Campo 


Las fiestas de agosto

Cada año, a mediados de agosto, Campo celebra su fiesta mayor...

En el Programa del año 2007 publicamos la siguiente evocación inspirada en nuestros recuerdos. 

La “espera”

 

Seguro que cada uno de nosotros se acordará de manera diferente de las Fiestas de su infancia y juventud. Personalmente, lo que más recuerdo es el tiempo que dedicábamos a prepararnos para esos días. Y el hecho de emplear tanta energía  para que todo estuviera listo para la Fiesta,  hacía crecer las expectativas y aumentaba la ilusión. 

Mi madre empezaba casi un mes antes del 15 de agosto a almacenar huevos, así como se oye... Como todo el mundo los guardaba para su consumo particular, el "mercado" se quedaba desabastecido en esas fechas. Tanto los guardaba, que a veces, cuando más falta le hacían le salía alguno malo. Recuerdo que también se llevaba mucho jaleo con los pollos, conejos, latas de melocotón en almibar, olivas, madalenas, arroz, etc.

 

Pero no eran estos problemas domésticos los que a mi me inquietaban, mi cabeza andaba por otros derroteros que me parecían más trascendentes !había que elegir el vestido de la fiesta!

 

Este asunto no era baladí y llevaba su tiempo. Primero había que elegir el modelo, así es que iba unas cuantas veces a casa Catalina para hablar con  María, que era la que me lo hacía, y mirarme una y otra vez los figurines de moda que ella tenía.

 

 

Pasaba bastante tiempo allí sentada, intentando imaginar cómo aquellos modelos estilizados y elegantes podrían adaptarse a mi reducida figura. A la hora de la verdad, venía mi madre y decidía lo que me tenía que hacer. María me medía a lo largo y a lo ancho (poco ancho) y decía cuánta tela necesitábamos para el vestido.

 

El siguiente paso era ir a casa del Sr. Ramón, que con toda la paciencia del mundo nos enseñaba a mamá y a mi las últimas telas que había recibido. Después de muchas vacilaciones, elegíamos.

 

María, que andaba desbordada de trabajo aunque tenía a Angelines ayudándole, se ponía manos a la obra. En el curso de los días siguientes, venían dos o tres pruebas y los nervios de pensar que no estaría acabado para la Fiesta, pero, al final, estaba listo para el día 15.

 

Cuando llegaba el día tan esperado nos encontrábamos las zagalas, primero en misa y luego en la sesión vermut, y entonces nos dábamos cuenta que un año íbamos todas vestidas con margaritas, y al año siguiente todas con cuadritos a lo "BB", y así sucesivamente. Poco importaba, porque  las fiestas estaban allí y teníamos mucha alegría en el corazón. Tanta alegría que parecía que no se podía acabar nunca.

 

Hoy en día, que estamos acostumbrados a conseguir lo que queremos casi en el momento en que se nos ocurre, puede parecer un fastidio todo aquél tiempo que se perdía esperando...

 

¿Perdía? no estoy segura, porque en ese proceso de la espera, se acumulaba la ilusión, se vivían intensamente los días y las horas que faltaban, se suspendían todos los otros planes y actividades “hasta que pase la Fiesta”. En fin, todo ello eran ingredientes para vivir las Fiestas con más emoción.

 

O, quizás no es cuestión de espera o no espera, sino de ser joven o no... Sea como sea, os deseo a todos: ¡Felices Fiestas!

 

María José Fuster       

© J. Fuster Brunet 2007

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