Campo


 

Teléfonos y telégrafos

Telégrafo 

 

Fue en el año 1845 cuando Morse patentó el invento del telégrafo, al que dotó de un sistema de codificación que recibió su nombre.   

 

En 1852 el Ministerio de Fomento inició la construcción de la red telegráfica en España y en 1857 entró en funcionamiento la línea Zaragoza-Barcelona, con una estación intermedia en Barbastro. A Campo, exactamente no sabemos cuándo llegó...

 

Lo que sí conocemos por la referencia de Antonio Castel es que, a principios del siglo XX, el telégrafo de Campo estuvo instalado en los bajos de casa Pujol, en la Plaza. Primero lo regentó un funcionario, el Sr. Manuel Bertolín y luego la responsable del servicio fue la señora Elvira (cuyo apellido no conocemos). Como en aquellos años no había ningún teléfono en Campo, el telégrafo era el único medio para poder transmitir noticias urgentes.

 

Sabemos, por otras fuentes, que después de la Guerra la oficina de Telégrafos estaba al lado del Ayuntamiento, donde vivía doña Ramona, la maestra. La sala en la que se había instalado daba a la calle y tenía una gran ventana. Los responsables del centro eran soldados de transmisiones, que enseñaron el código Morse a varios niños que vivían por allí cerca.

 

En el Censo Electoral de Campo del año 1930 hemos encontrado que se menciona como telegrafistas a:

 

José Labateras Ferrer, de 38 años, habitando en la calle Nueva, n° 31,

y a José María Porté Bertolín, de 27 años, domiciliado en la calle de la Iglesia, n° 19.

 

 

 Teléfono 

 

Según explica Antonio Castel, en su libro “Estampas y relatos de la vida de Campo (Huesca)”, en 1925 había sólo un teléfono de uso particular en Campo. Era propiedad de la Cooperativa de Fluído Eléctrico de Barcelona y estaba en casa de Roy, ya que el señor José Samblancat era el capataz de las brigadas de instalación de las líneas de alta tensión. Posteriormente ese teléfono pasó a casa del señor Latorre, en el piso tercero de la actual casa de Elías Aventín y Guadalupe Samblancat. Aunque era de uso privado también podía ser utilizado por los vecinos en casos de urgencia.

 

Recogemos textualmente la información facilitada por Antonio Castel: “El señor Angel Serveto, que fue celador de la Compañía de Fluído Eléctrico, disponía de un teléfono móvil que conectaba a los cables del alumbrado y con una manecilla que hacía girar producía la llamada a Barcelona para comunicar alguna noticia o dato de la central”.

 

Este mismo teléfono lo heredó el señor Manuel Puertas, a partir del 1.939, que sucedió en el cargo al señor Serveto”.

 

Después de la Guerra Civil había alguno más, teléfonos que utilizaban los militares y la Guardia Civil y a los que se recurría en caso de necesidad.

 

Alrededor de 1953 se instaló el teléfono público en Campo. El locutorio estaba en casa del “Botiguero” y las hermanas Rosalía y Blanca Morancho fueron las primeras telefonistas que hubo en el pueblo. Posteriormente se instaló el locutorio en casa del señor Manuel Pera, que el Ayuntamiento compró con esa finalidad. Allí vivieron con su familia y trabajaron como telefonistas Mariluz y Beatriz Zabaleta, hasta que se cerró el locutorio. 

 

Del uso del teléfono y el telégrafo hace cincuenta años en Campo, podemos hacernos una idea a través de una carta fechada en 1945. Resulta interesante ver de qué manera se hacía uso de las comunicaciones entonces. La carta fue escrita en Campoo por Josefina Auset y la dirigía a su marido y a su hija Basilia, que se encontraban en Barcelona.

 

 

 

Campo, 3 de Diciembre de 1945

 

 

Querido esposo e hija:

Recibimos vuestro telegrama de llegada y también Daniel ha recibido una carta en la que le dices tú, Basi, que tu padre tiene un poco de azúcar, que ya sabe él que se lo dije antes de salir de casa que tendría que estar unos días a régimen. Ya diréis que tratamiento es el que tiene que hacer, si te es muy desagradable, si te tienen que hacer la operación... Explicarlo todo.

Ya veo que dijo Basi por teléfono que para Navidad vendréis los dos. Un poco largo me parece, pero como dice Basi, lo importante es que vendréis los dos. Ya me conformo con eso, a pesar de que se me están haciendo los días muy largos, porque siento un vacío muy grande. En fín, que te pruebe bien y que puedas aliviar ese dolor que tienes.

Y después de algunas cuestiones personales, la misiva termina:

Daniel, ya me dirás si vas a hacerte algún sueño al cine, como tienes costumbre de hacer cuando vas. Bueno, nada más, recuerdos de todos los de casa y recibir un abrazo de vuestra esposa y madre que no os olvida”.

P.D.: le dijo Daniel al capitán que está en casa si podríamos hablar los martes y sábados como tú le decías y dijo que sí, que todo lo que queramos, que cuando tengamos que hablar no importa que no esté él, que subamos a su habitación y cojamos el teléfono sin ningún miramiento. Es un señor muy correcto y educado”.

(Josefina hace aquí referencia al militar que tuvieron que alojar en su casa después de la Guerra, que era médico).

Evidentemente, aunque las posibilidades de comunicarse no eran las mismas de los tiempos actuales, la necesidad de hacerlo era exactamente igual.

 

María José Fuster       

 

 [fotos gentileza de José Pedro Gutiérrez]

© J. Fuster Brunet 2009

[se autoriza la reproducción citando la fuente]