Campo


Los ganaderos


José Laencuentra, ganadero de Belvedé [foto Angel Huguet]

El hecho de que en la descripción de las categorías profesionales de sus vecinos que se ofrece en diferentes Censos del municipio de Campo, no se mencione a ningún “ganadero” sino sólamente a agricultores, parece un dato revelador de que la ganadería de nuestro pueblo fue casi siempre una actividad complementaria de la agricultura. Es decir, no había grandes explotaciones ganaderas sino que la cría de ganado era un complemento de la economía familiar.

 

Estos pequeños ganaderos criaban sus animales durante el año y solían venderlo en la Feria, para conseguir un poco de numerario. Sólo las familias más fuertes del pueblo, con grandes rebaños o numerosas cabezas de ganado bovino, necesitaban contratar a algún pastor.

 

Para recabar datos sobre la ganadería en Campo, hemos consultado el Diccionario-Geográfico-Estadístico-Histórico de Madoz, (1845-1850) a fin de conocer la información que en el se ofrece sobre este tema, y sólo hemos encontrado estas menciones:

 

- (en Campo) “se cría algún ganado lanar, cabrio, mular y de cerda”.

- “El comercio principal que se hace en este pueblo consiste en la recría de mulos, mulas y cerdos que se estraen para las ferias de los diferentes puntos de la provincia”.

 

En la relación de la Ganadería existente en el año 1880, se puede constatar que cada ganadero proseía un escaso número de cabezas de ganado vacuno. El ganado lanar y cabrío era, por el contrario, más abundante.

 

Miguel Altemir Abentín: 4 cabezas ganado vacuno, 30 lanar y 10 cabrío

José Ballarín Costa: 2 cabezas ganado vacuno, 30 lanar y 6 cabrío

Manuel Canales Blanc, 2 cabezas ganado vacuno, 40 lanar y 12 cabrío

Joaquín Costa y Costa, 2 cabezas ganado vacuno, 23 lanar y 6 cabrío

Pablo Férriz Villega, 2 cabezas ganado vacuno, 50 lanar y 35 cabrío

Antonio Mur Abad, 2 cabezas ganado vacuno, 40 lanar y 10 cabrío

Antonio Mur Canales, 4 cabezas vacuno, 70 lanar y 12 cabrío

Juan Mur Ferraz, 3 cabezas vacuno, 30 lanar y 4 cabrío

Melchor Mur Abad, 4 ganado vacuno, 80 lanar y 40 cabrío

José Peiret Mur, 4 cabezas ganado vacuno, 50 lanar y 10 cabrío.

 

De estas personas, hay que destacar que vivían en Belvedé: Pablo Férriz Villega, Antonio Mur Canales y Melchor Mur Abad.  

 

 


Esquilas, cencerros, trucos y campanillas utlizadas en Campo [foto Antonio Castel]

 

Ganado vacuno:

 

De los datos mencionados anteriormente se deduce que en Campo no había dedicación a la ganadería vacuna, aunque se fue introduciendo más tarde.

 

Antonio Castel nos facilita en sus escritos información sobre el ganado bovino en nuestro pueblo ya en el siglo XX. Explica como en muchas casas tenían una o dos vacas y durante buena parte del año se sacaban a pastar al Obago y Caixigá, sobre todo a “las Parcións”. Formaban vacadas y al frente de cada una de ellas había un pastor para cuidarlas durante el día, y por la noche las bajaba a casa. Los vecinos obtenían leche para su consumo y también un ternero al año que solían vender, a no ser que lo reservaran para consumo familiar.

 

Algunos de los propietarios de vacas vendían a los particulares parte de la leche que obtenían. Cotidianamente se podía ver a las vecinas, a la caída de la tarde, yendo con su lechera a “buscar la leche” recién ordeñada. Muchas veces encargaban de esta tarea a los más jóvenes de la familia y la salida se convertía en la excusa perfecta para encontrarse con sus amistades... Aquellas eran unas lecheras muy paseadas.

 

A principios de la década de los 60 se instaló en Campo una central de recogida de leche, a la que llevaban su producción tanto los ganaderos del lugar como los de toda la comarca. Fue en esta época, probablemente, cuando más ganado bovino hubo en el pueblo.

  

 


[foto Angel Huguet]

 

Ganado lanar y cabrío: 

 

Según los daots de la Relación de Ganadería de Campo del año 1880 el ganado lanar y cabrío era el más abundante. Antonio Castel nos da esta información:

 

Con las cabras sucedía lo mismo: se formaban ramadas y por la mañana cada vecino sacaba la suya ya fuera a los “Pallarez” o a la “Baixadeta”, para reunirlas todas. Entonces un pastor se encargaba de conducirlas al monte y cuidarlas durante todo el día.

 

Tanto las vacas como las cabras llevaban colgadas del cuello unas esquilas o trucos que hacían sonar. Era tal la sonoridad de éstos que desde la carretera se podía distinguir y reconocer a la propia vaca que pastaba en “Las Parcións”.

 

Con las cabras hacían como con las vacas: obtener leche y carne para unir a la matanza del cerdo.

 

Había unas cabras más fuertes “chotos” que se distinguían por su larga cornamenta y llevar colgado del cuello los trucos que el dueño les ponía, para que fueran guía y reclamo de todas las demás cabras”.

 

 


[foto de Antonio Castel]

 

Ganado mular y caballar:

 

Curiosa es la abundancia de asnos que se detallan en la mencionada Relación de Ganadería de 1880: 45 familias tenían al menos un pollino en su casa, 12 familias tenían dos y en otra de ellas había 3, lo que quiere decir que 59 familias tenían un asno de propiedad. No hay que olvidar que estos animales eran un excelente “medio de transporte”, tanto de personas como de mercancías y era un útil y eficaz auxiliar para las labores agrícolas.

 

Algunas familias tenían uno o dos mulos que servían también como animales de tiro y carga, pudiendo ser utilizados por los carreteros en viajes más largos o para otro tipo de mercancías. En aquél año de 1880, 27 familias tenían al menos un mulo.

 

Estos son algunos párrafos de los comentarios que Antonio Castel dedica a ese tema:

 

Hoy completamente desaparecido en Campo, en la antiguedad hasta mitad del siglo XX, cada casa tenía el suyo, era imprescindible para los trabajos agrícolas, sobre todo el acarreo.

 

Según el tipo de mercancía que habían de transportar se le ponía un aparejo u otro. En primer lugar, llevaba alrededor de la cabeza las “cabezana” de las que salía un ramal para guiarlo.

 

Luego, sobre el lomo del animal se colocaba la “albarda” de asiento, llevaba una fina capa de paja forrada con tela gruesa, sobre ésta iban cuatro maderas en forma de “V” que adaptaban al animal la albarda.

 

Si había que transprotar de casa al huerto estiércol se lo colocaba sobre la albarda el espoltrón, igual si se traía del huerto remolachas o maíz.

 

 


Espoltrón [foto de Antonio Castel]

 

Si por el contrario había que llevar fajos de hierba, se situaban las amugas provistas de largas cuerdas para atar los fajos en unas hendiduras que aparecían en los dos palos o varas de la amuga.

 

Si se transportaba trigo o hierba también se usaban cuatro palos en forma de ganchos grandes en cuyo interior se depositaba la mercancía, estos ganchos podían ser de hierro para llevar leña, por ejemplo, o sacos de patatas.

 

La albarda iba sujeta al animal mediante la cincha que se pasaba por debajo, junto a las patas delanteras y se ataba mediante una gran asa de nadera.

 

Además, por la parte posterior llevaba una correa sujeta a la albarda y a las patas traseras.

 

Cuando tenía que pasar por lugares de hierba y huertos le ponían el bozal para no pudiera comer”.

 

María José Fuster                                      

 

 


Labrando con machos y arado de hierro [foto de Antonio Castel]

 

 

[se autoriza la reproducción citando la fuente]