, encargándoles en todo la exoneración de mi alma y conciencia. Y que faltando yo y dicho Juan Franco, mi hijo y heredero muriese, en tal caso dichos mis executores arriva nombrados puedan nombrar y elegir en heredero de mis  bienes a otro hijo mío, aquél que será más apto y combeniente para mantener y gobernar dicha mi casa.

 

Aqueste es y quiero que sea mi último testamento, última voluntad, ordinación de mi ánima y disposición de todos mis bienes, el qual quiero valga por testamento. Et si por testamento no vale o valer no puede, quiero que valga por codicillo. Et si por codecillo no vale, o valer no puede, quiero que valga por quien otra última voluntad que mejor vea fuero y drecho valer pueda y deva.

 

Testigos: Domingo Costa, estudiante natural del lugar de Morillo de Liena y Francisco Torres, labrador vezino del lugar de Nabarri. Yo, Domingo Costa, estudiante soy testigo de lo sobredicho y lo firmo por el dicho Ramón Franco testador sobredicho y mi contestigo, que dixeron no sabían escribir”. 

 

Maria José Fuster  

  

 

© J. Fuster Brunet 2008

[se autoriza la reproducción citando la fuente]