Campo


 

Campaneros

 


Portada del libro de Paquita Ballarín, con la fotografía del Sr. Antonio Mur

Durante muchos años el señor Antonio Mur compaginó su oficio de aguacil del Ayuntamiento de Campo con su actividad como campanero. El fue un gran experto en el toque de campanas y conocía a la perfección el lenguaje de las mismas. Lo conocía él, que lo tenía que transmitir, y lo conocían también los vecinos del pueblo, que eran los que lo tenían que interpretar.

 

Las campanas de la iglesia mayor, porque también estaban las de las ermitas, se tocaban para llamar a los fieles a asistir los actos religiosos, pero también se hacían sonar en otras ocasiones que afectaban a la sociedad civil. Así, lo mismo que se habían utilizado para convocar consejos generales y asambleas del pueblo, se hacían sonar para avisar que había fuego en alguna casa, que venía una tormenta fuerte o alguna otra urgencia. Sus toques marcaban el ritmo de la vida en el pueblo, desde la misa a primera hora de la mañana, hasta el toque del Angelus o el rosario de la tarde.

 

Y el sonido de las campanas podía ser tristísimo, como cuando tocaban a difuntos, o de una alegría contagiosa, como cuando se repicaba o se lanzaba un volteo de campanas para la fiesta mayor, el domingo de Resurección u otro acontecimiento especial. Todo el mundo sabía cuál era el mensaje. Recuerdo que cuando se oía tocar a difuntos las mujeres que escuchaban el tañido lastimero se hacían la señal de la Cruz, mientras trataban de confirmar entre sus vecinas si se trataba de la muerte de la persona que ellas imaginaban.

 

Nos contó Antonio Castel que durante toda la noche del día de Todos los Santos, es decir, la noche del 1 al 2 de noviembre, el señor Antonio tocaba las campanas cada hora. Pasaba las veinticuatro horas pendiente de esos toques ¡e imaginamos que los vecinos también!

 

 


Joaquín Mur Puyalto subiendo las escaleras del campanario [foto de Ángel Huguet].

Cuando murió el señor Antonio le sucedió como campanero Joaquín Mur Puyalto, que era también el responsable del cuidado del reloj de la iglesia. Parece que fue ayer, pero ya han pasado cincuenta y cuatro años desde entonces, y Joaquín no ha fallado nunca en sus obligaciones. Es por eso, que cuando se jubiló recibió el reconocimiento de todo el pueblo. El 15 de Agosto, durante la Misa Mayor, el alcalde Eusebio Echart le ofreció una placa conmemorativa. Testigos de este homenaje fueron todos los vecinos congregados en la iglesia, así como el Sr. Obispo de Barbastro, que había oficiado la misa, y las autoridades civiles invitadas al acto.

 

 


Joaquín Mur Puyalto y su esposa Guadalupe recibiendo una placa de manos del alcalde de Campo [foto de Ángel Huguet].

En unas entrevistas que Angel Huguet le hizo a Joaquín Mur Puyalto, para el “Diario del Alto Aragón” y para “El Cruzado Aragonés”, éste explicaba que en la torre de la iglesia Campo había habido hasta cuatro campanas; “la grande de Santa Bárbara y tres más. En la Guerra Civil las tiraron, pero por lo menos se ha recuperado una de ellas”.

 

Ahora, se ha jubilado Joaquín y no tiene sustituto. Se ha electrificado el sistema y las campanas suenan pulsando un botón desde la sacristía. Ya nadie tiene que subir los viejos escalones de piedra que llevaban hasta arriba de la torre del campanario, ni siquiera tocarlas desde abajo. Las campanas ya no responden a la fuerza contenida de sus manos sino a la orden de un botón. El progreso facilita las tareas del hombre, pero muchas veces es a costa del olvido de muchos conocimientos, de mucha experiencia, de una manera de vivir. Con Joaquín Mur Puyalto se ha perdido otro oficio en Campo. Él, como experto, dice que el tañido que escuchó para la Fiesta, con el nuevo sistema, no le gustó demasiado, pero dentro de poco ya nadie recordará el otro ¡que pena!

 

Gracias, Joaquín, por la música que nos has regalado todos estos años.

 

María José Fuster         

        

 


Joaquín Mur delante de la iglesia de Campo [foto de Ángel Huguet].