Campo


Procesiones

En Campo, como en tantos otros pueblos, se seguían las procesiones con mucha devoción y respeto. Eso era lo que más conmovía a todos. No había pasos de procesiones con tallas antiguas y famosas, había simplemente devoción.

 


[procesión del Domingo de Ramos, 1959]

La procesión de Viernes Santo emocionaba. Se llama del “Santo Entierro” y a ella acudía toda la gente del pueblo y también de los pueblos vecinos. Un hombre con la cara cubierta llevaba a cuestas una cruz y arrastraba unas cadenas. Casi siempre, lo primero que hacían los participantes a la procesión era tratar de identificar quién era ese año la persona que llevaba la cruz. También había un nazareno, que era el que ayudaba al penitente durante todo el recorrido por las calles del pueblo.

 

Salía la procesión de la iglesia en medio de un silencio absoluto y se iban formando dos filas de feligreses...  Sólo se oía el ruido de las cadenas del penitente y el de las mujeres que acompañaban la imagen de la Dolorosa. Solía empezar a las 5 de la tarde y a medida que avanzaba iba obscureciendo. Algunas personas llevaban una vela encendida en sus manos. De tanto en tanto se cantaba una de aquellas composiciones tan populares:

 

“Perdona a tu pueblo, Señor,

perdona a tu pueblo,

perdónale, Señor.

No estés eternamente enojado,

No estés eternamente enojado,

Perdónale Señor”.

 

O el

 

“Amante Jesús mío

Oh, cuánto te ofendí,

Perdona mi extravío y ten piedad de mi

(bis)”.

 

Y también:

 

“Por vuestra pasión Sagrada

adorable Redentor

Salvad el alma penada

De este pobre pecador”

 

 

Entre canto y canto reinaba un profundo silencio, quebrado por el rítmico ruido de las cadenas sobre el pavimento.

 

A continuación, recogemos textualmente las palabras de Antonio Castel Ballarín, sobre esta procesión:

 

En la procesión del Viernes Santo que se practicaba en Campo, por la tarde se representaba de la forma más real posible las tres caídas de Jesús llevando la Cruz.

 

A la altura de casa del Torrau, la procesión hacía una breve pausa mientras que quien llevaba la Cruz caía al suelo. El Cirineo le ayudaba a levantarse y reanudar el camino.

 

Otra vez, a la altura de casa de Cambra, y la tercera en la Plaza Mayor, de esta forma reproducían lo más realmente posible el camino y vicisitudes que siguió Jesús por la calle de Jerusalén hasta llegar al Monte Calvario, donde tuvo lugar la Crucifixión”.

 

*

 

 

El día de Corpus Christi la procesión era al mediodía. Después de que el sacerdote diera la bendición con el Santísimo desde la puerta de Perico de Aventín a todos los fieles que ocupaban la plaza en dos filas, se entonaba el himno que se compuso para el Congreso Eucarístico de Madrid, a principios del siglo XX...  Un momento muy especial porque todos lo conocían y lo cantaban.

 

“Cantemos al Amor de los amores,

cantemos al Señor

Dios está aquí,

Venid adoradores, adoremos

A Cristo redentor.

 

Gloria a Cristo Jesús,

Cielos y tierras,

Bendecid al Señor,

Honor y gloria a ti

Rey de la gloria,

Amor por siempre a ti,

Dios del Amor”.

 

También se cantaba el Himno del Congreso Eucarístico de Barcelona del año 1951:

 

“De rodillas, Señor, ante el Sagrario

que guarda cuanto queda

de amor y de unidad,

venimos con las flores de un deseo

para que nos las cambies

en frutos de verdad.

 

Cristo en todas las almas

Y en el mundo la Paz...”

 

 

*

 

Cabe recordar también, que el pueblo de Campo tenía y tiene el privilegio de poder realizar con el Santísimo una procesión el día 15 de agosto. La procesión sale de la iglesia y sigue el recorrido acostumbrado.

 

 

[Información recogida básicamente del libro de Antonio Castel Ballarín "Devociones y actos litúrgicos de Campo" (Huesca) Tomo II]

(se autoriza la reproducción citando la fuente)