Campo


Los picadores

En Campo se  asentaron  varias  personas que ejercíeron el oficio de picador.  Algunos de ellos estuvieron sólo mientras duró  el trabajo  y después se trasladaron a otro lugar, pero otros se casaron con chicas del pueblo y fundaron familia allí. Es muy dificil encontrar en censos, listados de vecinos, etc el rastro de las personas que ejercieron este trabajo, pues los que estuvieron temporalmente y se fueron no llegaron a avecindarse en el pueblo, y los que se quedaron definitivamente en Campo,  al establecerse,  cambiaban de profesión, por lo que no es posible dar cifras y nombres.

 

Los picadores eran los encargados de cortar los árboles en el monte y prepararlos para enviarlos a las serrerías.

 

 

Tala y corta

 

 


Mulo arrastrando un tronco 

El momento óptimo de realizar la tala de un árbol es cuando su periodo de crecimiento ha terminado y aumenta su corteza, comprimiéndose la madera. Si se corta la madera cuando el duramen está definitivamente estructurado, es cuando se obtiene mayor resistencia y calidad en la misma.  

 

Para la operación de talar los árboles existen varios términos lingüísticos que en algunos lugares significan lo mismo y en otras partes presentan una diferencia de matiz. Por ejemplo, el verbo talar todo el mundo está de acuerdo que significa la acción de cortar o abatir un árbol. La definición de apeo, en algunos diccionarios, equivale a la corta o tala del árbol maderable. Precisando estos términos, la FAO hace las siguientes puntualizaciones: “la corta incluye todas las actividadades dirigidas a apear los árboles en pie y prepararlos para el desembosque. La operación de corta comprende el apeo del árbol en pie, su medición para determinar el tamaño idóneo de las trozas, el desramado y el tronzado del tronco (y a veces también de las ramas más gandes) en trozas. La operación de corta comprende también cuando corresponda el descortezado del tronco”. Así pues, para este organismo la corta depasa largamente el sentido de la tala. Hacemos este breve preámbulo con el fin de precisar la terminología, aunque resulta bastante difícil, dado que cambia muchas veces de un valle al otro. Superando estas pequeñas diferencias de matiz, vamos a tratar de la tala o apeo, sin olvidar que por nuestros pueblos se usa el verbo picar como sinónimo de talar.

 

La razón más frecuente por la que se efectúa la tala en los bosques es, desde luego, para su aprovechamiento comercial, pero es importante y beneficioso hacerla porque favorece la repoblación natural y, también, permite formar y remodelar un monte de acuerdo con los intereses ecológicos, económicos, etc. que tienen prioridad en ese momento. Por ejemplo, se procedería a una corta a hecho o tala de todos los árboles de un monte, hasta dejarlo raso, cuando se quisiera llevar a cabo una repoblación con el fin de obtener una masa arbórea regular. La entresaca o corta discontinua ha sido el método de tala más frecuentemente llevado a cabo, pues permite un aprovechamiento racional del monte, primero, eliminando el arbolado viejo y enfermo y después, también aquellos árboles sanos que han alcanzado mayores dimensiones. 

 


Troncos preparados para la carga. Carretera de Senz 

Desde antiguo se transmitió la creencia de que había meses y períodos más idóneos que otros para la tala de los árboles. Por ejemplo, para Plinio y Vitrubio la corta debía hacerse en invierno. Por lo que respecta a los períodos más idóneos Teofrasto, Palladius y Catón creían que la relación de las fases de la luna con el momento de la corta era determinante para la conservación de la madera. Esta creencia perduró durante muchos siglos, teniéndose el convencimiento de que si se cortaba con luna llena la madera no era atacada por la carcoma y además quemaba mejor. No obstante, cuando se empezó a llevar a cabo la explotación forestal de forma más intensa, para lo que se requería la contratación de personal especializado, se tenían que aprovechar los meses en que hacía buen tiempo para poder trabajar en el monte. Los condicionamientos metereológicos de la región no daban lugar a otra opción. Con nieve y heladas ni se podía cortar la madera ni se podía sacar después del monte. Tampoco en la época de lluvias intensas, pues cuando el mal tiempo impedía el trabajo, a los hombres que estaban en el monte había que pagarles igual, y eso costaba mucho dinero.

 

En un documento del gremio de los carpinteros y de otros oficios relacionados con la madera, hecho en Huesca en el año 1595, podemos apreciar la importancia que se daba al momento de la tala de la madera:

 

“Item, estatuimos y ordenamos que los cuberos o fusteros que son o por tiempo serán, que sean tenidos y obligados de cortar y hacer cortar la fusta de güerta que servirá para cercillos o para cubrir casas o cualesquiera otra obra, en la huerta de Huesca o de la ribera del Flumen y Isuela, en toda la comarca no puedan cortar ni corten aquellos sino es desta manera: contando del día de San Juan, que es a veinte y cuatro de junio, puedan cortar en la primera menguante y ansimismo en todas las otras menguantes hasta la de janero inclusive, et de allí adelante no puedan cortar hasta la otra menguante de San Juan, et si lo contrario harán o hacer harán, encorran en pena por cada vez de sesenta sueldos partidos en cuatro partes: la primera para la ciudad y la otra para el acusador; y si algún vecino de la ciudad o de la comarca cortara en otro tiempo de las menguas dichas, que ningún maestro la pueda obrar ni comprar, sino que sean para el mismo dueño que cortado la habrá y también se entienda en bimbres, también como de lo susodicho, y que ningún cercillo puedan hacer en el mes de agosto sino que sea cortado en la mengua de San Juan, so pena de sesenta sueldos aplicaderos ut supra y de quemarlos”.

 

No faltan referencias a la tala de los árboles en documentos y libros antiguos. En los Fueros de Aragón, en el reinado de Jaime Primero, año 1247, se encuentra esta disposición:

 

“Sucede con frecuencia, que uno va al bosque del común y comienza a cortar un árbol que sabe que le es necesario y lo deja algo cortado. Más tarde, acude otro al mismo bosque y encuentra el árbol, lo corta del todo y echado por tierra lo arrasta hasta su casa. Pero presentándose el que empezó a cortarlo pretende retenerlo para sí, aduciendo que él marcó primero aquél árbol. El Fuero dice sobre esto que tiene que tener el árbol quien lo corta completamente y lo echa por tierra, no obstante el primer corte parcial”.

 


Sacando madera del monte [foto de Eugenio Campo]  

Si la tala era y es peligrosa para los trabajadores que efectúan dicha operación, también es un momento delicado porque la caída de los árboles puede ocasionar daños irreparables a los árboles que tiene a su alrededor y al sotobosque, como bien se advertía ya en los Fueros, cuando se recomendaba “que los árboles que se atierran no arrastren consigo a los pequeños de pocos años que les están vecinos”. No hay que olvidar, tampoco, que hay que tener mucho cuidado en controlar la caída del árbol para que el propio tronco no sufra desperfectos con el impacto, o evitar que se ponga a rodar y se quiebre. Por todas estas cosas, es evidente que las personas encargadas de realizar este trabajo tienen que ser personas especializadas, que en nuestra tierra se llaman picadores.

 

Para la tala de la madera se trasladaban al monte una “cuadrilla” de estos picadores, la mayoría de las veces formada por tres o cuatro hombres. Estaban contratados por el comprador de la madera. En los siglos pasados estos hombres debían ser expertos en el manejo del hacha o astral, que se usaron hasta no hace mucho tiempo. Después se pasaron a utilizar las sierras tronzaderas, llamadas serruchos o “tronzadores”, que tenían la ventaja de ocasionar menos desperdicios en el madero, ya que su uso sólo produce un poco de serrín y no tantas astillas como las hachas. Ya en la segunda mitad del siglo XX se generalizó el uso de las llamadas motosierras, que han resultado ser unas herramientas muy eficaces, aunque peligrosas.

 

Los picadores se instalaban en el monte durante todo el tiempo que el trabajo lo requiriera y las condiciones climatológicas lo permitíesen. Como hemos comentado anteriormente, este trabajo sólo podía realizarse en los meses de verano. Aún así, se tenían que construir allí en el monte donde iban a trabajar unas cabañas preparadas con ramas y troncos, para poder pasar la noche y guarnecerse del frío y la lluvia, que frecuentemente interrumpía su tarea. También tenían que resguardar de la intemperie y la humedad los utensilios que empleaban para su trabajo, y las provisiones que guardaban para comer.

 

La comida de estos hombres dependía del avituallamiento que ellos habían llevado y del que recibían a través de los transportistas que subían a recoger la madera. De vez en cuando dejaban el monte y bajaban a hacer una visita a los pueblos más cercanos, ya fuera para hacer alguna compra o llevar a cabo alguna gestión.

 


Camión atravesando el río [foto de Eugenio Campo] 

Para cortar el árbol había que asentar varios hachazos sobre una primera muesca profunda hecha en la parte de abajo del tronco y orientada hacia donde se quería que cayera. Después se hacía otra muesca en la parte opuesta, más pequeña. Cuando empezaba a crugir, el talador lo empujaba hacia la dirección que debía caer. Pese a la destreza y experiencia de estas gentes, no era la tala una operación sin peligros y, frecuentemente, ocurrían accidentes. No era raro que un árbol, en el momento de caer derribado, diera sobre alguno otro, con lo que podía rebotar o soltar alguna rama que alcanzara a los hombres que trabajaban allí. También era importante, como hemos comentado anteriormente, que durante la caída el árbol no deteriora al resto de los árboles que tuviera a su alrededor.

 

Cuando los árboles ya estaban en el suelo, se procedía a limpiarlos de las ramas y la corteza, operación que se conoce como desrame o labra, y que antiguamente se hacía con el hacha o astral pero actualmente se realiza con las máquinas de tronzar. Los deshechos que se originaban en esta fase habitualmente se dejaban sobre el suelo. Quitándole la corteza al arbol en el mismo monte se conseguía que se deslizara con más facilidad y, además, tenía la ventaja de que se secaba mejor, evitando la aparición del carcoma posteriormente. Hechas estas operaciones se pasaba a la fase siguiente, que era o bien el cuadrar el tronco, o bien el disponerlo ya para el arrastre.

 

Para el cuadrado del tronco el picador se servía de un hilo tintado, generalmente con carbón, con el que marcaba una línea por el lugar donde se debía cortar la madera, eliminando la parte exterior de dicho tronco y convirtiendo la superficie circular en un madero de cuatro caras. Después se marcaba cada tronco con la contraseña del maderista.

 


Camión de Joaquín Canales [foto de Eugenio Campo]

Queremos recoger aquí la reseña que hizo Antonio Castel sobre los picadores de Campo, pues su testimonio es fruto de su experiencia personal.

 

El trabajo en su ciclo completo empieza con los “picadores de madera”, en la Villa muy numerosos por cierto.

 

Este equipo de tres o cuatro hombres, bien adiestrados en el manejo de la estral, se trasladan a los espesos montes de pinos en Yali (Víu), la Garona, o la Cazanía (Seira). Permanecen en el monte un mes, quince días, veinte, etc. Duermen en cabañas que ellos mismos preparan con ramas y troncos.

 

Al partir de Campo, cargan en un burro el avituallamiento completo de los días de permanencia en el monte: carne en abundancia, jamón, pan, vino, aceite, sal, tomates, etc.

 

Una vez instalados en el lugar, empiezan el trabajo: talar los pinos que el empresario de la madera ha comprado previamente. La destreza, fortaleza y trabajo son sus signos habituales. ...”.

 

Después de proceder a la tala y desbroce, había que llevar a cabo el arrastre, que consistía en sacar del interior del monte los troncos con los machos, de manera que se pudieran pasar a recoger con el camión que tenía que conducirlos hasta la serrería. También se trabajaba con el tractor, para ir apilando los troncos y dejarlos listos para la carga.

María José Fuster           

 

[véase también: "Sacar la madera del monte"] ...